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sábado, 21 de agosto de 2010

“Centurión” (2010) – Neil Marshall

crítica Centurión 2010 Neil Marshall
En 2002, el británico Neil Marshall debutaba escribiendo y dirigiendo “Dog Soldiers”, una modesta y simpática serie B de hombres lobo que consiguió el Cuervo de Oro a la mejor película en el Festival de Cine Fantástico de Bruselas y el premio del público en la XIII Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián. Tampoco tardó mucho en convertirse en una pequeña pieza de culto para los aficionados al subgénero licántropo.

Tres años más tarde, y contando con el mismo presupuesto (3,5 millones de dólares), rodó “The Descent”, un brutal y claustrofóbico survival con el que demostró que la precariedad de medios no era un impedimento para hacer una buena película (y cuya secuela directa a DVD, ya sin Marshall, es bastante más decente de lo uno esperaba)

Cuando su nombre ya empezaba a coger fuerza, llegó la fallida “Doomsday”, bizarrada repleta de acción que, aunque entretenida, se perdía entre demasiados homenajes y guiños, dejando, en el mejor de los casos, un sabor agridulce en el espectador (no fueron pocos los que directamente la tacharon de bodrio)

Y ahora, dejando claro que se atreve con cualquier género (más o menos…), Marshall nos trae una de romanos…

En el año 117 de nuestra era, en Bretaña, un grupo de soldados romanos lucha por salvar sus vidas tras un salvaje ataque a su fuerte fronterizo por parte de la tribu de los pictos. Quintus Dias (Michael Fassbender), el único superviviente de la masacre, termina uniéndose en su huida a la legendaria IX Legión del general Virilo, que se dirige hacia el norte para aniquilar al enemigo.

Tras otro duro ataque sorpresa, la legión se ve mermada, y tan sólo quedan en pie unos cuentos soldados, que liderados por el propio Quintus, tratarán de rescatar al capturado general Virilo y llegar a la frontera antes que las hordas guerreras de la fiera y vengativa Etain (Olga Kurylenko) acabe con todos ellos.



Centuriónno es un péplum al uso ni esa épica película de romanos al estilo Gladiator que parecen estar vendiéndonos por televisión (y flaco favor que le hacen, la verdad). Lo que tenemos aquí no es más que otro survival en la misma línea que el resto de trabajos del director, con un pequeño grupo de personas haciendo frente a un feroz enemigo. Que esta vez la historia se ubique en la antigua Roma es casi lo de menos, ya que bien podría haberse situado en otra época (el far west o la actualidad) y lo único que cambiaría sería el vestuario, algún que otro escenario y poca cosa más. A fin de cuentas, casi toda la acción transcurre en el bosque, lo que entre otras cosas, convierte los bellos parajes de Escocia en un protagonista más.

El pretexto de ver a los pictos repartiendo estopa a los romanos es poder ver hachazos y desmembramientos a tutiplén. Toda arma blanca que se precie le sirve a Marshall para mostrar con excelsa brutalidad las batallas entre ambos bandos.

Y ahí es donde el director se desmadra –para bien- y donde encontramos el mayor –por no decir el único- aliciente que nos depara la hora y media de metraje (al menos la versión exhibida aquí, pues al parecer habría otra extendida de 130 minutos)


Las combates son violentos y extremadamente sanguinarios, destacando por encima de todos el ataque sorpresa a la novena legión; uno de los más bestias que he visto en mucho tiempo, al menos en un film de estas características. Quizás la hemoglobina digitalizada –muy de moda últimamente- desvirtúe un poco estas secuencias, pero por lo demás, éstas se distribuyen de forma compensada en el transcurso de la historia y son bastante cañeras y disfrutables. Lo peor, quizás, es que también resultan un tanto reiterativas, pues no parece haberse sacado mucho provecho al escenario –salvo el momento de los lobos-, y la cosa se reduce básicamente a espadazos, flechazos y hachazos.

De todas maneras, entre ésta y “Los Mercenarios” de Stallone, la cartelera queda (re)compensada por todo el PG 13 que tenemos que tragar a lo largo del año (y a la espera estamos de que “Machete” y “Piraña 3D” llenen el cupo de gore anual)

Donde realmente flojea Marshall es en la pretendida profundidad que quiere otorgarle a la historia y al personaje principal, sirviéndose, entre otras cosas, de la voz en off de Quintus (o Quinto). Y si bien ésta no molesta, tampoco se puede decir que logre su propósito.

Con haberse limitado a la acción y aventura propias de la cacería humana que nos propone el director/guionista, hubiera bastado. Y aunque, por otra parte, se vea con buenos ojos que quiera hacer un producto menos superficial y con algo más de chicha, lo cierto es que no lo consigue del todo, y hay momentos en que eso afecta un poco el tono general de la película y también al ritmo (un tanto irregular). Si a eso le añadimos una historia de amor metida con calzador y que bien podría haberse ahorrado (aunque tampoco moleste en exceso), nos queda un producto un poco descafeinado aunque entretenido, dentro de sus límites y pretensiones.


Los personajes son esquemáticos, así que en este aspecto, quizás lo más destacable sea que esta vez el rol de villano principal recaiga en una mujer (rompiendo un poco el estereotipo habitual del macho cabecilla). Por lo demás, es lo mismo de siempre, así que los actores se limitan a cumplir con lo poco que se les exige, aunque algunos de ellos, como Fassbender o Dominic West (aquí, por raro que parezca, haciendo de bueno) sean capaces de ofrecer mucho más.

Al héroe y a su némesis se les otorgan motivaciones convincentes, lo que hace que al menos no sea acción por la acción, aunque insisto en que el trasfondo no es tan trascendental como se pretende.

A nivel histórico, Marshall, como cualquier otro, se habrá tomado sus licencias. Siendo éste un mero entretenimiento, no creo que a éstas haya que prestarles demasiada importancia, aunque quizás los más eruditos pongan el grito en el cielo en más de una ocasión (supongo que en su pellejo, yo haría lo mismo)

La aún hoy inexplicable desaparición de la Novena Legión en las montañas de Escocia le sirve al británico para inventarse su propia versión de lo ocurrido mezclando realidad y leyenda, y dando rienda suelta a su imaginación (y a la casquería)

Como entretenimiento de serie B que es, “Centurión” cumple sin más, y los pocos medios con los que cuenta no afectan para nada al resultado final, pues tanto la ambientación, como las caracterizaciones y el trabajo de fotografía, son complacientes.

Ahora bien, para un servidor no deja de ser una ligera decepción, pues esperaba bastante más de Marshall. Veremos si en su próximo proyecto (Burst 3D) remonta y consigue de nuevo el buen pulso mostrado en The Descent, pues desde aquella, parece que el director ha ido a menos.




Valoración personal:

martes, 3 de junio de 2008

"Doomsday" (2008) - Neil Marshall


En el 2002 Neil Marshall debutaba con la simpática “Dog Soldiers”, otra vuelta de tuerca al subgénero licántropo y película con la que el director ya apuntaba maneras. Tres años más tarde llegó “The Descent”, una brutal y claustrofóbica cinta de terror survival mediante la cual Marshall se mostraba como un nombre a tener en cuenta dentro del género fantástico.

Niguna de las películas citadas alcanzaba la cifra de 10 millones de dólares de presupuesto, y aunque su última película ronde los 35 millones (una nimiedad comparada con los blockbusters hollywoodienses), se puede decir que Marshall sigue afincado muy convenientemente dentro del cine de bajo presupuesto (o serie B).

En “Doomsday” se nos cuenta la historia de un mortífero virus bautizado como “Reaper” que está devastando la población del Reino Unido. En cuestión de días la pandemia ha recorrido casi todo el país y son millones las personas afectadas, especialmente en Escocia, foco del virus.
Como medida para contener su avance, el gobierno declara un estado de cuarentena que consiste en construir enormes murallas alrededor de Escocia y levantar controles por carreteras, puertos, etc., de modo que el país quede aislado y nadie pueda entrar ni salir de él. Así es como empieza lo que podriamos llamar el “sálvese quien pueda”.

Veinticinco años después, cuando el virus parecía haber desaparecido, éste brota de nuevo en un Londres superpoblado e incapaz de contener la amenaza. La única posibilidad que tiene el gobierno es mandar a un equipo de especialistas fuera de las murallas para encontrar el antídoto que presumiblemente desarrolló el Dr. Kane hace ya más de dos décadas. Al frente de dicho equipo estará la oficial Eden Sinclair (Rhona Mitra), cuyo obetivo, además de encontrar a Kane o el antídoto (lo que llegue primero), será intentar que todos vuelvan sanos y salvos de tan peligrosa misión.


Algo que ya quedaba pantente en el trailer y que se confirma tras el visionado de la película, son sus similitudes con otras cintas de futuros apocalípticos. Lejos de disimularlo, Marshall lo que ha pretendido es ofrecer un claro homenaje a aquellas películas setenteras y ochenteras en las que el mundo se ha convertido en un lugar decante y bárbaro dónde impera la ley del más fuerte.

Para ello no ha dudado en hacer un popurrí de films tan emblemáticos como “1997: Rescate en Nueva York” de John Carpenter o “Mad Max” de George Miller, aderezado todo con una pizca de “28 semanas días/semanas después. Así, por un lado tenemos el protagonista a modo de antihéroe -en este caso, antiheroína-, la misión de vida o muerte con intereses humanitarios y políticos de por medio, ciudades devastadas y repletas de restos humanos, y violentas tribus urbanas surgidas tras el declive.


El inicio del film, enfocado en la evacuación de las ciudades, recuerda sobremanera a la reciente “Soy leyenda”, mientras que el resto casi podría considerarse una revisión moderna (y con “infectados”) del film de John Carpenter. Sin ir más lejos, un personaje del equipo de Sinclair se apellida como el citado director. A eso hay que añadirle una premisa argumental muy similar y una protagonista que comparte rasgos en común con el gran Serpiente Plissken (parche incluído, aunque sólo sea por unos minutos). Incluso tenemos un combate a vida o muerte de la prota contra un guerrero y que sirve de entretenimiento para las masas; algo que ya ocurría en el film de Carpenter, sólo que allí Plissken peleaba en un cuadrilátero de boxeo mientras que aquí Sinclair lo hace en algo más parecido al Coliseo romano (aunque en un ambiente medievo)

La búsqueda del antídoto se complica cuando aparece en escena un grupo de supervivientes del virus y que ahora pululan por la “zona caliente” armados hasta los dientes, atabiados como si fueran punks postmodernos (he aquí la referencia a la trilogía de Miller) y gastando muy malas pulgas. Por supuesto, nuestra protagonista les hará frente sin pestañear, lo que proporcionará al espectador unas cuantas dosis de acción a base de violentas y sangrientas peleas, y persecuciones de lo más trepidantes y jugosas.

Podriamos decir que una de las virtudes de esta película, y en mayor medida, de la filmografía de Marshall, es el explícito tratamiento de la violencia y de la sangre, rehuyendo así de la dañina y cada vez más habitual costumbre de suavizar (o censurar, como gusteis) todas las películas comerciales bajo el amparo de la calificación PG13 (osease, sacar más pasta abordando a todos los públicos)
Aquí se nos muestran decapitaciones, amputaciones y ejecuciones en todo su “esplendor” y con todo lo que eso conlleva, es decir, salpicaduras de sangre que harán las delicias del aficionado al gore y que supondrán la inmediata desaprovación del público más sensible y/o puritano. Si bien hay que decir que en determinados momentos el director también es capaz de recurrir a la elipsis con idénticos y eficaces resultados.


Desgraciamente, el punto débil (y a veces a favor) de la película es precisamente esa clara referencia a las películas anteriormente señaladas.
Esta claro que Marshall cuenta con la comicidad del espectador (en mi caso eso no supone un inconveniente) pero el problema es que a lo largo de la película sentimos una permanente sensación de déjà vu que se acentúa aún más por la poca originalidad de la historia y por el intento de mezclar demasiadas películas en una.

Por ejemplo, hacia la mitad de la película, el ambiente postapocalíptico deudor de Mad Max se transforma en algo retro-medieval, recordándonos -y no para bien- a la casposa “Beowulf” (la de Christopher Lambert), producción en la que precisamente actuaba Rhona Mitra.
Este tramo resulta bastante chocante y desentona enormemente con el resto. Y es que lo suyo hubiera sido decantarse por un estilo y ambientación en particular y no querer mezclar tantas elementos en un film cuya trama no permite mucha variedad.

Pese a ese desafortunado inciso, la historia sigue por su cauce, de nuevo emulando la saga de George Miller con una espectacular y emocionante persecución automovilística que supone ya el tramo final de la película y también uno de los platos fuertes de la misma. Es aquí donde el director vuelve a demostrar un perfecto dominio de la cámara, buscando ángulos imposibles y coreografiando una persecución bestial en todos los sentidos (aunque también es cierto que puede llegar a marear)

Sobre las interpretaciones no hay mucho que decir. Rhona Mitra cumple como dura heroína, papel que es más físico que interpretativo. Recuerda a la Sarah Connor/Linda Hamilton de “Terminator 2”, siguiendo también un poco la estela dejada por otras estoicas féminas como la Alice/Milla Jovovich de “Resident Evil”.

Los rostros más conocidos del reparto son Malcolm McDowell y Bob Hoskins, cuya interpretación es de esas de puro tramite para cobrar el cheque, es decir, se limitan a aparecer unos minutos en escena de forma eficiente y poco más. Desde luego ninguno de los dos será recordado por estos personajes.

El resto está meramente correcto y tan sólo destaca por encima de todos un adecuadamente histriónico Craig Conway, el punkie zumbado que persigue a Sinclair la mayor parte del metraje.


En definitiva, una película de acción para pasar el rato sin comerse mucho el tarro, con multitud de referencias a otras películas, unas dosis de gore y acción en cantidades industriales.

Eso sí, todo realizado a la antigua usanza y sin apenas utilizar el ordenador (sólo en casos puntuales). Vamos, que aquí lo que explota lo hace de verdad y los especialistas se ganan el sueldo a base de bien. Y en estos tiempos que corren, donde lo digital impera por encima de lo artesanal, se agradece que alguien marque la diferencia, aunque eso suponga menos espectadores en la sala. A fin de cuentas, ese aire a serie b que destila la película nos encadila tan sólo a unos pocos, y precisamente es a estos pocos a quien va dirigida esta producción futurista de modestas pretensiones.

De Marshall quizás podríamos haber esperado/exigido más, pero de seguro que de haber sido otro el que llevara a cabo esta gamberrada, el resultado se hubiese convertido en un despropósito intragable.


Valoración personal: