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martes, 17 de octubre de 2017

SITGES 2017 - Día 3 (Parte II)


Wind River” (2017) – Taylor Sheridan

Sinopsis oficial: Una agente del FBI se alía con un veterano rastreador local para investigar un asesinato ocurrido en una reserva de nativos americanos.

Comentario:

Después de los elogios recibidos por los guiones de “Sicario” y la estupenda “Hell or High Water”, Taylor Sheridan se lanza a la dirección para trasladar a la gran pantalla una investigación criminal que transcurre en los fríos y nevados parajes de Wyoming. Concretamente, en Wind River, la reserva de nativos americanos que da título a la película.

La trama, que no es demasiado intrincada, progresa despacio y con buena letra, profundizando sobre todo en los personajes. Sus principales protagonistas son una joven agente del FBI procedente de Las Vegas y que anda un poco perdida sobre el terreno; y un experto rastreador/cazador que la acompañará tanto para ayudarla a encontrar al asesino de la hija de su amigo, como para desquitarse, de algún modo, de una espina clavada todavía en su corazón desde hace muchos años.

Dos personajes que tienen en común su alto sentido del deber, y que no descansarán hasta resolver el caso.

La ópera prima de Sheridan es un thriller de personajes trágico y contundente. Una película altamente recomendable, con un muy buen trabajo de Jeremy Renner en la piel de un hombre roto por dentro que intenta vivir o, mejor dicho, sobrevivir con el dolor de la pérdida de un ser querido.




Anna and the Apocalypse” (2017) – John McPhail

Sinopsis oficial: La tranquila localidad de Little Haven se ve invadida por una horda de muertos vivientes que amenazan con chafarles las fiestas navideñas. Anna y sus amigos harán frente a la amenaza con toda su energía, sobreviviendo a muñecos de nieve zombificados, salvajes despedidas de soltero y adolescentes desenfrenados.

Comentario:
 
¿Es posible hacer de una película de zombies, un musical? La respuesta es sí. De hecho, el subgénero zombie ya se ha prestado a tantas variaciones, que esta mezcla de géneros no nos ha de sorprender en lo más mínimo. Es más, el género musical en sí admite prácticamente cualquier temática que se le quiera endosar, algo que podemos comprobar sobre todo en los escenarios de los teatros (si existen musicales de “Evil Dead” y “Spider-Man”, puede existir cualquier cosa).

Desde Escocia nos llega esta co-producción entre Reino Unido-EE.UU., en la que la tranquila y rutinaria Navidad de un pueblo se ve interrumpida por un brote de no-muertos que en tan sólo una noche parece haber puesto patas arriba todo el país.

En medio de este caos repleto de violencia, destrozos, sangre y muertes por doquier, se encuentra un grupo de adolescentes intentando sobrevivir y reunirse con sus seres queridos. No es que la historia resulte novedosa, cierto, pero sí el modo que tiene el director de contárnosla, es decir, a golpe de canciones pegadizas que se van intercalando paulatinamente a lo largo del metraje.

Los segmentos musicales ayudan sobremanera al desarrollo de los personajes, y sirven de excusa para mostrar a la audiencia sus emociones, sus sentimientos para con los demás, sus anhelados deseos, sus desesperantes frustraciones, etc. Esto nos permite conocerlos y encariñarnos de ellos de un modo original y muy lúdico. Y como ya digo, en un sentido puramente musical, y sin necesidad de recurrir a demasiada parafernalia o aparatosas coreografías, la película funciona gracias a un repertorio de canciones pegadizas que invitan a la audiencia a sumarse como acompañamiento con sus palmas (o al menos eso ocurrió en la sala durante una sesión que fue una auténtica fiesta).

El espectáculo, siempre bajo ese característico humor inglés, se ameniza con unas cuantas gotas de casquería barata muy gamberra, un antagonista (vivo) de lo más estridente y unos no-muertos tan feos como graciosos.

jueves, 12 de octubre de 2017

SITGES 2017 - Día 3


Musa” (2017) – Jaume Balagueró

Sinopsis oficial: Samuel Salomon, profesor de literatura, no pisa la universidad desde la trágica e inesperada muerte de su novia. Samuel sufre una recurrente pesadilla donde una mujer es brutalmente asesinada a través de un extraño ritual. De repente, la misma mujer que aparece todas las noches en su mente es hallada muerta en idénticas circunstancias a las de su sueño. Samuel se cuela decidido en la escena del crimen para averiguar la verdad, y conoce a Rachel, una joven que asegura haber soñado con el asesinato. Juntos, harán todo lo posible para descubrir la identidad de la misteriosa mujer, sumergiéndose en un oscuro mundo gobernado por las musas que han inspirado a los poetas de todos los tiempos. 

Comentario:

Una musa que le visitara -de las buenas, no como las que vemos aquí- es probablemente lo que le ha faltado a Balagueró para sacar adelante una adaptación que ya se huele plomiza desde su material de procedencia. O por lo menos la película no anima en lo más mínimo a leerse la novela de José Carlos Somoza en la que se basa.

El catalán es un cineasta bien formado y cumplidor en lo técnico, algo que ya ha demostrado en anteriores ocasiones. Y su “Musa” vuelve a ser ejemplo de ello con una estética, como siempre, muy cuidada. Por desgracia, la anodina historia y sus petulancias literarias, amén de una pareja protagonista a todas luces antipática (y me refiero a los personajes, no a los intérpretes) se giran en su contra.

Las musas de Balagueró son unos seres tan malvados como incomprensibles. No queda del todo claro a qué dedican el tiempo en nuestro mundo actual. ¿Pasan el rato atormentando a los escritores como musas pérfidas que son? Pues eso hemos de suponer, aunque más bien parecen club social de mujeres amargadas y en luto permanente, avocadas a sucumbir a las absurdas reglas de su propia existencia. El rocambolesco desenlace da buena fe de ello.

Casi dos horas de anodino terror sobrenatural en las que sólo destacan unos atractivos títulos de crédito iniciales. Y bien mirado, no se les ve tampoco demasiada relación con la temática de la película.



The Cured” (2017) – David Freyne

Sinopsis oficial: Hace unos años, el continente europeo se vio asolado por un virus que convirtió a la población en monstruosos caníbales. Se logró hallar un antídoto, pero incluso después de curadas, las personas infectadas recuerdan todo lo que hicieron durante su enajenación. Hoy, la última tanda de convalecientes se prepara para reintegrarse en sociedad.  


Comentario:

Quién todavía piense que en el subgénero zombie está todo inventado, debería echarle un ojo al interesante debut del irlandés David Freyne.

El cineasta, que también se encarga de escribir el guión, aborda una tesitura sociológica interesante situando su historia en un contexto en el que los afectados por una violenta pandemia son curados de su enfermedad, pero recuerdan todo lo que hicieron cuando estaban infectados. El trastorno psicológico producto de los remordimientos y el sentimiento de culpa asolan a los curados. Sobre sus espaldas deben cargar con el atroz recuerdo de haber asaltado brutalmente a sus congéneres, en la mayoría de casos terminando con la muerte del agredido. Si para más inri la víctima era un familiar u otro ser querido, el dolor de poseer esos recuerdos puede ser insoportable. De ahí que la mayoría de los curados terminen suicidándose.

Pero su integración de nuevo en la sociedad se ve entorpecida también por aquellos que desconfían de ellos; por aquellos que les temen y los perciben todavía como una amenaza; e incluso por aquellos que, al igual que ellos mismos, no son capaces de disculpar sus salvajes actos.

Rechazados por esa sociedad a la que una vez pertenecieron, se ven avocados a ajuntarse en pequeñas comunidades de “curados”, lo que les llevará finalmente a rebelarse violentamente contra los que no son como ellos.

Siendo una película irlandesa, resulta bastante obvio percibir la historia como un sutil simil de Freyne al conflicto que enfrentó durante años a católicos y protestantes. Más allá de eso, nos recuerda un tema recurrente en el subgénero: el rechazo al prójimo, bien sea por raza, sexo o ideología. Aquí unido a un factor psicológico muy interesante y rara vez explotado.

“The Cured” es la “Melanie. The Girl with All the Gift” de esta edición. Quizás no tan ambiciosa como aquella, y por ello también algo más desaprovechada, pero que acierta en donde aquella fallaba: el desenlace.


sábado, 15 de agosto de 2015

"Extinction" (2015) - Miguel Ángel Vivas


Sinopsis: La película nos sitúa nueve años después de que una infección convirtiera a gran parte de la humanidad en criaturas salvajes y hambrientas de carne humana. Jack y su hija pequeña Lu sobreviven en aparente tranquilidad en Harmony, un pequeño pueblo del que son los únicos residentes junto a su vecino Patrick, con quién evitan tener cualquier contacto. En el pasado, algo terrible ocurrió entre Jack y Patrick, y aún hoy, pese a las circunstancias, un odio profundo persiste entre ellos. Pero cuando las criaturas vuelvan a aparecer, Patrick y Jack deberán dejar a un lado el rencor para poder sobrevivir.

La “moda zombie” que estamos viviendo desde hace ya algunos años parece haberse asentado con bastante solidez. Cine, tv y literatura siguen alimentándose de estos veteranos monstruos para disfrute del buen aficionado. Claro que no es oro todo lo que reluce, o más bien no es muerto viviente todo lo que huele a podrido, y de entre la ingente cantidad de productos y producciones que nos echan a los ojos,  hay que saber discernir entre lo bueno, lo medianamente decente y la morralla. Y dentro de un subgénero tan explotado como es éste, todavía más difícil resulta encontrar un atisbo de originalidad.
En lo que a literatura se refiere, siempre es bienvenida alguna referencia cercana o recomendación de alguien en cuyo criterio tienes cierta confianza. Así que cuando me recomendaron la lectura de “Y pese a todo” de Juan de Dios Garduño, no me lo pensé dos veces. Y bien que hice, porque resultó ser un agradecido soplo de aire fresco dentro del género de terror. Una lectura muy amena que explora la temática desde una perspectiva postapocalíptica, y aportando alguna que otra novedad a la iconografía zombie. Pero eso sí, centrándose en la vertiente dramática y la relación de amistad-odio que enfrenta los dos personajes protagonistas y no tanto en la presencia de los monstruosos seres que les acechan. Un cuento de terror deudor del mejor Stephen King (referencia que el propio autor admite).

Quizás por eso cuando supe de su adaptación a la gran pantalla crucé los dedos para que el equipo implicado supiera estar a la altura de las circunstancias. Y ahora, una vez vista, puedo afirmar que pese a que  los primeros avances presagiaban lo peor, lo cierto es que el resultado se podría considerar moderadamente satisfactorio. De todos modos, se trata de esos incontables casos en los que la novela sigue siendo mejor que la película, por lo que recomiendo encarecidamente su lectura.

A grandes rasgos, la película dirigida por Miguel Ángel Vivas (Secuestrado) deviene en una adaptación bastante fiel al material original. Al menos en lo esencial, es decir, en la caracterización de los personajes y la tensa relación que mantienen, así como en la mayor parte de los acontecimientos clave de la historia que harán que se replanteen ese viejo y corrosivo rencor que les distancia. 

Los guionistas, el propio Vivas junto a Alberto Marini (Mientras duermes), remarcan en todo momento  el carácter dramático de la historia, atribuyéndole esas pinceladas de terror que luego desembocarán en el frenético y feroz clímax final, momento en que la cinta acaricia al lado más survival y terrorífico de la obra de Garduño.


El bien medido uso de flashbacks permite sumergirnos a cuenta gotas en las razones que motivan el odio entre Patrick y Jack sin necesidad de ofrecer mayores explicaciones. Lo justo y necesario para deducir el conflicto que les atañe y comprender las razones que hay detrás de sus actos a lo largo de la cinta.

Por el contrario, algunos cambios introducidos con respecto al personaje que interpreta la española Clara Lago denotan la intención de sus responsables de otorgarle a la historia un punto más buenrollista y esperanzador  de cara al espectador. Lo que a su vez convierte a su personaje en un elemento bastante prescindible dada su escasa aportación a la trama.

En lo que respecta a las actuaciones, el trío protagonista realiza una labor bastante correcta, sin que ninguno de ellos destaque especialmente. 

Técnicamente, se nota que estamos ante una producción de presupuesto ajustado, por lo que se agradece que, infografía escénica aparte, durante la mayor parte del tiempo los monstruos sean extras caracterizados  para la ocasión y no monigotes digitales, a fin de atribuirle la mayor credibilidad posible al hostil depredador. Por lo demás, la historia no necesita tampoco de grandes alardes en materia de efectos, salvo en escenas muy puntuales, por lo que el invernal y limitado escenario en el que se desarrollan los acontecimientos es más que suficiente para llevar la propuesta a buen puerto.
En definitiva, una cinta apta para al buen aficionado y una decente adaptación.

P.D.: Atención al guiño a “En las montañas de la locura” de H.P. Lovecraft. ¿La veremos algún día adaptada al cine? Soñar es gratis.


La ambientación. La tensa relación entre los dos protagonistas adultos.

 
En comparación con la novela, la película se siente muy inferior. 




Valoración personal:

domingo, 28 de junio de 2015

“Maggie” (2015) - Henry Hobson



Sinopsis oficial: Una chica de 16 años de un pueblo de América es infectada por un zombi. La joven tardará 6 meses en convertirse en zombi, y la transformación afectará la situación en su familia, en concreto a su padre, que continúa manteniendo su amor incondicional por su hija.
 
Tras retirarse oficialmente de la política en 2011, habiendo ejercido como gobernador del estado de California durante casi diez años, Arnold Schwarzenegger ha retomado su carrera cinematográfica con, digamos, más pena que gloria. Y es que no es fácil recuperar el estatus de “gran estrella del cine de acción” siendo ya un sexagenario, y menos cuando el género en sí mismo tampoco es lo que era en los 80 o 90. Si a eso le sumamos que son las películas de superhéroes y otros géneros fantásticos las que arrasan en taquilla y enloquecen al gran público, uno le tiene difícil para hacerse un hueco, por muy popular y taquillero que haya sido en el pasado.

Hasta ahora, y al igual que su amigo Stallone, Chuache ha tenido que tirar básicamente de nostalgia para atraer de nuevo al público a las salas. Sus cameos en la saga Expendables y proyectos como “The Last Stand” o “Escape Plan” juegan a ganarse el favor de esos nostálgicos que, como un servidor, hemos crecido devorando palomitas con sus películas. Pero como he dicho, los tiempos han cambiado, y por mucho que el amigo Arnold tire de icónicos personajes como Terminator o Conan a base secuelas tardías que no vienen al caso, va a ser complicado que el austríaco viva una segunda edad de oro. Lo que no podremos negarle es el mérito de haberlo intentado.

Y ya puestos a intentarlo, ¿por qué no probar con algo distinto? Imagino que el propio Schwarzenegger se haría esa preguntaría al aceptar participar en una pequeña película como “Maggie”.

Si repasamos su filmografía, plagada de cintas de acción y sucedáneos varios, “Maggie” se erige toda una rara avis. Anclada dentro de la temática zombie, género ya de por sí una novedad en el currículum de Arnie, la película nos muestra al actor como un sufrido padre de familia que tiene afrontar los últimos días de vida de su enferma hija Maggie (Abigail Breslin), afectada ésta por un extraño virus que convierte a la población en algo así como no-muertos.

Sin que aún se haya encontrado una vacuna que cure o siquiera evite su contagio, los hospitales optan por ingresar a los afectados por la enfermedad  y mantenerlos en cuarentena hasta que su estado ya es avanzado, momento en el que proceden a suministrarles una inyección letal. No obstante, a los pacientes con síntomas todavía leves se les permite pasar sus últimos días de vida junto a sus familiares antes de la transformación definitiva. 


Wade, dispuesto a aprovechar cada minuto que le queda de vida a Maggie, decide llevarla a casa, dónde intentarán hacer vida normal hasta que llegue el momento de decirse adiós. Días que no serán nada fáciles para ninguno de los dos. Mientras ella pasa los días y las noches temiendo transformarse en cualquier momento y herir a sus seres queridos sin siquiera ser consciente de sus actos, él, desolado por la situación, se niega a aceptar la realidad y se atormenta con la idea de tener que poner fin a la vida de su hija.   

Somos testigos así del amor incondicional de un padre hacia su hija, y de la impotencia de éste ante la terrible situación que se les ha echado encima. Y lo cierto es que Schwarzenegger está bastante correcto en el papel, dadas sus limitaciones actorales. Es evidente que alguien con mayor dominio de las emociones habría ofrecido una actuación más destacable, pero al menos el actor logra una comedida profundidad  más que convincente.

En realidad, el problema de “Maggie” no reside en las interpretaciones, más que aceptables, sino en la fatigosa dirección del debutante Henry Hobson. Eso, y que la cinta, pese a tener un enfoque más que interesante dentro del subgénero zombi (centrándose en el drama familiar más que en el aspecto más terrorífico y truculento de la historia), tiene en realidad muy poco que contar, por lo que hubiera funcionado mejor como cortometraje que no como largo. Amén de los escasos alicientes de la trama, subsanados en ocasiones por momentos de aplaudible lucidez (la escena en la que aparece el “síntoma del olfato”, por ejemplo, o los funestos minutos finales), las reminiscencias “malickianas” de Hobson y su gusto frustrante por los planos contemplativos hacen muy pesado su visionado

La película se torna demasiada aburrida e insuficientemente emotiva como para seguirla con interés. Y es una lástima, porque se agradece, y mucho, que de vez en cuando nuestro querido Chuache se aleje de la rutina y se arriesgue con una producción distinta a lo habitual. 

De hecho, todavía lamento más que uno de los proyectos  que iban a suponer su regreso a la gran pantalla no llegara al final a concretarse. El proyecto en cuestión, con guión de Randall Wallace (Braveheart) y emplazado en los últimos días de la IIGM, se titulaba "With Wings as Eagles", y versaba sobre un viejo soldado alemán que recibe la orden al final de la guerra de matar a un grupo de críos. Sin embargo, éste se niega e inicia una odisea para ponerlos a salvo poniendo en riesgo su vida. 

Para más inri, la historia estaba basada en hechos reales, con lo que hubiera sido en regreso de lo más refrescante.  Quién sabe, quizás algún día el guión se materialice, con o sin Schwarzenegger.



Su paternal enfoque al subgénero zombie; un Schwarzenegger alejado del rol de action-man al que estamos acostumbrados a verle.


 

Que incite constantemente al bostezo; lo inexplicable que resulta que el guión estuviera en la Black List.  




Valoración personal: 

sábado, 3 de agosto de 2013

“Guerra Mundial Z” (2013) - Marc Forster



Es evidente que en los últimos tiempos la temática zombie ha experimentado un auge considerable, ya no sólo en materia cinematográfica sino también en otras disciplinas como el cómic (The Walking Dead, Zombies vs Cheerleaders), la televisión (Dead Set o la propia adaptación de The Walking Dead), los videojuegos (Left 4 Dead, Dead Island) y, sobre todo, la literatura (Guerra Mundial Z, Cell). Tal ha sido su apogeo, que la moda, lejos de mostrar signos de agotamiento, sigue gozando de muy buena salud, por lo que se intuye que a los no muertos aún les queda cuerda para rato en el mundo de los vivos. 

No obstante, ha llegado un punto en que el mercado ha quedado sobresaturado. La explotación del concepto zombie ha sido tan excesiva (sobre todo en cine y literatura, dos artes que a menudo suelen ir de la mano), que de entre toda la oferta urge discernir entre lo que es un producto elaborado a conciencia de otro prefabricado que se aprovecha del tirón del momento.

Dentro del sector literario, tenemos un cuantioso y jugoso catálogo ante nosotros, destacando especialmente la cantera nacional de escritores que están forjando una producción de novelas (Apocalipsis Z, Y pese a todo, Los caminantes…) cuyo éxito parece corresponderse, en la mayoría de los casos, con su calidad. Pero más allá de nuestras fronteras, otros escritores han saboreado el éxito con sus pesadillescos relatos de temática zombie. Entre ellos se encuentra Max Brooks (hijo del director Mel Brooks y de la actriz Anne Bancroft), una de los principales revitalizadores del género, quién en 2003 escribió  "Zombi - Guía de supervivencia", un elaborado e ingenioso manual en el que el autor explicaba detalladamente cómo sobrevivir a un apocalipsis zombie.  A éste best-seller le siguió, tres años más tarde, otro más: “Guerra mundial Z”  (World War Z: An Oral History of the Zombie War), en el que se relataba una ficticia guerra mundial contra los zombis.

 La particularidad de “Guerra Mundial Z” (y en opinión de un servidor, uno de sus mayores atributos), reside en tener una estructura narrativa a modo documental, presentando una serie de entrevistas a los supervivientes y que se van agrupando cronológicamente por capítulos, perteneciendo cada uno de estos capítulos a un periodo concreto del largo conflicto (desde la aparición de los primeros infectados hasta el fin de la guerra contra la plaga zombie). Obviamente, con semejante estructura y dada su extensión, resulta cuanto menos complicado de adaptar en un simple largometraje. De hecho, lo más indicado sería, en este caso, una serie de televisión.  


Sin embargo, la “adaptación” que nos ocupa ha decidido ignorar por completo todo lo escrito por Brooks en su libro para, aprovechando el tirón del título, inventarse su propio apocalipsis zombie. Un apocalipsis en el que los no-muertos parecen  una marabunta de hombres-hormiga capaces de trepar altísimos muros e incluso rascacielos. Un atributo a la mitología zombie que, aunque innovador,  no deja de resultar un tanto ridículo, más cuando el abuso de CGI convierte la amenaza en una, a veces, risible masa de monigotes pixelados muy poco creíbles (un defecto similar que arrastraba “Soy leyenda” de Smith). Por fortuna, no toda la acción de la cinta se basa en este tipo de aglomeraciones zombie, pues también existen secuencias mucho más intimistas, por así decirlo, en las que el suspense prevalece por encima de la espectacularidad y los fuegos de artificio; momentos que nos devuelven al auténtico y genuino espíritu del subgénero zombie (la persecución por las escaleras del edificio, el ataque en el interior del avión o la “misión final” en el centro de salud).

La película tampoco invierte demasiado el tiempo en presentar al personaje o personajes protagonistas (siendo Pitt el eje absoluto sobre el cual se sustenta la trama), de modo que la acción no se hace esperar, y en seguida somos testigos de cómo se desata el caos; de cómo una infección que parece imparable se propaga por todo el globo a una velocidad increíble.

En medio del infierno desatado, aparece un rayo de esperanza encarnado en Gerry Lane (Pitt),  un antiguo investigador de Naciones Unidas que, por el bien de su familia (y de paso del del resto de la humanidad), pondrá su vida en riesgo viajando por el mundo con el fin de hallar una forma de frenar el avance de la letal epidemia. Argumento que, por supuesto, no tiene absolutamente nada ver con la novela de Brooks, pues como ya he comentado al inicio, de ésta no queda más que el título. Y es una lástima, pues de haberse ceñido mínimamente a la historia que se relataba en sus páginas, podríamos haber estado ante una película muy diferente y que hubiese marcado la diferencia dentro del subgénero zombie. Sin embargo, lo que tenemos ante nosotros no es más que otro entretenido pero olvidable producto palomitero made in Hollywood. Así que pese a sus puntuales virtudes (las agradecidas dosis de tensión y las solventes pinceladas dramáticas) la sensación general es la de oportunidad perdida; oportunidad para hacer algo distinto que se alejara del típico-tópico escenario de terror post-apocalíptico en el que los protagonistas, acechados por los hambrientos no-muertos, huyen de un apuro  para meterse en otro, y así hasta la aparición de los títulos de crédito. World War Z es eso, y poco más.  

El subgénero convertido en blockbuster para toda la familia, esto es, acción a raudales y (casi) ni una gota de sangre (o al menos nada que resulte demasiado perturbador para el público asistente).



Valoración personal:

sábado, 27 de octubre de 2012

“The Cabin in the Woods” (2012) - Drew Goddard

Crítica The Cabin in the Woods 2012 Drew Goddard

Cada vez es más difícil innovar en el campo del terror, y cada vez más se llena nuestra cartelera de copias, refritos y remakes no deseados que terminan por agotar la paciencia de los aficionados.

Quizás por ese motivo resulta tan refrescante y placentero toparse con una película como “The Cabin in the Woods”. Y no es que la susodicha sea algo estrictamente original, pero sí es lo suficientemente osada como para reciclar y reinterpretar los cánones del género en post de ofrecer un producto distinto, alocado y, en cierto modo, transgresor.

Pero el camino hasta aquí no ha sido fácil. 

Drew Goddard, guionista de “Cloverfield” y de distintos episodios de “Perdidos” y “Alias”, y Joss Whedon, creador de series como “Buffy, cazavampiros” o la injustamente cancelada “Firefly”, se reunieron para formar equipo en un nuevo proyecto de horror con la intención de revitalizar el género.

Su rodaje concluyó en 2009 y se fijo febrero de 2010 como mes idóneo para su estreno en salas comerciales (estadounidense, of course). Sin embargo, por aquél entonces el estudio (MGM) se declaró en quiebra y su estreno quedó aplazado indefinidamente hasta que por fin el pasado año Lionsgate adquiriera los derechos de distribución.

Con siete meses de retraso con respecto a su lanzamiento en EE.UU., se fijaba en España su llegada a los cines para este mes de octubre. Pero para desgracia de los aficionados (muchos que la esperaban como agua de mayo y muchos otros que querían repetir la experiencia tras disfrutarla en el Festival de Sitges), Vértice Films, encargada de su distribución en tierras patrias, anunciaba recientemente la cancelación del estreno en salas para ir directa al mercado doméstico. ¿Motivos? Diversos no  especificados y, por supuesto, el rastrero y victimista argumento de culpar a la piratería de ello, cuando resulta que otras películas que ya llevan tanto o más tiempo en Internet se han estrenado sin problemas en nuestra cartelera e incluso han logrado una taquilla más que respetable.

Probablemente esta medida contribuya a obsequiarle un mayor estatus de “culto” del que ya se le presupone debido a sus problemas para la luz, a su extravagante trama y, sobre todo, a los numerosos halagos recibidos a un lado y al otro del charco. 

Curt (Chris Hemsworth), Jules (Anna Hutchison), Dana (Kristen Connolly), Marty (Fran Kranz) y Holden (Jesse Williams) se preparan para pasar el fin de semana en una remota y aislada cabaña situada en el bosque. Al llegar ahí, empieza la fiesta: las risas, la borrachera y el colocón. Bien entrada la noche, descubren que el sótano de la cabaña oculta una extraña colección de reliquias. Entre todas ellas, se encuentra un diario que habla de la antigua familia de psicópatas que ocupó la casa… 
  
A priori y con semejante sinopsis, uno puede pensar que lo que nos van a contar Goddard y Whedon va a ser lo mismo de siempre. Pero no es así, y eso es algo que se percibe ya en los primeros minutos.


La narración se va alternando alrededor de dos grupos de personajes que, como no tardaremos mucho en averiguar, están estrechamente conectados entre sí. Dicho conexión, y algunos detalles puntuales al principio de la película (ese halcón…), nos ponen sobreaviso de que lo que vamos a presenciar no tiene nada que ver con la posible idea preconcebida que pudiéramos tener en mente antes de su visionado.

Y es que Whedon y Goddard han conseguido darle una vuelta de tuerca al género recurriendo,  precisamente, a todos sus clichés; mofándose de ellos y explotándolos dentro de un pastiche de géneros y subgéneros que hará las delicias de muchos aficionados.

Los homenajes y guiños al cine de terror son abundantes. La propia película podría definirse como un cruce entre “Posesión infernal” y “Cube”, sólo que esto sería una definición un tanto inexacta teniendo en cuenta que abarca mucho más referencias de las que uno pueda imaginar. Casi todo el imaginario monstruoso del género está condensado en una sola película bajo un contexto no del todo bien detallado (falta información que nos explique cómo demonios SPOILER -- han conseguido confinar a tanto bicho en un único emplazamiento -- FIN SPOILER) pero sí justificado

Cierto es que se generan muchas dudas y preguntas en el transcurso de la trama, y que muchas de ésta se quedan sin resolver. Pero por suerte eso no es motivo para privarnos de la hora y tres cuarto de irreverente y cruel diversión que nos proporciona la propuesta. Desde “Scream”, allá por mediados de los noventa, que una película de terror no ofrecía una clase de metacine tan magistral como la que nos obsequia “The Cabin in the Woods”.

Es difícil hablar de sus virtudes (y sus defectos, que también los tiene) sin entrar en el terreno del spoiler.


A grandes rasgos, diría que uno de sus puntos más flojos es la parte que funciona como mero slasher, mientras que una vez descubierto el pastel por los propios protagonistas, la película va ganando enteros convirtiéndose en un festival (gore) de deliciosas referencias. En ese preciso instante alcanza también algunos de sus momentos más álgidos (SPOILER -- el soberbio plano en travelling inverso que nos desvela el bestiario que esconde la cabaña en el subsuelo --FIN SPOILER),  aunque también es justo reconocer que la idea daba para más, y quizás si la segunda parte contara con igual o más minutos que la primera, la satisfacción sería mucho mayor.

El reparto funciona de forma desigual pero, al fin y al cabo, aceptable. Richard Jenkins y Bradley Whitford son de lo mejorcito de la misma por su veteranía y porque en ellos recae la mayor parte de la sátira que desprende el guión. En el bando de los cinco adolescentes no hay mucho de dónde rascar. Ninguno destaca especialmente ni muestra carisma alguno; ni tan siquiera aquellos que aguantan estoicamente el primer asalto de la función.

Por sus aires de serie B, su incontestable sarcasmo y su atrevida mezcolanza de géneros, “The Cabin in the Woods” merece ganarse un rinconcito en el corazón del aficionado. Aunque tampoco sea la panacea del género que muchos proclaman a los cuatro vientos. 


Valoración personal: