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lunes, 30 de noviembre de 2015

“El puente de los espías” (2015) – Steven Spielberg



Sinopsis: James Donovan (Tom Hanks) , un abogado de Brooklyn especializado en la reclamación de seguros , se ve súbitamente inmerso en las entrañas de la Guerra Fría cuando la CIA le confiere la difícil misión de negociar la liberación de un piloto americano (Austin Stowell) capturado por la Unión Soviética.

Tras acercarnos a la figura de Abraham Lincoln, uno de los hombres clave en la historia de América, Spielberg pega un salto de varias décadas para de nuevo sumergirse en política con una historia, esos sí, mucho menos densa y más evocada al buenrollismo que al elocuente dramatismo. Lo que no quita que, más allá de sus amables intenciones y su happy ending, sea un sólido y crítico drama político.

Una cinta que nos acerca a los albores de la Guerra Fría, cuando las tensiones entre EE.UU. y la Unión Soviética estaban a flor de piel, y el mínimo paso en falso podía significar una abierta declaración de guerra.

Uno de los momentos más calientes del conflicto se produce cuando el FBI arresta a un presunto espía soviético, Rudolf Abel, y lo recluye en una prisión federal a la espera de juicio.

Con tal de dar una imagen de respetable rectitud procesal, deciden concederle al acusado la oportunidad de ser defendido por un abogado de intachable reputación. Una mera pantomima para deshacerse del problema con el beneplácito del público y con la conciencia tranquila. Pero con lo que no cuentan ni el Gobierno, ni el FBI ni la CIA, que anda detrás de todo lo que tenga que ver con el espionaje (interno o ajeno), el elegido para afrontar semejante encargo, James B. Donovan, es un hombre íntegro de los pies a la cabeza. Un abogado que cree firmemente en la ley y la justicia, y que está dispuesto a ejercer sus funciones con toda la legitimidad y dignidad que considera afines a su oficio. Aunque ello le suponga miradas de rechazo y profundo desprecio entre sus propios compatriotas. Y es que defender a un espía ruso no es, precisamente, una bendición. No obstante, es un reto que Donovan decide aceptar y llevar a cabo sean cuales sean las consecuencias, asumiendo los riesgos del mismo; riesgos que afectan no sólo a su imagen pública o a su posición dentro del bufete, sino también al bienestar de su familia, a quienes sus decisiones afectan directamente y pueden ponerles en el punto de mira de miles de estadounidenses enfurecidos. Y es que sólo hay algo peor para un estadounidense que un comunista, y es un traidor (o lo que ellos consideren como tal).

De este modo, y sin comerlo ni beberlo, Donovan se convierte en el gran héroe americano que nadie querría ser. Porque su integridad profesional y su inquebrantable rectitud ética y moral son la base de sus acciones y lo que le lleva de Brooklyn al corazón de una Alemania en plena construcción del muro de Berlín. Y todo para negociar, sin el amparo oficial de su propio gobierno (si algo sale mal, se queda solo), el intercambio de prisioneros entre dos naciones al borde de la guerra. Un proceso en el que está en juego no sólo su pellejo y la vida de dos hombres (y de un tercero que entra inesperadamente en escena), sino también de millones de personas; las vidas de los ciudadanos estadounidenses y rusos que viven con temor el día a día ajenos a los acontecimientos que se están produciendo en la sombra.


Sin duda, una época oscura a la que esta cinta pretende volcar un rayo de luz y esperanza, contándonos la historia verídica de James Donovan, un hombre de familia que lo arriesgó todo para hacer lo que creía correcto, más allá de los intereses políticos de su país o de sus propias creencias e ideologías. Un hombre al que da vida espléndidamente (no podía ser de otro modo) Tom Hanks en su cuarta colaboración con el Steven Spielberg.

Un relato humanista en el que el cineasta demuestra, una vez más, sentirse muy a gusto. El tipo de película plagada de buenas intenciones que el director sabe sacar adelante sin la pesadez de la moralina de la que otros hacen uso (y abuso). No hay más que echar un vistazo a “War Horse”, otra muestra de buen cine que quizás nunca llegue a apreciarse como realmente merece.


La dupla Spielberg-Hanks, garantía de calidad.
 No deja un poso tras su visionado como otras películas del cineasta.




Valoración personal: 

jueves, 27 de octubre de 2011

“Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” (2011) - Steven Spielberg

Critica Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio 2011 Steven Spielberg
Traducidas a más de 70 idiomas, Las aventuras de Tintín escritas e ilustradas por el belga Georges Remi (bajo el seudónimo de Hergé) son todo un referente de la historieta del siglo XX. Su protagonista, un intrépido reportero de curioso tupé llamado Tintín, ha vivido emocionantes aventuras por todo el mundo a lo largo de 24 álbumes, de los cuales se han vendido más de 250 millones de copias. No es extraño, pues, que dada su popularidad, el personaje hiciera el salto de las viñetas al celuloide; primero con una poco conocida cinta animada en stop-motion, luego en una producción franco-belga (que llegó a tener secuela) con actores de carne y hueso encarnando a los famosos personajes de Hergé, y finalmente con películas y series animadas para el mercado doméstico. Probablemente estas últimas adaptaciones sean las que más aceptación han tenido entre los tintinófilos, si bien parecía que a Tintín le hacía falta aún una gran superproducción en cartelera que lograra llegar no sólo al adepto sino también al espectador ajeno a la obra del artista belga. Y ese momento por fin ha llegado con “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio“.

El curioso e insaciable joven periodista Tintín (Jamie Bell) y su leal perro Milú descubren, por casualidad, un centenario misterio escondido en la maqueta de un barco bautizado como “El Unicornio”. Intrigado por semejante hallazgo, Tintín se embarca en una minuciosa investigación que le sitúa en el punto de mira de Ivan Ivanovitch Sakharine (Daniel Craig), un hombre avaricioso y sin escrúpulos que anda tras un valioso tesoro vinculado a un cruel pirata llamado Rackham el Rojo.
Con la ayuda de su perro Milú, el mordaz y cascarrabias capitán Haddock (Andy Serkis) y los torpes detectives Hernández y Fernández (Simon Pegg y Nick Frost), Tintín viajará por medio mundo procurando ir un paso por delante de sus enemigos en una incesante persecución para hallar el lugar donde finalmente descansa “El Unicornio”, un navío hundido que puede contener la clave de una cuantiosa fortuna...

Treinta años han pasado desde que Steven Spielberg descubriera por primera vez la obra de Hergé y se convirtiera, desde ese instante, en un apasionado de las aventuras del joven Tintín. En este tiempo, el director ha adquirido, perdido y vuelto a adquirir los derechos sobre el personaje, y tras alguna que otra intentona frustrada, por fin ha conseguido llevarlo a la gran pantalla.

Esta película, primera de una ambiciosa trilogía a dos manos entre Spielberg y Peter Jackson, reúne y unifica las historias de “El Cangrejo de las Pinzas de Oro”, “El Secreto del Unicornio” y “El tesoro de Rackham el Rojo” escritas por Hergé.

Todo empieza con la compra de una maqueta de un barco que, al parecer, oculta un misterioso secreto en su interior. La maqueta, en posesión de Tintín, es pretendida por Sakharine, buen conocedor de que en ella se encuentra una de las tres claves que necesita para localizar un valioso tesoro que se halla bajo el mar. El encuentro entre ambos propiciará que el joven periodista conozca al capitán Haddock, capturado por Sakharine para sus pérfidos fines. Con tal de hallar las claves para averiguar la localización del tesoro y con ello desbaratar los planes de su temible adversario, nuestros tres protagonistas -Tintín, Haddock y el inteligente Milú- se verán inmersos en un viaje repleto de obstáculos que superar y enemigos que batir.


Desde sus espléndidos créditos iniciales (todo un historial tintinesco) hasta su último plano, la película hace alarde de una imaginación y una inventiva visual increíbles. La presentación de nuestro protagonista brilla por su concisa y explicativa sencillez, mostrándonos recortes de periódico con los que se nos da a entender que se trata de un reportero experimentado en situaciones de todo tipo; un joven que no tiene miedo a asumir riesgos con el fin de resolver misterios y lograr un buen artículo. Y si se tercia, impartir también algo de justicia.

Las transiciones de unas escenas a otras destacan por su original tratamiento y las secuencias de acción cuentan con una elaboradísima planificación endiabladamente frenética y alocada. Y es que Spielberg ha sabido aprovechar las herramientas que le permite el campo de la animación para manejar con inmaculada precisión toda la puesta en escena. La concepción de los planos y la escenografía, las virtuosas coreografías en la acción, el manejo de un ritmo agitado pero sin apabullar… Todo meticulosamente estudiado y al servicio de una historia repleta de misterio y humor, mucho humor.

Y es que la animación parece ser el formato más adecuado para el concepto de disparatada aventura que el director maneja en esta película. Lo que vemos en pantalla (personajes, gags, acción…) se mueve dentro de los parámetros del slapstick, siendo todo muy caricaturesco (precisamente lo que requería dicho personaje). Quizás eso no exigiera que se empleara la motion capture, pues bien podría haber servido la animación CGI habitual, pero hay que reconocer que la calidad visual que ostenta es uno de sus mayores atractivos.

La técnica, ya empleada con tibios resultados por Robert Zemeckis en sus últimos largometrajes, sigue mostrándose un tanto defectuosa -o mejorable, si se prefiere- en lo que a expresividad de los personajes se refiere. Aún observándose una mejoría respecto a sus predecesores, los rostros siguen sin resultar del todo convincentes. Las texturas tienen un acabado impecable, pero el movimiento sigue antojándoseme ortopédico. Incluso la gestualidad y movimientos del cuerpo tiene sus más y sus menos (a ratos son más naturales y a ratos no tanto). De todas formas, juega a su favor que el diseño de personajes mantenga, precisamente, la caricaturización de las viñetas, funcionando mejor la expresividad cuanto más exagerados son los rasgos faciales. Es por ese motivo que, a nivel expresivo, Haddock convence mucho más que Tintín, éste último de facciones más suaves y realistas.

Hablando precisamente de estos dos personajes, sobra decir que forman una pareja aventurera perfecta a pesar de sus dispares caracteres. La torpeza de uno (el lobo de mar de Haddock) es compensada por la astucia del otro (el habilidoso y locuaz Tintín). Juntos protagonizan uno de los tramos más trepidantes e hiperbólicos de la película a bordo de un sidecar, lo cual nos lleva irremediablemente a acordarnos de Henry Jones Jr. y padre en “Indiana Jones y la última cruzada” (sabréis de sobra a qué secuencia me refiero). Por otro lado, Haddock nos obsequia con su momento de gloria al rememorar -flashback mediante- una antigua hazaña de un antepasado en un vibrante abordaje pirata.


Por obra y gracia de la motion capture y del trabajo de todo un especialista en este campo, Andy Serkis, el bueno –y borrachín- del capitán (que a servidor le recuerda más a Harrison Ford, sobre todo al de “Seis días y siete noches”) termina robándole cierto protagonismo al reportero gracias a sus graciosas y a veces disparatadas intervenciones. Claro que para robaescenas ahí está también el pequeño Milú, un can tan espabilado que deviene en un inestimable compañero de fatigas.

Según pensaba el propio Hergé, Spielberg era el único director capacitado para hacer una película basada en su trabajo. Y tenía razón.

Un neófito tal como un servidor es incapaz de percibir la multitud de referencias al universo Hergé que de buen seguro el aficionado captará al instante, y quizás por ello el director nos deja algún que otro (auto)guiño cinéfilo (véase “Tiburón”) para nuestro regocijo.

De cualquier modo, “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio” es una disfrutable cinta de animación que hará las delicias de los fans de Tintín y contentará también al que busque buen cine de aventuras. Sus casi dos horas se hacen cortísimas, lo cual es un buen síntoma para acoger con los brazos abiertos sus futuras secuelas, siempre y cuando la taquilla responda. Y si lo hace, sé de uno (un tal Zemeckis…) que se va a dar de cabezazos contra la pared.

P.D.1: La loable banda sonora del gran John Willams se contagia de ese tono humorístico de la película, componiendo una partitura muy risueña y jazzística (amén de afrancesada, si se me permite la obviedad, dada la naturaleza franco-belga del personaje). Además ofrece las consabidas aportaciones orquestales enérgicas que acompañan los momentos más trepidantes. Se echa en falta, no obstante, un leitmotiv que quede grabado en la memoria.

P.D.2: Como sé que me lo vais a preguntar… Decir que el 3D se emplea para otorgar profundidad y poco más. Por tanto, no molesta (que ya es mucho) pero tampoco aporta un plus indispensable al visionado de la película. Los que gusten de ponerse las dichosas gafitas no se sentirán estafados (a menos que esperen un efecto estereoscópico espectacular), y el resto podrá disfrutarla de igual manera en 2D.





Valoración personal:

miércoles, 21 de mayo de 2008

"Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" (2008) - Steven Spielberg

Son 27 los años que han trascurrido tras la primera aparición del aventurero Indiana Jones en nuestras pantallas de cine, y casi 20 desde que lo hizo por última vez con la tercera entrega de la saga. Parece que fue ayer cuando Indy se liaba a mamporros con unas nazis o una secta sangrienta, cuando saltaba sobre tanques y camiones en marcha o hacia volar aviones; o cuando derribaba puentes o era perseguido por una bola de piedra gigante.

Qué tiempos aquellos!! Y que grandes satisfacciones nos dieron esas fabulosas películas (y otras tantas de la década)
El trío Lucas, Spielberg y Ford nos convencía una y otra vez que ellos eran los reyes del cine de aventuras moderno y nadie se lo podía discutir. Una sabia mezcla de humor, acción y romanticismo nos ofrecía un entretenimiento 100% disfrutable.

Y cuando ya creíamos que la puesta de sol con la que se alejaban Indy y cía en la tercera entrega suponía el fin de un ciclo, ahora nos llega una cuarta parte que nos recuerda que al Dr. Jones aún le quedan unas cuantas aventuras que vivir.

Si esta “Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull” es innecesaria o no, poco importa ya, porque aquí está y somos muchos los que la hemos recibido con los brazos abiertos.
Puede que llegue con 10 de años de retraso o puede que nisiquiera la desearamos tanto como sus creadores la necesitan, pero lo que está claro es que ha sido concebida con todo el cariño del mundo hacia el personaje y sus incondicionales fans. Eso no quita que las nuevas generaciones puedan disfrutarla, pero es de calle que serán los primeros (incluyéndose un servidor entre ellos) quienes disfrutaran de cada guiño, de cada referencia a anteriores películas y viejos personajes. Y es que si hay algo que no puede evitar esta tercera secuela es derrochar nostalgia por los cuatro costados, y eso, sin quererlo, ya nos tiene ganados a (casi) todos.


Estamos en 1957, en plena Guerra Fría. Los tiempos han cambiado y las inquietudes y los miedos de la sociedad también. Ahora los jóvenes bailan rock and roll, visten chupas de cuero y desafian las leyes de la gravedad con sus tupés.
Las dos potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. y URSS, se espían mutuamente y desarrollan nuevos artefactos con los que protegerse el uno del otro (o mejor dicho, destruirse)
En esta época de cambios, el Dr. Henry Jones es un perro viejo con decenas de hazañas a sus espaldas y con amigos y seres queridos a los que ha dejado atrás o a los que el tiempo se ha llevado a un lugar, queremos creer, mejor.
Pero hay costumbres que no cambian nunca, y para nuestro Indy aún es temprano para colgar la fedora y guardar el látigo en el baúl de los recuerdos. Un nuevo reto le hará embarcarse en otra de esas arriesgadas y emocionantes misiones a través del mundo, descifrando enigmas y desenterrando antiguos tesoros.

El joven rebelde Mutt Williams (Shia LaBeouf) acude al Dr. Jones para que le ayude a encontrar al Profesor Oxley (John Hurt), un viejo amigo de éste y como un padre para el primero después de que el suyo muriera en la guerra. Sus únicas pistas son una carta del profesor dirigida a Indy (con clave secreta incluida) y una antigua leyenda acerca de la Calavera de Cristal de Akator, un objeto legendario tras el que iba Oxley.
Indy y Mutt se dirigirán a Perú en busca de la mítica ciudad de oro, lugar del que supuestamente procede la citada Calavera. Una vez allí descubrirán que no son los únicos que la buscan, ya que tras ella irá también una unidad militar soviética capitaneada por la fría y letal Irina Spalko (Cate Blanchett) con la que nuestro héroe ya había tenido un encuentro previo.

De nuevo, habrá que hacer frente a fantásticas leyendas y a temibles villanos para hacerse con la preciada reliquía. Demostrando, obstáculo tras obstáculo, que a nuestro Indiana Jones aún le quedan fuerzas y agallas para enfrentarse a todo lo que se le eche encima.


Admito cierto recelo antes de la proyección del film, pero cualquier duda que pudiera albergar ante este inusitado regreso ha quedado disipada tras las dos horas y diez minutos de diversión y espectáculo que he tenido el gustoso placer de contemplar.

Que nadie se lleve las manos a al cabeza porque este sigue siendo nuestro Indy de siempre. Más canoso y con más arrugas (y experiencia), pero con los mismos defectos y virtudes de las anteriores entregas. Ni su socarronería ni su intrepidez han decaído. Sigue blandiendo el látigo como nadie, aunque los cálculos no siempre sean exactos. Sigue asaltando tumbas, resolviendo acertijos y zurrando a los villanos de turno sin titubear, por mucha caña que le den.

Ni que decir que Harrison Ford vuelve a encarnar a nuestro aventurero como si no hubieran pasado los años y demostrando que él y nadie más puede ser Indy. Su carisma y presencia podrán ser imitados pero jamás ser competencia. Nadie puede hacerle sombra a todo un icono de la historia del cine ni al actor que le ha dado vida a lo largo de cuatro películas.

A esta nueva aventura se le unen nuevos compañeros de viaje. Uno de ellos es George “Mac” McHale (Ray Winstone), un viejo compatriota y amigo de Indy; y el otro es Mutt Williams, que representa la jovialidad, la impericia, el cambio o revolución...¿el relevo?

Shia/Mutt funciona como el perfecto contrapunto entre maestro y aprendiz. La experiencia de uno contrasta con el ímpetu del otro. Saben que se necesitan el uno al otro y aunque a priori parezcan dos personas muy distintas entre sí, pronto descubrirán que comparten el mismo espíritu de aventura esencial para hacer frente a los acontecimientos que se les presentan.

Además de los nuevas caras tenemos otra ya conocida, como la osada Marion Ravenwood (Karen Allen), un antiguo amor de nuestro héroe y la fémina que más hondo ha calado en él.
Su regreso es vital para la historia, por no decir que es el motivo principal de la razón de ser de esta secuela. Sin ella, esta sería una secuela más, y es por ello que su presencia significa un paso más allá en la vida de Indy.


En el contexto en el que se desarrolla todo era dificil imaginar un nuevo macguffin desencadenante de la historia que no fuera el tema de los extraterrestres, seres recurrentes y muy de moda en la década de los cinquenta, algo que quedó bien reflejado el cine de ciencia-ficción de aquellos años.
Es por ello que el argumento elegido, aunque al principio resulte un poco chocante con las temáticas de las anteriores entregas, supone un original y fresco aliciente para desarrollar nuevas peripecias a las que deba hacer frente Indy.
Puede que a algunos esta idea les siga descolocando, pero ya digo que no se convierte en ningún momento en un estorbo, dado que no es más que la enésima excusa para que el prota se calce otra vez la chaqueta, el sombrero y el látigo.

Y como no podía ser de otra manera, en esta ingenua década los villanos de turno son los soviéticos. Al frente, el personaje que encarna Cate Blanchett.
Irina Spalko no se detendrá ante nada para conseguir sus objetivos, y eso incluye el secuestro, el asesinato, la traición, las trampas, etc. Quizás lo único que se le puede objetar a este nuevo villano es el tono un tanto caricaturesco que tiene. No sabemos si intencionado o no. Aún así, dejará huella como antagonista.

Por lo demás, esta cuarta parte nos ofrece lo mismo que sus predecesoras, aunque más “a lo grande”. Y es que Spielberg y Lucas no han desaprovechado la oportunidad que les brindan las nuevas tecnologías de hacer algo más espectacular (e incluso aparatoso).
Si no fuera por ciertos momentos puntuales donde los efectos digitales son los reyes de la función, uno apenas encontraría diferencias entre una entrega y otra, salvo claro, la edad de Indy.
Quizás se han “flipado” un poco en algunas secuencias, pero eso ya es algo habitual en el cine de hoy en día. O lo tomas o lo dejas, y yo ya me he resignado (o acostumbrado, que suena mejor)

Así que alejad vuestros temores y suprimid vuestras dudas porque en “Indiana Jones y el reino de la calavera” no hay lugar para el aburrimiento. Es cine de evasión en estado puro. Los guiños os sacarán una sonrisa, os reireis con los diálogos entre los personajes, las trepidantes secuencias de acción os harán vibrar, los momentos nostálgicos os emocionarán, y Marion y Indy os volverán a robar el corazón. Ese corazón cinéfilo que late con más fuerza cuando gozamos de verdad en el cine.

Un bajón en la saga? Para nada. No es más que otra excelente película de aventuras. Otra más de nuestro aventurero/arqueólogo/profesor favorito: Indiana Jones. ¿Un desenlace un tanto conservador? ¿Demasiada pantalla verde? ¿Una trama estrambotica? ¿Quizás un tanto light en lo que a violencia se refiere? ¿Alguna que otra fantasmada? Sí a todas esas preguntas. Pero son minucias que no empañan este maravilloso espectáculo, entretenido de cabo a rabo y sumamente divertido.

Funciona como una más de la saga, pero si hay que comparar, para mí está en el podium de las mejores. Pero eso ya va a gustos, porque ni tan siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo en cuál es nuestra favorita (la mía, la tercera)

Así que entrad en la sala, sentaros en una butaca y preparaos para retroceder en el tiempo y disfrutar como enanos, porque Indiana Jones ha vuelto!


Valoración personal:

"Indiana Jones y la última cruzada" (1989) - Steven Spielberg

No hay dos sin tres. O almenos eso pensaron los productores de la saga tras el éxito de “En busca del arca perdida”, ya que se aseguraron que el trío fantástico formado por Ford, Lucas y Spielberg firmara una contrato que les comprometiera a realizar dos películas más del aventurero Indiana Jones.

Y así fue como a lo largo de cinco años Lucas y Spielberg fueron barajando varias posibilidades que sirvieran como excusa para meter a Indy en una nueva aventura.
Descartaron acercarse a la mitología china y su leyenda del Rey Mono, y optaron por una idea que propuso Lucas con anterioridad y que Spielberg había rechazado por considerarla demasiado etérea: el Santo Grial.
La solución fue fácil. Tan sólo con atribuirle poderes mágicos a dicho objeto (en este caso, la inmortalidad) el inconveniente estaba resuelto.

Así pues, ambos se pusieron manos a la obra para llevar a cabo la tercera parte de la saga, de nuevo con Harrison Ford a bordo del proyecto y con alguna que otra novedad más que interesante.

Esta historia se situa en 1938, dos años después de hallar el Arca de la Alianza. El magnate Walter Donovan (Julian Glover) contacta con nuestro arquélogo para encomendarle la misión de encontrar el famoso Santo Grial, el cáliz usado por Jesús en la Última Cena y del cuál se dice que otorga el poder de la inmortalidad a aquél que beba de él.

En un principio, el Dr. Jones no está muy por la labor de aceptar el encargo, ya que no cree demasiado en fantasiosas leyendas. Sin embargo, cambia de opinión cuando Donovan le hace saber que su padre, también arquélogo y profesor, desapareció durante la investigación de la búsqueda del Grial tras ser contratado previamente por éste.
Por ello, Indy decide calzarse de nuevo su habitual vestimenta de campo para no sólo encontrar la dichosa y preciada reliquía, sino también para encontrar a su padre, con el que hace 20 años que no se habla por diferencias personales.
En esta nueva hazaña, Indy contará de nuevo con la ayuda de su fiel aliado Sallah (John Rhys-Davies), de su mejor amigo Marcus Brody (Denholm Elliott) -decano de la universidad en la que Jones imparte clases- y también se le ofrecerá la colaboración de Elsa Schneider (Alison Doody), mano derecha del magnate.

Indy volverá a descifrar claves secretas, a meterse en lugares de lo más reconditos e infestados de la más desagradable fauna, a enfrentarse con los nazis y a seducir a una bella dama. Todo ello sin despeinarse y con el buen humor de siempre.


El inicio de esta tercera entrega es uno de los más reveladores y emocionantes de toda la trilogía, mostrándonos a un joven Indy (el malogrado River Phoenix) metido a Boy Scout y viviendo su primera aventurilla para salvaguardar un reliquía que, según él, debe permanecer en un museo (ahí podemos comprobar las honestas convicicones que distingue a este hombre de otros “asaltatumbas”)

Perseguido por unos cazatesoros, el inexperto Indy se ve inmerso en una endiablada carrera en la que deberá sortear obstáculo tras obstáculo. Todo esto nos revelerá algunas de las claves que conforman la personalidad e indumentaria de nuestro héroe. Desde esa cicatriz en la barbilla, autolesión producida al manejar por primera vez un látigo -objeto imprescindible en sus posterioes misiones- hasta su pánico por las serpientes al caerse en un habitáculo infestado de estos escurridizos reptiles, pasando por cómo el sombrero se convierte en un complemento característico de su indumentaria.

Pero ésta no es la única forma en la que sabremos más de la vida de Indy, sino que la inclusión de la figura materna nos mostrará como es en lo familiar y que es lo que ha heredado de papaíto.
Ahí juega un papel vital el personaje que interpreta magníficamente Sean Connery.
La química entre los dos actores es palpable en cada fotograma en el que coinciden. La misma galantería, el mismo espíritu de aventura, la sinigual socarronería y el inquebrantable orgullo son rasgos comunes en padre e hijo. Si bien sus métodos son distintos y su forma de resolver las situaciones revela las diferencias entre una generación y otra, además de que Indy es un hombre de acción y Henry Jones es una rata de biblioteca.

Estas frescas aportaciones unidas a las constantes de sus predecesoras, es decir, acción, humor y fantasía, son la clave del éxito de esta tercera parte.

Indiana Jones vuelve a enfrentarse a un grupo de ambiciosos nazis que pretenden hacerse con el legendario poder del objeto a buscar, por lo que sortear peligros a bordo del más inusual transporte, bien sea un lancha o un tanque, será la tónica habitual de los peligros que deberá afrontar el prota.
La inestimable ayuda de sus compañeros de viaje será crucial para salvar el pellejo en más de una ocasión, y las traiciones de los supuestos aliados, pese a ser algo común en sus hazañas, seguirán siendo toda una sorpresa para el confiado héroe.


De nuevo, una película de Indy trae consigo dos horas de simple pero efectivo entretenimiento, cargado de humor, de escenas de acción trepidantes y de efectos especiales de alucine (aunque hoy en día hayan quedado anticuados)

Una fantástica aventura concluye con una bonita puesta de sol hacia la que se alejan nuestros protagonistas y en la que nuestro aventurero favorito se despedía para dejar su futuro en manos de nuestra ya nutrida imaginación.

Casi 30 millones de dólares en su primer fin de semana de recaudación son una muestra más que evidente de que el público jamás se ha cansado de ver a Indy en pantalla grande. Por ello, no es extraño que al día que escribo esto, esté al caer el estreno de “Indiana Jones y el reino de la calavera”, última y ¿definitiva? entrega de las peripecias de este particular profesor de historia.


Valoración personal:


jueves, 15 de mayo de 2008

"Indiana Jones y el templo maldito" (1984) - Steven Spielberg

Tras el enorme éxito de público y crítica que cosechó “En busca del arca perdida”, no es de extrañar que unos años más tarde surgiera su pertinente secuela. Para tales menesteres, Lucas y Spielberg volvieron a reunirse para trabajar en otra historia que llevara a nuestro simpático arqueólogo a asumir nuevos riesgos y vivir emocionantes aventuras en busca de otra preciada reliquia.
Por supuesto, Harrison Ford volvería a encarnar al Dr. Jones, aunque esta vez le secundarían en el viaje dos nuevos acompañantes.

Así, en 1984 se estrenaría la que sería la segunda parte de la saga y, a juicio de una inmensa mayoría (incluyendo a sus propios artífices), la más floja de todas las entregas, o dicho de otra manera, la menos buena. Claro que esto va a gustos y tengo constancia que para unos cuantos ésta es su preferida.
Lo que no se puede negar es que sí es la más oscura de todas, tanto por su temática como por su inusitado gore, más si la comparamos con la benevolencia de su predecesora, mucho más amable y familiar que ésta. Es más, tras esta película se creó la hoy habitual calificación PG-13 de la MPAA (no recomentada para menores de 13 años) para dar un mayor margen de edad entre los films para mayores de edad y para menores, dependiendo de su contenido violento y/o sexual.


Indiana Jones and the Temple of Doom” empieza en un local de Shangai llamado Obi Wan Club (una de las muchas referencias de Lucas hacia su saga galáctica), donde Indiana Jones se ve envuelto en una trifulca con unos clientes que no sólo no quieren pagarle sus servicios sino que además pretenden borrarlo del mapa.
Tras el inmenso alboroto montado, en el que los puñetazos se suceden uno tras otro y las balas sobrevuelan la cabeza de nuestro protagonista, Indy finalmente logra escapar con vida del lugar, arrastrando consigo a una hermosa cantante del local, Willie (Kate Capshaw), y dirigiéndose hacia el aeropuerto en un coche conducido por su pequeño amigo de 12 años, Tapón (Jonathan Ke Quan) -o Short Round en su versión original-.

Los tres emprenden su huída de Shangai con un avión del que acaban saltando al vacío debido a un “problema de pilotaje”, por así decirlo.
Con un bote salvavidas como improvisado paracaídas, los tres viajeros acaban en un pequeño poblado de la India donde son acogidos por los lugareños por un motivo en concreto. Dicho motivo es, como cabría esperar, recuperar una vieja reliquia. En este caso se trata de una piedra sagrada que protege a sus habitantes y que ha sido robada por una secta conocida como los Thuggies, los mismos que han raptado a todos los niños del poblado. Dos razones más que suficientes para que nuestro Indy se embarque en una nueva aventura.

Los Thuggies se ocultan tras las paredes del palacio de Sankat, lugar al que nuestros protagonistas se dirigirán en busca de la misteriora piedra y de los niños capturados. Allí deberán hacer frente a los numerosos peligros que les acarreará entrometerse en los asuntos de una secta un tanto particular.


Tal como he citado al inicio de la reseña, esta película es la más oscura de la trilogía original, lo cual no implica que esté exenta de humor, sino más bien todo lo contrario. Y es que para contrarestar es toque tenebroso que posee, se opta por explotar con -mayor o menor- acierto la vertiente cómica entre sus protagonistas.

Por un lado tenemos el personaje femenino de la historia, que ahora en vez de ser una mujer de armas tomar como lo fue Marion en la primera entrega, pasa a ser una ingenua y patosa estrella de la música que provocará más de un quebradero de cabeza a Indy. De esta forma, aprovechando sus meteduras de pata y sobretodo su más que evidente química con Indy, se resuelve la papeleta de otorgar al film un rol que funcione como contrapunto a la personalidad del héroe protagonista. Al fin y al cabo, la indefensa chica en apuros que de vez en cuando es de gran ayuda pero que en la mayoría de las ocasiones se convierte un estorbo, suele funcionar en toda película de aventuras que se precie. Si bien es preferible que no sea así siempre, ya que hay que reconocer que su personaje a veces puede resultar un poco irritante.

La otra vertiente cómica -sin contar la habitual desfachatez de Indy- la tenemos en Tapón, el joven compañero de aventuras que “adopta” Indy en esta entrega que, recordemos, acontece un año antes de lo sucedido en la primera, es decir, en 1935 (por aquello de no repetir con los nazis por villanos)
Aunque a menudo discutan (especialmente cuando juegan a cartas y los dos hacen trampas) este personaje se nos presenta como un fiel amigo de Indy, al que el joven tiene como un ejemplo a seguir. Son sus discusiones con el Dr. Jones -como así prefiere llamarlo él- y también sus momentos torpes donde radica la comicidad entre ambos y ese apreciable toque de humor que impregna toda la historia.

Estos dos personajes, que como ya digo, aportan la parte más humorísitca del film, pueden ser tanto un punto a favor como un punto en contra, todo dependiendo de cómo calen éstos en el espectador. En lo personal, Tapón siempre me resultó bastante cargante y lo ví más como un aspecto negativo dentro de la trama que no como algo positivo (elección innovadora pero quizás poco convincente, a mi gusto)

De todas formas, si hay algo de lo que peca esta nueva entrega es de su simpleza y vacuidad en lo referente al guión, considerándolo bastante menos trabajado que su precesora y sometido a los designios de un público deseoso de más acción y menos complejidad en la historia.
Tampoco es algo demasiado grave ya que al fin y al cabo, como película de aventuras, cumple a la perfección. De hecho, contiene una de las secuencias más trepidantes de toda la trilogía: la persecución en la mina a bordo de las carretillas. Espectacular, emocionante y memorable secuencia cuyo filmación se prolongó a lo largo de cuatro meses.

Destacar también la escena del puente, otra de las más destacables del film y de la saga. Es por ello que no se puede decir que ésta sea la menos disfrutable, sino más bien la menos redonda de las tres.

Aceptando su concepción como un punto de inflexión no ya del propio personaje sino de las carreras y vidas personales de ambos directores (Lucas afrontaba un divorcio y E.T. El Extraterrestre de Spielberg fue un tanto ninguneada en los Oscars), tenemos por delante un trepidante film de aventuras que acontece en un espacio reducido cargado de misticismo y tenebrosidad (para nada aspectos negativos), con unos malos muy malos y sanguinarios, con un Indy más socarrón que de costumbre y con unos acompañantes torpes y graciosos. Y no nos olvidemos tampoco de otros protagonistas de la cinta: los bichos, a cuál más repugnante y escurridizo.

Por tanto, pese a considerarla la más floja de las tres, el público siguió disfrutando con las aventuras y desventuras de Indiana Jones, y sus 23 millones de presupuesto se convirtieron en 180 millones de recaudación sólo en EE.UU., siendo el tercer film más taquillero de aquel 1984, por detrás de otros éxitos como Cazafantasmas y Superdetective en Hollywood.

Con semejantes resultados, ¿por qué no realizar un tercer capítulo?
Cinco años más tarde llegó la respuesta, volviendo el efectivo trío a deleitarnos con otra fantástica entrega titulada “Indiana Jones y la última cruzada” (con papá Jones incluido)


Valoración Personal:

martes, 6 de mayo de 2008

"En busca del Arca Perdida" (1981) - Steven Spielberg

Atención: Esta reseña contiene detalles relevantes de la trama.

Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark” fue la película que abrió la saga del aventurero Indiana Jones, la que marcó un antes y un después dentro del cine de aventuras y la que es consideraba por muchos la mejor entrega de todas.

Una historia ideada por George Lucas en colaboración con Phillip Kauffman (propuesto en un principio para dirigirla), escrita finalmente por Lawrence Kasdan (ya se había hecho cargo del guión de “El Imperio Contraataca”) y dirigida por el Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg (tras el fracaso de su comedia ”1941”), dió como resultado una de las películas más taquilleras de la historia y una magnífica cinta de aventuras, imitada y parodiada hasta la saciedad.


El primer tramo del film nos muestra al personaje metido de lleno en una de sus aventuras, concretamente en Sudámerica, para encontrar el ídolo Hovito, un valioso objeto de un antiguo templo. A través de la espesa jungla y procurando no ser descubierto por los nativos de la región, el arqueólogo Indiana Jones, en compañía de otros dos viajeros, da con el Templo Hovito. Una vez allí, debe sortear todas las trampas mortales que los antiguos pusieron para que nadie robara la preciada reliquia.
Justo cuando tiene en su poder el objeto, el templo empieza a desmoronarse y la huída debe ser más apresurada de lo esperado. En ese momento, Indy debe hacer frente de nuevo a las trampas, a la traición de uno de sus compañeros (Alfred Molina en un brevísimo papel) y una vez fuera del templo, a Rene Bellog (Paul Freeman), otro arqueólogo y su principal rival, quién finalmente le arrebata la reliquia.

En esta primera parte, a modo de presentación del personaje y de uno de los antagonistas, se sucede una de las secuencias más recordadas de la saga y que tiene lugar dentro del templo, justo cuando Indy inicia su huída de él. Se trata de la escena en que una bola gigante persigue a nuestro héroe y de la que éste se libra por los pelos.
La gran bola, fabricada en fibra de vidrio, media unos 6,5 metros de diámetro y se desplazaba a través de unos raíles ligeramente elevados. Harrison Ford ensayó la escena durante dos días, más de treintena de veces. Para su seguridad, había varios hombres encargados de detener la bola por si éste tropezaba. De todas formas, al estar los raíles elevados, Ford tenía la posibilidad de tirarse al suelo y dejar que la bola le pasara por encima sin causarle el más mínimo rasguño.


Tras este agitado inicio, nuestro Indy regresa a casa, en Connecticut, donde imparte clases en una universidad. Allí el gobierno estadounidense le encarga un nuevo cometido relacionado con la legendaria Arca de la Alianza (caja que contiene en su interior las tablas de piedra de los Diez Mandamientos). Su misión consiste en encontrar el arca antes que lo hagan los nazis, que bajo ordenes del Führer, han emprendido su búsqueda a raíz de la leyenda que afirma que a aquellos que la posean se volverán invencibles.


Indy iniciará el viaje hacia Nepal, donde vive Marion (Karen Allen), una ex amante e hija de su antiguo mentor, la cuál posee una pieza clave para encontrar la localización exacta del arca. Es allí donde Indy tendrá su primer encontronazo con los nazis.

Después de librase de ellos y sumándose Marion a su viaje, su próximo destino será la ciudad de Tanis (Egipto), lugar donde se oculta la famosa arca. Un viejo amigo, Sallah (John Rhys-Davies), será quien les ayude a localizarla y recuperarla.
De nuevo, Indy tendrá que hacer frente a los nazis y a su viejo rival Bellog. A partir de ese momento, las aventuras se irán sucediendo una tras otra, sorteando a peligrosos asesinos, trampas mortales, serpientes venenosas, etc.

La película ofrece 115 minutos de acción y diversión. No hay tiempo para dedicarse a desarrollar los personajes ni sus relaciones, pues lo que prima es la aventura pura y dura. Unas simples pautas y caracterísitcas básicas sirven para definir a nuestros protagonistas, mientras que el resto está orquestrado para que el público disfrute sin parar, minuto a minuto, escena tras escena.


Lucas y Spielberg supieron imprimir en ella todos los elementos necesarios para hacer de la misma una gran cinta de aventuras. Una unión perfecta entre humor, acción y romanticismo son prueba de ello. El rigor histórico era casi lo de menos, por lo que no es extraño encontrar varios fallos en ese aspecto.

El rodaje no estuvo exento de problemas, desde parones por días de lluvia hasta una disentería contraída en Túnez (lugar donde se simuló la ciudad de Tunis) que afectó a casi todo el equipo implicado en el proyecto. Spielberg fue de los pocos que se libró ya que tenía por costumbre llevarse de casa comida enlatada.

Harrison Ford asumió también bastantes riesgos a la hora de afrontar su papel de Indiana Jones. Él creía que cuanto más se implicara en las escenas de acción y menos usara un doble, más creíble resultaría su personaje. Por ello, llevo a cabo algunas de las secuencias más arriesgadas del film.

Estuvo a pocos metros de la bola que pretendía aplastarlo en el Templo Hovito; sufrió dos accidentes con los dos aviones que aparecen en la película y de los cuales, por suerte, salió indemne; fue uno de los numerosos afectados por la disentería; sufrió, como el resto del equipo, la furia de los mosquitos en Kaui (donde el templo); y participó integramente en la secuencia dónde es arrastrado por debajo de un camión.

Pese a cualquier contratiempo que se sucediera, el rodaje logró terminarse incluso varios días antes de lo previsto y su estreno en cines fue un éxito rotundo.
Sus 20 millones de presupuesto dieron sus frutos, consiguiendo en EE.UU más de 200 millones de dólares de recaudación y casi 400 millones en todo el mundo.
A la respuesta favorable tanto de crítica y público, se le sumaron 8 nominaciones a los Oscars de aquel año, consiguiendo finalmente cuatro estatuillas correspondientes a mejor dirección artística, mejor sonido, mejor montaje y mejores efectos visuales.


Las escenas más recordadas son la de la bola de piedra, la de Indy y Marion frente a las miles de serpientes (se calcula que más de 6000 entre reales y de goma) y la trepidante secuencia del camión (un claro homenaje a La Diligencia de John Ford)

Aún así, otras escenas fueron descartadas o bien recortadas (la pelea contra el tipo de la espada, que finalmente se resolvió con un disparo de revolver por sugerencia de un cansado y aquejado Ford, o un primer beso entre Indy y Marion en la taverna del Nepal, entre otras), y algunas de ellas se reutilizaron para la secuela, que llegaría tres años después con el título de “Indiana Jones y el templo maldito”.

En busca del Arca Perdida” fue el principio de una gran saga y el inicio de la leyenda.


Valoración personal: