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viernes, 9 de agosto de 2013

“Pacific Rim” (2013) - Guillermo Del Toro



Si todo hubiera ido sobre ruedas, quizás una de las películas a estrenarse en la cartelera de este año hubiese sido la adaptación cinematográfica de “En las montañas de la locura” de H.P. Lovecraft. Por desgracia para nosotros, y sobre todo para Del Toro, Universal se negó a concederle al director mexicano el abultado presupuesto que exigía, y menos cuando éste pedía una clasificación R-Rated para la película. Ni la presencia de Tom Cruise como estrella protagonista ni el apoyo de James Cameron como productor hizo que los mandamases del estudio cambiaran de opinión. Pese a su dedicación y constantes esfuerzos, Del Toro veía cómo su ansiado proyecto se iba al garete por una cuestión meramente económica. 

Pero a veces, cuando una puerta se cierra, otra se abre, y por esa nueva apertura se coló Pacific Rim. Y es que con la agenda libre tras la cancelación de dicha adaptación, Del Toro fichó para Warner Bros. con el fin de encargarse de una mastodóntica (y nunca mejor dicho) superproducción basada en un concepto muy simple y, a su vez, muy suculento: una guerra entre monstruos y robots gigantes. Así, sin más.

Como concepto en sí, resulta tan atractivo como delirante, y más propio de la exaltada imaginación de un crío de cinco años que de un guionista hecho y derecho. Pero he aquí que en Warner decidieron apostar por ella en vistas de tener entre manos un buen pelotazo revientataquillas. Desgraciadamente, y al tiempo que escribo estas líneas, esto no está siendo así. Casi 200 millones de presupuesto son muy difíciles de recuperar (y más aún de superar) y la película de Del Toro no es que empezara con muy buen pie. El tibio recibimiento en el mercado doméstico está siendo compensado por el mercado internacional (Asia, sobre todo), pero el camino a recorrer es largo y tortuoso, y los números no parecen augurar el mínimo exigible para que en Warner den luz verde a la deseada/anunciada secuela. De todos modos, cuentan con un as en la manga llamado merchandising, y que bien jugado podría resolverles la papeleta.

Beneficios a parte, de cara al público lo que importa es la calidad final del producto a ofrecer, y en ese sentido puede aventurarme a afirmar, sin temor a dudas, de que “Pacific Rim“ es el primer (y esperemos que no el último) gran entretenimiento del verano

Legiones de monstruosas y gigantescas criaturas de otra dimensión, denominadas Kaiju, se colaron en nuestro mundo a través de una grieta submarina. Para combatir a estos gigantes se diseñó un tipo especial de arma: enormes robots, llamados Jaegers, que son controlados simultáneamente por dos pilotos cuyas mentes están unidas en un puente neural. Pero con los años, el enemigo ha ido aprendiendo de las derrotas y haciéndose más fuerte, por lo que  incluso los Jaegers proporcionan ahora poca defensa ante sus incansables ataques. A punto de la derrota, las fuerzas que defienden a la humanidad no tienen otra opción que recurrir a dos insólitos héroes: un ex piloto acabado (Charlie Hunnam) y una aprendiz que reclama su gran oportunidad (Rinko Kikuchi). Ambos deben unirse para llevar a cabo la última misión que podría, de una vez por todas, poner fin a la guerra.


Pacific Rim da exactamente lo que promete. Ni más ni menos. Esto es, hostias a mansalva entre robots gigantes y monstruos todavía más gigantes. Pero lo hace con dos dedos frentes, sin tomar al espectador por idiota. Ya sólo por eso merece todo nuestro apoyo.

Pese a la condición de “encargo” que sobrevuela al proyecto, lo cierto es que Del Toro ha sabido impregnarlo de su sello personal, y su punto friki y su cariño a la hora de hacer las cosas se notan, y mucho,  en el resultado final.

Es cierto que si uno acude a una cinta de estas características es porque busca, principalmente, una buena dosis de entretenimiento con sus toneladas de pirotecnia y efectos especiales. Y la cinta lo da, pues es todo un recital de destrucción masiva; una orgía de acción a base de espectaculares y feroces combates entre robots que parecen salidos de algún manga/anime de mechas (la influencia de Mazinger Z, Evangelion, Macross o Robotech es más que evidente) y terroríficas criaturas dignas de medirse las fuerzas con el mismísimo Godzilla. De hecho, no es casual que se les apode kaiju, palabra japonesa que significa bestia extraña y que denomina precisamente al subgénero al que pertenecen las películas del citado monstruo japonés.

Pero he aquí que Del Toro, co-guionista junto a Travis Beacham (“Furia de titanes”), no se ha olvidado de que en medio de semejante apocalipsis hay también unas personas que están librando el combate de su vida, la última batalla por la supervivencia de la especie. A estas personas se les dota de unas características concretas y de unos conflictos internos que, aún respondiendo a clichés sobradamente conocidos, aportan el factor humano necesario para que el espectador se involucre debidamente en la historia. No les vamos a pedir a los guionistas un exhaustivo perfil psicológico de sus personajes, pero sí que nos ofrezcan lo suficiente para que, más allá de las tortas, sepamos que bajo esas toneladas de acero hay unas personas que respiran, sufren, aman… Unas personas que, en el fondo, deben y tienen que ser los verdaderos protagonistas de la película, y que debe importarnos lo que les ocurra a lo largo de la trama. 

 
Si algo se le puede achacar al guión, no obstante, es la falta de una visión más amplia del conflicto; una perspectiva algo más diversa y profunda sobre cómo afecta al resto de mortales esta inimaginable invasión “alienígena”, puesto que sólo contamos con el punto de vista del combatiente, del soldado (ya sea un piloto, un Mariscal o una rata de laboratorio). 

Pero aparte de ese pequeño detalle, lo cierto es que se agradece la inclusión de personajes secundarios estrambóticos que aportan el puntito más friki (si es que toda la película no es ya una gran frikada) y humorístico; personajes como los dos científicos (el chalado –un clon de J.J. Abrams- y el raro) y el que interpreta Ron Perlman, una especie de “hombre de negocios” que saca partido de la invasión kaiju para hacerse rico vendiendo (en el mercado negro) ungüentos y todo tipo de productos (fármacos, drogas, abono…) confeccionados a partir de los restos de los monstruos abatidos en combate. Lo que de paso le permite al director endosarnos a su amiguete Santiago Segura en un cameo bastante prescindible.

Evidentemente, el holgado presupuesto le permite a la cinta de Del Toro lucir unos esplendidos efectos digitales que ayudan a hacer “real” una premisa tan marciana como la que nos ocupa. Si echamos la vista atrás, nos encontramos con todo un –pecaminoso pero entrañable- precedente enmarcado dentro serie B, “Robot Jox”, que nos sirve para aseverar el salto tecnológico que se ha producido en los últimos 20 años. Una evolución que a día de hoy hace posible plasmar en el celuloide la idea más descabellada que a un guionista se le pueda ocurrir. Claro que esta tecnología, en manos insensatas, puede dar lugar a verdaderos esperpentos, pero a diferencia de, por ejemplo, las Transformers de Michael Bay, “Pacific Rim” sí respeta la inteligencia del espectador.  Eso, y que sepa sobrevivir a sus propios excesos, la convierten en un entretenimiento de lo más saludable y que, sin duda, hará las delicias del crío que todos llevamos dentro.
 
P.D.1: Al poco de empezar los créditos finales, tenemos una simpática escena de regalo. 

P.D.2.: Bonita dedicatoria al final de los créditos.



Valoración personal:

sábado, 9 de junio de 2012

“Iron Sky” (2012) - Timo Vuorensola

Crítica Iron Sky 2012 Timo Vuorensola
Cuánto más disparatado es el argumento de una película, mayor es el apetito del buen aficionado a la hora de hincarle el diente, y cuando vio la luz la primera noticia acerca de un proyecto titulado “Iron Sky” (allá por el 2006, en los albores de su producción), a muchos se nos hizo la boca agua con sólo leer su delirante premisa: 

En 1945, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de naves espaciales nazis (sic) son enviadas a la cara oculta de la Luna para establecer una base militar. Con el paso de los años, la base se convierte en residencia permanente para los fieles al Führer que lograron escapar de la Tierra. 

En 2018, los descendientes de aquellos nazis están decididos a librar la última batalla con el objetivo de lograr lo que sus predecesores no consiguieron: conquistar el mundo. Para ello contarán con una gran flota espacial y una poderosa arma secreta.

Un argumento tan disparatadamente jugoso como éste necesita de los medios adecuados para llevarse a cabo como es debido. Y tratándose de un filme de origen finlandés, país poco ducho en ofrecer cine de carácter fantástico, no es de extrañar que en su realización se hayan empleado tantos años de trabajo.

Desde que el primer teaser tráiler de la película apareciera -en busca de cofinanciación- en el Festival de Cine de Cannes de 2008, hasta el fin de su rodaje a principios de 2011, han pasado nada menos que cuatro años. En este largo tiempo se ha invertido un presupuesto nada desdeñable de 7,5 millones de euros, lo que sin duda le ha permitido al filme gozar de una factura bastante resultona. Y es que semejante planteamiento pedía, precisamente, un despliegue a la altura. 

No estamos ante una superproducción de Hollywood, ni detrás de sus efectos especiales están grandes empresas como Industrial Light & Magic o Weta Workshop. Sin embargo, el acabado final, lejos de ser impecable, sí resulta satisfactorio.

La utilización de los cromas es el aspecto técnico que con más frecuencia delata su condición de serie B, ya que no siempre resultan del todo convincentes. Ahora bien, en lo que respecta a la recreación de la base lunar nazi y toda su flota naval, el trabajo es muy meritorio, no ya sólo en materia de efectos digitales sino también en el detallado diseño conceptual de todos sus elementos (los escenarios, las naves…).

Esto contribuye a hacer mucho más creíble la propuesta, dentro de lo increíble de la misma, y ayuda a que las secuencias de acción resulten visualmente atractivas y espectaculares.

Pero (tenía que haber un “pero”) si la dedicación en conseguir unos buenos efectos especiales y un buen diseño de producción hubiese sido equivalente al empeño en redactar un guión mínimamente potable, probablemente ahora estaríamos hablando de una simpática joyita del género. Desgraciadamente, esto no ha sido así, y “Iron Sky” muestra sus mayores y contundentes defectos en su paupérrimo guión.
 
Su potencial argumento queda lastrado por la escasa pericia de los guionistas para saber sacarle partido. La trama se muestra torpe y repleta de altibajos, la mayoría de los cuales pertenecientes a los segmentos que transcurren en la Tierra, lo que provoca que la justita hora y media de metraje se nos haga más larga de lo que es y más pesada de lo que debería. En pocas palabras, la película aburre. 


La historia tiene algunos apuntes interesantes, como que la acción transcurra en un improbable 2018 con una clara parodia de la republicana Sarah Palin al frente de la presidencia de los EE.UU. (apropiándose ésta del famoso lema “Yes, We Can” con el que su oponente, el demócrata –y actual Presidente- Barack Obama hizo campaña en las elecciones de 2008), o que los gobernantes de los distintos países se reúnan para hacer frente a la invasión nazi para, constantemente, tirarse los trastos a la cabeza.
 
También en alguna ocasión aislada nos topamos con un gag inspirado, como el que tiene por protagonista a una de las obras magnas de Chaplin, “El gran dictador”. 

La banda sonora, a cargo del grupo industrial esloveno Laibach, es muy apropiada, y en sus momentos más álgidos nos obsequia con referencias que van desde las óperas de Richard Wagner  (La carga de las Valquirias) hasta las composiciones de John Williams para La Guerra de las Galaxias (el leitmotiv de Darth Vader). 

El resto, lamentablemente, no termina de funcionar.  Ni los sucesivos gags ni los personajes en los que se apoyan.

El guiño a uno de los momentos cumbres de la (gran) película alemana “El hundimiento”, esto es, el cabreo monumental de Hitler ante sus primeros oficiales, no sólo está mal insertado en la trama (de sopetón y muy poco justificado), sino que además carece del ingenio necesario para sacarnos una sonrisa. Cualquiera de los videos que circulan en Youtube manipulando dichas escenas resulta mucho más divertido y ocurrente que la pantomima que aquí se han sacado de la manga en un intento de perpetuar la broma a una escala mayor, más cinematográfica (más cercano a las spoof movie).

De los personajes protagonistas sólo merece la pena rescatar a la pseudo Sarah Palin (Stephanie Paul) y a la Teniente Renate Richter encarnada por la actriz alemana Julia Dietze. Pero su partenaire, James Washington (Christopher Kirby), estorba más que otra cosa; el villano, Klaus Adler, carece de fuerza al caer en manos de un actor tan mediocre como Götz Otto; la estilista Vivian Wagner (Peta Sergeant) resulta crispante (por no decir insoportable), y el nuevo Führer a cargo de Udo Kier goza de menos presencia en pantalla de la que uno desearía, con lo que acaba relegado a un desalentador segundo plano.

 
Ante todo, “Iron Sky” es una comedia, y en ese aspecto falla estrepitosamente. Más allá de su premisa, la historia ni engancha ni hace gracia, y sólo algunos momentos puntuales (el inicio, algún gag esporádico y la batalla final) merecen la pena de ser rescatados de un conjunto bastante insustancial y, lo que es peor, desaprovechado. 

Ni su director, Timo Vuorensola (que ya rodó, o mejor dicho, codirigió unos años antes una parodia de Star Treck titulada “Star Wreck: In the Pirkinning”), ni sus guionistas han sido capaces de llevar a buen puerto una idea que, sin ser del todo original (existe una novela de Robert A. Heinlein con nazis escondidos en la Luna), prometía como mínimo pasar un rato agradable y echarse unas risas; sino con ella, por lo menos sí a su costa. Pero más allá de lo marciana y, precisamente por ello, llamativa sinopsis, el resto de la película carece de inspiración
  
No es extraño que un proyecto al que se le sigue la pista desde hace tanto tiempo tienda a no cumplir del todo las expectativas depositadas en él, pero eso no quita el hecho de que estamos ante un caso claro de “película fallida” (tal como le ocurrió a la “Mars Attacks” de Tim Burton) y, por tanto, decepcionante. Se puede ser más o menos indulgente con ella, pero es evidente que las pretensiones de sus responsables eran ambiciosas y que el resultado se ha quedado bastante corto.

De todas formas, “Iron Sky”, que debutó en la 62 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín y que ya se ha exhibido en países como Alemania o su Finlandia natal (en España dudo que la veamos), no ha pasado desapercibida, y a su director ya le han ofrecido otro filme de temática nazi basado en una novela gráfica titulada “I Killed Adolf Hitler”, en la que un asesino del futuro viaja hasta 1939 para matar a Adolf Hitler. Otra idea que, sobre el papel, promete. Esperemos que esta vez Vuorensola se codee con guionistas más capacitados.   

  
Valoración personal: 

jueves, 24 de marzo de 2011

“Sucker Punch” (2011) – Zack Snyder

critica Sucker Punch 2011 Zack Snyder
Definida por el propio Zack Snyder como “una Alicia en el país de las maravillas con ametralladoras”, llega por fin a nuestras pantallas uno de los estrenos palomiteros más esperados del año, especialmente para un servidor.

Esta es la primera vez que el director aborda un proyecto que no proviene de ningún cómic (300, Watchmen), novela (Ga’Hoole) o película anterior (Amanecer de los muertos). De hecho, el argumento de “Sucker Punch” nace de la imaginación de Snyder, de modo que éste no ha tenido restricción alguna (más allá de las impuestas por el estudio, y salvando el ya casi obligado PG13, hay que decir que le han dado bastante libertad) para ofrecer al público lo que le ha venido en gana sin tener que rendir cuentas a nadie (cámbiese “nadie” por las legiones de fans de las obras que han servido de base a sus anteriores películas)

Esta libertad es, por otro lado, una prueba de fuego para el cineasta, pues de algún modo nos va a servir a nosotros para saber de qué es capaz como creador, además de como narrador.

Lo visto hasta ahora en trailers y clips prometía, ante todo, un espectáculo visual y pirotécnico sin precedentes, y desde ya, puedo afirmar que eso se ha cumplido sobradamente. Sin embargo, uno de mis mayores también…

La historia se ambienta en los años 50, y nuestra protagonista es Baby Doll (Emily Browning), una joven de 20 años que es encerrada en contra su voluntad en una institución psiquiátrica.

Una vez allí, el futuro que le espera no es nada alentador, pues en cinco días será lobotomizada.


A partir de ese momento, Baby Doll planeara su fuga del centro ayudada por otras cuatro residentes con las que entablará amistad; cuatro chicas - la decidida Rocket (Jena Malone), la astuta Blondie (Vanessa Hudgens), la implacablemente leal Amber (Jamie Chung) y la reacia Sweet Pea (Abbie Cornish) - dispuestas a jugarse el todo por el todo con tal de escapar de esa infernal prisión. Cinco jóvenes que unirán sus fuerzas para llevar a cabo el plan que las llevará más allá de las paredes del psiquiátrico. Un plan que no estará exento de obstáculos.

No hay duda que uno de los mayores alicientes de “Sucker Punch” es esa atractiva mezcla de géneros y conceptos de la que hace gala. Y es que una misma película, Snyder ha reunido para nuestro deleite a dragones, samuráis, robots, orcos y hasta nazis zombies. Y a todos ellos los ha enfrentado a un jugoso grupito de mozas de armas tomar; cinco jovencitas con ganas de dar mucha guerra a sus despiadados captores.



Snyder sabe perfectamente lo que quiere ofrecernos, así que no se anda por las ramas, y con un potente prólogo a cámara lenta y a ritmo de un Sweet Dreams (de los Eurythmics) versionado para la ocasión (y cantado por la propia Emily Browning), el director nos relata la triste y desgraciada historia de Baby Doll; el cómo y el por qué acaba en el psiquiátrico “Lennox House”.

El tormento que padece por el terrible accidente que la lleva a ser encerrada en el centro y la desesperación que siente por el desolador destino que le aguarda en él, llevan a Baby Doll a sumergirse en un mundo imaginario producto de su mente, sin limitaciones de tiempo o espacio, y mediante el cual tratará de conseguir la ansiada libertad.

De este modo, la trama transcurrirá a tres niveles distintos. El primero de estos niveles es la realidad, que es lo que veremos al principio y al final de la película. El segundo es la subrealidad, donde el mundo real se transforma en un burdel dirigido por el deleznable celador del psiquiátrico. Y por último, está el tercer nivel, el mundo de los sueños en el que transcurren las impactantes secuencias de acción que están fuera del espacio y del tiempo.

El paso del primer nivel al segundo es un tanto brusco y confuso, pero el espectador no tardará mucho en darse cuenta de lo que ocurre. Y es que esa subrealidad es, de alguna manera, el modo en el que Baby Doll ve su estancia en el centro. En su mente, el celador, que es quién maneja el cotarro y el que abusa de las residentes, pasa a ser Blue Jones, el dueño del prostíbulo; y sus compañeras y futuras -o debería decir, inmediatas- amigas, son las chicas que ofrecen sus servicios a cambio de una vida “cómoda”. Como podréis imaginar, eso le permite al director hacer desfilar a sus actrices ligeritas de ropa y/o con modelitos de lo más sugerentes. Y ahí hay que incluir al mujerón de Carla Gugino.

Este nivel y el tercero son los que ocupan la mayor parte del metraje, pero es evidente que el que encandilará al espectador será el mundo de los sueños, que le sirve a Snyder para desplegar todo su arsenal pirotécnico (y nunca mejor dicho)


El plan trazado por Baby Doll implica hacerse con un total de cinco objetos que les servirán para poder escapar. Estos objetos se encuentran el psiquiátrico/burdel, y la obtención de cada de ellos supone una inmersión en esos sueños oníricos de la protagonista. Ahí es donde las chicas harán frente a todo tipo de enemigos, desde un enorme dragón hasta un infinito ejército de nazis venidos del mismísimo infierno. Ni qué decir que estos momentos son una auténtica orgía de CGI y fuegos artificiales de lo más apabullante. El problema es que la embriagadora espectacularidad no es emocionante. ¿Y por qué? Pues simple y llanamente porque el espectador no se implica nunca en la historia, la cual no es más que un pretexto para desplegar todo ese festín de acción desenfrenada.

Snyder no necesita justificar nada, y eso hace que en pantalla aparezca de todo y porque sí, sin que exista mayor relación que el nimio parentesco con los objetos que necesitan encontrar.

Uno puede quedarse embobado por el apoteósico espectáculo, pero no lo siente, no lo vive, no lo disfruta… porque no hay emoción ni implicación en él. Snyder tiene un dominio extraordinario de la imagen y del movimiento, y las secuencias de acción tienen un poderío visual sin igual (qué bien le hubiera ido a Dragon Ball un tipo como él detrás de la cámara, y que bien la va a venir a la futura Superman), pero es como estar contemplando un videojuego, como si alguien estuviera jugando a uno mientras nosotros miramos. Y eso es debido también a una estructura narrativa a lo “pasar pantallas/fases” en la que te das cuenta que apenas te están contando nada interesante, y que además los personajes te dan exactamente igual; no te importan lo más mínimo, salvo que te hayas encariñado –por su físico, más que nada- con alguna de las mozas.

Explosiones aquí y allá, tiroteos y piruetas imposibles a tutiplén (en ese mundo fantasioso, las chicas son como superheroínas, lo que en mi opinión le resta peligrosidad a todo lo que acontece), enemigos que salen hasta de debajo de las piedras, etc. Todo muy espectacular y muy bonito, pero absolutamente vacío, superficial e intrascendente.

Y es que Sucker Punch arrastra uno de los mayores males del cine palomitero de hoy en día, que es la capacidad de asombrar al espectador con un buen puñado de efectos especiales, pero la incapacidad de hacerlo vibrar con ese espectáculo (lo que conseguían películas como Terminator 2, Jurassic Park, Desafío Total y similares). Un asombroso envoltorio para un dulce que, si bien en este caso no resulta amargo, si deja un sabor agridulce.

Con estética comiquera y con un desarrollo narrativo deudor de un juego de plataformas, Snyder tira también de referencias que van desde lo novelesco (unos orcos que parecen sacados del universo Tolkien) al mismísimo manga (el mecha que conduce Amber) Y la verdad es que dan ganas que cada uno de esos segmentos oníricos tuvieran su propia película. ¿Quién no disfrutaría de un film bélico plagado de nazis zombies? Servidor, el primero.

Cabe decir también que la planificación de muchas secuencias viene muy bien acompañada por una contundente selección musical que convierte muchos de estos momentos en auténticos videoclips (que cada uno juzgue si eso es bueno o malo; a mí no me disgustó) El ya comentado prólogo inicial sería un ejemplo de ello, aunque no es el único. Eso sí, ubicándose la historia en los 50 (aunque sólo sea en el primer nivel, y a medias en el segundo), servidor ha echado de menos que la banda sonora no contara con canciones de la época; pero eso ya es una observación muy personal (nostálgico –y rockanrolero- que es uno)


De todas formas, se echa de menos algo más de chicha en el guión, que aunque no lo parezca, en este tipo de producciones también es importante. Quizás menos que en un drama, por decir algo, pero aún así lo suficiente como para que uno no se marche de la sala con sensación de vacío; como si hubiera devorado unas deliciosas gominolas que para nada le han llenado el estómago. Hubiese sido oportuno profundizar un poco más en la psique de Baby Doll y desarrollar mejor o de otro modo su entrada y estancia en el psiquiátrico; ver cómo conoce al resto de las chicas y cómo nacen esos lazos de amistad… Amén de conocer también la historia de cada una de ellas, el por qué han sido enceradas allí, etc. No creo que sea tanto pedir.

Con todo, el reparto cumple con lo exigido. Browning, Abbie Cornish (mi favorita) y Jena Malone destacan por encima de Jamie Chung y Vanessa Hudgens, cuyos personajes (e interpretaciones) quedan en un segundo plano. Aún así, da gusto comprobar que se muestran solventes tanto en las escenas de acción como en las contadas escenas dramáticas (escenas que, precisamente, demuestran que Snyder y su co-guionista hubiesen sido capaces de dar algo más de consistencia a la trama)

Gugino, que repite con el director después de Watchmen, clava a la perfección el acento polaco de su personaje (algo apreciable sólo en la V.O., claro), la estricta pero comprensiva Dr. Gorsky, una mujer que pese a su dura apariencia, comprende mejor que nadie la situación y la amargura por la que están pasando sus pupilas. A fin de cuentas, no deja de ser su cuidadora (aunque le cueste quitarse la venda de los ojos)

Pero el que se lleva la gloria es Oscar Isaac como Blue, el celador/proxeneta. Al actor ya lo habíamos visto en "Robin Hood" encarnar a un ser despreciable, pero aquí el escenario y su personaje le dan un plus.

Jon Hamm y Scott Glenn tienen papeles muy secundarios. El primero es el desencadenante de la trama, el motivo por el cual Baby Doll decidirá fugarse; el segundo es algo así como el guía espiritual de la protagonista.

En resumidas cuentas, “Sucker Punch” es un ampuloso y abrumador espectáculo visual/virtual (y en esplendoroso 2D, oiga) repleto de acción, efectos especiales y mozas de muy buen ver. Y estoy seguro que muchos tendrán más que suficiente con esto. Sin embargo, para mi gusto entretiene pero no llena. Y ese era precisamente mi temor después de ver los avances.

Snyder ha conseguido rodar su película más espectacular, adrenalítica e impactante hasta la fecha, pero también la peor, la más superflua. Un entretenimiento vacuo que satisfará las casi dos horas de entretenimiento que muchas andarán buscando. Y cierto es que no pretende más que eso, pero uno no puede evitar sentir una ligera sensación a decepción, a que esto podría haber sido mejor, más intenso, más glorioso… en definitiva, más gozoso.

P.D.: Quedaros a ver los créditos finales. Valen la pena.



Valoración personal:

jueves, 17 de junio de 2010

“El circo de los extraños” (2009) - Paul Weitz

critica El circo de los extraños 2009 Paul Weitz
Desde el éxito de la saga “Crepúsculo”, la obsesión por adaptar novelas vampíricas de carácter juvenil se ha disparado, aunque ha sido la pequeña pantalla la que se ha visto más beneficiada por este boom. Series como “True Blood” (nada que ver con la ñoñería de Stephenie Meyer) o "The Vampire Diaries" están teniendo buena aceptación entre el público más joven, lo que anima a los productores a seguir apostando por este nuevo filón.

En la gran pantalla, los “gusiluz” de Meyer todavía no han encontrado rival que les arrebate el trono, pero de seguro no cesarán los intentos en conseguir otra saga vampírica taquillera.

Por lo pronto, Universal Pictures ha lanzado su primera apuesta: “El circo de los extraños”, basada en una serie de novelas del escritor Darren Shan. La película adapta los tres primeros libros publicados hasta la fecha de un total de 12 novelas que completan la colección (a eso le llamo yo sacarle partido a una idea), si bien el título original, "The Vampire's Assistant - Cirque du Freak", es la fusión de los títulos de las dos primeras (Cirque du Freak y The Vampire's Assistant)

La historia gira en torno a Darren Shan (Chris Massoglia), un chico de 14 años que siente verdadera fascinación por las arañas, y su mejor amigo Steve (Josh Hutcherson), obsesionado éste con los vampiros. Ambos acuden al Cirque du Freak, un extraño circo ambulante recién llegado a la ciudad en el que se pueden ver seres de lo más extraños, como por ejemplo un hombre serpiente o una mujer barbuda.

Durante el espectáculo, Darren queda impresionado por las habilidades de la araña de una de las representaciones, por lo que antes de regresar a casa decide robársela a su propietario, Larten Crepsley (John C. Reilly), un vampiro de 500 años.


Cuando Steve descubre la araña, intenta aplastarla con una escoba, pero durante el ataque el arácnido se defiende propinándole una picadura mortal. Con la intención de salvar la vida de su amigo, Darren acude a Larten en busca de un antídoto, ofreciéndose éste a dárselo con una condición: que el muchacho acepte medio vampirizarse y convertirse en su servicial ayudante. Darren sella el pacto con el vampiro sin pensar en las consecuencias que dicha transformación le acarreará…


Pese a estrenarse en octubre de 2009, la película no llegará a nuestras carteleras hasta el 16 de julio, siempre y cuando no vuelvan a cambiar la fecha de estreno. Por lo general, los retrasos pueden deberse a cualquier motivo, o a veces incluso a ninguno en concreto, pero puede que esta vez la causa de su demora se deba a sus poco halagüeñas críticas, lo que sin duda explicaría también su batacazo en taquilla. Y es que con un presupuesto de 40 millones, “El circo de los extraños” sólo ha logrado 13 millones en suelo doméstico y unos insuficientes 25 millones en el extranjero para cubrir costes. Aunque los pocos países en los que queda por estrenarse quizás le permitan, como mínimo, recuperar lo invertido. Eso sí, de la/s secuela/s mejor ir olvidándose, algo que sin duda lamentarán los seguidores de las novelas (o al menos aquellos que hayan quedado satisfechos con la adaptación)

Lo cierto es que la película no empieza nada mal, incluyendo unos elaborados títulos de crédito que da gusto ver y que preceden a la presentación, voz en off mediante, de nuestro principal protagonista , el cual se encuentra en una situación que ya nos provoca cierta curiosidad.

Esos primeros minutos son un pequeño adelanto de lo que ocurrirá después, por lo que en seguida retrocedemos en el tiempo para que nos cuenten la historia desde el principio, introduciendo a nuestros dos jóvenes protagonistas en ella y su visita al Cirque du Freak, lugar donde las decisiones de éstos desencadenarán el resto de los acontecimientos.
El look siniestro y bizarro de la película es bastante atractivo, y su séquito de estrafalarios personajes son probablemente lo mejor de ella, pero desgraciadamente no se le saca demasiado partido ni a estos últimos ni a las posibilidades que ofrece la historia.


La originalidad de la trama termina más o menos cuando Darren se habitúa al “campamento base” de los freaks. Allí aparece la típica chica por la que el prota se sentirá atraído, observaremos al villano desarrollar su pérfido plan, el amigo Steve pasándose al bando enemigo, desencadenándose la eterna lucha del bien contra el mal, etc.

La idea sobre la que se sustenta es la de una inminente guerra entre dos tipos de vampiros, los que se alimentan de sus víctimas sin matarlas, y los que disfrutan dejándolas sin gota de sangre. Larten pertenece a los primeros, así como su nuevo pupilo Darren, y quiere evitar a toda costa el enfrentamiento que Mr. Tiny, un supuesto individuo neutral, pretende iniciar aprovechándose del desamparado de Steve. Hasta aquí todo más o menos típico pero aceptable. Incluso se agradece que se les dé una vuelta de tuerca a ciertos rasgos característicos de los vampiros. Lo malo es que el desarrollo de la cinta no puede ser más anodino.

Uno de los principales escollos es la poca o nula simpatía que transmite Darren al espectador, algo a lo que contribuye la insulsa interpretación de Massoglia.

Si no fuera porque el personaje de John C. Reilly comparte gran parte del peso protagónico de la cinta, la cosa hubiera sido bastante difícil de digerir. Y debo admitir que Hutcherson no es santo de mi devoción, pero aquí le gana la partida a su rival cinematográfico.

El villano principal no cuenta con la suficiente presencia como para resultar realmente un enemigo amenazador, y menos aún cuando sus mayores aliados son un niñato vacilón y un vampiro (encarnado por un sorprendente –por versátil- Ray Stevenson) que da más pena que miedo.

Por otro lado, los enfrentamientos cuerpo a cuerpo entre ambos bandos, desde el primer encuentro hasta el último, son poco satisfactorios. Están rodados de forma confusa, con una ridícula aceleración de movimientos y con planos poco inspirados, lo que denota la poca habilidad que tiene Weitz para planificar este tipo de secuencias. Y es que este primer acercamiento al cine fantástico en una carrera plagada de comedias mayormente olvidables, evidencia que probablemente él no era el director indicado para tales menesteres (quién sabe si un Brad Silberling, por ejemplo, le hubiera sabido sacar más partido a esta adaptación)

No hay ninguna escena realmente llamativa, ni espectacular ni tampoco emocionante, aparte de que los efectos especiales -digitales y artesanales- son más bien discretos (y en algunos casos pobretones, como el irrisorio hombre-lobo, la cantosa araña venenosa de Larten, los veloces movimientos vampíricos estilo Flash o los duendecillos comeratas que parecen unos mini Gollums de saldo)



Los extraños componentes del Cirque du Freak no aportan casi nada a la trama. Ken Watanabe y Salma Hayek (que luce tan atractiva –sin la barba, claro- como en su debut hace 15 años en “Abierto hasta el amanecer”) están desaprovechados, al igual que Orlando Jones o Jane Krakowski, cuya vis cómica podría haber sido beneficiosa para ciertos segmentos del film. Luego tenemos a un efímero Willem Dafoe en lo que podríamos calificar como un cameo más que otra cosa.

A esto debemos sumarle uno de los mayores lastres que arrastra casi toda pretendida franquicia cinematográfica juvenil: que la primera película empieza pero no acaba.

Lo peor es que tratándose de una saga literaria de 12 volúmenes, se podría decir que la cinta de Weitz no es más que el prólogo. Sienta las bases y poco más, por lo que uno tiene la sensación de que apenas se le ha contado nada. Y lo poco que se le ha contado tampoco era para entusiasmarse.

Quién sabe si el sabor agridulce que deja la película es porque obviaron partes importantes de las novelas o bien porque las que estaban no supieron trasladarlas con acierto ni darles el toque adecuado.

La verdad es que acentuar el aspecto cómico de la misma en vez de tener pretensiones épicas (el bien contra el mal y bla bla bla…), y sobre todo darle un tono mucho más excéntrico y disparatado, le hubiera sentado increíblemente bien a este grupo de variopintos personajes. Y es que la historia no es mala, y seguro que podría haber salido una frikada mucha más amena y entretenida que este intento de película, pues más parece un episodio piloto (mismo caso que The Losers)

“El circo de los extraños” puede llegar a contentar a los lectores de Shan si el tema fidelidad lo han respetado, cosa que no puedo certificar, pero está claro que se trata de una película fantástica realmente floja. Entretiene a duras penas, siendo lo mejor la ambientación, la banda sonora “elfmaniana” (a destacar también el tema Red Right Hand del genial Nick Cave) y John C. Reilly en un registro inusual en su carrera.



Valoración personal:

jueves, 10 de junio de 2010

“Defendor” (2009) - Peter Stebbings

critica Defendor 2009 Peter Stebbings
No hay ninguna duda de que los superhéroes están de moda y de que se han convertido en el relevo del cine de acción de los 80-90 como filmes de entretenimiento para todos los públicos.
Desde entonces, cualquier superhéroe, sea de la editorial que sea y goce de mayor o menor popularidad/reconocimiento, es objeto de ser llevado a la gran pantalla. Tal es la avalancha que todos quieren aprovechar el tirón de éstos y por ello no dudan en recurrir al mismo formato, aunque no sea siempre con personajes salidos de algún tebeo.

El simple hecho de tener a alguien con (super)poderes ya basta para sacar tajada del asunto, y de ahí que en los últimos tiempos hayan aparecido películas como “Jumper” o “Push”, que pese a no ser superhéroes propiamente dichos, han recurrido a muchas de sus características esenciales para intentar emular la fórmula mágica del éxito (y sin conseguirlo, habría que añadir). Eso sí, ahorrándose el uso de trajes ridículos (rasgo fundamental e indispensable para todo justiciero que se precie)

Y de ello se ha nutrido también la pequeña pantalla, siendo “Héroes” (serie que abandoné tras su cansina segunda temporada) el mejor ejemplo.

A partir de ahí, cualquier adaptación, versión, inspiración, parodia o vuelta de tuerca relacionada con el mundo de los superhéroes es bienvenida y tiene ganado, por adelantado, el interés de una parte del público. Si bien hay que decir que también estamos viviendo tal saturación de películas de misma índole, que la temática empieza a resultar ya un poco cansina, especialmente para los que no somos devotos de este tipo de producciones. Si además la mayoría acaban decepcionando al espectador o incumpliendo sus expectativas (véase la olvidable “Hancock”), está claro que el público recelará cada vez más de tan manido material.

La semana pasada llegó a nuestras carteleras “Kick-Ass”, otra vuelta de tuerca al subgénero superheróico y de la que ya pudimos opinar. Pero hoy vengo a hablaros de otra propuesta que ha pasado bastante inadvertida por las carteleras estadounidenses, y que de momento sigue sin tener distribución internacional. Su título es “Defendor”, y poco tiene envidiar a lo que hayáis podido ver hasta el momento.

Arthur Poppington es un tipo “corriente” que cree ser un superhéroe (Woody Harrelson) Con un elevado sentido de la justicia, Arthur se disfraza cada noche con un cutre disfraz de superhéroe hecho por él mismo y, adoptando la identidad de “Defendor”, deambula por las calles para hacer el bien y dar un buen escarmiento a todo delincuente que tenga la mala fortuna de cruzarse en su camino. Y digo mala fortuna porque cada vez que Arthur/Defendor entra en acción, éste se lleva una buena paliza.

Su identidad superheróica no le reportará otra cosa que problemas y visitas al hospital. Pero eso no le detendrá ni le desanimará, ya que su mayor deseo es poder capturar al Capitán Industria (Captain Industry), un genio del mal, como así lo llama él.


Es evidente que estamos ante una propuesta poco usual. Realmente no es una parodia al uso, sino que utiliza la figura del superhéroe como una excusa para relatarnos una historia diferente sobre un hombre con problemas, y que está a medio camino entre el drama y la comedia, aunque haciendo especial énfasis en lo primero.

Y es que pese a lo cómico que resulta el argumento en sí, la intención de su guionista y director, el debutante Peter Stebbings, no es precisamente hacernos reventar a carcajadas, aunque consiga a menudo una complaciente sonrisa por nuestra parte.


Sea por su extrema bondad, por su inocencia o por su encomiable capacidad de no renunciar a sus sueños (por disparatados que estos sean), está claro que Arthur resulta un personaje entrañable que se gana nuestra simpatía desde el primer momento. Y aunque parte del atractivo de la cinta recaiga en los continuos embrollos en los que se mete bajo su disfraz de superhéroe, son las escenas de su alter ego las que realmente nos hacen empatizar y emocionar con su personaje y su triste historia.

Arthur está obsesionado con capturar al Capitán Industria, villano cuya identidad desconocemos. De hecho, ni siquiera sabemos si ese nombre corresponde a una persona real del entorno de nuestro protagonista o simplemente se trata de un producto de su imaginación. La cuestión es que dicha obsesión le lleva a convertirse en Defendor, un superhéroe cuyas armas son un puñado de canicas y un pote lleno de abejas (bastante efectivas éstas últimas, todo sea dicho)

En su camino hacia su objetivo, Defendor entablará amistad con una prostituta y enemistad con un poli corrupto. Además, sus acciones le llevarán de visita la comisaria, y en última instancia, al psiquiatra. Precisamente desde ahí se nos narra gran parte de la película (todo un acierto narrativo), con Arthur manteniendo un conversación con una psiquiatra, relatándonos así su historia mediante largos flashbacks; desde sus encuentros con los diversos personajes que conforman la trama hasta hechos de su pasado que resultarán claves para comprender tanto las intenciones de su personaje como los motivos por los que el bueno de Paul Carter, su mejor amigo, se preocupa tanto por él.

Descubrir paso a paso las razones que llevan a Arthur a convertirse en Defendor (cual Don Quijote en un valiente caballero), la extraña relación de amistad –o más que eso- que entablará con Kat (una morbosa Kat Dennings), la simpatía que desprenderá en aquellos que le rodean (el jefe de policía, la psiquiatra…) y los actos heroicos y/o suicidas que le harán un tipo popular en su vecindario, son los pilares básicos en los que se apuntala el film.

Sin un alarde de efectos especiales, ni acción ni gags tronchantes, Defendor consigue ser, para un servidor, una de las mejores vueltas de tuerca a las películas de superhéroes que se han hecho hasta el momento (a la espero estoy también de echarle el guante a “Especial”).

Su originalidad, su ternura y sobre todo su sencillez, amén de un Woody Harrelson que borda su papel, hacen de ella una comedia dramática muy recomendable para los que busquen a otro tipo de héroe. Un héroe real, humano y cercano.




Valoración personal:

jueves, 3 de junio de 2010

“Kick-Ass” (2010) - Matthew Vaughn

crítica Kick-Ass 2010 Matthew Vaughn
Tras debutar con “Layer Cake”, un notable pero no muy conocido thriller protagonizado por un Daniel Craig pre-bond, y posteriormente estrellarse injustamente en taquilla con “Stardust”, una de las mejores películas de fantasía de la pasada década, el productor, director y guionista Matthew Vaughn decidió embarcarse en un proyecto distinto a sus anteriores trabajos. Para ello pensó en la adaptación de “Kick-Ass”, un cómic ultraviolento escrito por Mark Millar (Wanted) y dibujado por John Romita Jr., y cuyos derechos para su versión cinematográfica fueron vendidos antes incluso de que éste fuera publicado.

La intención de Vaughn era mantenerse lo más fiel posible a la desatada violencia de la que hacía gala el cómic, lo cual supuso todo un impedimento a la hora de conseguir financiación y apoyo de un gran estudio de Hollywood. Y es que ya se sabe que éstos están interesados básicamente en hacer producciones PG13 o para todo todos los públicos -censurando si es necesario el producto final- con el único fin de abarcar a más espectadores y, en consecuencia, amasar más millones.

Pese a este primer obstáculo, Vaughn siguió adelante y decidió autofinanciarse (con la colaboración de Plan B Entertainment, la compañía de Brad Pitt) con la esperanza de que una vez finalizado el rodaje y vistos los resultados, los estudios cambiaran de opinión. Y así ocurrió.

El director presentó la película en el Comic-Con, todo un escaparate para este tipo de producciones, y la recepción de los asistentes no pudo ser mejor, mostrándose entusiasmados/exaltados ante lo que habían visto.

Este hecho propició que los estudios, ahora sí, se interesaran en la distribución de la película. Lionsgate, Paramount y Universal, ésta última distribuidora de Wanted, adaptación basada también en una obra de Millar, “pelearon” por llevarse el gato al agua, siendo los primeros los que finalmente se hicieron con los derechos de “Kick-Ass”.

Desde entonces, la promoción del film ha sido incesante, y a base de clips, tráilers, preestrenos y críticas procedentes del otro lado del charco, el hype ha ido aumentando de forma considerable. EE.UU y otros muchos países ya tuvieron oportunidad de verla, y aunque su carrera comercial está siendo bastante discreta, gracias a su reducido presupuesto (30 millones de dólares) los números conseguidos hasta el momento la convierten en un éxito. De tratarse de un habitual blockbuster hollywoodiense, cuyas cifras se mueven entre los 100 y los 250 millones, probablemente sí estaríamos hablando de fracaso o, en todo caso, de una decepción. Pero si además tenemos en cuenta que el público al cuál va dirigida es muy concreto y que las críticas están siendo inmejorables, poca duda cabe que Vaughn ha triunfado como pocos lo hacen.

La historia de ‘Kick-Ass’ gira en torno a Dave Lizewski (Aaron Johnson), un estudiante de instituto del montón y gran aficionado a los cómics que un día toma la decisión de convertirse en un superhéroe, como los de las historietas que tan asiduamente lee.

Sin ningún tipo de superpoder ni nada que le haga especial o mejor que los demás, Dave se pone una máscara y se embute dentro de un disfraz para salir a las calles a combatir el crimen. Tras un poco de entrenamiento y unas primeras semanas de lo más tranquilas, Kick-Ass, como así se hace llamar, tiene la oportunidad de demostrar por fin sus habilidades superheroicas enfrentándose a un par de malhechores de poca monta. Desgraciadamente, su primera intervención no da los frutos deseados, y Dave acaba recibiendo una paliza que lo manda al hospital.

Tras ser intervenido varias veces, recibiendo placas de acero por casi todo su cuerpo, y realizando una posterior rehabilitación, nuestro joven protagonista decide ponerse nuevamente el disfraz de superhéroe. Gracias a una menor sensibilidad en su cuerpo, su segundo aparición obtiene mejores resultados, y pronto su nombre se convierte en todo un fenómeno seguido por internet y por los canales de televisión.

Pero Dave no es el único que anda por ahí combatiendo el crimen con un traje hortera, y pronto conocerá a Hit Girl (Chloë Moretz) y Big Daddy (Nicolas Cage), dos superhéroes (padre e hija) dispuestos a saldar una cuenta pendiente con el jefe de la mafia local, Frank D'Amico (Mark Strong) En este punto, es cuando realmente el joven tendrá que demostrar sus agallas y su valía como superhéroe enfrentándose a tipos armados hasta los dientes.

No hace falta haber leído el cómic para darse cuenta que ésta no es una película de superhéroes al uso, sino que se trata, nuevamente, de una vuelta de tuerca al género, a medio camino entre la parodia y el más sentido homenaje. Tampoco es la primera propuesta de este tipo que llega a nuestras carteleras, pues años atrás, a finales de los noventa, se estrenó Mystery Men, basada también en un cómic. Pero sí es la primera que logra hacerlo con éxito (la anteriormente citada fue un fracaso de taquilla pese a su interesante reparto)

Las bazas con las que cuenta “Kick-Ass” son su tono gamberro y descerebrado, su humor negro, sus altas dosis de violencia y su acercamiento a las nuevas tecnologías.

Analicemos todas ellas paso a paso.


El punto de partida de la historia es la de un chico normal y corriente que un buen día se calza un cutre disfraz con el que salir a la calle a hacer el bien y plantar cara a los criminales. Obviamente, semejante argumento ya es toda una declaración de intenciones.

El día a día de nuestro protagonista, entrenándose concienzudamente, ocultando su identidad a sus amigos y familiares, y prestando desinteresadamente sus servicios al bien de la comunidad (eso incluye también buscar a un gatito perdido), podría ser como la de cualquier superhéroe de viñeta que se precie si no fuera porque no tiene superpoderes ni ningún tipo de preparación física, y ni mucho menos dispone del dinero suficiente como para poseer un arsenal y un equipamiento adecuados para luchar contra el crimen. Por supuesto, estas carencias no le impiden llevar a cabo su labor con entusiasmo y dedicación, aunque su primer intento casi consiga que lo maten.

La situación en la que se encuentra Dave es la que da pie a numerosos momentos de lo más hilarantes. Ya el nombre que se autoimpone, Kick-Ass (algo así como “pateaculos”), da buena fe del tono irreverente que tiene la película.

El humor negro del que hace gala es su estandarte, consiguiendo, como ya he comentado, momentos bastante hilarantes y bizarros (aunque no tronchantes, para mi gusto). A destacar, por ejemplo, la secuencia que abre la película o el entrenamiento que recibe Mindy Macready / Hit-Girl por parte de su padre Damon Macready / Big Daddy para que ésta no tema a las armas de fuego.

La violencia es otro punto fuerte, ya que el director no tiene pudor alguno en mostrar secuencias de lo más bestias y sanguinarias, tanto con las palizas y torturas que padece Dave/Kick-Ass, como con la venganza que lleva a cabo la pequeña Hit-Girl. Por otro lado, las diferentes coreografías y escenas de acción, aunque mayormente fantasiosas y, en el caso de ésta última, impensables para una niña de 11 años (tampoco esperábamos realismo en esta cinta), están francamente elaboradas y resultan espectaculares, aunque en algún momento el escaso presupuesto le pase factura en cuestión de efectos especiales (SPOILER-- las escenas de vuelo de Kick-Ass cantan un poco, así como su atropello inicial, que parece salido de una de las películas de Mortadelo y Filemón, por lo chapucera y caricaturesca que resulta -- FIN SPOILER )

Las continuas referencias y guiños al mundo del cómic -Batman, sobre todo- harán las delicias de los comiqueros. Además la trama de la película discurre también por caminos harto conocidos por los superhéroes, como es el momento en el que nuestro héroe enmascarado se replantea su vida como defensor de la justicia (casi siempre por el riesgo que corren amigos y familiares)


De este modo, se reutilizan sabiamente los tópicos más habituales del género. Aunque hay que indicar que algunos puntos de la historia quedan un tanto forzados o incluso fuera de lugar pese al tono jocoso de la cinta. Véase, en este sentido, SPOILER-- la inmediatamente positiva reacción de Katie (Lyndsy Fonseca) al conocer la verdadera identidad de Kick-Ass (no cuela ni con cola), sus arrebatos sexuales con Dave (están de más) o su más bien improbable exnovio traficante de armas (hubiera sido mejor enlazar esa parte como la petición de otro fan y no como la de ella) o el chisme que Kick-Ass utiliza en el tramo final de la película (fantasmadas sí, pero sin excederse, y menos si el presupuesto no las cubre decentemente)—FIN SPOILER

También el hecho de recurrir a temas conocidos implica que todo resulte un tanto o bastante previsible, aunque Vaughn sabe sacarse un par de ases de la manga que dan frescura a la propuesta. SPOILER-- Uno de ellos es el momento en el que Big Daddy explica su historia a través de viñetas de cómic (todo un acierto); el otro, la parte que corresponde al rescate de Big Daddy y Kick-Ass, con una Hit-Girl atacando en modo primera persona (First Person Shooter) al igual que se hizo en la película Doom y, por tanto, un claro guiño al mundo de los videojuegos.

Esa mezcla de referencias, junto a temas tecnológicos tan a la orden del día como MySpace o Youtube, hará que el espectador actual –el adolescente, sobre todo- se sienta aún más identificado con la propuesta.

Pero realmente lo mejor de Kick-Ass no es el propio Kick-Ass, valga la redundancia, sino Hit Girl, o mejor dicho, Chloe Moretz. La pequeña actriz se desenvuelve con tanta soltura y desparpajo, que deja en pañales al resto de sus compañeros de reparto, quiénes, todo sea dicho, cumplen de sobras con su labor (y Nicolas Cage se redime un poco de muchas de sus últimas interpretaciones). Pero si además del buen hacer de Moretz tenemos en cuenta que su personaje es el más cañero de todos, queda patente que estamos ante un caso claro de “roba-escenas”. Y es que cada vez que ella aparece, la película gana enteros.

Si te chiflan los cómics en general y los superhéroes en concreto, está claro que “Kick-Ass” es tu película. En caso contrario, es probable que el revuelo montado a su alrededor te parezca exagerado o desproporcionado, y razón no te faltará. Un servidor tiene claro que no forma parte del público objetivo al que va dirigida esta propuesta, pero aunque no me haya entusiasmado en exceso (tampoco es que sea para tanto…), considero que sí se trata de un desvergonzado y ameno entretenimiento.

P.D.: Para vuelta de tuerca, me quedo con “Defendor”.



Valoración personal: