martes, 23 de junio de 2009

"Corazón de tinta (Inkheart)" (2008) - Iain Softley


Desde el abrumador éxito de “El señor de los anillos” (Oscars incluidos), son varios los estudios que han apostado por las producciones fantásticas de corte juvenil y/o infantil (aunque la obra de Tolkien quizás fuese más adulta de lo que aparenta), en un intento de repetir el logro –cinematográfico y taquillero- alcanzado por Peter Jackson. Desgraciadamente, ese potencial filón que los avispados productores encontraron se ha saldado con una abultada cantidad de películas mayormente decepciones y que en ningún caso han conseguido superar, igualar o tan siquiera acercarse al nivel de su mayor exponente en ésta década. Tan sólo el joven mago de J.K. Rowlin ha reventado las taquillas de medio mundo, y su alargada sombra parece perseguir y aplastar al resto de sus competidores.

Pero no siempre un decepcionante resultado económico se debe a la baja calidad de la cinta en cuestión. Sin ir más lejos, el excelente trabajo realizado en “Stardust” no se vio recompensado con una buena taquilla, sino más bien todo lo contrario. Otras, en cambio, fueron dignas merecedoras de ser un fracaso, como la mediocre Los Seis Signos de la Luz, que se saldó con terribles críticas (no era para menos), o la fallida La Brújula Dorada, que aunque quizás no fuera tan horrible como algunos la pintaron, fue uno de los fracasos más sonados del 2007, “provocando” que la New Line Cinema se fuera a pique. Algo similar al descalabro económico que supuso “La isla de las cabezas cortadas” para Carolco Pictures.

Las Crónicas de Narnia: El León, la Bruja y el Armario llenó las arcas de la Walt Disney, pero sus críticas fueron tan dispares que el público ya no picó con la secuela. Eso sí, gracias –es un decir- a otro estudio, la Fox, la saga no se quedará descolgada como le ha pasado a sus semejantes, y seguramente tendrá tercera entrega para regocijo de sus fans.

Otras producciones, más pequeñas y modestas en recursos e intenciones, han pasado más bien desapercibidas entre el público. Es el caso de Un Puente hacia Terabithia o Las Crónicas de Spiderwick, pequeñas películas algo más estimables (dentro de lo gastado que está el género) pero que no han tenido mucha repercusión.

Corazón de tinta (Inkheart) no tiene unas grandes pretensiones, pero ha costado 60 millones de dólares y de momento el público no parece lo suficientemente entusiasmado con el resultado, como para que la inversión resulte rentable.

La película está dirigida por Iain Softley (La llave del mal, K-Pax), y adapta la novela de mismo título escrita por Cornelia Funke, que fue un éxito inmediato cuando se publicó en 2003. Esta es la primera de una trilogía compuesta por un segundo libro titulado Sangre de tinta y un tercero, Muerte de Tinta. Desgraciadamente, si la carrera comercial de esta primera adaptación no mejora, me da a mí que las otras dos se quedarán sin su versión en pantalla.

La cinta nos cuenta la historia de Mortimer "Mo" Folchart (Brendan Fraser) y su hija de 12 años Meggie (Eliza Hope Bennett). Ambos comparten una gran pasión por la literatura, pero lo que la niña desconoce es que su padre tiene el don de hacer que los personajes de los libros cobren vida con sólo leer en voz alta. Pero no todo es tan bonito como suena, y por cada personaje de un libro que se trae a la vida, una persona real debe ocupar su lugar.

Tiempo atrás y sin conocer aún que poseía ese don, Mo trajo a nuestro mundo a unos malvados seres de fantasía, y su llegada significó la desaparición de su amada esposa.

Tras años de insatisfactoria búsqueda, por fin Mo ha logrado encontrar “Corazón de tinta“, el libro que leyó nueve años atrás y con el que podrá recuperar a la madre de Meggie. Desgraciadamente, Capricornio (Andy Serkis), el malvado villano que surgió de ese cuento, anda detrás de sus pasos y con unos intereses más perversos para con el libro. Mo, Meggie y un variopinto grupo de aliados, tanto reales como imaginarios, harán frente a Capricornio y a sus secuaces en una lucha repleta de seres mágicos.


Si películas como “Ed Wood” o “Cinema Paradiso” son cine dentro de cine, la novela “Corazón de tinta” es literatura dentro de literatura. A los personajes de la historia les gusta la lectura, por lo que la cantidad de referencias a otras novelas y cuentos es abultada. De hecho, podríamos considerar la obra de Cornelia Funke un cariñoso homenaje a la literatura fantástica. Y todo mediante el don de Mo, el personaje que aquí interpreta Brendan Fraser.
Desgraciadamente, pienso que a ese don se le podía haber sacado mucho más partido. Las posibilidades que ofrece el hecho de que los personajes u objetos de los cuentos puedan cobrar vida en el mundo real, es algo que da mucho juego, pero la película -y supongo que si es fiel, también la novela- no lo explota debidamente.

