miércoles, 12 de octubre de 2016

SITGES 2016 - DÍA 5



“El ataúd de cristal” (2016) - Haritz Zubillaga

Sinopsis parcial: Vestida para la ocasión con un elegante traje de noche, Amanda entra en la enorme y lujosa limusina que espera aparcada frente a su casa para llevarla a la gala en la que recogerá un premio a su trayectoria como actriz. De pronto los cristales de las ventanillas se tintan de negro, el móvil de Amanda queda deshabilitado y no puede abrir ninguna de las puertas. A partir de ahora, si Amanda no quiere que pasen cosas más desagradables de lo estrictamente necesario, será mejor que durante el resto de la noche cumpla con todo lo que una voz le vaya ordenando.

Comentario: Un título rimbombante, una premisa resultona, una actriz que parece capaz de saber llevar ella sola todo el peso de la película, y un escenario con potenciales connotaciones claustrofóbicas. ¿Cómo es posible que con esos atributos, el director/guionista haya engendrado algo tan condenadamante infame?

Esta co-producción vasco-catalana puede, a priori, asemejarse a otras películas como “Enterrado” o su copia más directa, la videoclubera “Brake” (que, salvo su giro final, tampoco estaba del todo mal). Tan bueno es un ataúd de madera como el estrecho maletero de un coche para encerrar a tu protagonista y hacérselas pasar canutas. Y el interior de una limusina, aunque bastante más espacioso, puede resultar igual de agobiante y convertirse también  en una auténtica jaula de pesadilla si se combinan los elementos adecuados.

Por desgracia, el debut en el largometraje de Zubillaga no se parece en nada a ninguna de las mencionadas. Se emparenta más al tipo de película al más puro estilo “Saw”, pero sin llegar al nivel de violencia explícita de la saga protagonizada por el retorcido Jigsaw. De hecho, es bastante más light de lo que cabría esperar. Pero ese no es el problema de la cinta, sino el reducir el encierro de la protagonista a una tortura psicológica ridícula centrada exclusivamente en el ámbito sexual. Y ni siquiera en este punto alcanza cotas excesivamente pervertidas o lascivas. No hay valentía suficiente siquiera para llevar al extremo esas pretensiones iniciales, lo que en última instancia podría haber hecho que al menos resultara un filme incómodo de ver, algo que cierto tipo de espectadores incluso agradecen.

Uno no puede sino mostrarse impasible ante lo que sucede en pantalla. Entre lo ridículo de los diálogos (con un puñado de referencias cinéfilas y algo de metacine para dárselas de entendido) y una voz en off que más que infundir temor provoca vergüenza ajena, la escasa hora y media de película se hace bastante insufrible. Poco importa que Bontempi, la única actriz presente a cara descubierta, se deje la piel en el papel, porque lo que le hacen a su personaje ni nos incomoda ni nos hace sentir empatía por ella.

El escenario en sí se desaprovecha por completo. Se trata de una limusina como bien podría haber sido una habitación con una cama como único mobiliario. Para lo que se desarrolla dentro, no se necesita mucho más. La única utilidad o justificación del uso del vehículo es a nivel estético, cosa que al menos sí aprovecha el director para conseguir un acabado visual atractivo a los ojos. Pero nada más que eso, cuando podría haberse convertido en una trampa mortal jugando con todos los elementos de que dispone.

Ya que la tortura vejatoria resulta, amén de reiterativa, vulgar y de mal gusto, por lo menos que ésta esté justificada. Pero tampoco… El móvil del secuestrador no se sostiene. Es cierto que la protagonista no es un angelito, y que desde el guión se la utiliza para criticar la falsedad y la hipocresía que rodea el mundo del espectáculo (especialmente de cara a las estrellas de cine), pero tampoco pasa por ser una mala malísima que se merezca todo lo que le está pasando. Si el guión quiere que canalicemos la empatía hacia el verdugo en vez de hacia la víctima, debería haberse construido una base mucho más sólida. Al final, todo ese odio para con la protagonista es sólo fruto de la mera envidia.

Para rematar el pésimo retrato del citado verdugo, el director apuesta por un look gratuitamente grotesco más propio de la niña de REC que de la persona enferma que supuestamente es. Todo con el único fin de darle un toque más terrorífico al villano, algo que alguien con más talento habría logrado desde buen inicio simplemente con la citada voz en off.



“In a Valley of Violence” (2016) – Ti West

Sinopsis: Un cowboy solitario que se dirige a México en compañía de su fiel perro, se detiene en un pequeño pueblo de mala muerte para descansar y tomarse un baño caliente.  Pero una vez allí se verá envuelto en un altercado que más tarde le acarreará terribles consecuencias.

Comentario: Ti West forma parte de la cosecha de directores pertenecientes al movimiento “mumblegore”, que es como se ha apodado al tipo de cine (de terror, más que nada) más indie que ha ido surgiendo de un tiempo a esta parte. Grupo al que también pertenecen el director Adam Wingard y el guionista Simon Barrett, presentes ambos en esta edición con la lamentable “Blair Witch” (un producto de encargo, sin duda).

En esta ocasión, no obstante, West se atreve a adentrarse en el género western con una clásica historia de venganza. Clásica en lo que a planteamiento se refiere, pero no tan convencional en su desarrollo conforme se acerca al desenlace, en dónde la violencia se tiñe de un  humor un tanto peculiar (el duelo con Travolta de por medio es algo realmente delirante).

West toma referencias de aquí y de allá, pero está claro que el spaguetti y, particularmente, Sergio Leone (no hay más que ver los créditos iniciales), son sus referentes más inmediatos. Más que Ford, Hawks o Eastwood, presentes sólo por definición (no hay western del que no sean padres –o abuelos- indirectos).

Hawke, al que este año ya hemos visto calzarse el sombrero y las espuelas en el remake de “Los siete magníficos”, encarna aquí al antihéroe solitario por excelencia, y no muy alejado del personaje que encarna en el film de Fuqua. Travolta, por su parte, tiene un rol un tanto más desconcertante, con una primera aparición bastante solemne, pero que luego pasa a mostrar un lado más dócil y cobarde. Con todo, uno de sus papeles más rescatables de los últimos años.


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