
Graeme Willy (Simon Pegg) y Clive Gollings (Nick Frost) son dos buenos amigos que llevan mucho tiempo ahorrando para realizar el viaje de sus sueños: un peregrinaje al corazón de la zona de ovnis en Estados Unidos para visitar cada uno de los legendarios lugares donde ha habido avistamientos de platillos volantes. Sin embargo, el encuentro con Paul, un alienígena recién fugado de una base militar secreta, cambiará sus planes y las vacaciones soñadas se convertirán en una aventura en la que serán perseguidos por agentes federales y por un fanático religioso, padre de una joven, Ruth Buggs (Kristen Wiig), a la que no les ha quedado más remedio que secuestrar.
Al cambio de director, debemos añadir también el cambio de compañero de escritura de guión de Simon Pegg, ya que esta vez no es Edgar Wright el co-guionista sino su amigo y compañero de reparto Nick Frost. Este cambio ha motivado que el protagonismo se divida a partes iguales entre ambos actores, de modo que uno no eclipse al otro y tengan los dos sus momentos de gloria. Aún así, cabe decir que Pegg sigue siendo quién lleva un poco la voz cantante, y a quién se le adjudica el interés amoroso de la cinta.
Sus personajes, Grame y Clive, son dos frikis que están de visita al Comic-Con de San Diego, la convención internacional más importante y multitudinaria que se realiza sobre el mundo del cómic y otras artes (o ámbitos) relacionadas con la fantasía, la ciencia-ficción o el horror. Pero lo que no esperan es que una de sus pasiones, como son los alienígenas, se convierta en una realidad justo en el momento en que se topan con un extraterrestre de carne y hueso. Claro que Paul no es un extraterrestre cualquiera, aunque su apariencia sea muy cercana a la que el cine o los cómics nos han ido inculcando.

Para empezar, Paul es un alienígena irreverente y desvergonzado. Su comportamiento se acerca al humano, o más bien, al de un adolescente despreocupado, pues entre sus vicios destaca, por ejemplo, su gusto por fumar porros.
Esta actitud desconcierta bastante a nuestros dos protagonistas, y calará hondo en Ruth, pues sólo su mera existencia echa por tierra todas esas creencias religiosas que su padre le ha ido inculcando desde su más tierna infancia.
De todas formas, a medida que pasan más tiempo juntos, los tres humanos terminan congeniando perfectamente con el descarado alienígena, y harán todo lo posible para que éste consiga llegar sano y salvo a la nave nodriza que le llevará de vuelta a casa. Y cabe decir que la hazaña no resultará nada fácil, pues tras ellos anda el Agente Zoil, un implacable federal que no admite errores, y menos de sus ocasionales ayudantes, otros dos agentes inexpertos (y algo paletos) que desconocen la naturaleza de su misión. A estos hay que añadir también el padre Ruth, que como buen cristiano, irá en busca de su inocente hija, escopeta en mano, para rescatarla de los dos supuestos criminales que la han secuestrado.

La película hace gala de un sentido del humor muy propio de Pegg, pero también se acerca peligrosamente al humor grueso más del estilo yanqui. Hay que recordar que ya no estamos ante una producción inglesa sino americana, y eso, unido al cambio de director y a la presencia de Seth Rogen como doblador de Paul, hace que los dos guionistas sucumban un poco a las exigencias del público del otro lado del charco; un público más afín a los tacos y los gags de carácter sexual y/o escatológico, que al refinado y ácido humor inglés de toda la vida.
Este hecho supone el mayor escollo para disfrutar plenamente de la película, o al menos lo es para aquellos que no somos afines a ese tipo de comedia. De todos modos, existe una gran baza que lo compensa, y esa es su absoluto frikismo (gracias a sus dos personajes principales) y sus continuas referencias cinéfilas, las cuáles van desde Spielberg -como no podría ser de otro modo tratándose de alienígenas- hasta el Depredador de McTiernan o el Desafío Total de Verhoeven. Referencias y guiños a veces más sutiles, a veces más directos, pero siempre contando con la complicidad del espectador. Y es que la película es un homenaje cómico -a la vez que entrañable- a la ciencia-ficción de los 70 y 80, y con algún acercamiento también (sobre todo en el prólogo inicial) a la de los años cincuenta. Además, nos depara alguna que otra sorpresa especial en forma de cameo y que, obviamente, no voy a desvelar para no quitarle la gracia.
La suma de toda esa cinefilia que desprende la trama, más un alienígena gamberro, unos protagonistas muy frikis y entrañables, unas cuantas puyas hacia a la religión cristiana y hacia una más que discutible costumbre arraigada en la sociedad americana (el tema de las armas) , una historia de amor que entra sin problemas y no parece metida con calzador, un reparto en su salsa y un final que incluso resulta emotivo (sin caer en lo ñoño), hacen de ”Paul” una road-movie de ciencia-ficción simpática y amena. Dirigida a un tipo de espectador muy concreto (que probablemente será quién más la disfrute), pero aún así apta también para un público más genérico.
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