Algunas referencias son meramente anecdóticas o intrascendentes, mientras que gran parte de la atención se la lleva un único libro, El Maravilloso Mago de Oz, de L. Frank Baum (cuya adaptación musical, la de Victor Fleming, me encanta, dicho sea de paso). Es el libro al que más partido se le saca, pero quizás resulta demasiado reiterativo incidir siempre en sus páginas. Eso sí, el motivo de que sea este libro y no otro u otros, tiene por lo menos su justificación (SPOILER era el preferido de la madre de Meggie FIN SPOILER)

Otro problema es que los personajes no tengan una mayor consistencia o no estén lo aprovechados que debiera. Uno de los imaginarios, Farid, proviene de Las Mil y una Noches, pero su participación en la trama es tan trivial, que resulta de lo más prescindible. El personaje de la tía Elinor, interpretado Helen Mirren, tiene sus momentos, pero tampoco da mucho de sí. Y la madre de Meggie queda relegada al mero macguffin. Ella es el motivo que impulsa a los personajes a la acción, pero no es partícipe de ella. Es la mujer en apuros, y no hace nada más.

Por tanto, el foco de atención lo centran Mo, Maggie y Dustfinger (Paul Bettany), siendo el más interesante este el último por su ambigüedad, en el sentido de que pertenece a un bando o a otro según convenga. Esa dualidad lo convierte en el personaje más destacado e imprevisible, dentro de lo previsible que resulta todo. Es un tipo atormentado por la desgracia que le supone vivir alejado de su hogar; es un cobarde y un egoísta, que sólo piensa en sí mismo. Dustfinger además, se beneficia de la más que correcta interpretación de Bettany, que destaca un poco por encima del resto del reparto.


Brandan Fraser ya se está acostumbrando a este tipo de producciones infantiles y fantásticas, así que no le cuesta nada desenvolverse en el rol de padre aventurero. Gracias a Dios, esta vez se ahorra las payasadas a las que a veces recurre, y compone un personaje un poco más mesurado.

Quien pierde un poco el norte es Andy Serkis. Completamente histriónico y paródico en su actuación. Quizás es lo que pedía un villano de cuento y el actor lo haga aposta, pero su personaje está tan infantilizado, que en ningún momento supone un enemigo realmente amenazador. Juega con la ventaja del rehén, pero es más un malhechor de tres al cuarto.

El resto del reparto cumple correctamente con su labor. Eliza Bennett (Meggie) no resulta repelente ni odiosa, como ocurre a veces con los jóvenes protagonistas de este tipo de cintas. Y he llegado a la conclusión personal (muy personal), que son las niñas las que mejor componen este tipo de personajes. Me lo demostraron Abigail Breslin en “La isla de Nim”, AnnaSophia Robb en “Un puente hacia Terabithia” y Saoirse Ronan en “City of Ember”, por ejemplo. En cambio, sus homónimos masculinos me suelen sacar de quicio. Pero ya digo, que esto es una cuestión muy subjetiva.

La película podría haber sido mucho más imaginativa y desprender más magia de la que hace gala. Se hace entretenida, aunque empieza de forma un tanto apresurada, pierde un poco de fuelle hacia la mitad y recupera el ritmo en su tramo final. Precisamente, sus últimos 15-20 min. son los mejores y más intensos. No sólo porque haya un mayor y más espectacular despliegue de efectos especiales, sino porque también son los más emocionantes. Y emoción es precisamente de lo que carece el resto.

Corazón de tinta (Inkheart) es un correcto y blando entretenimiento familiar que probablemente entusiasme más a los peques que a los mayores. Y es que nada me quita esa sensación de que podía haber dado mucho más de sí; que el argumento ofrecía mayores posibilidades y caminos que explorar (quizás eso ocurra en las secuelas novelísticas).

Pedirle poco y/o llevarse a los críos, es la mejor manera de disfrutarla. Hace que añores tiempos mejores para la fantasía, pero agradeces que su resultado vaya acorde con sus pretensiones (ni muy arriba ni muy debajo de la media)

P.D.: Mención final al cuasi insignificante cameo de Jennifer Connelly, que hace de esposa de Dustfinger/Paul Bettany, su marido en la vida real.



Valoración personal:

domingo, 21 de junio de 2009

"La Sangre de los Héroes" (1989) - David Webb Peoples


Quizás el subgénero post-apocalíptico sea una de las temáticas más recurrentes dentro del cine de ciencia-ficción de bajo presupuesto. Y es que a raíz de películas como “1997: Rescate en N.Y.” de John Carpenter o “Mad Max” de George Miller, este tipo de cintas, ubicadas en futuros devastados, se hicieron muy populares en los videoclubs de la época. En Italia se realizaron varias producciones de este tipo, muchas rallando la serie Z y copiando vulgarmente los argumentos de sus semejantes de alta categoría (véase Los Guerreros del Bronx, Endgame, Roma 2072: Los Nuevos Gladiadores, etc.). Más o menos, era el mismo modus operandi que llevaron a cabo con el cine de “espada y brujería” que puso de moda Conan, y que ya comenté en la reseña de “Cromwell, el rey de los bárbaro”.

Por supuesto, la mayoría de estas producciones eran deplorables y sólo unas pocas servían para pasar el rato. Claro que los jóvenes de aquellos tiempos, atraídos muchas veces por sus llamativas portadas, consumíamos este tipo de productos sin prejuicio alguno y sólo con el ánimo de pasar un rato de distracción frente al televisor (los tiempos del Betamax, of course).

Podríamos hablar largo y tendido sobre este subgénero y sus múltiples ramificaciones y ejemplos cinematográficos, pero prefiero no extenderme en demasía y centrarme en la cinta que nos ocupa.

The Blood of Heroes”, conocida también como Salute of the Jugger, se sitúa en un futuro incierto, tras una devastadora guerra nuclear (faltaría más). La sociedad ha quedado destruida y la convivencia humana regresa a los tiempos de la barbarie. La gente pobre se congrega en pequeñas “ciudades mercado”, mientras que los aristócratas y personas con mayor poder adquisitivo permanecen en ciudades subterráneas.

En este mundo, existe un violento y sanguinario juego que sirve de entretenimiento a las masas y mediante el cual algunos pueden ganarse la vida un poco mejor que sus semejantes. Pero sólo los hombres y mujeres más fuertes pueden dedicarse a este duro juego, y éstos son llamados los “juggers”. Sallow (Rutger Hauer) y su grupo, son unos juggers que van de ciudad en ciudad retando a los jugadores locales. Cuando derrotan a sus rivales, son homenajeados por las gentes del lugar, recibiendo alojo y cubriendo todas sus necesidades (comida, bebida, sexo…)

El juego se desarrolla entre dos grupos de 5 miembros. Cuatro de los jugadores están bien armados y deben proteger a un quinto, denominado “el rápido”, cuya tarea consiste en hacerse con un cráneo de perro situado en medio del campo de juego, y clavarlo en la estaca del bando rival. Para conseguir su objetivo, tienen un máximo de tres asaltos.

Este mismo juego también se práctica en las ciudades subterráneas, la conocida “La Liga”, pero ahí sus jugadores son considerados héroes (héroes de sangre) y tratados casi como si fueran de la aristocracia, disfrutando así de sus mismos lujos, aunque con ciertas restricciones sociales.

Sallow era uno de esos jugadores, pero fue expulsado por tener un affaire con una aristócrata. Ahora, una joven llamada Kidda (Joan Chen) quiere unirse a su grupo y convertirse en una buena jugger. Juntos van de población en población, acumulando victorias y experiencia, así como moratones y cicatrices. Pero las aspiraciones de Kidda van más allá y su deseo es participar en La Liga. Los juggers pueden retar a La Liga, y si se les concede el permiso, luchar contra sus miembros. Por lo general, nadie suele vencerlos, pero si los juggers hacen un buen papel, pueden ser contratados para formar parte de la misma y abandonar así sus errantes y miserables vidas.
Sallow y los suyos retarán a la liga y les demostrarán de qué son capaces.


La Sangre de los Héroes es casi como una película de deportes, como pudieran ser las de fútbol americano (de hecho, el juego de los juggers guarda ciertas similitudes con éste) pero trasladada a un futuro apocalíptico. Hay un grupo de humildes jugadores, valerosos e invictos, que quieren enfrentarse a otros de mayor categoría. Y es aquí donde entre el habitual sentimiento de superación personal de este tipo de cintas deportivas. Más allá de eso, no hay mucho que extraer del argumento de esta cinta, ni su desarrollo da para mucho más. Es como si mezcláramos “Mad Max” con “Rollerball”, pero dejando la crítica a un lado.

Hay clases sociales, pero el objetivo de la trama no es luchar contra unos villanos en concreto o defender/rescatar a algún indefenso. La trama gira en torno al juego y a sus jugadores. Ni más ni menos.

Aunque pueda parecer otra cutre-casposa producción post-apocalíptica típica de los 80 (que lo es, en cierta manera), la verdad es que tiene ciertos detalles que la hacen diferente a las demás, y en cierto modo, más entrañable. Lo más destacable es el juego de los juggers; el cómo está ideado y cómo éstos se ganan la vida con él. Además del respeto y el compañerismo que se guardan los jugadores tras el partido. Y es que una vez finalizado el juego, todos pasan la noche emborrachándose y pasándoselo en grande, como si fueran amigos, olvidando las heridas y los huesos rotos de unas horas antes. Claro que el equipo vencedor es el que goza de mayores privilegios.

También cabe mencionar el aspecto de las ciudades subterráneas y sus aristócratas, así como el curioso “motel” donde acaban pasando la noche Sallow y Kidda. No es que el diseño de producción sea muy remarcable o novedoso, pero tiene su aquél, pese a la más que evidente falta de medios. En líneas generales, la ambientación es como la de cualquier otra película del mismo estilo, pero con ciertos toques distintivos.

El guión es de lo más simple y lineal. El personaje de Kidda su une al grupo de Sallow, se entrena con ellos y pelea a su lado hasta que deciden participar en la liga. A ese argumento, se le puede sumar una especie de subtrama que atañe al pasado de Sallow y sus ansias de revancha, pero tampoco es que ésta se desarrolle demasiado.

La escritura del mismo corre a cargo de David Webb Peoples, que por primera vez se atrevió también a asumir la tarea de dirección. Peoples está fuertemente ligado al género de ci-fi, y fantástico, puesto que ha sido co-guionista de films tan emblemáticos como “Blade Runner” o “Lady Halcón”, ambos con la participación del actor protagonista de su ópera prima, Rutger Hauer.

Básandose en el cortometraje La Jetée de Chris Marker, Peoples concibió el guión de “12 Monos”, y dos historias suyas –que también guionizó- dieron lugar a películas menores como “Leviathan” o “Soldier”. Aunque quizás su trabajo más reconocido (irónicamente, alejado de dicho género) sea el guión de “Sin Perdón”, la considerada primera obra maestra de Clint Eastwood.

Aquí la historia desarrollada por Peoples tiene su punto fuerte en el propio juego y en la figura de los dos personajes principales, ya que el resto quedan en un muy segundo plano. De todas maneras, la precariedad de medios y la inexperiencia de Peoples delante de la cámara impiden que esta cinta pueda aspirar a algo más que a una entretenida serie B de videoclub. Dudo que quisiera ir más allá de eso, pero considero que con un guión más pulido, una dirección más potente y unas coreografías más elaboradas y especulares en las escenas de lucha, podría sacársele un mayor jugo a esta historia. Y claro, un mayor presupuesto no le sentaría nada mal.

Lástima que sólo se hagan remakes de clásicos, obras de culto y películas que no necesitan de una revisión, porque en este caso estaría más que justificado. Al igual que Paul. W.S. Anderson ha hecho con su actualizada -y mejorada- “Death Race”.


Cabría destacar además la aparición de un par de actores hoy día algo más conocidos entre el público. Quizás a los nombres se os resistan, pero por las caras seguro que os sonarán. Uno de los compañeros de reparto de Hauer es Vincent D'Onofrio (Nivel 13, La Celda), que por aquél entonces se hacía llamar Vincent Phillip D'Onofrio; y el otro es Delroy Lindo, habitual secundario visto en películas como “60 segundos” o “El último golpe”, si bien para mí, uno de sus mejores trabajos fue en la maravillosa “Las normas de la casa de la sidra”.

En cuanto a Joan Chen, volvió a coincidir con Hauer en otra cinta de ci-fi titulada “Peligrosamente unidos” (de la que quizás hable en un futuro) Y es que Hauer, por aquél entonces -y aún ahora- se prodigaba en todo tipo de producciones. Su mayor reconocimiento siempre estará ligado a Blade Runner. Luego prosiguió con la ya citada “Lady Hawk” o cintas apreciables como Los señores del acero de Paul Verhoeven o la no menos mítica Carretera al infierno. Pero después de éstas, quedó relegado a actor de la serie B y serie Z más casposa, aunque últimamente se ha dejado ver en superproducciones como Sin City o Batman Begins.

La Sangre de los Héroes es algo mejor que otras películas de los 80 y 90 ambientadas en futuros post-apocalípticos. Si os gusta la temática y sois de los que no tenéis problemas en ver películas de bajo presupuesto y casposillas, seguro que se os hará, como mínimo, entretenida.

Como dato curioso, comentar que la versión exhibida en cines tiene una duración menor a la versión original que se pudo ver en algunos países. En España conocimos la misma que los americanos, aunque estos tuvieron la oportunidad de ver la versión íntegra en posteriores pases en televisión por cable, mientras que nosotros nos quedamos con la versión mutilada.

En este enlace tenéis esos minutos que faltan, por si os interesa. La versión doblada al español no se ve muy afectada por el recorte; se intuye el destino que corren los personajes tras el desenlace, pero con estos minutos de más, todo queda mejor explicado.


Valoración personal:

martes, 16 de junio de 2009

“The Inhabited Island” (2008) - Fyodor Bondarchuk


Parece que en los últimos años los rusos se están poniendo las pilas en materia de superproducciones. Por el momento, cuentan con grandes presupuestos (lejos de las millonadas de los americanos, pero abultados teniendo en cuenta la industria cinematográfica de su país) y con unos directores que, a nivel visual, nada tienen que envidiar a los especialistas yanquis.

El inefable Timur Bekmambetov sería uno de esos directores que han despuntado en su tierra natal con producciones bastante llamativas. Suyo fue el díptico –previsto como trilogía- compuesto por Guardianes de la noche y Guardianes del día. Como era de esperar, en EE.UU. se fijaron en él y no tardaron mucho en llevárselo a sus tierras para convertirlo en uno de sus nuevos mercenarios (tal como hacen con los franceses dentro del género de terror). Así es como Bekmambetov se estrenó con la infumable “Wanted”, de la cual ya se está preparando la secuela.

Black Lightning (aquí tenéis el tráiler) es otra producción aún pendiente de estreno que probablemente pegue el pelotazo en Rusia, si bien parece difícil que llegue a las carteleras del resto del mundo.

La cinta que hoy nos ocupa es una superproducción en toda regla. Su presupuesto oscila entre los 35 y 40 millones -de dólares- (sin contar gastos de promoción), y es el más elevado que se ha empleado nunca dentro del cine ruso. Su director es un tal Fyodor Bondarchuk, que en 2005 fue aclamado por una cinta bélica titulada “The 9th Company” (9 Rota), y que con “The Inhabited Island” se ha encargado de trasladar a la gran pantalla la novela de ciencia-ficción Обитаемый остров (La isla habitada), publicada en EE.UU. bajo el título de Prisoners of Power, y escrita por los hermanos Arkady y Boris Strugatsky, dos de los autores de ci-fi soviéticos más populares del país.

No es la primera vez que una obra de los Strugatsky es llevada al cine. Ya en 1979, el alabado Andrei Tarkovsky dirigió “Stalker”, película basada en la novela corta Piknik na obochine (Roadside Picnic), cuyo resultado, para algunos, fue una obra maestra, mientras que para otros, tan sólo un pretencioso aburrimiento. Posteriormente, un tal Alexander Sokurov adaptaría, en 1988, la novela Days of Eclipse; y Peter Fleischmann haría lo propio en 1990 con “El poder de un dios” (hoy día poco recordada, aunque a mí no me convenció demasiado tras un reciente revisionado)

The Inhabited Island se sitúa en el año 2157. La humanidad ha evolucionado de tal forma que ha logrado desarrollar capacidades antes inimaginables. Además, se ha conseguido un estatus de paz y harmonía entre los ciudadanos, siendo las guerras y el hambre solamente un mal recuerdo del pasado. Ahora, uno de los deseos de los terrícolas es colonizar otros planetas. Maxim Kamerrer es un joven explorador que viaja tranquilamente por el espacio con su nave espacial rusa. Su calma se ve interrumpida por una grupo de asteroides a los que no consigue esquivar. Una de las rocas causa desperfectos en la nave y ésta se precipita hacia el lejano planeta de Saraksh. Este desconocido y extraño lugar al que llega Maxim es muy diferente de la actual Tierra. El planeta sufre una grave crisis ambiental y social. El gobierno lo forman los llamados Unknown Fathers (Padres Desconocidos), un grupo de gobernantes anónimos que SPOILER -- manipulan el conocimiento de los habitantes a través de emisores especiales -- FIN SPOILER

El optimismo y las buenas intenciones de Maxim chocan bastante con el estado decadente y opresivo que rige Saraksh. De la guerra nuclear que el planeta vivió años atrás, surgieron los “Pervertidos”, seres considerados mutantes a los que se persigue sin tregua alguna. El joven piloto trabará amistad con un oficial del ejército y se unirá a él en la lucha contra ese enemigo del pueblo. Sin embargo, pronto descubrirá que detrás de esas persecuciones hay gato encerrado, y dispuesto a aclarar sus sospechas, Maxim terminará desafiando a los gobernantes.


Hay dos maneras de abordar una historia de ciencia-ficción en el cine, y ninguna es garantía de éxito. Una de las maneras es convirtiendo los efectos especiales y la puesta en escena en el reclamo principal de la cinta. La otra es usar todos esos recursos en beneficio de la trama. Y dentro de esas dos vertientes, el uso de lo meramente visual puede ser más potente o por el contrario, más minimalista, dependiendo de la importancia que se le otorgue a estos.

Del primer caso podríamos citar la soberbia “Desafío Total”, que gracias a sus fx, su ambientación, su reparto, su música y la mano maestra de su director Paul Verhoven, consiguió aunar inteligencia y espectáculo en un mismo producto. También lo consiguieron los hermanos Wachowski con la primera película de Matrix, aunque luego lo echaron todo a perder con sus olvidables secuelas. Y eso último sería el ejemplo perfecto de lo que no debe hacerse en estos casos: la trama/historia, no debe sucumbir ante los efectos especiales. Los FX deben ser un medio y no un fin, y en ese error suelen caer muchas veces las superproducciones (Aeon Flux, Ultravioleta, Babylon A.D....)

La otra manera es basar la película exclusivamente en el guión. El potencial de éste se puede recubrir con más o menos elementos decorativos dependiendo del tipo de producto que sea. Si es muy comercial, no queda otra que, en mayor o menor medida, tirar del apartado técnico para impresionar al público. Pero si las pretensiones son más modestas, la necesidad de “decorar” la historia es más bien secundaria. Gattaca, Cypher o La Memoria de los Muertos son un buen ejemplo de esto último, aunque no siempre se consigue dar en el clavo (véase la insípida Código 46)

Pues bien, The Inhabited Island entraría dentro del primer grupo, y es que con sólo ver el tráiler a uno ya le pica el gusanillo de verla, tanto por su espectacularidad como por su atractiva parafernalia futurista. Desgraciadamente, también se enmarca dentro de ese tipo de productos que sucumben ante su puesta en escena.

No he leído la novela de los hermanos Strugatsky, pero por lo que se intuye una vez se averigua de qué va la película (cosa nada fácil, por cierto), ésta es todo un alegato contra el régimen totalitario y comunista de la Unión Soviética de aquellos tiempos. Y es que la obra data del año 71, y la URSS no desapareció hasta principios de los 90.

La crítica hacia la Rusia comunista e imperialista se cubre con un manto de fantasía, algo habitual en el género de la ciencia-ficción, pues muchas veces se utilizan personajes, épocas y lugares imaginarios para abordar un tema peliagudo que, de expresarse de forma literal, podría terminar censurado.


De todas maneras, la narración que imprime Bondarchuk en esta adaptación es demasiado embarrullada. La historia se teje de forma un tanto liosa y confusa, por lo que uno empieza comprender del todo lo que se nos quiera contar hasta pasada la hora de metraje. Aún así, los personajes, o bien no quedan bien definidos ni ellos ni sus intenciones (es el caso de algunos de los Padres Desconocidos), o bien no terminan de resultar medianamente interesantes. Maxim representa la bondad, la cordura y la justicia, pero su personaje está retratado como si fuera un “don perfecto” un tanto atolondrado. No ayuda nada tener un oxigenado y apolíneo actor como protagonista, que parece salido de algún spot de Calvin Klein o Tommy Hilfigher, y que con una cuasi permanente y cargante “sonrisa Profident “ no puede evitar ocultar su nula variedad de registros (no en vano, es su debut en esto de la interpretación)

Tampoco ayudan algunos diálogos inconexos o directamente incomprensibles (los de los gobernantes en algún momento dado de la película), que se entremezclan con otros más bien banales (los de la parejita protagonista)

La crítica hacia ese gobierno opresor no es nada nuevo, pero si resulta interesante la forma en la que se nos plantea aquí. El problema es que no estamos ante una película con inicio, nudo y desenlace, sino con una mitad de dos partes, y por tanto, muchas cosas se quedan a medias. Algunas explicaciones se quedan en el tintero para la segunda entrega del díptico (o eso espero), y otras se resuelven de forma apresurada. La labor de algunos personajes y su relevancia en la historia no queda bien definida.

Luego hay escenas, como la primera pelea de nuestro protagonista contra un grupo de “espadachines”, que está metida con calzador y que responde solamente al hecho de darle un poco de espectacularidad al asunto. Y no es que haya un exceso de acción en la película, más bien diría que para su condición de blockbuster, es incluso escasa; el problema es que visualmente es apabullante, pero narrativamente es farrogosa, caótica y en menor medida, tediosa. El aburrimiento hace acto de presencia en más de una ocasión, dado que ni la historia ni los personajes terminan de enganchar. Esto pretende remediarse con un poco de resultona pirotecnia y de atractiva parafernalia estética (vehículos, objetos, vestimentas, criaturas, lugares… deudores, algunos de estos elementos, de mejores películas como Blade Runner, El Quinto Elemento o Metropolis ), pero “el parche” resulta ineficaz.

Pese a los vacíos argumentales, me entregué a la cinta, y cuando mi disposición empezaba a dar sus frutos, es decir, cuando la película empezaba a cobrar cierto interés, de golpe y porrazo ésta terminó y se plantaron ante mí los títulos de crédito. Esa sensación de quedarse a medias, de haber presenciado una historia incompleta, es algo que personalmente me irrita bastante. Hay formas de concebir una saga -ya sean dos películas o más- sin que llegue a producirse esa sensación en el espectador, como en la trilogía de “El Señor de los Anillos”, ya que su contenido, pese a estar fragmentado, se sustenta por sí mismo como producto cinematográfico en primera instancia y como entretenimiento en segundo lugar.
Pero esto no ocurre con The Inhabited Island, que además de perder gas a medida que la historia transcurre -y, por irónico que parezca, cuando más comprensible se torna-, es demasiado fría y superficial para aguantarse por sí sola, y sus dos horas de duración no son más que una introducción que no termina de enganchar al espectador lo suficiente como para estar deseoso de hallar una conclusión que justifique las dudas y/o el tiempo invertido en esta primera entrega del díptico.

“The Inhabited Island” falla como película de ciencia-ficción a secas, pero también lo hace en sus pretensiones de blockbuster. Ni lo uno ni lo otro convencen.

Quizás la adaptación de los hermanos Strugatsky hubiese necesitado un tratamiento distinto al elegido por Bondarchuk y sus guionistas; o por el contrario, lo más razonable, viendo las intenciones comerciales-económicas de la productora, hubiese sido optar por hacer algo más ligero, aprovechando esos millones para ofrecer un entretenido espectáculo. La cuestión es que se quede a medio camino de lo uno y de lo otro.


Valoración personal:

miércoles, 10 de junio de 2009

Sin Título


En los últimos días he estado un poco alejado de la blogosfera. Habréis podido comprobar que no he respondido a los comentarios vertidos en mi última crítica y que tampoco he visitado los blogs de algunos de mis fieles lectores. El motivo es muy personal, y aunque no suelo airear mis asuntos privados en el blog, me he decidido a dar explicaciones para así dejaros más tranquilos (y por qué no, también para desahogarme un poco)

La semana pasada falleció mi padre y no tuve ni ánimos ni fuerzas para continuar con mis quehaceres diarios. He necesitado unos días de asimilación y de desconexión total de todo lo que me rodea. Pero ha llegado un punto en que debía tomar una decisión: o continuar encerrado en este mal trago o sobreponerme y seguir adelante. La segunda opción es la más difícil pero también la más realista.

La pasión por el cine me viene de mi padre, y por eso he decidido seguir con esta tarea que tantas satisfacciones me ofrece. Además, creo que me vendrá bien tener la mente ocupada.
Dicho esto, supongo que en breve me pondré manos a la obra con las actualizaciones. Tenía pendiente de colgar mi crítica de “Punisher: War Zone” (escrita desde hace semanas) y me hubiese gustado ver “Los mundos de Coraline” para daros mi opinión al respecto. Obviamente, todo esto se retasará un poco, pero intentaré, en la medida de lo posible, ponerme al día.

Gracias a todos por seguir ahí.


Saludos

martes, 2 de junio de 2009

"Terminator: Salvation" (2009) - McG


Cuando nos enteramos de que la maquinaria de Hollywood planeaba una nueva franquicia de Terminator, la inmensa mayoría nos echamos a temblar (motivos no nos faltaban). Para muchos de nosotros, el nombre de ese letal cyborg seguía –y aún sigue- ligado exclusivamente a James Cameron; y sin él, sin su creador, las esperanzas de ver algo de calidad se reducen notablemente. Prueba de ello es la amada y odiada -más lo segundo que lo primero- tercera entrega de la saga o la prescindible serie de tv que recientemente ha sido cancelada.

Cuando supimos que el director elegido para tales menesteres iba a ser McG, responsable de esas dos infectas aberraciones de proporciones mastodónticas que fueron Los Ángeles de Charlie y su secuela, nuestros peores temores parecían hacerse realidad. Luego vino el fichaje de Christian Bale, imagino que para contrarrestar el pesimismo que el citado director causaba, y las aguas se calmaron un poco, aunque la sombra de la duda seguía inamovible sobre nuestras cabezas.

Entonces llegó un teaser tráiler que causó buena impresión a muchos de esos desconfiados (mientras otros permanecían/mos indiferentes), y a medida que se iba soltando más y más material, las impresiones hacia lo que McG nos estaba preparando, empezaron a tomar otro rumbo bien distinto. La esperanza se abrió paso entre la desconfianza, y la posibilidad de resucitar por el buen camino una franquicia que jamás debió ir más allá de dos películas, empezaba a resultar factible para algunos (para otros, la pirotecnia mostrada no era más que un cebo de dudosa fiabilidad)

Pues bien, la hora de la verdad ha llegado. Terminator: Salvation ha aterrizado en las pantallas estadounidenses y pronto la hará en las españolas. Por el momento, su acogida ha sido un tanto fría y decepcionante por tratarse de quién se trata, pero la última palabra la tienen los millones de espectadores que aún quedan por verla, pues si la saga continua, no hay duda que será gracias a la taquilla internacional (como muchos otros productos comerciales, para qué negarlo)


La historia del film transcurre en un post-apocalíptico 2018, en el que John Connor (Christian Bale), es el líder decisivo –y uno de los más apreciados- de la resistencia. Tras los acontecimientos de “El día del juicio final”, los humanos intentan sobrevivir como humanamente pueden (valga la redundancia), luchando encarnizadamente contra el temible ejército de Skynet, o bien escondiéndose de él. Pero el futuro que le espera a esos supervivientes no es nada alentador. Las máquinas cada vez dominan más terreno y los intentos de acabar con ellas se ven continuamente frustrados.

Una brecha de esperanza a la par que incertidumbre se abre con la llegada de un tal Marcus Wright (Sam Worthington), un extraño cuyo último recuerdo forma parte de un pasado casi olvidado. Connor deberá decidir si Marcus ha sido enviado para acabar con él o bien si es el aliado que necesitaban para poder derrotar, de una vez por todas, a Skynet.


Esta cuarta entrega de la saga es, en cuanto a su contexto se refiere, lo que debió haber sido la tercera. Mientras que aquella se limitó a repetir el esquema argumental de sus predecesoras pero, a gusto de un servidor, con muchísimo menos talento y peores resultados (y aún menos, imaginación), ésta se centra directamente en la guerra entre humanos y máquinas, situando la historia en ese futuro que ya se avecinaba en las anteriores entregas. Digamos que esa es su mayor baza, ya que da un paso al frente y desarrolla -o lo intenta- aquello que muchos deseaban ver y que Cameron nos mostró a modo de flashbacks en sus dos peliculones.

No obstante, este futuro post-apocalíptico ya no nos sorprende demasiado, ya que otras películas nos lo han mostrado con anterioridad, ya sea de una forma o de otra. Aún así, esa ambientación tan deudora de Mad Max, resulta convincente (no se esperaba menos de una superproducción), aunque no es tan opresiva como Cameron la imaginó (quizás también porque se sitúa un tiempo antes de la creación de los implacables T-800).

Este futuro es sucio y caótico, y el enemigo domina todos los terrenos posibles. Por tierra, mar y aire, Skynet reparte su ejército de máquinas, que va desde los arcaicos T-600 hasta gigantescos robots, pasando por motos o “gusanos” acuáticos, además de las ya conocidas patrullas aéreas (¿por cierto, donde han ido para los “tanques” y los lásers?) Tanto engendro mecánico no es más que un intento facilón de darle una mayor espectacularidad a una saga que se ha caracterizado sobre todo por la innovación técnica y por el fantástico diseño de sus robots. Obviamente, a día de hoy, poco hay que nos sorprenda, así que han optado por ofrecer al espectador mayor diversidad de máquinas con las que batirse en duelo. A fin de cuentas, el “Universo Terminator” puede ser, en ese aspecto, lo infinito que se quiera, aunque pienso que el robot gigante estaba de más (que sí, que está chulo, pero se me antoja demasiado avanzado respecto a sus compañeros T-600)

Con ese desolador escenario y con tanta máquina de por medio, la cinta parece que promete, pero hay ciertos lastres que le impiden ir un poco más allá del simple producto de acción que es.

Por un lado, tenemos una historia con unas ligeras pretensiones épicas y profundas que nunca se llegan a cumplir, básicamente porque sus personajes son planos o están desaprovechados, y la acción es tan continua que apenas nos da tiempo a sentir algún tipo de apego por alguno de ellos. No ayuda tampoco el hecho de que John Connor esté algo desdibujado y que haya cedido parcialmente su protagonismo al recién llegado Marcus Wright (Sam Worthington). Aquí Connor no sólo no es líder legítimo de la resistencia (recibe órdenes de unos superiores, aunque luego se las pasa por el forro, que para algo es quién es), sino que además la historia parece centrarse más en la figura de Marcus, algo que termina siendo un obstáculo para apreciar a ese Connor maduro y salvador de la raza humana que tanto ansiábamos ver personificado en la gran pantalla.

Esto es algo muy subjetivo, pero considero que Connor debió ser el centro de atención de la trama y el motor que la hiciese avanzar. El personaje de Marcus es interesante y en cierto modo se puede considerar como la única novedad provechosa que se han sacado de la manga los guionistas (la diversa parafernalia robótica es atractiva, pero nada meritoria a nivel argumental), pero su presencia eclipsa a uno de los personajes que más identifica esta saga.

Esa sensación a “secundario de lujo” se acentúa especialmente con el personaje interpretado por Bryce Dallas Howard, que de haberlo eliminado del guión, éste apenas se hubiera echado de menos. La intervención de la actriz y por ende, su personaje, quedan totalmente desaprovechados. Es de suponer que ésta cobrará mayor relevancia en las secuelas venideras, pero no es excusa para no haberle dado un papel más amplio, sobre todo teniendo en cuenta el rol que desempeña.

Sorpresón al encontrarme al viejo Michael Ironside, puesto que no sabía de su participación en el film, aunque lamentablemente, es otro de los desaprovechados del guión.

El más destacable del reparto quizás sea Anton Yelchi, ya que Bale no deja de estar meramente correcto (tampoco puede hacer mucho con lo que le han escrito, por lo que Edward Furlong sigue siendo el mejor John Connor de la saga, y por méritos propios y ajenos) y el tan cacareado Worthington está algo sosete. Ignoro que habrá visto Cameron en él, pero siendo ésta su carta de presentación al público (luego lo veremos en “Avatar” y en el remake de “Clash of the Titans”), deja bastante que desear.

Moon Bloodgood no es la chica de la peli, porque no la hay, aunque su personaje es al que le han sacado más partido. Eso sí SPOILER la relación con Marcus resulta forzada y metida con calzador FIN SPOILER

Lo de Helena Bonham Carter casi podría considerarse un mero cameo.

Por tanto, queda claro que desarrollar los personajes no es el fuerte de McG, y por ello el director pone toda la carne en el asador cuando se trata de rodar las secuencias de acción; bastante espectaculares y trepidantes en su mayoría, aunque alguna que otra, excesivamente mareante. Los efectos especiales son solventes y ayudan a darle credibilidad al asunto, si bien son pocas las escenas que quedarán para el recuerdo.

La nostalgia es un factor clave que han tenido muy en cuenta los guionistas, así que al ya conocido cameo digital de Schwarzenegger se le une un repertorio de frases ya conocidas que han sido pronunciadas a lo largo de la saga por sus protagonistas, y que aquí se reparten Bale (Connor), Worthington (Marcus) y Yelchi (el joven Kyle Reese; Michael Biehn en la original) para sacarle una sonrisa al espectador más cómplice.


La banda sonora de Danny Elfman es bastante adecuada, con sonidos estruendosos, contundentes y metálicos. Realmente enérgica (más de la que lo son las imágenes), pero que recicla un poco de la partitura de Brad Fiedel (compositor de las de Cameron, para el que no lo sepa o no recuerde). Así es como parte de la theme clásica de Terminator se deja entrever al final de los créditos iniciales (para eso, o la incluyes entera o no la incluyes) y también cuando aparece por primera vez el T-800, que probablemente sea el momento cumbre de la película, por no decir el único realmente emocionante (por la nostalgia más que por otra cosa). Claro que no deja de ser un rostro digitalizado del verdadero Chuache, así que aunque parece que se lo han currado, no deja de resultarnos demasiado artificial (un animatrónic quizás hubiera quedado un poco más creíble)

Por tanto, esa falta de intensidad, de emoción y de calado en los personajes, se intenta amortiguar o directamente suplir con un no parar de explosiones y persecuciones. Acción por un tubo y millones de dólares invertidos para darle empaque de blockbuster veraniego. En ese sentido, los más conformistas o menos exigentes, se darán por satisfechos. Como película de acción y entretenimiento cumple de forma aceptable aunque no muy entusiasta (nada nuevo bajo el sol). Como película de Terminator no avanza mucho en la trama (nos quedamos tal cuál estábamos), y más bien parece un acelerado aperitivo de lo que puede ser el resto de la franquicia. Se asientan las bases de esta presumida nueva trilogía, así que lo mejor es ir con las expectativas bajas para no llevarse ningún chasco. En mi caso, no las tenía todas conmigo y después de su mejorable taquilla y las terribles críticas, esperaba encontrarme algo muchísimo peor de lo que finalmente he presenciado. Aún así, considero que el único que puede sacarle verdadero jugo a Terminator y regalarnos un buen peliculón es James Cameron, pero al menos McG y su equipo no se han suicidado en el intento (aunque habrá opiniones de todo tipo)

Mejor que “Terminator 3: La rebelión de las máquinas” (de calle), aunque sigue quedando lejos de lo ofrecido en las dos primeras. Dicho esto, si sois de los que disfrutaron con la tercera, ésta cuarta no debería ser menos.



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