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domingo, 19 de octubre de 2008

"El reino prohibido" (2008) - Rob Minkoff


No todos pueden presumir de tener, en la misma película, a dos de los cracks de las artes marciales más populares, consagrados e internacionales del panorama cinematográfico actual.
Jackie Chan y Jet Li se han ganado su fama a base de patadas y puñetazos, en el mejor sentido de la palabra. Dos virtuosos de las artes marciales que tienen legiones de fans y que, por primera vez, participan juntos (pero no revueltos) en una misma película. Eso ya es un buen motivo para que esos fans se sientan atraídos por esta producción, si bien los propios actores ya han admitido textualmente que la cosa “no es para tanto”.

Tras el visionado de esta “The Forbidden Kingdom” a un servidor no le queda otra que darles la razón. El mayor atractivo de la misma reside básicamente en la presencia de estos dos actores, aunque ese cara a cara puede saber a poco para los que esperaban en encuentro mucho más impactante. Al fin y al cabo, sus personajes son secundarios, y el verdadero prota de la función es el joven y poco conocido Michael Angarano (¿a nadie más le ha parecido un clon de Shia Labeouf?)


Jason es un muchacho aficionado –pero no practicante- al Kung-Fu y a todas las películas made in Hong Kong. Un día, de visita a una pequeña casa de empeños del barrio chino, descubre un legendario báculo de un sabio guerrero chino conocido como el Rey Mono.
Tras una serie de acontecimientos, el báculo revela su poder y teletransporta a Jason cientos de años atrás, hasta la China medieval. Una vez allí, su misión consistirá en devolver el báculo a su verdadero dueño (el Rey Mono), y para hacerlo deberá enfrentarse a un malvado emperador y a su poderoso ejército. Pero Jason no estará sólo, y en esta increíble aventura le acompañarán tres curiosos personajes: un luchador borracho (Jackie Chan), un monje silencioso (Jet Li), y el Gorrion Dorado (Yifei Liu), una bella joven en busca de venganza.


La historia se inspira ligeramente en populares leyendas chinas como la del Rey Mono, pero adaptando el rol del personaje principal a nuestros tiempos y desarrollando el habitual concepto de viajes en el tiempo (al estilo de la tercera entrega de “Las Tortugas Ninja”) para hacerlo más atractivo para el público no asiático.

La trama es sencilla y lineal, centrándose básicamente en el entrenamiento del prota para dominar el arte del kung-fu y posteriormente en seguir su viaje hasta el lugar de destino (con sus obstáculos pertinentes). Por ello podemos decir que la originalidad es más bien escasa y todo cuanto acontece resulta sumamente previsible.

En la cinta priman sobre todo las peleas cuerpo a cuerpo, y es ahí donde ésta saca mayor partido a sus dos estrellas, Chan y Li. Tener a los dos en movimiento, sea cara acara, luchando juntos o por separado, ya merece gran parte del visionado (aunque no de la entrada).
Las coreografías están conseguidas y más o menos los dos se lucen al mismo nivel. Nada más hay que lamentar el ya habitual -y a mi gusto, detestable- “wire-fu”, técnica que consiste en atar con cables a los luchadores para obtener peleas más espectaculares y emocionantes, ignorando por completo las leyes físicas naturales. Como ya digo, este recurso barato me parece muy molesto, ya que en la mayoría de ocasiones se me antoja ridículo y chapucero, y le quita todo el encanto –y el mérito- a las peleas (y por consiguiente, el trabajo de sus actores y/o especialistas). En el caso que nos ocupa, y tratándose de una cinta con componentes fantásticos, se puede llegar a tolerar, pero eso no quita que en ocasiones sea más un perjuicio que un beneficio.


En lo interpretativo, tanto Chan como Li siguen en su línea habitual. Uno (Chan) con su característico toque cómico y mostrando tantas muecas como le sea posible, y el otro (Li) con su habitual inexpresividad. Al segundo además lo tenemos por partida doble, interpretando –es un decir- a dos personajes distintos, a cada cual peor (el monje, hierático perdido, y el Rey Mono demasiado risible)

Por su parte, Michael Angarano cumple con el habitual rol de chico tímido (y un tanto friki) al que los matones del barrio tienen atemorizado. Con la ayuda de estos dos maestros aprenderá a defenderse y a afrontar cualquier situación por peligrosa y difícil que sea. Vamos, el típico papel de “pequeño saltamontes”.

Si acaso, el verdadero punto flaco, en lo que a reparto se refiere, lo tenemos en el villano, Collin Chou, que nunca llega a ser un malvado imponente, ya sea por lo poco acertado que está el actor o por su aspecto un tanto amanerado.


Por lo demás, la película logra su objetivo de entretener gracias a las citadas peleas y a unos efectos especiales competentes. Sus 70 millones de presupuesto lucen bastante bien en pantalla y van acompañados de una buena fotografía, bellos paisajes y una adecuada e inspirada banda sonora.
Su director, especializado en cine familiar (empezó en la Disney y ha realizado las dos entregas de Stuart Little para Warner Bros.), no consigue transmitir la épica suficiente para otorgarle intensidad a la película, pero pese a eso, el resultado es bastante simpático aunque de vez en cuando se pase de infantiloide.

Así pues, si sois fans de Jackie Chan y/o de Jet Li, seguramente paséis un buen rato con este ligero entretenimiento que, sin duda, es lo mejor que ha hecho Chan en años, algo fácil viendo lo mayormente mediocre que es su filmografía (las imposibles piruetas que se monta suelen ser el único motivo para ver semejantes esperpentos). Más o menos lo mismo se podría decir de Li, aunque éste de vez en cuando participa en productos más decentes y se deja ver en agraciadas superproducciones épicas.


Valoración personal:

martes, 8 de julio de 2008

"Kung Fu Panda" (2008) - Mark Osborne & John Stevenson


Dreamworks es ahora mismo la principal competidora de la magistral Pixar, algo que se refleja no sólo en la calidad de su animación -que no guiones- sino también en su poder de convocación en taquilla. Pese a que el resultado final de algunas de sus producciones deje un poco que desear, por lo general suelen tener buena acogida entre el público y, por consiguiente, logran una copiosa recaudación.

Año tras año, ambas compañías compiten para convertir sus films en los más exitosos de la temporada. Este año y aunque Wall-E tenga todas las papeletas de ser la gran triunfadora, podemos decir que “Kung Fu Panda” no se queda tan atrás como ha sucedido en otros años. Esta vez Dreamworks ha conseguido un film redondo para toda la familia y, probablemente y en opinión de un servidor, su mejor película de animación desde que se pasaron al 3D.


La película nos situa en la antigua China, concretamente, en el Valle de la Paz. Nuestro protagonista es Po, un orondo panda holgazán y patoso, pero de buen corazón (faltaría más!)
Po trabaja en el restaurante familiar como cocinero/camarero, pero su gran pasión -oculta siempre a los ojos de su exigente padre- es el kung fu. Obviamente, su deseo es dejar ese farragoso trabajo y convertirse en un gran maestro de ese arte marcial. Sin embargo, su nula formación, su torpeza y su gran tamaño, unidos al hecho de verse casi obligado a seguir la tradición familiar de encargarse del restaurante, hacen que ese sueño jamás se realice.

Un buen día surge la oportunidad que Po llevaba tiempo esperando. Un mal, encarnado en el temible leopardo Tai Lung, amenaza con romper la paz y la armonía del valle, y para hacerle frente, los maestros del kung fu deberán encontrar, según cuenta la profecía, al elegido que se convierta en el gran Guerrero del Dragón, el único capaz de hacer frente a cualquier enemigo.

Los maestros Oogway y Shifu, junto a sus discípulos, los llamados Cinco Furiosos -Tigresa, Grulla, Mantis, Víbora y Mono- organizan un evento para decidir qué luchador se convertirá en el legendario guerrero. Por supuesto, nuestro orondo panda no querrá perdérselo y acudirá a ver dicho acontecimiento, aunque por ello deba desatender sus tareas.

Una vez allí y debido a una serie de infortunios provocados por su propia torpeza, Oogway terminará eligiéndolo a él como el Guerrero del Dragón que andaban buscando. Tal nombramiento desagradará tanto al maestro Shifu como a sus cinco discípulos.

A partir de este momento, Po deberá demostrar que es algo más que un panda gordinflón, intentando ganarse la confianza de Shifu, el respeto de sus nuevos compañeros y haciendo honor a su condición de Guerrero del Dragón. Por supuesto, la cosa no será tan fácil como él imaginaba...


No hay duda que lo que da juego en esta película son las continuas meteduras de pata de Po y su ineptitud para aprender kung fu. La mayor parte del film somos testigos del aprendizaje del panda para convertirse en el legendario Guerrero del Dragón y lo mucho que eso le costará. Además, en un primer momento tendrá en su contra no ya su físico sino también a su propio entrenador, el maestro Shifu. Y tampoco es que a los Cinco Furiosos les haga mucha gracia que un novato venga a quitarles el honor de defender el valle, y menos después de estar años y años entrenándose a las órdenes de su maestro.

Ver a Po pegando saltitos y dándose de ostias es parte de su entrenamiento y motivo de las risas del espectador. Y es que si algo no falta en esta película, son las contagiosas risas.
Un humor simpático -sin caer en la zafiedad- nos hace reír a carcajadas, no ya por lo que hace Po sino también por lo que dice. Diálogos cuidados y en todo momento políticamente correctos nos sacan una sonrisa y hace que nos divirtamos junto al panda.

Además de eso tenemos también acción, más disfrutable de lo que uno podría pensar tratándose de un film de corte familiar. Con ello no quiero decir que ésta sea violenta sino que hay enfrentamientos y duelos gratificantes gracias a sus elaboradas coreografias. No olvidemos que esto es un film dónde el kunf fu es clave en la historia, y en ese aspecto es de agradecer que hayan sido respetuosos con el género, puesto que fácilmente podrían haber recurrido a la parodia. No es el caso.

Si hay que buscarle algo negativo al film sería que su historia nos suene a ya vista, y es que lo del pardillo que madura al lado de un maestro de artes marciales la hemos visto ya unas cuantas veces. Eso no quita que la película funcione a la perfección, sobretodo por su sencillez, que hace que la trama se desarrolle con facilidad y agrado. El ritmo no decae en ningún momento y la ahora y media se pasa en un santiamén.

El film acumula demasiados personajes como para poder desarrollarlos todos con esmero. A fin de cuentas, Po es el personaje principal y la piedra angular de la historia, por lo que los demás están ahí como complemento para enriquecer la trama y hacerla avanzar en algunos tramos. Con lo cuál tampoco es que sea un defecto que desmejore el resultado final.

Lo que aporta un plus a la historia son los valores positivos o moralejas que ésta infunda de manera sútil. Sin ser empalagosa, vaya.
Por un lado, está ese sentimiento de autosuperación que hace que Po se esmere con ganas y con constancia para conseguir convertise en el deseado guerrero; por el otro, tenemos el de la capacidad de decidir nuestro propio destino, la elección de ser quiénes realmente queremos ser y no quienes quieren que seamos los demás. Y por último, destacar también el rechazo a los prejuicios, y es que quién iba a decir que el patoso de Po iba ser el gran guerrero que andaban buscando... Nunca hay que fiarse de las apariencias ni juzgar a alguien por una primera impresión.

Todas estas virtudes, además de una banda sonora a cargo de Hans Zimmer muy acorde con la temática tratada, hacen de “Kung Fu Panda” un film de animación fresco y simpático, con pasajes realmente trepidantes, con algún momento que otro bastante emotivo y sobretodo con un humor dispuesto a sacarte una jubilosa carcajada. Todo un acierto de Dreamworks para el disfrute de toda la familia, y muy especialmente para el de los más peques de la casa, a los que seguro les gustará.

Puede que no alcance la maestría de los genios de Pixar, pero en esta ocasión se puede decir que ya les pisan los talones.


Valoración personal: