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jueves, 19 de octubre de 2017

SITGES 2017 - Día 5


The Villainess” (Ak-Nyeo) (2017) - Jung Byung-Gil

Sinopsis oficial: Desde la infancia, Sook-Hee ha sido entrenada para convertirse en una asesina sin piedad. Cuando Madame Kwon, la jefa del servicio de información de Corea del Sur, la recluta como agente durmiente, le ofrece una segunda oportunidad. "Danos diez años de tu vida y tendrás tu libertad". Su nueva identidad es Chae Yeon-Soo, una actriz de teatro de 27 años. Con la promesa de una libertad completa a cambio de servir a su país durante diez años, Sook-Hee emprende una nueva vida. Para esta mujer que ha vivido como asesina, llevar una existencia normal no resulta una tarea sencilla. Pero cuando dos hombres entran en su vida, los secretos de su pasado serán desvelados.

Comentario

Si la Nikita de Luc Besson la pasáramos por el filtro del thriller de acción surcoreano, el resultado probablemente sería algo muy parecido a lo que tenemos aquí.

Jung Byung-Gil (Confession of Muerder) abre la cinta de forma espectacular e hiperviolenta, con la cámara en modo subjetivo, es decir, filmando desde la perspectiva de la protagonista, como si de un videojuego (first-person shooter) se tratara. Unos primeros minutos frenéticos y apabullantes en los que a través de sus ojos observamos cómo ésta se desenvuelve en una carrera de obstáculos absolutamente sanguinaria, liquidando a todo el que se interpone en su camino bien a punta de pistola, bien con arma blanca o simplemente con aquello que tenga más a mano, incluyendo sus propias manos y piernas. Y es que nuestra protagonista es una asesina implacable y de lo más letal, aunque lo que la mueve a realizar semejante carnicería no sea un encargo profesional sino una vendetta personal.

Esta bestial presentación es toda una declaración de intenciones, y define a la perfección lo que veremos a lo largo de su extenso (quizás demasiado) metraje. 

El pasado de nuestra asesina lo iremos averiguando poco a poco a través de flashbacks que nos ayudan a entender mejor los acontecimientos que se van desarrollando en el presente. Una trama que, en realidad, se va embarrullando conforme avanza con tantas filigranas como las que realiza nuestra protagonista cuando reparte leña. Y ese, quizás, sea el mayor escollo de la cinta: su algo enrevesada historia de venganzas, amores, tradiciones, redenciones y hasta “resurrecciones”. Todo un batiburrillo que podría haberse simplificado mucho más, reduciendo de paso la duración y dejando como resultado un thriller mucho más coqueto y redondo. 

De todos modos, la historia se sigue con interés, ya sea por ver cómo se desenvuelve semejante entuerto o por sus atractivas y potentes secuencias de acción, en las cuales el director despliega todo su virtuosismo tras la cámara.


Tragedy Girls” (2017) - Tyler MacIntyre

 Sinopsis oficial: Sadie y McKayla están tan obsesionadas con las redes sociales que han decidido urdir un macabro plan: secuestrar a Lowell, un asesino en serie, para que las adiestre en el arte del horror y poder, así, petarlo en internet. Al principio, todo va según lo previsto, pero cuando las cosas se tuerzan y Lowell quede libre, a las autodenominadas “chicas trágicas” no les quedará más remedio que reconsiderar su plan.

Comentario

Con la mirada puesta en el slasher, la comedia negra de MacIntyre satiriza sobre la hipocresía de la sociedad y el egocentrismo más descarado al que sirven las redes sociales. Para ello utiliza a dos psicóticas obsesionadas con los asesinos en serie que, tras mucho entrenamiento previo, deciden al fin pasar a la acción emulando a sus sanguinarios ídolos. El objetivo no es otro que alcanzar la fama y pasar a la historia. 

En cierto sentido, el tono podría recordarnos un poco a “Scream”, pero llevado al extremo, con un humor mucho más acusado y dejando a un lado el terror más serio.

Aquí las puñaladas no son sólo físicas. El jocoso guión carga contra el uso superficial y rastrero que la sociedad (especialmente los jóvenes) hace de las redes sociales, al tiempo que ataca también al periodismo más sensacionalista.

La mala leche y la casquería se vuelven a dar de la mano para, esta vez, entregarnos una desenfadada comedia de terror muy lúcida y muy certera en su parodia tanto como en su mensaje crítico. 

Eso sí, de entre todo lo malo que saca a relucir, nos deja una pequeña perla de optimismo: la amistad entre las dos protagonistas. Lazos tan fuertes que ni la psicopatía que ambas acarrean puede llegar a romper. O quizás sea precisamente eso lo que las une mejor que nada.

Por cierto, que los apellidos de las chicas no son arbitrarios sino un simpático guiño a dos directores en concreto: Sean S. Cunningham (Viernes 13) y Tobe Hooper (La Matanza de Texas).



Curvature” (2017) – Diego Hallivis

Sinopsis oficial: Helen trata de sobrellevar la reciente muerte de su marido, un científico que se quitó la vida justo cuando estaba a punto de culminar con éxito la invención de una máquina del tiempo. Un día, la mujer recibe una llamada, y una voz sospechosamente parecida a la suya la advierte de que está en peligro. ¿Es posible que Helen haya viajado en el tiempo? ¿Y qué puede haberla llevado a hacer tal cosa?

Comentario:

Pocas veces una película de viajes en el tiempo ha resultado tan anodina como “Curvature”, una cinta cuyo guión parece más perdido que su protagonista.

De los peligros y malos usos de los viajes en el tiempo se llevan haciendo películas desde tiempos remotos. De hecho, la posibilidad de viajar en el tiempo siempre ha ido unida a esa singularidad. En “Curvature”, el trasfondo es el mismo, aunque pasado por el matiz de una intriga deshilvanada a la que se le detectan también algunas incongruencias en la trama. Incongruencias, aclaro, dentro de la coherencia misma de la historia, y no sobre las siempre enrevesadas paradojas, algo en lo que el guionista prefiere no involucrarse demasiado. Y se lo agradecemos, dado el poco acierto que ha tenido en todo lo demás.

Si queréis ver una película de viajes en el tiempo modesta pero efectiva, mejor echadle un ojo “ARQ”. No, no está en Sitges, sino en Netflix.

sábado, 7 de septiembre de 2013

“Tú eres el siguiente” (2011) - Adam Wingard



Casi todos los años aparece una cinta (o más de una) que causa furor entre los aficionados al género de terror. Una producción que,  ajena a la mercadotecnia de los grandes estudios de Hollywood, logra ganarse el favor del espectador acérrimo al género. Los primeros halagos, procedentes habitualmente del otro lado del charco, encienden la mecha y logran que la fiebre corra como la pólvora e inunde toda la red. 

No voy a negar que suelo ser bastante reacio a dejarme llevar por esta vorágine de “locura fandom” que a menudo arrastra la comunidad cinéfila. Más que nada para evitar crearme unas elevadas expectativas que luego terminen por “aguarme” el visionado de la película en cuestión. Y es que veces es inevitable que, por poco que sea, eso pueda influir en la predisposición del espectador y, por consiguiente, en el balance final que luego se haga de la susodicha. Claro que tampoco se le puede echar la culpa de todo al “hype” despertado por una película, pues al fin y al cabo, todos tenemos nuestro propio criterio y éste no siempre tiene por qué comulgar con el de la inmensa mayoría. A veces, lo que unos adoran en una obra otros, simplemente, lo detestan. 

Pero habida cuenta de la tendencia a sobredimensionar la calidad de muchas películas (tanto de ahora como de antes), siempre es mejor curarse en salud y mantenerse al margen de esa explosión de entusiasmo exacerbado que, cada vez con más frecuencia, nos asalta semanas o incluso meses antes de un estreno.

Siempre es mejor desconfiar del “criterio popular” o simplemente ignorarlo e ir con la mente lo menos “contaminada” posible (tanto de datos de carácter subjetivo –críticas- como de los meramente informativos –trailers, spots o sinopsis demasiado reveladoras-). Y esto sirve tanto para cuando se habla maravillas de una película como para cuando ocurre el caso contrario (no son pocas las veces que he roto lanzas a favor de cintas, en mi opinión, denostadas injustamente). 

Dicho esto, hay ocasiones en los que terminas sucumbiendo a los halagos porque lo que acabas de ver no sólo ha logrado satisfacer tus exigencias más primarias sino que ha conseguido rebasarlas. En mi caso, podría citar el reciente remake de “Evil Dead” como una de esas gratas sorpresas que, en realidad, no esperaba que lo llegara a ser. En otros casos, como el que nos ocupa ahora, el resultado ha sido bien distinto, no logrando entender cómo semejante producción ha conseguido levantar tantas pasiones. Y cuando uno va a contracorriente no es por el mero placer de llevar la contraria, ni mucho menos. Es más, uno siempre se lamenta de no haber encontrado provechosos esos valiosos minutos de su tiempo invertidos en la acogedora oscuridad de una sala de cine (uno de los mayores placeres de todo cinéfilo/cinéfago que se precie).

Reflexiones a un lado, vale la pena señalar que si bien el resultado final de “Tú eres el siguiente” no me ha convencido en absoluto, guarda ciertos momentos para el recuerdo.

La premisa de la cinta es bastante sencilla y tópica: Una reunión familiar se convierte en una terrorífica  pesadilla cuando irrumpen en la casa unos violentos asesinos enmascarados dispuestos a no dejar a nadie con vida. 


Nada nuevo bajo el sol. De hecho, la cinta de Adam Wingard no aporta nada especialmente significativo a la subcategoría de “asaltos”, si bien hay cierta predisposición en ella por distanciarse de sus semejantes a base de zarandear los clichés de siempre y transformarlos en una salvaje vuelta de tuerca cargada de humor negro. Desgraciadamente, esa combinación de “terror-gore” y sutil “comedia negra” no termina de cuajar del todo, y el resultado se tambalea entre lo crudo y lo decididamente absurdo. 

Quizás si “Tú eres el siguiente” hubiese sido abiertamente una comedia de terror el invento hubiera funcionado mejor, o al menos su intento de invocar a la cómplice carcajada no hubiese caído en el más absoluto de los ridículos. Y es que hay secuencias en los que una se plantea seriamente las intenciones de director y guionista, y duda de si lo cómico es algo voluntario o involuntario. Dadas las circunstancias, se asume lo primero, si bien eso no le libra a uno de desconectar completamente de la película cuando estos momentos aparecen en pantalla, terminando por perder por el camino todo el interés en la supervivencia de los protagonistas, más allá de la fémina erigida como heroína de la función (una mezcla de Rambo y el Macauly Culkin de “Sólo en casa”). Y es que Erin (una sorprendente Sharni Vinson) es, a todas luces, el personaje más rescatable de todos cuántos aparecen en pantalla. 

Desde el principio es bien difícil sentir un mínimo de simpatía por el variopinto mosaico familiar que conforman los irritantes personajes, por lo que casi resulta más factible ponerse de parte de los asaltantes. Sin embargo, conforme avanza el metraje, la lucha por la supervivencia que nos plantea Wingard parece convertirse en una encarnizada batalla por ver quiénes son más catetos, si las víctimas o sus verdugos (la estupidez de los primeros y la torpeza de los segundos no tiene paragón). Llegados a este punto, tan sólo la presencia de Lady Rambo (Vinson) logra apaciguar la incredulidad imperante, lo que sumado a las pletóricas muestras de violencia terminan compensando, de algún modo, las estridencias supuestamente cómicas y el absurdo histrionismo de algunos personajes. Esto último, en definitiva, culpable irreparable de la escasa satisfacción que resta al final de la proyección.

De todos modos, si como espectadores lográis conectar con el tono de la película, es más que probable que ésta os haga aplaudir de entusiasmo en la butaca y os unáis inmediatamente a su copioso club de fans. En caso contrario (si os deja descolocados y sin saber por dónde cogerla), en el minoritario club de detractores os recibiremos con los brazos abiertos.



Valoración personal:


domingo, 12 de mayo de 2013

“La matanza de Texas 3D” (2013) - John Luessenhop



¿Cuánto se puede exprimir una saga de terror? ¿Cuál es el límite fijado para decir basta? Probablemente, para un productor de Hollywood, no exista límite alguno. Toda película está expuesta a ser víctima de inevitables -y a veces innumerables- secuelas, precuelas, remakes y reboots posibles mientras el concepto original siga generando beneficios en taquilla. En el campo del horror, esto se da con un mayor grado de frecuencia dado el bajo coste que supone la producción de dichas películas y la fácil explotación que permiten unos argumentos, de partida, convenientemente simples. 

En 1974, con cuatro duros y toneladas de descaro, Tobe Hopper presentó al mundo “La matanza de Texas”, un film de terror extremadamente  violento que tambaleó los cimientos del género y que, de algún modo, sentaría buena parte de las bases que configurarían el subgénero “slasher”. 

Tomando como referencia los crímenes reales cometidos esa misma década por Elmer Wayne Henley en Texas, y los cometidos por Ed Gein durante la década de los 50 en Wisconsin (este último, asesino que sirvió de inspiración para otras cintas como “Psicosis” o “El silencio de los corderos”), Hopper elaboró un film tan salvaje para la época que fue retrasado, censurado e incluso prohibido en varios países. Al mismo tiempo, su villano, apodado Leatherface (“cara de cuero” para los hispanoparlantes), hacia las delicias del público adolescente que acudía en masa a las salas, convirtiéndose a posteriori en todo un icono del cine de terror.

El éxito arrollador de este barato film independiente generó, cómo no, unas cuantas secuelas que ayudaron a afianzar el perfil psychokiller de Leatherface dentro del subgénero slasher. De las tres secuelas que vieron la luz, sólo la primera de ellas estuvo dirigida por el propio Hopper, situándose trece años después de los hechos acontecidos en su predecesora y guardando una estrecha relación con ésta, si bien en esta ocasión el director decidió introducir unas dosis de humor negro con las que alejarse un poco del macabro concepto original.

En 2003, nueve años después de la  última entrega, Leatherface regresó a la gran pantalla con un meritorio remake cuyas consecuencias, no obstante, serían nefastas para el género, pues gracias al éxito de éste, los estudios empezarían a revolver el baúl de los recuerdos  en busca de materia prima a la que sacar partido con “nuevas” y remodeladas versiones. Así es como volvieron a la vida otros psychokillers como Michael Myers, Jason Vorhees o Freddy Krueger.


En cualquier caso, Leatherface volvía a contentar al público adolescente (y también al nostálgico talludito), ganándose una segunda vida cinematográfica que se completaría, tres años más tarde, con una precuela en la que se explicarían los orígenes del personaje.

Llegados a este punto, poco más se puede aportar a la franquicia. ¿O sí?

La nueva matanza de Texas (titulada con el escueto “Texas Chainsaw 3D”) no sigue los pasos de las nuevas versiones sino que busca ser una continuación directa de la película original de Hopper. Por ese motivo, transcurre inmediatamente después del desenlace de aquella, situándonos en la granja de la familia Sawyer justo a la llegada del sheriff. Antes de que la familia entregue a regañadientes al maníaco Jeb Sawyer a la autoridad, los habitantes del pueblo de Newt llegan al lugar de los crímenes para tomarse la justicia por su mano. 

Comandados por Burt Hartman, queman la granja con todos dentro, originándose a su vez un tiroteo en el que finalmente perece toda la familia, a excepción del bebé de los Sawyer. Gavin y Arlene, dos de los vigilantes pueblerinos, se la llevan en secreto y la crían como si fuera su propia hija bajo el nombre de Heather. A los veinte años, un abogado la localiza para comunicarle que su verdadera abuela ha muerto y la ha nombrado heredera de sus bienes. Descubriendo así que es adoptada, Heather se dirige a Texas para tomar posesión de su herencia y descubrir sus orígenes.
 
La película comienza de forma prometedora, tirando de archivo para mostrarnos, a modo de flashback y durante los créditos iniciales, imágenes del film original. De esta manera, se conecta el desenlace de aquella con los primeros minutos de ésta, en los que somos testigos de la brutal (y quizás merecida) masacre infringida a la familia de Leatherface por parte de sus enfurecidos vecinos.

Veinte años después, nos encontramos con Heather, la única superviviente de aquél recriminable acto de justicia y la única Sawyer que queda con vida, a excepción de su primo Jeb Sawyer, el enfermizo asesino de la motosierra que, como veremos, también sobrevivió al incendio y al tiroteo que acabó con el resto de sus parientes.  
El regreso de Heather a su ciudad natal es el punto de partida que emplean los guionistas para servirle en bandeja a Leatherface un nuevo grupo de atractivos jóvenes (Heather y sus amigos) a los que despedazar. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol, salvo la particular conexión familiar entre la protagonista y el asesino. Conexión que, aunque en principio resulta ser un aporte interesante, finalmente acaba por convertirse en un lastre que hunde la credibilidad de una historia que ya de por sí se sostiene muy débilmente. 


Dejando de lado algunos errores de guión/puesta en escena en cuanto a la situación cronológica de esta entrega (la trama, situada veinte años después de los crímenes originales,  debería ubicarnos a mediados de los 90; sin embargo, la presencia de móviles de última generación sugieren que se sitúa en la actualidad), el principal problema de la película reside en su intento de humanizar a los Sawyer a base de convertirlos en meras víctimas (cuando de inocentes no tienen nada) de un pueblo corrupto y vengativo. Es cierto que el método empleado para acabar con la familia Sawyer es cuestionable y reprobable, amén de cruel y probablemente desproporcionado, pero no hay que olvidar que se trata de un atajo de psicópatas, y que Jeb Sawyer es un asesino despiadado y enfermizo que mata por puro placer (y ahora además, por venganza).

Criminalizar a los asesinos de los Sawyer es un enfoque acertado, pues ofrece la otra cara de la sociedad salvaje y mezquina que retrataba Hopper allá por los setenta, pero el desarrollo que se produce a lo largo del metraje es erróneo, tratando de conseguir que el espectador sienta compasión (o al menos comprensión) por un monstruo cuyas atrocidades no conocen justificación alguna, y cuya maldad es fruto del depravado ambiente familiar en el que se crió.

Para terminar de rematar la jugada, los guionistas (cuatro, nada menos) deciden optar por un caprichoso giro final ciertamente ilógico si nos atenemos a los hechos precedentes. OJO SPOILER-- Que Heather sienta empatía por su primo es hasta comprensible (la familia es la familia), pero de ahí a que le salve la vida al perturbado que acaba de cepillarse a sus amigos (y por bien poquito también a ella), hay un trecho. Y que decida hacerse cargo de él, como buena Sawyer que es, ya es el colmo -- FIN SPOILER

Los esfuerzos de esta entrega por ofrecer una nueva vuelta de tuerca a la franquicia (bebiendo de otras cintas del género como “Pesadilla en Elm Street” o “La noche de Halloween”) caen en saco roto al no saber manejar adecuadamente el perfil psicológico de su protagonista y al pretender humanizar un personaje urdiendo una estratagema errónea en dónde la moralidad juega a conveniencia de los designios de los guionistas. Una propuesta fallida cuyas pretensiones obstruyen lo que en, en el fondo, podría haber sido un slasher ciertamente satisfactorio, pues en ese aspecto, la cinta de John Luessenhop (Takers) funciona sorpresivamente bien, con sus escabrosas dosis de gore y violencia, y sus tímidas pinceladas de inherente sexualidad.

P.D.: Aparición estelar de Bill Moseley como Drayton Saywer, o lo que es lo mismo, Chop-Top en “La matanza de Texas 2”, y cameo de Gunnar Hansen, el hombre tras la cara de cuero en la película original.



Valoración personal:

sábado, 27 de octubre de 2012

“The Cabin in the Woods” (2012) - Drew Goddard

Crítica The Cabin in the Woods 2012 Drew Goddard

Cada vez es más difícil innovar en el campo del terror, y cada vez más se llena nuestra cartelera de copias, refritos y remakes no deseados que terminan por agotar la paciencia de los aficionados.

Quizás por ese motivo resulta tan refrescante y placentero toparse con una película como “The Cabin in the Woods”. Y no es que la susodicha sea algo estrictamente original, pero sí es lo suficientemente osada como para reciclar y reinterpretar los cánones del género en post de ofrecer un producto distinto, alocado y, en cierto modo, transgresor.

Pero el camino hasta aquí no ha sido fácil. 

Drew Goddard, guionista de “Cloverfield” y de distintos episodios de “Perdidos” y “Alias”, y Joss Whedon, creador de series como “Buffy, cazavampiros” o la injustamente cancelada “Firefly”, se reunieron para formar equipo en un nuevo proyecto de horror con la intención de revitalizar el género.

Su rodaje concluyó en 2009 y se fijo febrero de 2010 como mes idóneo para su estreno en salas comerciales (estadounidense, of course). Sin embargo, por aquél entonces el estudio (MGM) se declaró en quiebra y su estreno quedó aplazado indefinidamente hasta que por fin el pasado año Lionsgate adquiriera los derechos de distribución.

Con siete meses de retraso con respecto a su lanzamiento en EE.UU., se fijaba en España su llegada a los cines para este mes de octubre. Pero para desgracia de los aficionados (muchos que la esperaban como agua de mayo y muchos otros que querían repetir la experiencia tras disfrutarla en el Festival de Sitges), Vértice Films, encargada de su distribución en tierras patrias, anunciaba recientemente la cancelación del estreno en salas para ir directa al mercado doméstico. ¿Motivos? Diversos no  especificados y, por supuesto, el rastrero y victimista argumento de culpar a la piratería de ello, cuando resulta que otras películas que ya llevan tanto o más tiempo en Internet se han estrenado sin problemas en nuestra cartelera e incluso han logrado una taquilla más que respetable.

Probablemente esta medida contribuya a obsequiarle un mayor estatus de “culto” del que ya se le presupone debido a sus problemas para la luz, a su extravagante trama y, sobre todo, a los numerosos halagos recibidos a un lado y al otro del charco. 

Curt (Chris Hemsworth), Jules (Anna Hutchison), Dana (Kristen Connolly), Marty (Fran Kranz) y Holden (Jesse Williams) se preparan para pasar el fin de semana en una remota y aislada cabaña situada en el bosque. Al llegar ahí, empieza la fiesta: las risas, la borrachera y el colocón. Bien entrada la noche, descubren que el sótano de la cabaña oculta una extraña colección de reliquias. Entre todas ellas, se encuentra un diario que habla de la antigua familia de psicópatas que ocupó la casa… 
  
A priori y con semejante sinopsis, uno puede pensar que lo que nos van a contar Goddard y Whedon va a ser lo mismo de siempre. Pero no es así, y eso es algo que se percibe ya en los primeros minutos.


La narración se va alternando alrededor de dos grupos de personajes que, como no tardaremos mucho en averiguar, están estrechamente conectados entre sí. Dicho conexión, y algunos detalles puntuales al principio de la película (ese halcón…), nos ponen sobreaviso de que lo que vamos a presenciar no tiene nada que ver con la posible idea preconcebida que pudiéramos tener en mente antes de su visionado.

Y es que Whedon y Goddard han conseguido darle una vuelta de tuerca al género recurriendo,  precisamente, a todos sus clichés; mofándose de ellos y explotándolos dentro de un pastiche de géneros y subgéneros que hará las delicias de muchos aficionados.

Los homenajes y guiños al cine de terror son abundantes. La propia película podría definirse como un cruce entre “Posesión infernal” y “Cube”, sólo que esto sería una definición un tanto inexacta teniendo en cuenta que abarca mucho más referencias de las que uno pueda imaginar. Casi todo el imaginario monstruoso del género está condensado en una sola película bajo un contexto no del todo bien detallado (falta información que nos explique cómo demonios SPOILER -- han conseguido confinar a tanto bicho en un único emplazamiento -- FIN SPOILER) pero sí justificado

Cierto es que se generan muchas dudas y preguntas en el transcurso de la trama, y que muchas de ésta se quedan sin resolver. Pero por suerte eso no es motivo para privarnos de la hora y tres cuarto de irreverente y cruel diversión que nos proporciona la propuesta. Desde “Scream”, allá por mediados de los noventa, que una película de terror no ofrecía una clase de metacine tan magistral como la que nos obsequia “The Cabin in the Woods”.

Es difícil hablar de sus virtudes (y sus defectos, que también los tiene) sin entrar en el terreno del spoiler.


A grandes rasgos, diría que uno de sus puntos más flojos es la parte que funciona como mero slasher, mientras que una vez descubierto el pastel por los propios protagonistas, la película va ganando enteros convirtiéndose en un festival (gore) de deliciosas referencias. En ese preciso instante alcanza también algunos de sus momentos más álgidos (SPOILER -- el soberbio plano en travelling inverso que nos desvela el bestiario que esconde la cabaña en el subsuelo --FIN SPOILER),  aunque también es justo reconocer que la idea daba para más, y quizás si la segunda parte contara con igual o más minutos que la primera, la satisfacción sería mucho mayor.

El reparto funciona de forma desigual pero, al fin y al cabo, aceptable. Richard Jenkins y Bradley Whitford son de lo mejorcito de la misma por su veteranía y porque en ellos recae la mayor parte de la sátira que desprende el guión. En el bando de los cinco adolescentes no hay mucho de dónde rascar. Ninguno destaca especialmente ni muestra carisma alguno; ni tan siquiera aquellos que aguantan estoicamente el primer asalto de la función.

Por sus aires de serie B, su incontestable sarcasmo y su atrevida mezcolanza de géneros, “The Cabin in the Woods” merece ganarse un rinconcito en el corazón del aficionado. Aunque tampoco sea la panacea del género que muchos proclaman a los cuatro vientos. 


Valoración personal: