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domingo, 21 de octubre de 2018

“Final Score” (2018) – Scott Mann


Sinopsis: Tras el ataque de un grupo terrorista fuertemente armado en un popular evento deportivo, Michael Knox (Bautista) debe utilizar su entrenamiento militar para salvar a las 35.000 personas que allí se dan cita. Entre ellas se encuentra la hija de un antiguo compañero de armas caído en acción, un hecho que implica personalmente a Knox en el rescate.

Comentario:

En el mes de julio, a raíz del estreno de “Skyscraper”, publiqué un artículo/ranking sobre algunos de los mejores títulos que reciclaron la fórmula de la magnífica e inigualable “Jungla de cristal” (Die Hard, 1989).Una premisa, la del héroe casual enfrentándose en solitario a un puñado de terroristas, que como vimos podía funcionar tanto en un moderno rascacielos como en un acorazado de la marina o un avión de pasajeros, entre otros emplazamientos.

Pues bien, parece ser que los sucedáneos han vuelto a ponerse de moda. Si Dwayne Johnson conseguía su propia versión -con elemento catastrofista incorporado-, ¿por qué no iba a tenerla Dave Bautista? Aunque el exluchador de la WWE no goza ni del carisma ni del estatus de estrella que sí posee “La Roca”, lo cierto es que no le falta trabajo en esto del cine, aunque sea a base de ir alternando grandes superproducciones (Guardianes de la Galaxia, Blade Runner 2049, Spectre…) con otras de más bajo presupuesto (Bushwick, Kickboxer: la venganza, Escape Plan 2…). “Final Score” pertenecería a esa segunda categoría: cine de entretenimiento destinado al mercado doméstico y no a las grandes salas; lo que antaño calificábamos como “películas de videoclub” (a menudo, con connotaciones despectivas).

En esta ocasión, la fórmula Die Hard sitúa a nuestro héroe casual en un estadio de fútbol londinense, lugar al que acude junto a su “sobrina” (las comillas son porque no les une exactamente un vínculo de sangre) para presenciar lo que suponemos –aquí un servidor no tiene ni la más remota idea de fútbol- es el derbi del año (algo así como un Barça-Madrid a la inglesa). Por supuesto, la mala fortuna quiere que dicho estadio termine en manos de unos terroristas que, para alegría de los nostálgicos ochenteros, son de origen ruso. Y es que hubo una época (durante y después de la Guerra Fría) en la que los rusos se convirtieron en los “malos” favoritos de Hollywood, y su presencia  como villanos en las películas de acción era casi casi obligatoria.


Estos terroristas, capitaneados por el actor Ray Stevenson, toman el control del lugar con un propósito muy concreto que conoceremos más adelante (y que tiene que ver con el personaje que interpreta Pierce Brosnan). De no lograr su objetivo, amenazan con hacer estallar el estadio empleando los explosivos C-4 que han dispuesto justo debajo de las gradas. Por supuesto, nuestro protagonista, que posee entrenamiento militar, no está dispuesto a que eso ocurra, así que plantará cara a los terroristas arriesgando el pellejo con tal de salvar la vida de su sobrina y la de otros 35.000 aficionados congregados en dicho estadio.

Con semejante premisa, “Final score” es tan deudora de “Jungla de Cristal” como de “Muerte súbita”, aquella en la que Van Damme se veía envuelto en un pifostio similar, sólo que en un estadio de hockey. Ya no sólo por la temática deportiva y alguna que otra secuencia de parecido más que razonable (la pelea en la cocina con aceites ardientes o el salto al vacío), sino también por el componente familiar. Si al belga le tocaba salvar a su hija pequeña, a Bautista le toca rescatar a su sobrina adolescente. Aunque a decir verdad, dicho componente familiar ha estado ya presente en casi todas las entregas del detective John McClane, así como en algunos de sus refritos (Alerta Máxima 2, Asalto al poder o la más reciente Skyscraper hacen uso de ello).

Lamentablemente, la cinta dirigida por Scott Mann (autor de la estimable “El gran torneo”) está a años luz no sólo del film de McTiernan sino también del de Peter Hyams. Aunque en todo momento resulte entretenida y funcione perfectamente como vehículo de lucimiento para Bautista, en realidad no posee nada que la haga especialmente memorable. Las escenas de acción, si bien son correctas, resultan bastante genéricas. Eso sí, se le agradece que el peso del mercenario/esbirro principal recaiga en una mujer de armas tomar, aunque sea bebiendo directamente de “Jungla de cristal: la venganza”).  

A destacar, también, el personaje de Faisal (Amit Shah), que funciona como alivio humorístico y que protagoniza su gran momento estelar cuando le toca a él solito hacerse cargo de evacuar a los espectadores de una de las gradas.

“Final Score” es, en definitiva, un sucedáneo más de una fórmula más vista que el TeVeo. Cumple con su cometido y poco más.



VALORACIÓN PERSONAL:


domingo, 16 de septiembre de 2018

“Predator” (2018) – Shane Black



Sinopsis oficial (estracto): Ahora, los cazadores más letales del universo son más fuertes, inteligentes y mortales. Está en las manos de un variopinto conjunto de exsoldados y una profesora de biología evolutiva evitar el fin de la raza humana.
 

Comentario:

Indignación. Creo que esa es la palabra que mejor describe la sensación tras contemplar semejante despropósito. Resulta inaudito que alguien que estuvo involucrado en la película original haya sido capaz de perpetrar un guión que, entre otras cosas, echa por tierra toda la mitología predator.

Shane Black, guionista de moda en los 90 gracias a los libretos de películas de acción como “El último Boy Scout”, “El último gran héroe” o la saga al completo de “Arma Letal”, ha sido el encargado de revivir una franquicia que parecía haber tocado fondo con la, pese a todo, estimable “Predators”. Black participó en el elenco de la cinta de McTiernan interpretando al personaje de Hawkins, uno de los miembros del comando de Dutch/Schwarzenegger. En calidad de guionista, se dice que aportó su granito de arena para con su personaje, algo a lo que podemos dar crédito a sabiendas del peculiar sentido del humor que suele impregnar en sus trabajos.

Junto al director/guionista Fred Dekker (“House, una casa alucinante, “El terror llama a su puerta”, “Robocop 3”…) con quien coescribió el clásico ochentero “Una pandilla alucinante”, Black ha construido una secuela directa de las dos primeras entregas, obviando la existencia de la cinta de Nimród Antal. Obviamente, no podían faltar los guiños a aquellas, aunque algunos no muy bien insertados. Por ejemplo, tenemos al hijo de Gary Busey, Jake, interpretando al hijo del personaje al que dio vida su padre en la segunda película, algo a lo que en ningún momento se hace referencia, salvo por la mención de su apellido. Es muy probable que la conexión con el personaje de Peter Keyes se haya quedado en la sala de montaje, así como buen parte del material que, según las malas lenguas, se habría eliminado de la versión final. 

Ignoro si dicho material habría aportado mayor coherencia a una trama cuya premisa es, ya de por sí, lamentable. Digamos que el propósito del Predator en su visita a nuestro planeta es un punto de partida simple y llanamente erróneo. En gran medida, porque va en contra de sus principios, de todo lo que se le supone a los predators. No olvidemos que son cazadores del espacio exterior que viven por y para la caza; seres que viajan de planeta en planeta probando su valía dando caza a lo mejorcito de cada especie. Aunque les veamos pelearse entre ellos, como ocurre en la tercera entrega, su razón de ser es siempre la misma: cazar por diversión. No son alienígenas conquistadores. En el peor de los casos, luchan por su propia supervivencia, aunque eso signifique aliarse con su presa, tal como ocurría en “Alien vs Predator”.

Pero aquí es muy distinto. La razón de su visita destruye todos los principios del personaje; va en contra de todo lo preestablecido y, para colmo, se remata con uno desenlace (la escena final) bochornoso a más no poder, dando pie, para más inri, a la pretensión de continuar y extender este agravio a la saga y a los fans con una segunda parte (la cuarta, cronológicamente hablando, si no contamos los crossovers).


Premisa aparte, lo cierto es que la trama cuenta con una sarta de momentos impropios de la saga y que, en pro del gamberrismo, terminan causando el efecto contrario: la parodia involuntaria.

Las chistes marca de la casa riegan todo el metraje. En ocasiones son graciosos y ayudan a tejer la química y la camadería entre el improvisado e improbable comando protagonista (lo mejor –o lo único rescatable- de la película). Pero en ocasiones, los chistes malos (demasiado malos) parecen sacados de una película de Apatow. Black termina pasándose de la ralla, aglutinando un montón de chascarrillos y lindeces que pasan del buenrollismo más canalla al mal gusto más sonrojante. Y es una lástima, porque cuenta con unos personajes bien paridos; un puñado de “zumbados” sobrados de carisma (líder protagonista incluido) que, cuál doce del patíbulo, deciden plantarle cara a estos feos alienígenas.

En ese sentido, el reparto está pletórico. La química es innegable y pueden mirarle a los ojos al comando de Dutch sin apartar la mirada. Pero Black lo echa todo por tierra con un cúmulo de malas decisiones. Sin ir más lejos, la inclusión de un niño que, con la excusa de su autismo, aprende la tecnología predator en menos de lo que se tarda en abrir una lata de atún. Por no hablar del “perrito predator” convertido en mascota del grupo. En fin, un continuo de sin sentidos que se va acumulando hasta llegar al absurdo final, y que te impiden disfrutar de una película que, planteada de otro modo, habría funcionado de maravilla como entretenimiento.

Es posible que la acción hiperviolenta (al más puro estilo de la vieja escuela) apoyada en el cachondeo y el colegueo de los personajes haga que muchos disfruten de la película. No les voy a culpar, pues por momentos incluso yo la he disfrutado, pero la cinta se hunde por momentos al tiempo que la indignación y frustración crecen cogidas de la mano. El despropósito, en aumento, culmina con un deplorable desenlace que termina de rematar la ya maltratada paciencia del espectador. 

En definitiva, un desastre absoluto en la línea de “Prometheus/Alien: Covenant” o “La jungla: Un buen día para morir”. Si creéis que aquellas malograron un mito de vuestra infancia cinéfila, alejaos de esto como alma que lleva el diablo.


VALORACIÓN PERSONAL: 



domingo, 12 de agosto de 2018

“Megalodón” (2018) – Jon Turtletaub


Sinopsis oficial: Un sumergible de aguas profundas que forma parte de un programa internacional de vigilancia submarina, ha sido atacado por una enorme criatura que se creía extinta. Ahora está averiado en el fondo de la fosa oceánica más profunda del Pacífico con su tripulación atrapada en el interior. El tiempo se acaba y, en contra de los deseos de su hija Suyin (Li Bingbing), un visionario oceanógrafo chino (Winston Chao) contrata a Jonas Taylor (Jason Statham), un especialista en rescate en aguas profundas. Su misión será salvar a la tripulación y también al océano de una amenaza imparable: un tiburón prehistórico de 23 metros conocido con el nombre de Megalodón.


Comentario:

Nada menos que 21 años son los que ha tardado en llegar a la gran pantalla la novela de Steve Alten. Y no es porque no se hubiera intentado antes… De hecho, la idea de llevarla al cine se barajó prácticamente desde el mismo momento en que el libro vio la luz, allá por 1997, con New Line Cinema produciendo y Jan De Bont, por entonces cineasta en alza gracias a las exitosas “Speed” y “Twister”, como director asignado al proyecto. El acuerdo, no obstante, no llegó a buen puerto y pasaron los años hasta que se volvió a hablar de ello. Entretanto, Alten tuvo tiempo de sobra para escribir cuatro secuelas y una precuela de su popular monstruo prehistórico.
A grandes rasgos, “MEG” nos cuenta la historia de un tiburón prehistórico, el cual se creía extinto, que emerge de las profundidades del mar para causar estragos allí por donde pasa. Sólo un grupo de intrépidos y desinteresados héroes puede frenar la feroz carnicería del inmenso escualo.
Por supuesto, ni qué decir que de la entretenida novela de Alten no quedan más que los nombres. Lo cierto es que el fichaje del rompehuesos Statham como protagonista ya vaticinaba por dónde iban a ir los tiros de esta “libérrima” adaptación. A fin de cuentas, ¿quién iba a creerse al musculoso británico en la piel de un experto paleontólogo y biólogo marino? De ahí que dicha profesión se haya cambiado por la más factible “especialista en rescate en aguas profundas”, tal como señala la sinopsis. Éste y otros cambios orientan la trama por cauces muy distintos a los de la novela, convirtiendo a buena parte de la película en una aventura submarina repleta de proezas increíbles.

De todos modos, y lejos de molestarme, creo que resulta interesante contemplar ambas versiones, la literaria y la cinematográfica, como dos formas distintas para un mismo fin: entreternos. Porque lo mismo que es la novela para el lector, lo es la película para el espectador: puro entretenimiento. Y eso admitiendo que la capacidad narrativa y dramática de Alten están muy por encima de la de los guionistas responsables del libreto.


Sin embargo, y dada la promoción que ha precedido al estreno, sorprende la “solemnidad” con la que se ha llevado adelante dicho guión. Es cierto que hay unas cuantas notas de humor repartidas a lo largo y ancho de la cinta, especialmente entre el protagonista y su previsible partenaire, pero en conjunto se la presuponía mucho más gamberra. Y probablemente ese hubiese sido el camino elegido por el director inicialmente propuesto: Eli Roth, quien seguramente nos hubiera regalado un buen festín de casquería. Claro que en vista de la infecta mediocridad de su filmografía, creo que hemos salido ganando con Jon Turtletaub, que no es que tenga una carrera exultante, pero sí es un tipo bastante más pulcro y competente. Digamos que lo que hemos perdido en salvajismo lo hemos ganado en sentido común. Es más, creo que uno de los aciertos más encomiables de la cinta es no mostrar al monstruo hasta bien avanzado el metraje. Y aun así, Turtletaub juega bastante al amago y enseña lo justo del bicho con tal de crear la expectación y tensión deseadas para cada secuencia.

De todos modos, y puestos a saltarse a la torera la novela de Alten, podrían haberle echado un par de narices y cargar el guión con bastante más mala leche. Claro que para una producción que ronda los 130 millones de presupuesto (co-financiados junto a China; de ahí la cantidad de intérpretes asiáticos en el casting), eso supondría un elevado riesgo al que muy pocos productores estarían dispuestos a lanzarse. Como resultado, la “carnicería” que prometían los trailers y los carteles al final, y bajo una clasificación PG13, sabe a poco. Por tanto, la diversión sin complejos no es tanta como quisiéramos. Eso sí, ríete tú de las piruetas de Thomas Jane en “Deep Blue Sea”, que lo que hace aquí Statham no tiene ni punto de comparación.


Dicho esto, como entretenimiento veraniego que es, “Megalodón” es un producto cumplidor: bien empaquetado y servido para su fácil digestión. Obviamente, no resistiría comparación alguna con un clásico como el “Tiburón” de Spielberg, pero al menos no provoca vergüenza ajena como la bochornosa “Piraña 3D” de Alexandre Ajá.



VALORACIÓN PERSONAL:

domingo, 29 de julio de 2018

“Misión imposible: Fallout” (2018) - Christopher McQuarrie


Sinopsis oficial: En ocasiones, hasta las mejores intenciones pueden volverse contra nosotros. En “Misión Imposible:Fallout” nos encontramos a Ethan Hunt (Tom Cruise) y su equipo en el FMI (Alec Baldwin, Simon Pegg, VingRhames), junto con algunos aliados ya conocidos (Rebecca Ferguson, MichelleMonaghan) en una carrera contrarreloj después de una misión fallida.


Comentario:

Parece mentira que hace unos años atrás el estudio planeara el “retiro” de Tom Cruise/Ethan Hunt en favor de un nuevo actor/personaje que aportara sangre nueva a la franquicia. La introducción del agente Brandt (Jeremy Renner) en “Misión imposible: Protocolo fantasma” fue la prueba de fuego que terminó constatando lo evidente: que Cruise/Hunt era es y será la estrella indiscutible e insustituible de la saga. Una saga que a día de hoy sigue más viva que nunca.

Cruise demuestra, una vez más, que es un actor todoterreno. Bien conocida es su, llamémosle,  afición por asumir buena parte de las escenas de riesgo de sus películas, especialmente en las MI, donde éstas son abundantes. Obviamente, y como cualquier otro actor o actriz que se precie, el intérprete tiene sus propios dobles de acción, si bien eso no le impide arriesgar el pellejo -por mucho arnés y cable de seguridad al que vaya sujeto- en más de una ocasión; ya sea colgándose del rascacielos más alto del mundo (el Burj Khalifa de Dubai en MI: Protocolo Fantasma), pegándose al exterior de un avión en pleno despegue (MI: Nación secreta) o pilotando un helicóptero para la espectacular traca final de la entrega presente; secuencias para las que el actor recibió un total de 2000 horas de vuelo en un corto plazo de tiempo.

Por supuesto, Cruise no es superhéroe y tampoco es indestructible. Tarde o temprano su atrevimiento (y la edad) tenía que pasarle factura o, mejor dicho, fractura (chiste malo). Y es que durante el rodaje de una de las presentes persecuciones, éste se rompió el tobillo saltando entre dos edificios. Claro que eso no le impidió seguir rodando, por lo que uno de los puntos más cómicos de la película es que dicho “hostiazo”, lejos de eliminarse y/o quedar para los extras del formato doméstico, está incluido en el montaje final.

De todos modos, y más allá de Cruise (y su brillante equipo de secundarios), hay que reconocer que una de las virtudes de esta sexta parte es su gran sentido del espectáculo sin renunciar nunca al aroma puro y duro del género de espías (más cercano al de Ian Fleming que al de John Le Carré, todo sea dicho).


Cierto es que cada director ha dejado su impronta personal en cada una de las distintas entregas, pero fue la dirigida por Brad Bird la que supuso un punto de inflexión de cara a las venideras. Y es que el humor ha sido, desde entonces y en combinación con la acción imposible de alto octanaje, una de las claves del éxito de las dos últimas propuestas. Algo que, por supuesto, vuelve a repetirse en ésta última, aunque con mucho menos vivacidad. De hecho, se ha recuperado buena parte del carácter dramático entorno a las relaciones amorosas de Ethan Hunt, tema recurrente desde la primera de De Palma a la tercera de Abrams. Precisamente, de esta última recuperamos al personaje de Julia (Michelle Monaghan), (ex)esposa del personaje. Con su aparición, se pone fin a una historia que había quedado algo descolgada.

Por otro lado, Fallout está mucho más ligada a su predecesora (villano incluido), y debido a esa continuidad, nos encontremos de nuevo en la silla de director  -así como en el guión- a Christopher McQuarrie, quién repite con Cruise  por tercera vez tras dirigirle también en la primera entrega de “Jack Reacher”. McQuarrie se muestra todavía más atrevido con las escenas de acción, a sabiendas de que tiene ante él a un reparto que lo dará todo por la película. Pero también maneja muy sabiamente el suspense, la narrativa propia del thriller (con sus giros y golpes de efecto que, por previsibles, no pierden intensidad) y la tensión dramática de varias de las secuencias que completan el emocionante entretenimiento que es “Fallout”.


Además, se afianza la incorporación de Rebecca Ferguson como la agente del MI6 Ilsa Faust, quien ya nos dejó un muy buen sabor de boca en “Nación secreta” y que aquí vuelve a sentirse como una pieza clave del entramado orquestrado por McQuarrie y su co-guionista Bruce Geller. Si Ilsa terminará formando parte del equipo de Hunt (o algo más que eso), el tiempo nos lo dirá. Y es que a esta saga parece quedarle todavía cuerda para rato.



VALORACIÓN PERSONAL:

domingo, 8 de julio de 2018

“Ant-Man y la Avispa” (2018) – Peyton Reed


Sinopsis oficial: Después de "Capitán América: Guerra Civil", Scott Lang lidia con las consecuencias de sus elecciones como superhéroe y padre. Mientras lucha por mantener un equilibrio entre su vida hogareña y sus responsabilidades como Ant-Man, se enfrenta a Hope van Dyne y al Dr. Hank Pym con una nueva misión urgente. Scott debe volver a ponerse el traje y aprender a luchar junto con La Avispa mientras el equipo trabaja en conjunto para descubrir secretos del pasado.


Comentario:
Las escasas pretensiones vuelven a ser la gran baza de una película concebida con el único propósito de entretenernos durante apenas un par de horas. De este modo, y tal y como ya ocurriera con su predecesora, el conjunto resulta tan ameno como intrascendente (dicho esto último sin la menor acritud).

Aunque el personaje de Scott Lang/Ant-Man siga conectado al universo marvelita junto al resto de personajes (particularmente a los Vengadores), no podemos obviar que éste juega en una liga menor. Sus responsables son conscientes de ello y en ningún momento tratan de ocultarlo o enmascararlo, sino todo lo contrario: aprovechar la “épica a pequeña escala” (y nunca mejor dicho) para llevarnos al disfrute cual burbujeante refresco en pleno verano.

Así pues, los puntos fuertes de las nuevas aventuras de Ant-Man vuelven a ser la modestia y el humor (el auténtico motor de la película). Con la excusa esta vez de recuperar a la mujer de Hank Pym (la madre de Hope), desaparecida años atrás en el transcurso de una arriesgada misión, Scott vuelve enfundarse el traje aún a riesgo de terminar con sus huesos en la cárcel. Y es que el personaje se encuentra en arresto domiciliario tras involucrarse en la trifulca entre el Capi y Iron Man (ver “Captain America: Civil War”). Ese es el motivo también por el que él y Hope se hayan distanciado y lleven tiempo sin hablarse. Por supuesto, todo eso cambiará en el momento en el que el rescate de Janet van Dyke (Michelle Pfeiffer) se convierta en prioridad absoluta.

Esta vez, en el terreno de juego nuestro héroe cuenta con la ayuda inestimable (si no es más bien al revés) de una Hope reconvertida en una peleona (y saltarina) superheroina con alas: la Avispa. Con prácticamente los mismos avances tecnológicos que el traje de Ant-Man pero con mayores aptitudes para el combate (y para todo en general), Avispa se convierte en la auténtica reina del mamporro. Juntos forman una pareja invencible ante un enemigo que asume el rol de villanía de forma algo más difusa. Y hasta aquí puedo contar…


Aunque Ant-Man juegue en otra división, sus efectos especiales siguen siendo de primera categoría. En esta ocasión, asumido ya el trámite de pasar por “los orígenes” del personaje, el director exprime con mayor amplitud e ingenio los “poderes” del protagonista. Ahora bien, la tecnología que permite los asombrosos cambios de tamaño ya no se limita exclusivamente a los trajes, como veremos a lo largo de la película, lo que da mucho juego de cara sobre todo a las vertiginosas secuencias de acción que Peyton lleva a cabo.

En ese aspecto, esta continuación gana enteros con respecto a su antecesora, ayudándose en todo momento de esa complicidad con el espectador que le confiere  su total entrega a la comedia más hilarante. Contando con el buen hacer de Paul Rudd y cía en ese campo (pocas veces los secundarios aportan tanto como en esta película), y ese toque familiar que impregna siempre los enredos de Scott, “Ant-Man y la Avispa” logra situarse en peldaño por encima de la cinta original, y aunque no vaya a ocupar nunca un lugar remarcable dentro de la filmografía marvelita, puede presumir con orgullo de ser un entretenimiento veraniego la mar de disfrutable. Y es que a veces, sienta mejor un bocado ligero que una empachante comilona.


VALORACIÓN PERSONAL:



domingo, 10 de junio de 2018

“Jurassic World: Fallen Kingdom” (2018) – J.A. Bayona


Sinopsis oficial: Una erupción volcánica amenaza a los dinosaurios restantes en la Isla Nublar, donde las criaturas han vagado libremente durante años tras de la desaparición del parque temático "Jurassic World". Claire Dearing, ex gerente del parque, ahora fundó el Grupo de Protección de Dinosaurios, una organización dedicada a proteger a los dinosaurios. Para ayudar con su causa, Claire ha reclutado a Owen Grady, el ex entrenador de dinosaurios que trabajó en el parque, para evitar la extinción de los dinosaurios...


Comentario:

 “Jurassic World” se originó como un reinicio de la irregular franquicia jurásica que empezó su andadura allá por el lejano 1993 de la mano Steven Spielberg. La idea, con un enfoque claramente más futurista, era revivir la magia que hizo de aquél primer filme uno de los más grandes espectáculos de aquella década (y de todos los tiempos, si se me permite la contundencia en tal afirmación). ¿Lo consiguieron? Bueno, quizás el reto era poco menos que imposible, pero  al menos supieron dejarnos a muchos con un buen sabor de boca y con ganas de más dinosaurios.

Si estar a la altura de la película original es algo que ni el propio Spielberg  logró con la primera secuela, ¿por qué íbamos a exigírselo a Colin Trevorrow? La cuestión residía en revivir la franquicia tras el punto muerto en el que la dejó la tercera entrega dirigida por Joe Johnston. Y eso, sin duda, lo consiguieron.

Con el camino ya hecho,  “Fallen Kingdom” se presenta ahora como el punto de inflexión dentro de esta segunda etapa de la saga. Aunque al comienzo pueda parecer que vamos a asistir a una versión 2.0 de “El mundo perdido” de Spielberg, lo cierto es que el guión de Trevorrow y Derek Connolly apuesta por ir en una dirección algo diferente y, de paso, tirar menos de la nostalgia y los guiños (que los hay, por supuesto) como en su antecesora.

Chris Pratt y Bryce Dallas Howard retoman sus papeles de Owen y Claire, respectivamente. La  imperfecta pero encantadora pareja ya no echará carreras para salvar sus vidas y las de sus semejantes, sino para salvar la de los prehistóricos dinosaurios de la Isla Nublar, amenazados éstos no sólo por un amenazador volcán activo, sino también por un puñado de avariciosos sin alma ansiosos por llenarse los bolsillos a su costa. De ahí que el principal escenario de la cinta sea la exultante (y algo lóbrega) mansión de un viejo multimillonario, personaje al que los guionistas han vinculado –y hasta ahí puedo contar- con el entrañable John Hammond de Richard Attenborough.

Aunque las conexiones con Jurassic Park no terminan ahí, pues además de las habituales referencias, tenemos también de vuelta al matemático Ian Malcolm (Jeff Goldblum) en un papel algo más breve de lo esperado (podríamos llamarlo más bien cameo) pero decisivo en lo que respecta al rumbo que ha tomado la nueva trilogía. Un Malcolm más talludito pero fiel a su discurso ético acerca de la existencia de los dinosaurios en pleno siglo XXI.


Acostumbrados a las modernas instalaciones de los parques precederos y  a su selvático entorno, la mansión de Lockwood ofrece para la ocasión un escenario único del que Bayona sabe beneficiarse enormemente, consiguiendo por momentos acercarnos incluso al género de terror. Y eso por no hablar de la cantidad de planazos dignos de enmarcar  que nos regala el director a lo largo de todo el metraje (y no es que un servidor sea precisamente un enamorado de sus obras más recientes).

Visualmente, por tanto, la cinta luce de maravilla. Las secuencias de acción son espectaculares y los efectos especiales impecables, aunque destacar eso probablemente sea caer en lo obvio (con 170 millones de presupuesto, es algo que se le presupone).

Más allá de eso, la sensación es la de un entretenimiento bien confeccionado y bien empaquetado para el disfrute de toda la familia, aunque al loro con los más peques porque cuando los dinos andan sueltos a la caza de humanos a los que zamparse de un bocado, la violencia hace acto de presencia.

La sentencia final es que si disfrutaste con “Jurassic World”, casi con toda seguridad disfrutes también de su secuela. Si por el contrario el nuevo rumbo de la franquicia no te convenció ni un pelo, raramente ésta te haga cambiar de opinión.



VALORACIÓN PERSONAL:

domingo, 27 de mayo de 2018

“Han Solo: Una historia de Star Wars” (2018) – Ron Howard


Sinopsis oficial: A través de una serie de atrevidas escapadas por el oscuro y peligroso inframundo criminal, Han Solo se hace amigo del poderoso Chewbacca, su futuro piloto, y conoce al famoso jugador Lando Calrissian, en un periplo que marcará el rumbo de uno de los héroes más inverosímiles de la saga de Star Wars.


Comentario:
El retorno de la franquicia Star Wars a la gran pantalla ha traído consigo una serie de suculentos proyectos paralelos centrados en otras historias del universo creado originalmente por George Lucas. Ese es el caso de “Rogue One”, capítulo centrado en la historia del robo de los planos de la Estrella de la Muerte; aquellos mismos planos que serían entregados a la Princesa Leia y que servirían a la Resistencia, con Luke Skywalker al frente, para destruir el arma secreta más poderosa del Imperio.

Lo mismo ocurre con “Solo: A Star Wars Story”, película que se enfoca en los orígenes de uno de los personajes más icónicos y queridos de la franquicia: el carismático contrabandista Han Solo. Pero al igual que “Rogue One”, que tuvo rehacer buena parte de su metraje tras el descontento de los productores con el trabajo del director Gareth Edwards, el periplo de esta película hasta las salas tampoco ha sido un camino de rosas. Para empezar, los directores inicialmente contratados, Phil Lord y Christopher Miller (The Lego Movie, 22 Jump Street), abandonaron el proyecto (o mejor dicho, fueron despedidos) a causa de las consabidas “diferencias creativas”. Su visión, se dice, mucho más cercana al espíritu de “Guardianes de la Galaxia” de Marvel (ergo, irreverente y gamberra), y la de los productores (partidarios, con la autoritaria mandamás Kathleen Kennedy a la cabeza, de no salirse de la ruta habitual) no encajaban, siendo sustituidos por el veterano Ron Howard, quien tuvo que rehacer la película prácticamente desde cero (según apuntan los rumores, apenas habría quedado intacto un 25% de lo rodado por el dúo Lord y Miller).

Por supuesto, eso no hizo más que aumentar los malos augurios hacia una producción que ya empezó con mal pie tras algunas decisiones de casting  sumamente cuestionadas (el fichaje de Alden Ehrenreich como Han Solo, sin ir más lejos).

No obstante, una vez vista la susodicha, y tal como ocurriera con la cita cinta de Edwards, los problemas durante la producción no han afectado en demasía al resultado final. Quizás no sean las películas que debieron ser, pero tampoco sabemos si esas películas hubiesen sido lo que debían ser.

Nunca sabremos qué clase de película habrían hecho Lord y Miller, ni si ésta habría sido mejor que la presente. Quizás el dúo hubiera aportado esa frescura que tan desesperadamente necesitan las nuevas películas de la franquicia. Sin embargo, no tengo tan claro que fueran los adecuados para el proyecto. Y es que Star Wars no es Guardianes de la Galaxia, y lo logrado por Howard, si bien no se sale ni un milímetro de los estándares de la saga (y la pregunta es: ¿debería hacerlo?), es un entretenimiento más que digno. Probablemente no sea la película de Han Solo que esperábamos, y seguramente ninguna lo sea jamás (es difícil estar a la altura de lo que espera cada uno), pero puede considerarse una aventura espacial satisfactoria.

Con sus forajidos, sus asaltos al tren y sus salones con partidas de póquer (aquí sabacc), “Solo: A Star Wars Story” (a partir de ahora “Solo”) se emparenta mucho más con el género western que con la space opera. Y eso es un buen punto a su favor, ya que se distancia un poco de lo habitual, saliendo mejor parada en ese sentido que la ya citada “Rogue One” (un experimento espacio-bélico que no terminaba de cuajar).


Por otro lado, sus moderadas pretensiones, dejando a un lado la eterna lucha de la Fuerza contra el Lado Oscuro, del Imperio contra la Resistencia (y que aquí tan sólo funcionan como trasfondo), permiten que el tono lúdico nos acompañe durante toda la proyección. Eso no quiere decir que no esté exenta de algunas escenas más dramáticas (muy fan del “robomance” entre Lando y L3), pero resultan ser bastante ligeras, y como mero acompañamiento a una historia que busca más la diversión ligera que la épica rotunda.

Más allá de la dirección, tan efectiva como la de cualquier otro artesano (y Howard lo es) que supiera someterse a los designios de Kennedy, lo que de verdad hace funcionar a “Solo” es su historia.

Cierto es que Ehrenreich no es Ford, y que le faltan toneladas de carisma siquiera para llegarle a la suela de los zapatos a éste, pero ofrece un actuación más competente (si bien mejorable) de lo que cabría esperar, apoyado sobre todo en un guión que logra hacernos ver en él a un joven Solo. Porque sí, este es nuestro Han Solo. No nos lo han cambiado; tan sólo nos lo han rejuvenecido. Y lo mismo ocurre con Lando, aunque en su caso el actor elegido probablemente sea mejor fichaje que el de Ehrenreich.

En cualquier caso, el reparto en general funciona porque la historia, repleta de guiños y referencias (y algún que otro cameo poco menos que discutible) también lo hace. Y es que algunas de las cosas que siempre quisimos saber y/o ver sobre el pasado de Solo, tales como su primer encuentro con el que será su fiel compañero/escudero de aventuras hasta el final, el wookie Chewbacca; la vez que realizó el Corredor de Kessel en "menos de doce parsecs” o cómo logró arrebatarle a Lando el veloz Halcón Milenario en un partida sabacc, ocurren de un modo complaciente, sabiendo jugar con la complicidad del espectador fan sin forzar en demasía los engranajes de la maquinaria fandom. Así pues, en el hipotético caso de que ésta fuera la única entrega sobre Han Solo, ésta sería más que suficiente para complacer un poco el misterio acerca de los orígenes del personaje. No obstante, espero y deseo que la cinta de Howard abra las puertas a una nueva trilogía. No tanto por lo entregado, sino por lo que está o podría estar por venir. ¿O acaso no sería ideal disfrutar de una continuación con Solo y Chewbacca al más puro estilo buddy movie? En serio, ¡basta ya de películas corales!


Por cierto, si analizamos la relación entre Solo y su mentor, Beckett (Woody Harrelson), un poco de “La isla del tesoro” de Stevenson también hay.



VALORACIÓN PERSONAL:

domingo, 29 de abril de 2018

“Vengadores - Infinity War” (2018) - Anthony Russo, Joe Russo


Sinopsis oficial: El todopoderoso Thanos ha despertado con la promesa de arrasar con todo a su paso, portando el Guantelete del Infinito, que le confiere un poder incalculable. Los únicos capaces de pararle los pies son los Vengadores y el resto de superhéroes de la galaxia, que deberán estar dispuestos a sacrificarlo todo por un bien mayor. Capitán América e Ironman deberán limar sus diferencias, Black Panther apoyará con sus tropas desde Wakanda, Thor y los Guardianes de la Galaxia e incluso Spider-Man se unirán antes de que los planes de devastación y ruina pongan fin al universo. ¿Serán capaces de frenar el avance del titán del caos? 

Comentario:
Diez años, que se dice pronto, y nada menos que 19 películas. Este es el cómputo total que los estudios Marvel han alcanzado desde que en 2008 pusieran en marcha su particular universo cinematográfico; ese en el que todos sus personajes estarían conectados entre sí. Todo empezó con “Iron Man”, película que supuso la primera piedra de un proyecto que ha perdurado hasta nuestros días –y que pretende extenderse a dos décadas más- a lo largo de distintas fases.

“Infinity War” nos acerca, sin embargo, al fin de una era. Del mismo modo que las anteriores entregas de Los Vengadores supusieron el cierre de cada Fase (la primera Vengadores para la Fase 1, y la Era de Ultrón para la Fase 2), la mastodóntica epopeya que han llevado a cabo los hermanos Russo ha de concluir con la Fase 3. Y ya son varios los personajes que llevan unas cuantas películas a sus espaldas, con lo que no sería de extrañar que esto sirviera de despedida para algunos de ellos.

Claro que, como ya sabréis, eso no ocurrirá hasta el estreno de la segunda parte en 2019. Y es que la Guerra del Infinito no podía contarse en tan sólo una película. Se necesitan más de dos y de tres horas  para contar una batalla que lleva ya unos años gestándose, y que enfrenta  a Thanos, el gran villano en la sombra hasta el momento, con todos (o casi todos) nuestros queridos superhéroes. El propósito no es otro que evitar que semejante enemigo  se agencie todas las Gemas del Infinito y se convierta en un ser todopoderoso (cual Dios) capaz de aniquilar medio Universo (¿medio? Sí, medio) de un plumazo.

No debatiremos aquí el propósito de Thanos para con las gemas, pero sí que merece la pena comentar el gesto de los guionistas por humanizar un enemigo del que hasta el momento poco o nada sabíamos. Cierto es que eso le ha restado puntos de intimidación como malo malísimo, pero al mismo tiempo ha ganado en profundidad.


Al resto de los personajes ya los conocemos sobradamente, por lo que no se han tomado demasiadas molestias con ellos. E incluso el primer encuentro entre muchos de ellos se resuelve con una fugacidad y simplicidad pasmosa.

Quizás el problema radique en que hay demasiado personaje involucrado (y eso que no están todos los que son), y que son tantas las cosas (encuentros, despedidas, romances…) que tienen que ocurrir en tan poco tiempo (dos películas se me empiezan a antojar incluso pocas), que todo transcurre a un ritmo excesivamente acelerado. Un non-stop de fuegos artificiales que pueden llegar a agotar un poco, más cuando el hilo conductor es tan limitado.

Y es que los personajes aparecen y desaparecen (algunos son prácticamente un visto y no visto, o bien aportan poco o nada a los acontecimientos que se desarrollan); van de A a B y de B a C en cuestión de fotogramas; luchan y pierden, luchan y ganan, vuelven a luchar y vuelven a perder/ganar… Todo concentrado en algo más de horas en las que sólo parece haber hostias, lamentaciones, más hostias y más lamentaciones. La historia carece verdaderamente de una trama hilvanada, probablemente porque en conjunto todo se desarrolla más como un acto final de una larga película que empezó hace rato, que una película en sí misma, con su inicio, su nudo y su desenlace. De hecho, carece de desenlace, adoleciendo  de uno de los grandes males de algunas franquicias: las entregas segmentadas, es decir, esos capítulos divididos a su vez por entregas y que saben a media película cada una. Y ver media película, terminar con un coitus interruptus de órdago (en este caso, especialmente doloroso), y esperar un año para contemplar su conclusión es, para un servidor, algo terriblemente molesto (por inevitable que sea). Tampoco ayuda que saltemos continuamente de un punto al otro de la galaxia para ver qué están haciendo unos y qué están haciendo otros. Tanto personaje desperdigado, aún con un único fin (derrotar a a Thanos) , termina mareando.

“Infinity War” es, pues, un poco como su llamativo y colorido póster oficial: que sí, que nos encanta que estén al fin todos juntos nuestros superhéroes favoritos, pero se vislumbra a todas luces sobrecargado.  

A Whedon le salió mucho mejor la jugada en Los Vengadores, aunque no tenía tantos personajes entre manos. Los Russo, que ya habían practicado un poco con Civil War (una pseudo Vengadores sí o sí), demuestran que saben otorgarle los minutos necesarios a los personajes principales sin que ninguno se resienta en exceso, mientras que muchos de sus secundarios parecen metidos con calzador para llenar la cuota de rigor. Amén de que los golpes de efecto dramático caen en saco roto cuando se suceden uno tras otro sin tiempo suficiente para crear un clímax adecuado para ello. Es más, cierto factor espacio-temporal (ya visto en la franquicia de los mutantes, aunque aquí mejor justificado gracias a una de las gemas) provoca en mí cierta sensación de indiferencia casi absoluta ante cualquier suceso dramático supuestamente incorregible. Una vez introducido dicho factor, todo es posible y las probabilidades pasan a ser infinitas, por lo que esos “golpes de efecto” poseen, precisamente, menos efecto del deseado. Ergo, es un arma de doble filo de la que sólo los mejores guionistas saben hacer buen uso.

En cualquier caso, y sin que sirva de atenuante, ninguna de las aportaciones al universo marvelita de los hermanos Russo me suscita especial admiración. Por muy aclamadas que estén entre los fans y la crítica, ni Soldado de Invierno ni la ya citada Civil War se encuentran entre mis favoritas, como tampoco la hará esta Infinity War.  Y no es que me disgusten, ni mucho menos. De hecho, les reconozco su primigenia función de espectaculares y divertidos entretenimientos, pero ninguna termina de conquistarme como sí han logrado, por ejemplo, las primeras Capitán América y Guardianes de la Galaxia, Iron Man y Iron Man 3, o la más reciente Thor: Ragnarok. Todas ellas, por distintas razones.

De todos modos, quizás la mejor manera de valorar la historia que aquí nos cuentan sea en su conjunto, cuando obtengamos al fin su desenlace en la próxima película. La espera será y se hará larga.


VALORACIÓN PERSONAL:



domingo, 25 de marzo de 2018

“Pacific Rim: Insurrección” (2018) - Steven S. DeKnight



Sinopsis oficial: Han pasado 10 años tras la primera invasión que sufrió la humanidad, pero la lucha aún no ha terminado. El planeta vuelve a ser asediado por los Kaiju, una raza de alienígenas colosales, que emergen desde un portal interdimensional con el objetivo de destruir a la raza humana. Ante esta nueva amenaza, los Jaegers, robots gigantes de guerra pilotados por dos personas para sobrellevar la inmensa carga neuronal que conlleva manipularlos, ya no están a la altura de lo que se les viene encima. Será entonces cuando los supervivientes de la primera invasión, además de nuevos personajes como el hijo de Pentecost (John Boyega), tendrán que idear la manera de sorprender al enorme enemigo, apostando por nuevas estrategias defensivas y de ataque. Con la Tierra en ruinas e intentando reconstruirse, esta nueva batalla puede ser decisiva para el futuro.

Comentario:
Hostias a diestro y siniestro entre robots gigantes y monstruos gigantes. Eso es lo que nos ofrecía hace unos años “Pacific Rim”, película que hacía las delicias de cualquier aficionado al manga/anime gracias a sus feos monstruos (kaiju) y, sobre todo, a esos robots pilotados por humanos (los mechas, en la jerga otaku). 

Con Del Toro detrás de las cámaras y en el guión, el proyecto respiraba mucho amor y respeto por el género y por los personajes. Ahora, cinco años más tarde, nos llega esta secuela, ya sin el mexicano en la silla de director, pero sí ejerciendo de productor y co-guionista, lo que sin duda habrá ayudado a que esta continuación, a cargo de Steven S. DeKnight (director curtido en televisión), mantenga el espíritu de su predecesora.

Aunque se haya perdido el efecto sorpresa, cosa inevitable en las secuelas, y se apueste nuevamente por la fórmula “hazlo más grande y más bestia” también inevitable y típica de éstas, lo cierto es que el entretenimiento que ofrece “Uprising” no está exento de algunos detalles, guiños y sorpresas agradables que de seguro harán palpitar los corazones de los aficionados. Otras decisiones con respecto al retorno de algunos de los personajes de la primera entrega puede que sean más cuestionables y no gusten tanto, pero a grandes rasgos considero que la trama es coherente con ella misma y con lo relativo a la primera entrega.

Si acaso, el único “pero” que podría discutirse sería el apunte final de cara al camino a seguir en la próxima entrega (siempre y cuando la taquilla de ésta acompañe, claro). Y no por erróneo, pues probablemente sea la jugada más acertada en pos de evitar la “reiteración de la fórmula” en la saga, sino porque POSIBLE SPOILER--- es exactamente el mismo rumbo que pretenden seguir las venideras terceras partes de otras sagas de “invasiones” (si habéis visto “Independence Day: Resurgence” y “Beyond Skyline” ya sabréis a lo que me refiero). --- FIN POSIBLE SPOILER

Dejando esto a un lado, debemos asumir que sí, que “Pacific Rim: Uprising” ofrece más de lo mismo. ¿Pero acaso alguien espera/exige otra cosa? 


No sólo sigue habiendo seres de otra dimensión queriendo aniquilar a la raza humana y robots gigantes protegiéndonos de ellos, sino que ahora estos robots deben enfrentarse también ¡a otros robots! Puede que eso, y la reducción de la media de edad del plantel protagonista nos recuerde en demasía a la última entrega de la saga Transformers (con niña callejera experta en ingeniería robotica, incluida), pero las comparaciones terminan ahí. Lo de Bay es una oda a la chatarrería y al ruido, en donde los personajes son un cero a la izquierda y el humor lamentable y sonrojante. 

Porque aunque por fuera se le parezca, Pacific Rim es una cosa muy distinta. Es más divertida y mucho más “friki”, y su espectacularidad (que no es poca) no está reñida con su impacto emocional. Los personajes son tan importantes como los robots que pilotan o los bichos a los que zurran. En ese sentido, John Boyega asume el relevo con porte y buena actitud, compensando en carisma todo el que quizás le falte a su compañero Scott Eastwood. Por otro lado, la pandilla de jóvenes pilotos que les acompaña se acerca más al prototipo de protagonistas que pululan en el anime al que la película emula, por lo que no creo que quepa queja alguna al respecto, más si éstos consiguen ganarse la simpatía del espectador. Y lo dice alguien que anda ya algo hastiado de tanta franquicia juvenil.

“Uprising” es, por tanto, una digna secuela; continuista y respetuosa, y que aumenta el nivel de espectacularidad y destrucción sin pasarse de frenada. Puede que no encandile o enamore del mismo modo que lo hizo la cinta de Del Toro, pero si disfrutasteis con aquella, me resultaría realmente desconcertante que no lo hicierais con ésta.


VALORACIÓN PERSONAL: