Sinopsis oficial: Baby (Ansel Elgort), un joven y
talentoso conductor especializado en fugas, depende del ritmo de su banda
sonora personal para ser el mejor en lo suyo. Cuando conoce a la chica de sus
sueños (Lily James), Baby ve una oportunidad de abandonar su vida criminal y
realizar una huida limpia. Pero después de ser forzado a trabajar para un jefe
de una banda criminal (Kevin Spacey), deberá dar la cara cuando un golpe
malogrado amenaza su vida, su amor y su libertad.
Comentario:
La forzosa salida de Edgar Wright de “Ant-Man” fue un enorme
bajón para todos, y no quiero ni imaginar lo que supuso para el cineasta, quien
llevaba mucho tiempo implicado en el proyecto. Pero como se suele decir, cuando
una puerta se cierra, otra se abre, y Wright acabó poniéndose manos a la obra
con una idea que llevaba tiempo rondándole la cabeza: rodar una cinta de acción
con persecuciones automovilísticas en la que la música fuera un componente
clave. Y “Baby Driver” es el brillante resultado de esa idea.
La combinación de la música y la acción está calculada al
milímetro. La precisión con la que ejecuta Wright estas trepidantes
persecuciones al ritmo de las canciones que Baby, el habilidoso conductor al
volante, escucha mientras conduce, es simple y llanamente espectacular. Pero no
sólo las persecuciones funcionan al ritmo del compás de la música, sino también
muchas otras escenas, logrando que los sonidos y las imágenes funcionen a la par,
se fusionen y conformen una mezcla indivisible y fascinante.
La cinta es casi como un gran videoclip de poco menos de dos
hora en el que se nos relata de la historia de un joven fuera de serie sobre
las cuatro ruedas que, no obstante, no deja de ser un chico ingenuo y
vulnerable. Aunque Baby sabe que lo que hace está mal, en cierto modo lo
disfruta. Es su modo de vida, a pesar que no la haya elegido él. Sabe que tarde
o temprano llegará el momento en el que pueda abandonar la senda del crimen.
Pero salirse no es tan fácil, y las cosas se complican todavía más cuando conoce
al amor de su vida.
Y es que “Baby Driver” es también una historia de amor. Probablemente
algo irreal (o dicho de otro modo, “muy peliculera”), pero irresistiblemente
cautivadora. Aunque más o menos sepamos de antemano como van a desarrollarse
los acontecimientos dentro del entorno criminal creado alrededor del “chico
conoce chica”, Wright se guarda un par de ases en la manga. Por un lado,
rompiendo la previsibilidad de los eventos para con algunos de los personajes prototipo
que emplea en la trama. De este modo, sus acciones llegan a sorprendernos y a dar
un pequeño giro de guión tan inesperado como agradecido.
Por otro lado, el final. Obviamente, no voy a desvelarlo
aquí, pero sí diré que Wright evita caer en el desenlace excesivamente idílico,
apostando por echarle unas gotas de realismo al asunto sin por ello sacrificar
su encanto. Probablemente, incluso mejorándolo y haciéndolo algo más creíble.
“Baby Driver” se postula como una de las películas del
verano. Refrescante, atrevida, imaginativa y repleta de ritmo. Con un personaje
protagonista carismático, unos secundarios de lujo y un director/guionista que
pisa a fondo el acelerador para dejarnos embelesados en la butaca.
VALORACIÓN PERSONAL

