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viernes, 21 de junio de 2013

“El hombre de acero” (2013) – Zack Snyder



Siete años ha tardado en regresar a las carteleras una de los superhéroes emblema de la editorial DC, y uno de los más populares dentro de la iconografía comiquera. El pseudoremake perpetrado por Bryan Singer, a todas luces fallido, dejó muy tocado al kryptoniano, por lo que su futuro retorno requería afrontar una serie de cambios severos de cara al enfoque que éste debía poseer. 

El Superman de Zack Snyder (director) y Christopher Nolan (productor) poco tiene que ver, por tanto, con el Superman que hemos visto hasta ahora en una sala de cine. No se trata tampoco de una ruptura drástica de los cimientos tradicionales sobre los cuales se ha ido construyendo el personaje y estableciéndose en el imaginario colectivo, pues su esencia sigue ahí, intacta. Se trata más bien de una puesta a punto regeneradora y actualizada a los tiempos que corren, preocupándose especialmente por las inquietudes del hombre que hay detrás del superhéroe.

Lo cierto es que “Man of Steel”  viene a ser una historia de “orígenes”, sólo que alterando algunos elementos clásicos para otorgar una mayor profundidad al personaje y permitir solventar ciertos aspectos o rasgos pueriles e ingenuos que siempre han acompañado al superhéroe de la capa roja.

Para empezar, la relación entre el alter ego de Superman y la periodista Lois Lane adquiere un matiz muy distinto al que habitualmente se nos ha mostrado en cine y televisión (“Smallville” aparte). Olvidaros, por el momento, de encontrar al torpe Clark Kent intentando integrarse en la gran Metropolis trabajando a jornada completa en el Daily Planet junto a la periodista -ganadora de un Pulitzer- Lois Lane. Esto, por ahora, no es lo que toca. Aún. Ya llegará…

En ese sentido, la película funciona de forma muy similar al Robin Hood de Ridley Scott, y quizás esa sea una de los puntos que puedan afectar negativamente al espectador más purista. Si con el film de Scott la decepción mayoritaria vino por no hallar en él  al ducho arquero y pícaro ladronzuelo de Nothingham, aquí el problema radicaría en la ausencia de ese entrañable Clark Kent con camisa, corbata y anteojos de pega.

Es por eso que quiénes esperen encontrarse al Superman de toda la vida se lleven las manos a la cabeza con esta personalísima reinvención a medio camino entre la trascendencia/petulancia características del sello Nolan y la hipervitaminada espectacularidad de Snyder. Una simbiosis, cuánto menos, curiosa, pero que no termina de encontrar su verdadero punto de equilibrio.

El mayor lastre que arrastra la película son, en mi opinión, las prisas por contar mucho más de lo que el metraje le permite. Y eso que estamos hablando de más de dos horas de duración… Dos horas que se ven en un suspiro y que, por supuesto, son de lo más entretenidas, pero que se quedan cortas para asentar a los personajes y digerir convenientemente esa perseguida profundidad dramática que el guionista, David S. Goyer (coartífice de la resurrección de Batman en el cine) desea instaurar desde el minuto uno. Todo se percibe demasiado apresurado, pese al cierto de dosificar la infancia-adolescencia del joven Clark Kent mediante flashbacks (de lo mejor de la cinta) que se intercalan en el transcurso de la trama (en vez de optar por el habitual  y manido prólogo-resumen). Y es que la historia en sí es idónea para permitir un regreso de Superman por la puerta grande, y no hay mucho que objetarle a Goyer en esa labor, pero el montaje espídico de los acontecimientos no permite que el espectador se involucre debidamente, y a menudo los incisos más trascendentales terminan soterrados bajo toneladas de, eso sí, asombrosa pirotecnia. 


Y es que de lo que no puede haber queja alguna es de que por fin se nos muestre en una sala de cine el verdadero potencial de un ser tan poderoso como Superman. Porque Snyder de eso sabe un rato, y nos ofrece secuencias de acción impresionantes, convirtiendo Metropolis en un enorme y apocalítpico campo de batalla entre nuestro héroe y las fuerzas del General Zod. Éste último, un villano cuyas acciones van asociadas a unas convicciones, digamos, muy patrióticas. Su naturaleza como soldado y protector de Krypton le llevan a buscar la supervivencia de su raza por todos los medios que sean necesarios, y eso incluye traicionar a sus superiores, aniquilar a la raza humana y apoderarse de nuestro planeta. Por supuesto, eso es algo que nuestro protagonista, criado entre humanos (aunque no muy aceptado por ellos, a excepción de sus padres adoptivos), no está dispuesto a permitir. 

El enfrentamiento entre Zod y Kal-El va más allá de lo físico, aunque no se puede negar que es en este plano dónde más jugo se le saca a su rivalidad. En cuanto a combates cuerpo a cuerpo, probablemente el film de Snyder sea lo más cercano a Dragon Ball que veamos jamás en una sala de cine con actores de carne y hueso. Pero si hay que sacarle un pero a su dirección, ése sería el mareo constante que causa tanto movimiento de cámara; una práctica habitual -y una muy mala costumbre- de los directores de hoy día para con el género de acción. Planos cerrados, rápidos e intermitentes que resultan agotadores, mareantes y tremendamente confusos. Un auténtico coitus interruptus que a menudo nos impide apreciar y disfrutar de la acción en todo su esplendor, hasta el punto de echar de menos los característicos ralentíes presentes en –casi toda- la filmografía de Snyder (aunque todo sea dicho, a un servidor nunca le han disgustado; más bien todo lo contrario).

Al poderoso espectáculo visual se une un diseño de producción majestuoso, especialmente en lo que respecta al look de los kryptonianos (sus trajes, sus armaduras…) y a su avanzada tecnología de aspecto orgánico (naves que parecen escarabajos…). Krypton nunca ha lucido tan bien en pantalla, y ese toque entre futurista y medieval le sienta de maravilla. 

La portentosa banda sonora merece una ovación aparte. Vale que Zimmer no nos va hacer olvidar el gran trabajo de John Williams (eso es poco menos que imposible), pero la epicidad y majestuosidad de su partitura ralla, una vez más, la perfección.

 
El casting también ha sido todo un acierto. Cavill era, a priori, la mayor incógnita debido a su escasa trayectoria, pero ha demostrado ser un perfecto Superman, y en ningún momento he echado de menos a Christopher Reeve (que ya es decir mucho). Y esa opinión podría extenderse al resto del reparto; tanto al sector kryptoniano (Crowe/Jor-El, Shannon/Zod) como al sector humano (los Kent –Costner y Lane- y Amy Adams/Lois Lane). Incluso los jóvenes intérpretes que encarnan al Clark de 9 y 13 años abordan el papel de forma sorprendentemente convincente (lo dice uno que no es muy fan de los niños-actores). De otras elecciones no se puede hacer un mayor balance, pues como en el caso de Perry White, su rol es muy secundario, y su inclusión obedece a la necesidad de dejar presentado su personaje de cara a la futura secuela.

Pero todas las virtudes del mundo no logran esconder o disimular las carencias de una cinta cuyas elevadas pretensiones no terminan de verse correspondidas con el –aceptable pero insuficiente- resultado final. Por miedo o por falta de confianza en el espectador, y quizás temiendo aburrir a éste con un exceso de carga emocional y profundidad moral, Snyder y cía terminan por autocensurarse y hacerse la zancadilla a sí mismos colocando intermitentes dosis de espectáculo pirotécnico cada vez que la película desea alejarse, precisamente, del simple y superficial blockbuster palomitero. La trama pide a gritos que el director eche el freno y acomode con mayor soltura sus reflexiones narrativas, lo que por otro lado permitiría al espectador coger aire y prepararse para la siguiente explosión de efectos especiales. Pero esto no ocurre así y uno llega a la apabullante traca final no agotado pero sí medio desconectado e impasible ante el titánico esfuerzo de Snyder por ofrecernos la orgía de acción definitiva. 

La película peca, por tanto, de no alcanzar la armonía deseada entre los distintos frentes que pretende atacar. Y esto deja un inevitable sabor agridulce al final de la proyección.

Desde luego, ofrece momentos impagables dentro del subgénero superheroico y mejora sustancialmente el insatisfactorio precedente de Singer, pero no consigue dar de lleno en la diana. Tal vez en la próxima ocasión…

P.D.1: Los “momentos Malick” con los que nos sorprendieron/noquearon en el primer teaser de la película pertenecen, en su mayoría, a los citados flashbacks. Y ahí se queda la cosa. El resto es puro Snyder (para bien o para mal) bajo la batuta de Nolan. 

P.D.2: Las reminiscencias religioso-cristianas siempre han acompañado al personaje, aunque esta vez son algo menos sutiles. 


Valoración personal: 

jueves, 24 de marzo de 2011

“Sucker Punch” (2011) – Zack Snyder

critica Sucker Punch 2011 Zack Snyder
Definida por el propio Zack Snyder como “una Alicia en el país de las maravillas con ametralladoras”, llega por fin a nuestras pantallas uno de los estrenos palomiteros más esperados del año, especialmente para un servidor.

Esta es la primera vez que el director aborda un proyecto que no proviene de ningún cómic (300, Watchmen), novela (Ga’Hoole) o película anterior (Amanecer de los muertos). De hecho, el argumento de “Sucker Punch” nace de la imaginación de Snyder, de modo que éste no ha tenido restricción alguna (más allá de las impuestas por el estudio, y salvando el ya casi obligado PG13, hay que decir que le han dado bastante libertad) para ofrecer al público lo que le ha venido en gana sin tener que rendir cuentas a nadie (cámbiese “nadie” por las legiones de fans de las obras que han servido de base a sus anteriores películas)

Esta libertad es, por otro lado, una prueba de fuego para el cineasta, pues de algún modo nos va a servir a nosotros para saber de qué es capaz como creador, además de como narrador.

Lo visto hasta ahora en trailers y clips prometía, ante todo, un espectáculo visual y pirotécnico sin precedentes, y desde ya, puedo afirmar que eso se ha cumplido sobradamente. Sin embargo, uno de mis mayores también…

La historia se ambienta en los años 50, y nuestra protagonista es Baby Doll (Emily Browning), una joven de 20 años que es encerrada en contra su voluntad en una institución psiquiátrica.

Una vez allí, el futuro que le espera no es nada alentador, pues en cinco días será lobotomizada.


A partir de ese momento, Baby Doll planeara su fuga del centro ayudada por otras cuatro residentes con las que entablará amistad; cuatro chicas - la decidida Rocket (Jena Malone), la astuta Blondie (Vanessa Hudgens), la implacablemente leal Amber (Jamie Chung) y la reacia Sweet Pea (Abbie Cornish) - dispuestas a jugarse el todo por el todo con tal de escapar de esa infernal prisión. Cinco jóvenes que unirán sus fuerzas para llevar a cabo el plan que las llevará más allá de las paredes del psiquiátrico. Un plan que no estará exento de obstáculos.

No hay duda que uno de los mayores alicientes de “Sucker Punch” es esa atractiva mezcla de géneros y conceptos de la que hace gala. Y es que una misma película, Snyder ha reunido para nuestro deleite a dragones, samuráis, robots, orcos y hasta nazis zombies. Y a todos ellos los ha enfrentado a un jugoso grupito de mozas de armas tomar; cinco jovencitas con ganas de dar mucha guerra a sus despiadados captores.



Snyder sabe perfectamente lo que quiere ofrecernos, así que no se anda por las ramas, y con un potente prólogo a cámara lenta y a ritmo de un Sweet Dreams (de los Eurythmics) versionado para la ocasión (y cantado por la propia Emily Browning), el director nos relata la triste y desgraciada historia de Baby Doll; el cómo y el por qué acaba en el psiquiátrico “Lennox House”.

El tormento que padece por el terrible accidente que la lleva a ser encerrada en el centro y la desesperación que siente por el desolador destino que le aguarda en él, llevan a Baby Doll a sumergirse en un mundo imaginario producto de su mente, sin limitaciones de tiempo o espacio, y mediante el cual tratará de conseguir la ansiada libertad.

De este modo, la trama transcurrirá a tres niveles distintos. El primero de estos niveles es la realidad, que es lo que veremos al principio y al final de la película. El segundo es la subrealidad, donde el mundo real se transforma en un burdel dirigido por el deleznable celador del psiquiátrico. Y por último, está el tercer nivel, el mundo de los sueños en el que transcurren las impactantes secuencias de acción que están fuera del espacio y del tiempo.

El paso del primer nivel al segundo es un tanto brusco y confuso, pero el espectador no tardará mucho en darse cuenta de lo que ocurre. Y es que esa subrealidad es, de alguna manera, el modo en el que Baby Doll ve su estancia en el centro. En su mente, el celador, que es quién maneja el cotarro y el que abusa de las residentes, pasa a ser Blue Jones, el dueño del prostíbulo; y sus compañeras y futuras -o debería decir, inmediatas- amigas, son las chicas que ofrecen sus servicios a cambio de una vida “cómoda”. Como podréis imaginar, eso le permite al director hacer desfilar a sus actrices ligeritas de ropa y/o con modelitos de lo más sugerentes. Y ahí hay que incluir al mujerón de Carla Gugino.

Este nivel y el tercero son los que ocupan la mayor parte del metraje, pero es evidente que el que encandilará al espectador será el mundo de los sueños, que le sirve a Snyder para desplegar todo su arsenal pirotécnico (y nunca mejor dicho)


El plan trazado por Baby Doll implica hacerse con un total de cinco objetos que les servirán para poder escapar. Estos objetos se encuentran el psiquiátrico/burdel, y la obtención de cada de ellos supone una inmersión en esos sueños oníricos de la protagonista. Ahí es donde las chicas harán frente a todo tipo de enemigos, desde un enorme dragón hasta un infinito ejército de nazis venidos del mismísimo infierno. Ni qué decir que estos momentos son una auténtica orgía de CGI y fuegos artificiales de lo más apabullante. El problema es que la embriagadora espectacularidad no es emocionante. ¿Y por qué? Pues simple y llanamente porque el espectador no se implica nunca en la historia, la cual no es más que un pretexto para desplegar todo ese festín de acción desenfrenada.

Snyder no necesita justificar nada, y eso hace que en pantalla aparezca de todo y porque sí, sin que exista mayor relación que el nimio parentesco con los objetos que necesitan encontrar.

Uno puede quedarse embobado por el apoteósico espectáculo, pero no lo siente, no lo vive, no lo disfruta… porque no hay emoción ni implicación en él. Snyder tiene un dominio extraordinario de la imagen y del movimiento, y las secuencias de acción tienen un poderío visual sin igual (qué bien le hubiera ido a Dragon Ball un tipo como él detrás de la cámara, y que bien la va a venir a la futura Superman), pero es como estar contemplando un videojuego, como si alguien estuviera jugando a uno mientras nosotros miramos. Y eso es debido también a una estructura narrativa a lo “pasar pantallas/fases” en la que te das cuenta que apenas te están contando nada interesante, y que además los personajes te dan exactamente igual; no te importan lo más mínimo, salvo que te hayas encariñado –por su físico, más que nada- con alguna de las mozas.

Explosiones aquí y allá, tiroteos y piruetas imposibles a tutiplén (en ese mundo fantasioso, las chicas son como superheroínas, lo que en mi opinión le resta peligrosidad a todo lo que acontece), enemigos que salen hasta de debajo de las piedras, etc. Todo muy espectacular y muy bonito, pero absolutamente vacío, superficial e intrascendente.

Y es que Sucker Punch arrastra uno de los mayores males del cine palomitero de hoy en día, que es la capacidad de asombrar al espectador con un buen puñado de efectos especiales, pero la incapacidad de hacerlo vibrar con ese espectáculo (lo que conseguían películas como Terminator 2, Jurassic Park, Desafío Total y similares). Un asombroso envoltorio para un dulce que, si bien en este caso no resulta amargo, si deja un sabor agridulce.

Con estética comiquera y con un desarrollo narrativo deudor de un juego de plataformas, Snyder tira también de referencias que van desde lo novelesco (unos orcos que parecen sacados del universo Tolkien) al mismísimo manga (el mecha que conduce Amber) Y la verdad es que dan ganas que cada uno de esos segmentos oníricos tuvieran su propia película. ¿Quién no disfrutaría de un film bélico plagado de nazis zombies? Servidor, el primero.

Cabe decir también que la planificación de muchas secuencias viene muy bien acompañada por una contundente selección musical que convierte muchos de estos momentos en auténticos videoclips (que cada uno juzgue si eso es bueno o malo; a mí no me disgustó) El ya comentado prólogo inicial sería un ejemplo de ello, aunque no es el único. Eso sí, ubicándose la historia en los 50 (aunque sólo sea en el primer nivel, y a medias en el segundo), servidor ha echado de menos que la banda sonora no contara con canciones de la época; pero eso ya es una observación muy personal (nostálgico –y rockanrolero- que es uno)


De todas formas, se echa de menos algo más de chicha en el guión, que aunque no lo parezca, en este tipo de producciones también es importante. Quizás menos que en un drama, por decir algo, pero aún así lo suficiente como para que uno no se marche de la sala con sensación de vacío; como si hubiera devorado unas deliciosas gominolas que para nada le han llenado el estómago. Hubiese sido oportuno profundizar un poco más en la psique de Baby Doll y desarrollar mejor o de otro modo su entrada y estancia en el psiquiátrico; ver cómo conoce al resto de las chicas y cómo nacen esos lazos de amistad… Amén de conocer también la historia de cada una de ellas, el por qué han sido enceradas allí, etc. No creo que sea tanto pedir.

Con todo, el reparto cumple con lo exigido. Browning, Abbie Cornish (mi favorita) y Jena Malone destacan por encima de Jamie Chung y Vanessa Hudgens, cuyos personajes (e interpretaciones) quedan en un segundo plano. Aún así, da gusto comprobar que se muestran solventes tanto en las escenas de acción como en las contadas escenas dramáticas (escenas que, precisamente, demuestran que Snyder y su co-guionista hubiesen sido capaces de dar algo más de consistencia a la trama)

Gugino, que repite con el director después de Watchmen, clava a la perfección el acento polaco de su personaje (algo apreciable sólo en la V.O., claro), la estricta pero comprensiva Dr. Gorsky, una mujer que pese a su dura apariencia, comprende mejor que nadie la situación y la amargura por la que están pasando sus pupilas. A fin de cuentas, no deja de ser su cuidadora (aunque le cueste quitarse la venda de los ojos)

Pero el que se lleva la gloria es Oscar Isaac como Blue, el celador/proxeneta. Al actor ya lo habíamos visto en "Robin Hood" encarnar a un ser despreciable, pero aquí el escenario y su personaje le dan un plus.

Jon Hamm y Scott Glenn tienen papeles muy secundarios. El primero es el desencadenante de la trama, el motivo por el cual Baby Doll decidirá fugarse; el segundo es algo así como el guía espiritual de la protagonista.

En resumidas cuentas, “Sucker Punch” es un ampuloso y abrumador espectáculo visual/virtual (y en esplendoroso 2D, oiga) repleto de acción, efectos especiales y mozas de muy buen ver. Y estoy seguro que muchos tendrán más que suficiente con esto. Sin embargo, para mi gusto entretiene pero no llena. Y ese era precisamente mi temor después de ver los avances.

Snyder ha conseguido rodar su película más espectacular, adrenalítica e impactante hasta la fecha, pero también la peor, la más superflua. Un entretenimiento vacuo que satisfará las casi dos horas de entretenimiento que muchas andarán buscando. Y cierto es que no pretende más que eso, pero uno no puede evitar sentir una ligera sensación a decepción, a que esto podría haber sido mejor, más intenso, más glorioso… en definitiva, más gozoso.

P.D.: Quedaros a ver los créditos finales. Valen la pena.



Valoración personal:

viernes, 22 de octubre de 2010

“Ga'Hoole: La leyenda de los guardianes” (2010) - Zack Snyder

crítica Ga'Hoole La leyenda de los guardianes 2010 Zack Snyder
Tras la decepcionante carrera comercial de –la mayormente infravalorada- “Watchmen”, Zack Snyder no podía permitirse otro paso en falso y apostó por una producción con menos riesgos: una película de animación para todos los públicos.

Teniendo cercano en la memoria el éxito de “Happy Feet”, Warner Bros. le confió el proyecto de “Legend of the Guardians:The Owls of Ga'Hoole” basado en una serie de libros infantiles/juveniles de la escritora americana Kathryn Lasky.

Snyder pasaba así de llevar a la gran pantalla una novela gráfica de culto prácticamente imposible de adaptar a trasladar al cine unos cuentos para niños; de la rigurosa clasificación R al más factible PG; del cine para adultos al cine para toda la familia; de la violencia a los buenos sentimientos… Y todo ello manteniéndose fiel a su particular estilo visual y sin perder un ápice de la épica que ya le caracteriza.

La película cuenta la historia de Soren, una joven lechuza criada en el Bosque de Tyto y fascinada por las historias épicas que su padre le cuenta, a él y a sus hermanos, sobre los guardianes de Ga’ Hoole, unos legendarios guerreros que lidiaron una dura batalla para salvar a toda la población de lechuzas de los malvados “Los Puros”.

Mientras Soren sueña con unirse algún día a sus héroes, su hermano mayor, Kludd, se burla de él y anhela cazar, volar y robarle el favor de su padre a su hermano pequeño. Finalmente los celos de Kludd provocan que ambos sean capturados por Los Puros, quienes planean convertirlos en obedientes soldados.

Soren, que pronto consigue escapar de las garras de sus captores, emprenderá un viaje de vital importancia... Contando con la ayuda de otras jóvenes y valientes lechuzas, Soren cruzará el mar y atravesará la niebla para encontrar el Gran Árbol, el hogar de los legendarios guardianes; la única esperanza para vencer a Los Puros y salvar el reino de las lechuzas.


“Ga'Hoole: La leyenda de los guardianes” adapta los tres primeros libros de un total de 15 que Kathryn Lasky ha escrito sobre su saga de Los guardianes de Ga Hoole. Así que si la película funciona en taquilla, cosa que de momento está por ver, la Warner Bros. tendría franquicia para rato.

Por ahora, toca valorar esta primera película, y lo cierto es que cuenta con suficientes alicientes para ser del gusto del público, aunque éste es tan impredecible que nunca se sabe a ciencia cierta qué películas encumbrará y qué otras desterrará a los confines del olvido.


Snyder nos cuenta una historia de aventuras en la línea más tradicional del género, sólo que en un contexto animal y con unas lechuzas (que no búhos) como absolutas protagonistas. Ahí es donde radica la gracia de la cinta, aunque también es algo que a muchos les echa para atrás. Algo extraño, teniendo en cuenta que a estas alturas hemos visto infinidad de películas protagonizadas por todo tipo de animales (e incluso insectos, juguetes, coches, robots…)

Quizás unas lechuzas viviendo una aventuras que bien podrían protagonizar unos humanos suene algo descafeinado, pero lo cierto es que Snyder y su equipo de guionistas consiguen sumergirnos fácilmente en la historia, permitiendo que los rasgos comunes de este tipo de films no se vean minimizados por el hecho de tener a una aves luciendo armaduras y peleando en épicas batallas.

De todas formas, lo primero que hay que resaltar de esta película es su excelente factura técnica/visual. La hiperrealista animación goza de un acabado impecable. El grado de realismo de los animales y los distintos escenarios es sobresaliente, pero además se dota a los primeros de la expresividad suficiente como para que su aspecto no supongo ningún hándicap a la hora de transmitir emociones (potenciando sobre todo la mirada) Además, sus animadores han procurado fantasear lo justo y necesario para que sus movimientos y sus acciones fueran los más cercanas posibles a la realidad (las distintos gestos, las piruetas… todo fluye con mucho dinamismo pero también con plausible credibilidad, sin forzar demasiado el “todo vale si es animación”)

Por supuesto, además del aspecto meramente técnico, cabe resaltar también el conceptual, ya que tanto los personajes como los paisajes tienen un diseño exquisito. Cada raza de lechuza está perfectamente diferenciada, pero dentro de cada raza, también cada individuo tiene sus propios rasgos que le diferencian del resto. Esto ayuda mucho a que reconozcamos cada personaje aún en el fragor de la batalla, que es cuando es más fácil confundirlos.

Por supuesto, semejante trabajo queda visualmente potenciado por la espectacularidad que Snyder aporta las imágenes. Secuencias no sólo de gran carácter épico sino también de gran belleza (los vuelos en mitad de la tempestad, etc.)



Muchos dirán que Snyder abusa de la cámara lenta, y lo cierto es que no puedo estar más en desacuerdo con esa afirmación. Al menos aquí sabe cómo y cuándo utilizarla, dándole un uso recurrente a lo largo del metraje pero sin excederse; demostrando que es un recurso tan legítimo como cualquier otro y que, bien empleado, no tiene por qué resultar molesto o cansino (y menos ser el argumento oficial para echar pestes de su director)

Aquí el cada vez más imprescindible 3D (si eres un blockbuster o producción destinada a hacer dinero) le da un plus a la imagen, haciéndola bastante más atractiva a los ojos del espectador (en lo atañe sobre todo a las escenas de lucha y de vuelo). Y es que es en este tipo de películas (las de animación), donde mayor beneficio se le saca a la moda estereoscópica.

Adentrándonos ya en la historia en sí, no deja de ser un poco lo de siempre: la eterna lucha del bien contra el mal representada aquí mediante la guerra entre razas rivales (los puros vs todos los demás); el joven valiente y entusiasta que de la noche a la mañana se convertirá en héroe; el hermano envidioso del protagonista cuyos celos le llevarán al lado oscuro; el maestro que enseña al joven aprendiz… Todo lo típico de la literatura infantil/juvenil está en Ga’Hoole, así que en ese aspecto, pocas novedades o sorpresas.

Soren sueña despierto con las leyendas que le cuenta su padre, y con la llegada de los Puros trazando su pérfido plan, se presenta la oportunidad de su vida para convertirse en uno de esos legendarios guerreros que tanto ha idolatrado. La joven lechuza afrontará con valentía peligros inimaginables y hará frente a un enemigo más fuerte que él. Sin embargo, la bondad de las lechuzas prevalecerá por encima de la maldad de los Puros, quienes sucumbirán ante la astucia y la poderosa unión de sus rivales.

Por supuesto, quién acude a una película de estas características ya sabe lo que se va a encontrar, así que el quit de la cuestión reside en que el director sepa contar lo mismo de siempre con suficiente acierto como para que el público salga satisfecho de la sala. Y por supuesto, Snyder lo consigue.

Los 90 minutos de metrajes son, ante todo, entretenidos, y aunque la acción es un componente importante de ellos, también hay tiempo para el humor (aunque no abunde en exceso) y para desarrollar lo justo tanto la historia como sus principales protagonistas (el aprendizaje en el vuelo y en la lucha, la evolución –hacia caracteres distintos- de Soren y Kludd…) A eso hay que unirle esos buenos sentimientos que procuran transmitir estas producciones, y que en este caso serían principalmente el creer en uno mismo y luchar por tus sueños, la capacidad de autosuperarse ante las adversidades o el constatar lo nocivos que son la envidia y el rencor.

Por supuesto, esta moralina entra sin problemas ya que no cae en el sentimentalismo barato ni tampoco pretende aleccionar a nadie. Forma parte intrínseca de la historia bajo la máxima de entretener al espectador.

Igualmente, se nota que ha sido una película concebida con cariño y respeto hacia el género. Tiene alma, que es precisamente lo que falta la mayoría de producciones de fantasía en carne y hueso, y aunque no llegue a emocionar como debiera (ahí Pixar sigue siendo la campeona) y el guión peque de simple y previsible, lo cierto es que sigue siendo un producto disfrutable y visualmente espectacular (3D aparte)

A destacar también una notable banda sonora a cargo de David Hirschfelder (Elizabeth, Australia), en la que destacan unos potentes coros que confieren la dosis adecuada de épica a la partitura.

“Ga'Hoole: La leyenda de los guardianes” es una entretenida aventura animada para toda la familia. Ideal para los pequeños de la casa, que seguramente sean quienes más la disfruten, pero igualmente amena para los más mayores.

El universo Ga’ Hoole puede dar mucho más de sí en futuribles secuelas, pero para que eso ocurra, esta primera entrega deberá convertirse en un éxito o, como mínimo, resultar rentable.


P.D.1: Superada la prueba de fuego para Snyder en el campo de la animación, y cruzando los dedos para que algún día le den luz verde a la nueva “Heavy Metal”.

P.D.2: Antes de la proyección de la película, nos obsequiaron -al estilo Pixar- con un cortometraje del Coyote y el Corre-caminos pasados por el tamiz de la animación CGI y el 3D. Estos cortos (tres en total) suponen la antesala de una serie de 26 episodios de media hora titulada "The Looney Tunes Show" que Warner Bros. tiene planeado estrenar en breve para televisión. El primero apareció en “Como perros y gatos: La revancha de Kitty Galore”, el segundo nos lo han mostrado con el film de Snyder y el tercero acompañará a la inminente el “El oso Yogi”.

Lo cierto es que el corto estuvo simpático, en la línea habitual de esta entrañable serie. El look moderno le sienta de maravilla y ofrece muchas posibilidades (y si no que se lo digan a Scratch) A los más mayorcetes nos traen muchos buenos recuerdos (añorando sobre todo la animación tradicional), pero estoy seguro que los peques de ahora también los disfrutarán (de ahí que se proyecten con los estrenos cinematográficos más enfocados al público infantil)




Valoración personal:


domingo, 8 de marzo de 2009

"Watchmen" (2009) - Zack Snyder


Watchmen es una compleja novela gráfica creada por Alan Moore y Dave Gibbons, ganadora en 1988 de un Premio Hugo (galardón que se otorga a novelas fantásticas y de ci-fi y no a cómics) y considerada por los expertos “la mejor novela gráfica de todos los tiempos”.

Mi acercamiento a ella fue a raíz de saber que se haría una adaptación cinematográfica de la misma y que ésta sería llevada a cabo por Zack Snyder, responsable de las geniales “El amanecer de los muertos” y “300”.

La dificultad que entrañaba esta adaptación era inmensa, pero a medida que la campaña publicitaria nos iba mostrando imágenes del rodaje, las expectativas del aficionado comiquero fueron subiendo como la espuma. Hasta ese momento, la fidelidad visual parecía cumplirse a rajatabla, así que tan sólo quedaba por ver la película y comprobar si Snyder había ido más allá de eso, captando la esencia de la novela, o si se había quedado en lo meramente visual.
La historia de Watchmen se ubica en unos alternativos años 80, con unos Estados Unidos a punto de entrar en una guerra nuclear contra los rusos.

En este contexto, tenemos como protagonistas a un grupo de superhéroes –sin poderes- que años atrás combatieron el crimen con entusiasmo pero que ahora viven retirados del servicio a raíz de una ley que prohibió su presencia en las calles. Todos excepto Rorschach, que aún perseguido por la ley, sigue repartiendo justicia a su manera (apaleando a los criminales, básicamente)
Pero una noche, los motivos de éste para patear las calles serán otros, y es que El Comediante, otro viejo superhéroe, aparece muerto, y Rorschach decidirá emprender una investigación para intentar encontrar al culpable. Lo que desconoce el héroe enmascarado es que detrás de este brutal asesinato se esconde una conspiración aún mayor, y para ello necesitará la ayuda de sus antiguos compañeros: Búho Nocturno y Espectro de Seda II.


Como ya he comentado antes, en el aspecto visual, la película de Snyder es una delicia, tanto en el uso de los efectos especiales y la cámara lenta, como en su fidelidad hacia el cómic. El director traslada con gran precisión las imágenes del comic a la gran pantalla y les da movimiento sin por ello perder el lenguaje cinematográfico.
Aunque algunos efectos digitales no sean tan perfectos como desearíamos (el Dr. Manhattan hubiese funcionado mejor maquillando al actor, y no digitalizándolo), estos cumplen con su cometido, estando en todo momento al servicio de la historia.

La cámara lenta es una seña de identidad que Snyder adquirió tras “300”, y que aquí vuelve a usar en momentos puntuales, sin abusar en exceso de ella, y dando a esas secuencias una particular plasticidad que engrandece la actividad de las viñetas originales.
Las impactantes secuencias de acción se ven agraciadas por una contemplación de la violencia muy explícita, algo difícil de ver en estos tiempos tan políticamente correctos, siendo ese uno de sus puntos fuertes. Mostrar la violencia sin miramientos y la sexualidad de los personajes sin ningún pudor es lo que le ha hecho ganarse una calificación “R”, y nosotros como espectadores, damos gracias de que así haya sido. No es que eso fuera fundamental para trasladar Watchmen a la gran pantalla, pero no deja de ser un buen aliciente para disfrutar aún más de su visionado.

En lo que a fidelidad estética se refiere, la ambientación de estos anacrónicos años 80 está muy conseguida, al igual que los trajes de los superhéroes, que aún con un toque más moderno y sofisticado, se asemejan bastante a sus homónimos novelísticos.


Estética a parte, los personajes gozan de todos sus rasgos característicos de su versión en papel, y gracias a un competente trabajo de todo el reparto, la personalidad de estos se ve perfectamente plasmada en la pantalla. En ese aspecto, destacaríamos la labor de Jeffrey Dean Morgan como el miserable Comediante o Jackie Earle Haley como el enigmático Rorschach; en un segundo lugar a la bella Malin Akerman como la sufrida Espectro de Seda II y a Patrick Wilson como el tímido Búho Nocturno. Quizás Ozymandias sea el personaje menos conseguido, dado el toque afeminado que Matthew Goode le otorga, aunque sigue manteniendo su megalomanía intacta.

En lo que se beneficia mucho la versión cinematográfica, es en el aspecto musical. Varias y estupendas piezas musicales acompañan las imágenes, encajando a la perfección y enfatizando la emoción que estas transmiten. Quizás algún que otro tema está metido con calzador, como el “99 Red Balloons”, pero el resto suponen todo un acierto. En especial, el The Times They Are a-Changin' de Bob Dylan que tan bien acompaña unos créditos iniciales a modo de prólogo.

La narración que Snyder imprime en la película es pausada y muy metódica, como no podía ser de otra forma. La complejidad de la historia y el hecho de tener que hacerla accesible a todos los públicos y no sólo a los forofos del cómic, es lo que le trae más problemas al director. Por un lado, no le queda más remedio que tirar de flashbacks –que ya existen en la obra de Moore- para intentar no dejar cabos sueltos en la trama y que tengamos claros todos los aspectos que relacionan a los personajes. Evidentemente, estos flashbacks pueden, en algunas ocasiones, entorpecer esa narración, pero resulta casi inevitable no hacerlo. La cantidad de subtramas, personajes y páginas con las que cuenta la novela gráfica, provoca que el metraje sea extenso, y a veces el ritmo de la película se puede resentir.


En cierta manera, la trama funciona a modo de montaña rusa, elevándose por momentos y pegando el bajón especialmente hacia la mitad, pero nunca llega a aburrir y aunque en ningún momento se eleve hacia un clímax máximo, si se puede decir que el ritmo se mantiene sólido a lo largo de sus casi tres horas de duración (con ello no descarto que muchos se puedan aburrir, pero eso ya va a gustos)

Probablemente el medio más idóneo para adaptar Watchmen sea una serie de televisión, pues resulta imposible trasladarla al dedillo sin dejarte nada por el camino. Los descartes realizados por Snyder y su equipo de guionistas son necesarios para llevar a cabo con acierto la película. De otra manera, su metraje hubiera sido disparatado, su realización titánica y el resultado probablemente soporífero. Y es que no es lo mismo leerse un cómic por volúmenes que ver una película del tirón, y tampoco usan el mismo lenguaje ni los mismos recursos narrativos y estilísticos, por lo que aún siendo una adaptación, hay que tomarse ciertas licencias.

En cuanto a los cambios en la historia, su aceptación dependerá mucho de la benevolencia y gusto del espectador. Los más puristas seguramente pondrán el grito al cielo por cambiar el final, mientras que otros, satisfechos por haber captado la esencia y el espíritu de la obra, no le darán tanta importancia.
En mi opinión, el desenlace cinematográfico es mejor que el de la novela gráfica. Mucho más creíble y coherente con los hechos que se relatan.

A grandes rasgos, “Watchmen” de Zack Snyder es lo mismo que “Watchmen” de Alan Moore y Dave Gibbons, con el mismo mensaje pero con una forma y un lenguaje correspondientes al formato en el que se desarrolla. Podrá gustar más o menos, pero de lo que no hay duda es que sus responsables se han esmerado al máximo para hacer un producto decente. Difícilmente hubiera podido ser mejor, pero sí peor.
Probablemente gustará más a los que hayan leído la novela gráfica que a los ajenos a ella. Si bien está claro que no dejará a nadie indiferente.

En mi caso particular, he de admitir que mi interés por los cómics es discreto, y por los superhéroes, más bien escaso, motivo por el cual me cuesta apreciar la riqueza literaria de “la mejor novela gráfica de todos los tiempos”. Por ello, película y novela me merecen una opinión similar, es decir, que me gustan pero no me fascinan.



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