Que un director como Tim Burton, asociado casi siempre al
espectro más oscuro y gótico del séptimo arte, haya tardado tanto en abordar la
temática vampírica resulta, cuanto menos, sorprendente. La oportunidad le ha
llegado de la mano de su buen amigo -y
actor fetiche- Johnny Depp, quién se hizo con los derechos de un serial sesentero
de la ABC titulado “Dark Shadows”. Dicha serie fue pionera en el campo de la
“telenovela sobrenatural”, introduciendo a todo tipo de monstruos (vampiros, fantasmas,
hombres-lobo, brujas, zombies…) en tramas melodramáticas inscritas dentro de un
marco fantástico, llegando incluso a abordar temas tan propios de la
ciencia-ficción como los viajes en el tiempo o los universos paralelos.
Pese a ser una gran desconocida en nuestro país, “Dark
Shadows, que estuvo en antena durante cinco años y contó con una nueva versión –cancelada
en su primera temporada, eso sí- en la década de los 90, es toda una serie de
culto en EE.UU, y Warner Bros. Television ya intentó resucitarla en 2004 con un
nuevo serial que, no obstante, no pasó del episodio piloto.
Warner lo vuelve a probar ahora con su adaptación al cine a
manos de Burton, quién ya le reportó al estudio éxitos como las dos entregas de
Batman o “Charlie y la fábrica de chocolate”.
Siendo sólo un niño, Barnabas
Collins (Johnny Depp) se traslada,
con sus padres, de Inglaterra a América para iniciar una nueva y fructífera
vida. Los Collins logran hacer fortuna a su alrededor, dando lugar a la ciudad
que llevará el apellido de la familia, Collinsport. Con el paso de los años, y
tras la trágica y misteriosa muerte de sus progenitores, Barnabas se convierte
en el amo y señor de Collinwood Manor, el hogar de los Collins, viviendo como
un rico, poderoso y mujeriego hombre de negocios. Pero su buena ventura termina
el día en el que comete el grave error de romperle el corazón a Angelique
Bouchard (Eva Green), una bruja despechada
que le condena a un destino peor que la muerte: le convierte en vampiro y le
entierra vivo.
Dos siglos después,
Barnabas sale de su tumba y emerge en un mundo, la década de los setenta, muy
distinto del que conocía…
Muchos supimos de la serie original justo en el momento en
el que surgió el proyecto de llevarla a la gran pantalla, y a muchos se nos
pusieron los dientes tan largos como los de Barnabas sólo de pensar lo que
sería capaz de hacer Tim Burton con semejante material plagado de criaturas
fantásticas. Es difícil pensar en un director más adecuado que él para hacerse
cargo de un filme de estas características, claro que lo mismo pensamos con la
nueva versión de “Alicia en el País de las Maravillas” y el chasco, para
muchos, fue monumental.
De todos modos, nadie es perfecto y ni mucho menos infalible.
Todos los directores tiene sus luces y sus sombras, y uno no pierde la
esperanza en que uno de sus directores predilectos vuelve a demostrar su buen
hacer en su siguiente trabajo, por muy mal que lo hiciera la última vez.
La historia de una familia maldita con un patriarca
ancestral resurgido de la mismísima tumba para enfrentarse, de nuevo, a la
malvada bruja despechada que lo condenó a la vida eterna como un chupasangre
era, a todas luces, de lo más propicia para que Burton pudiera desplegar nuevamente
sus encantos. Ahora bien, con la aparición del primer tráiler las sensaciones
fueron un tanto –por no decir bastante- encontradas, y a la mayoría el asunto empezó
a olernos a chamusquina. Quizás es que esperábamos encontrarnos con algo más
cercano a “Sleepy Hollow” y no tanto a “Bitelchús” (ambas, eso sí, estupendas
dentro de la filmografía del director), pero Burton es Burton y siempre hay que
darle una oportunidad.
Aquí demuestra que aún conserva el talento por el que es reconocido
y que le ha hecho ganarse un lugar privilegiado
en el competitivo mainstream hollywoodiense. Sin embargo, sus aciertos son puntuales y cobran
relevancia principalmente al inicio y al final de la función.
El prólogo es una de esas muestras de buen hacer. Nos resume
con rápida solvencia (y atractivo escénico) la vida de Barnabas para
introducirnos de lleno y sin muchos rodeos en el meollo de su maldición, y nos
prepara el camino para que el salto de 200 años en el tiempo sea la chispita
que encienda luego la trama que se desarrollará en el “presente” de 1972.
A partir de ahí, todo son altibajos propiciados, en su mayoría, por un guión (obra de Seth
Grahame-Smith, escritor de las novelas “Orgullo y Prejuicio y Zombies” y
“Abraham Lincoln, cazador de vampiros”), poco
inspirado y falto de chicha. Unas carencias que parecen contagiarse en
Burton, que se muestra mucho menos ácido y valiente que en la ya citada
“Bitelchús”, y que aquí nos ofrece un
cuento de terror-cómico de estilo camp
al que le falta mucha más mala leche. Curiosamente, en dónde mejor funciona “Sombras tenebrosas” es en sus momentos trágico-shakesperianos,
y también en las escenas en las que el terror se asoma por encima de lo cómico.
Y aunque es obvio que el PG13 que ostenta la cinta no le permite a Burton
mostrarnos los hábitos alimenticios de su protagonista en todo su esplendor, se
agradece al menos que éstos no estén excesivamente dulcificados y que Barnabas
siga siendo, ante todo, un vampiro que se alimenta de la sangre de sus inocentes
víctimas.
Ahora bien, la disfuncional
familia Collins, entre otros residentes, son meras comparsas que se mueven al
son de Barnabas, que roba todo el protagonismo al que sus familiares pudieran aspirar.
Los más damnificados: el visto y no visto de Jonny Lee Miller (aunque tampoco
se le echa de menos), el desaprovechado Jackie Earle Haley como el mayordomo
Willie Loomis; y Chloe Moretz, que está ahí para poco menos que hacernos saber
que ha crecido y que ya le ha dicho adiós a la “niña actriz” para darle la
bienvenida a la “actriz adolescente”.
Michelle Pfeiffer como Elizabeth Collins Stoddard, la
matriarca de la familia hasta la llegada de Barnabas, cuenta con mayor
presencia, así como Helena Bonham Carter (la Dra. Julia Hoffman), una
psiquiatra residente en el hogar de los Collins más centrada en darle a la
botella que en hacerse cargo del pequeño David, un crío de diez años que
asegura hablar con el fantasma de su difunta madre.
Ambas acompañan a un Depp más contenido que de costumbre. El actor, que hace tiempo parece haberse convertido en una parodia de sí mismo, se ajusta a la serenidad del personaje original y, con la ayuda de Burton, lo nutre de referencias (Nosferatu, Bela Lugosi…) para entregarnos un vampiro clásico que no decaiga en lo paródico. Depp deja a un lado la mayor parte de sus amaneradas gesticulaciones habituales e histrionismos varios para concebir un personaje emocionalmente torturado. Y aún así, y por raro que parezca en una cinta del tándem Depp-Burton, el rey de la función no es rey sino reina, porque con cada una de sus apariciones, Eva Green (la malvada bruja) arrasa. No es raro, pues, que las escenas que ambos comparten sean las mejores de toda la película. Cuando el tedio parece adueñarse de nosotros, aparecen uno u otro para darnos un toque de atención y traernos de vuelta al espectáculo “horroerótico” que de vez en cuando se marca el guión (ella, a base de escotazos, todo hay que decirlo).
Y suerte tenemos que sea Angie/Green, la gran villana, quién
aporte algo de leña al fuego, porque la amada muchacha por la que Barnabas
suspira, Victoria Winters (la nueva niñera de David), es la cosa -actriz y
personaje- más insípida que uno se pueda echar a la cara, con lo casi nos
ponemos de parte de la bruja.
La película, de
todas formas, no ofrece toda la
diversión que se le exigiría a una comedia de tal índole (a años luz de una
“Familia Addams”, puestos a compararla con otra extraña familia del fantástico).
Tampoco es lo terrible que el tráiler hacía
sospechar y, desde luego, está muy por encima de ese infame blockbuster que
Burton perpetró para Disney, pero no te deja plenamente satisfecho y da la
sensación que a la familia Collins –no sólo a Barnabas- se le podría haber sacado mucho más jugo.
Se hace hincapié en que “la
familia es lo que realmente te enriquece”, pero en cambio ésta le importa
un comino al guionista. ¿Por qué? Porque por encima de todo está Depp, Depp y,
sobre todo, Depp. Por eso algún que otro golpe de efecto introducido en el
clímax final (SPOILER-- esa
chica-lobo… -- FIN SPOILER) queda
tan metido con calzador… Con tal de dar
cobijo a todo lo “sobrenatural” que se le presupone a la historia, algunos
detalles se fuerzan más de lo necesario.
En lo artístico, por supuesto, no hay tara ninguna. Y no es
para menos si tenemos en cuenta que dichas funciones recaen en el diseñador de
producción Rick Heinrichs, que ya trabajó con Burton en “Sleepy Hollow”. Vale la pena destacar el lujoso caserón que
alberga a los Collins, una ampulosa y abrumadora construcción en parte edificio
real y en parte fruto de majestuosos decorados.
También anda por ahí otro viejo conocido de Burton, Danny
Elfman, que compone una banda sonora algo ensombrecida por las numerosas
canciones de la época que se escuchan a lo largo del metraje (espléndido y
perfectamente introducido el “Nights in White Satin” de los Moody Blues). Es
inevitable que ocurra algo así cuando se tira de catálogo musical, pero eso no
resta méritos al compositor.
Por lo demás, una
comedia de terror de aprobado raspado con momentos álgidos que intentan prevalecer
ante un conjunto mayormente adormecido y acomodado en el piloto automático de
su director. No está ni entre lo mejor ni entre lo peor de su
filmografía, por lo que en unos años su recuerdo no despertará ningún tipo
de emoción ni tampoco resentimiento.
Valoración personal:
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