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domingo, 16 de septiembre de 2018

“Predator” (2018) – Shane Black



Sinopsis oficial (estracto): Ahora, los cazadores más letales del universo son más fuertes, inteligentes y mortales. Está en las manos de un variopinto conjunto de exsoldados y una profesora de biología evolutiva evitar el fin de la raza humana.
 

Comentario:

Indignación. Creo que esa es la palabra que mejor describe la sensación tras contemplar semejante despropósito. Resulta inaudito que alguien que estuvo involucrado en la película original haya sido capaz de perpetrar un guión que, entre otras cosas, echa por tierra toda la mitología predator.

Shane Black, guionista de moda en los 90 gracias a los libretos de películas de acción como “El último Boy Scout”, “El último gran héroe” o la saga al completo de “Arma Letal”, ha sido el encargado de revivir una franquicia que parecía haber tocado fondo con la, pese a todo, estimable “Predators”. Black participó en el elenco de la cinta de McTiernan interpretando al personaje de Hawkins, uno de los miembros del comando de Dutch/Schwarzenegger. En calidad de guionista, se dice que aportó su granito de arena para con su personaje, algo a lo que podemos dar crédito a sabiendas del peculiar sentido del humor que suele impregnar en sus trabajos.

Junto al director/guionista Fred Dekker (“House, una casa alucinante, “El terror llama a su puerta”, “Robocop 3”…) con quien coescribió el clásico ochentero “Una pandilla alucinante”, Black ha construido una secuela directa de las dos primeras entregas, obviando la existencia de la cinta de Nimród Antal. Obviamente, no podían faltar los guiños a aquellas, aunque algunos no muy bien insertados. Por ejemplo, tenemos al hijo de Gary Busey, Jake, interpretando al hijo del personaje al que dio vida su padre en la segunda película, algo a lo que en ningún momento se hace referencia, salvo por la mención de su apellido. Es muy probable que la conexión con el personaje de Peter Keyes se haya quedado en la sala de montaje, así como buen parte del material que, según las malas lenguas, se habría eliminado de la versión final. 

Ignoro si dicho material habría aportado mayor coherencia a una trama cuya premisa es, ya de por sí, lamentable. Digamos que el propósito del Predator en su visita a nuestro planeta es un punto de partida simple y llanamente erróneo. En gran medida, porque va en contra de sus principios, de todo lo que se le supone a los predators. No olvidemos que son cazadores del espacio exterior que viven por y para la caza; seres que viajan de planeta en planeta probando su valía dando caza a lo mejorcito de cada especie. Aunque les veamos pelearse entre ellos, como ocurre en la tercera entrega, su razón de ser es siempre la misma: cazar por diversión. No son alienígenas conquistadores. En el peor de los casos, luchan por su propia supervivencia, aunque eso signifique aliarse con su presa, tal como ocurría en “Alien vs Predator”.

Pero aquí es muy distinto. La razón de su visita destruye todos los principios del personaje; va en contra de todo lo preestablecido y, para colmo, se remata con uno desenlace (la escena final) bochornoso a más no poder, dando pie, para más inri, a la pretensión de continuar y extender este agravio a la saga y a los fans con una segunda parte (la cuarta, cronológicamente hablando, si no contamos los crossovers).


Premisa aparte, lo cierto es que la trama cuenta con una sarta de momentos impropios de la saga y que, en pro del gamberrismo, terminan causando el efecto contrario: la parodia involuntaria.

Las chistes marca de la casa riegan todo el metraje. En ocasiones son graciosos y ayudan a tejer la química y la camadería entre el improvisado e improbable comando protagonista (lo mejor –o lo único rescatable- de la película). Pero en ocasiones, los chistes malos (demasiado malos) parecen sacados de una película de Apatow. Black termina pasándose de la ralla, aglutinando un montón de chascarrillos y lindeces que pasan del buenrollismo más canalla al mal gusto más sonrojante. Y es una lástima, porque cuenta con unos personajes bien paridos; un puñado de “zumbados” sobrados de carisma (líder protagonista incluido) que, cuál doce del patíbulo, deciden plantarle cara a estos feos alienígenas.

En ese sentido, el reparto está pletórico. La química es innegable y pueden mirarle a los ojos al comando de Dutch sin apartar la mirada. Pero Black lo echa todo por tierra con un cúmulo de malas decisiones. Sin ir más lejos, la inclusión de un niño que, con la excusa de su autismo, aprende la tecnología predator en menos de lo que se tarda en abrir una lata de atún. Por no hablar del “perrito predator” convertido en mascota del grupo. En fin, un continuo de sin sentidos que se va acumulando hasta llegar al absurdo final, y que te impiden disfrutar de una película que, planteada de otro modo, habría funcionado de maravilla como entretenimiento.

Es posible que la acción hiperviolenta (al más puro estilo de la vieja escuela) apoyada en el cachondeo y el colegueo de los personajes haga que muchos disfruten de la película. No les voy a culpar, pues por momentos incluso yo la he disfrutado, pero la cinta se hunde por momentos al tiempo que la indignación y frustración crecen cogidas de la mano. El despropósito, en aumento, culmina con un deplorable desenlace que termina de rematar la ya maltratada paciencia del espectador. 

En definitiva, un desastre absoluto en la línea de “Prometheus/Alien: Covenant” o “La jungla: Un buen día para morir”. Si creéis que aquellas malograron un mito de vuestra infancia cinéfila, alejaos de esto como alma que lleva el diablo.


VALORACIÓN PERSONAL: 



domingo, 8 de julio de 2018

“Ant-Man y la Avispa” (2018) – Peyton Reed


Sinopsis oficial: Después de "Capitán América: Guerra Civil", Scott Lang lidia con las consecuencias de sus elecciones como superhéroe y padre. Mientras lucha por mantener un equilibrio entre su vida hogareña y sus responsabilidades como Ant-Man, se enfrenta a Hope van Dyne y al Dr. Hank Pym con una nueva misión urgente. Scott debe volver a ponerse el traje y aprender a luchar junto con La Avispa mientras el equipo trabaja en conjunto para descubrir secretos del pasado.


Comentario:
Las escasas pretensiones vuelven a ser la gran baza de una película concebida con el único propósito de entretenernos durante apenas un par de horas. De este modo, y tal y como ya ocurriera con su predecesora, el conjunto resulta tan ameno como intrascendente (dicho esto último sin la menor acritud).

Aunque el personaje de Scott Lang/Ant-Man siga conectado al universo marvelita junto al resto de personajes (particularmente a los Vengadores), no podemos obviar que éste juega en una liga menor. Sus responsables son conscientes de ello y en ningún momento tratan de ocultarlo o enmascararlo, sino todo lo contrario: aprovechar la “épica a pequeña escala” (y nunca mejor dicho) para llevarnos al disfrute cual burbujeante refresco en pleno verano.

Así pues, los puntos fuertes de las nuevas aventuras de Ant-Man vuelven a ser la modestia y el humor (el auténtico motor de la película). Con la excusa esta vez de recuperar a la mujer de Hank Pym (la madre de Hope), desaparecida años atrás en el transcurso de una arriesgada misión, Scott vuelve enfundarse el traje aún a riesgo de terminar con sus huesos en la cárcel. Y es que el personaje se encuentra en arresto domiciliario tras involucrarse en la trifulca entre el Capi y Iron Man (ver “Captain America: Civil War”). Ese es el motivo también por el que él y Hope se hayan distanciado y lleven tiempo sin hablarse. Por supuesto, todo eso cambiará en el momento en el que el rescate de Janet van Dyke (Michelle Pfeiffer) se convierta en prioridad absoluta.

Esta vez, en el terreno de juego nuestro héroe cuenta con la ayuda inestimable (si no es más bien al revés) de una Hope reconvertida en una peleona (y saltarina) superheroina con alas: la Avispa. Con prácticamente los mismos avances tecnológicos que el traje de Ant-Man pero con mayores aptitudes para el combate (y para todo en general), Avispa se convierte en la auténtica reina del mamporro. Juntos forman una pareja invencible ante un enemigo que asume el rol de villanía de forma algo más difusa. Y hasta aquí puedo contar…


Aunque Ant-Man juegue en otra división, sus efectos especiales siguen siendo de primera categoría. En esta ocasión, asumido ya el trámite de pasar por “los orígenes” del personaje, el director exprime con mayor amplitud e ingenio los “poderes” del protagonista. Ahora bien, la tecnología que permite los asombrosos cambios de tamaño ya no se limita exclusivamente a los trajes, como veremos a lo largo de la película, lo que da mucho juego de cara sobre todo a las vertiginosas secuencias de acción que Peyton lleva a cabo.

En ese aspecto, esta continuación gana enteros con respecto a su antecesora, ayudándose en todo momento de esa complicidad con el espectador que le confiere  su total entrega a la comedia más hilarante. Contando con el buen hacer de Paul Rudd y cía en ese campo (pocas veces los secundarios aportan tanto como en esta película), y ese toque familiar que impregna siempre los enredos de Scott, “Ant-Man y la Avispa” logra situarse en peldaño por encima de la cinta original, y aunque no vaya a ocupar nunca un lugar remarcable dentro de la filmografía marvelita, puede presumir con orgullo de ser un entretenimiento veraniego la mar de disfrutable. Y es que a veces, sienta mejor un bocado ligero que una empachante comilona.


VALORACIÓN PERSONAL:



domingo, 10 de junio de 2018

“Jurassic World: Fallen Kingdom” (2018) – J.A. Bayona


Sinopsis oficial: Una erupción volcánica amenaza a los dinosaurios restantes en la Isla Nublar, donde las criaturas han vagado libremente durante años tras de la desaparición del parque temático "Jurassic World". Claire Dearing, ex gerente del parque, ahora fundó el Grupo de Protección de Dinosaurios, una organización dedicada a proteger a los dinosaurios. Para ayudar con su causa, Claire ha reclutado a Owen Grady, el ex entrenador de dinosaurios que trabajó en el parque, para evitar la extinción de los dinosaurios...


Comentario:

 “Jurassic World” se originó como un reinicio de la irregular franquicia jurásica que empezó su andadura allá por el lejano 1993 de la mano Steven Spielberg. La idea, con un enfoque claramente más futurista, era revivir la magia que hizo de aquél primer filme uno de los más grandes espectáculos de aquella década (y de todos los tiempos, si se me permite la contundencia en tal afirmación). ¿Lo consiguieron? Bueno, quizás el reto era poco menos que imposible, pero  al menos supieron dejarnos a muchos con un buen sabor de boca y con ganas de más dinosaurios.

Si estar a la altura de la película original es algo que ni el propio Spielberg  logró con la primera secuela, ¿por qué íbamos a exigírselo a Colin Trevorrow? La cuestión residía en revivir la franquicia tras el punto muerto en el que la dejó la tercera entrega dirigida por Joe Johnston. Y eso, sin duda, lo consiguieron.

Con el camino ya hecho,  “Fallen Kingdom” se presenta ahora como el punto de inflexión dentro de esta segunda etapa de la saga. Aunque al comienzo pueda parecer que vamos a asistir a una versión 2.0 de “El mundo perdido” de Spielberg, lo cierto es que el guión de Trevorrow y Derek Connolly apuesta por ir en una dirección algo diferente y, de paso, tirar menos de la nostalgia y los guiños (que los hay, por supuesto) como en su antecesora.

Chris Pratt y Bryce Dallas Howard retoman sus papeles de Owen y Claire, respectivamente. La  imperfecta pero encantadora pareja ya no echará carreras para salvar sus vidas y las de sus semejantes, sino para salvar la de los prehistóricos dinosaurios de la Isla Nublar, amenazados éstos no sólo por un amenazador volcán activo, sino también por un puñado de avariciosos sin alma ansiosos por llenarse los bolsillos a su costa. De ahí que el principal escenario de la cinta sea la exultante (y algo lóbrega) mansión de un viejo multimillonario, personaje al que los guionistas han vinculado –y hasta ahí puedo contar- con el entrañable John Hammond de Richard Attenborough.

Aunque las conexiones con Jurassic Park no terminan ahí, pues además de las habituales referencias, tenemos también de vuelta al matemático Ian Malcolm (Jeff Goldblum) en un papel algo más breve de lo esperado (podríamos llamarlo más bien cameo) pero decisivo en lo que respecta al rumbo que ha tomado la nueva trilogía. Un Malcolm más talludito pero fiel a su discurso ético acerca de la existencia de los dinosaurios en pleno siglo XXI.


Acostumbrados a las modernas instalaciones de los parques precederos y  a su selvático entorno, la mansión de Lockwood ofrece para la ocasión un escenario único del que Bayona sabe beneficiarse enormemente, consiguiendo por momentos acercarnos incluso al género de terror. Y eso por no hablar de la cantidad de planazos dignos de enmarcar  que nos regala el director a lo largo de todo el metraje (y no es que un servidor sea precisamente un enamorado de sus obras más recientes).

Visualmente, por tanto, la cinta luce de maravilla. Las secuencias de acción son espectaculares y los efectos especiales impecables, aunque destacar eso probablemente sea caer en lo obvio (con 170 millones de presupuesto, es algo que se le presupone).

Más allá de eso, la sensación es la de un entretenimiento bien confeccionado y bien empaquetado para el disfrute de toda la familia, aunque al loro con los más peques porque cuando los dinos andan sueltos a la caza de humanos a los que zamparse de un bocado, la violencia hace acto de presencia.

La sentencia final es que si disfrutaste con “Jurassic World”, casi con toda seguridad disfrutes también de su secuela. Si por el contrario el nuevo rumbo de la franquicia no te convenció ni un pelo, raramente ésta te haga cambiar de opinión.



VALORACIÓN PERSONAL:

domingo, 27 de mayo de 2018

“Han Solo: Una historia de Star Wars” (2018) – Ron Howard


Sinopsis oficial: A través de una serie de atrevidas escapadas por el oscuro y peligroso inframundo criminal, Han Solo se hace amigo del poderoso Chewbacca, su futuro piloto, y conoce al famoso jugador Lando Calrissian, en un periplo que marcará el rumbo de uno de los héroes más inverosímiles de la saga de Star Wars.


Comentario:
El retorno de la franquicia Star Wars a la gran pantalla ha traído consigo una serie de suculentos proyectos paralelos centrados en otras historias del universo creado originalmente por George Lucas. Ese es el caso de “Rogue One”, capítulo centrado en la historia del robo de los planos de la Estrella de la Muerte; aquellos mismos planos que serían entregados a la Princesa Leia y que servirían a la Resistencia, con Luke Skywalker al frente, para destruir el arma secreta más poderosa del Imperio.

Lo mismo ocurre con “Solo: A Star Wars Story”, película que se enfoca en los orígenes de uno de los personajes más icónicos y queridos de la franquicia: el carismático contrabandista Han Solo. Pero al igual que “Rogue One”, que tuvo rehacer buena parte de su metraje tras el descontento de los productores con el trabajo del director Gareth Edwards, el periplo de esta película hasta las salas tampoco ha sido un camino de rosas. Para empezar, los directores inicialmente contratados, Phil Lord y Christopher Miller (The Lego Movie, 22 Jump Street), abandonaron el proyecto (o mejor dicho, fueron despedidos) a causa de las consabidas “diferencias creativas”. Su visión, se dice, mucho más cercana al espíritu de “Guardianes de la Galaxia” de Marvel (ergo, irreverente y gamberra), y la de los productores (partidarios, con la autoritaria mandamás Kathleen Kennedy a la cabeza, de no salirse de la ruta habitual) no encajaban, siendo sustituidos por el veterano Ron Howard, quien tuvo que rehacer la película prácticamente desde cero (según apuntan los rumores, apenas habría quedado intacto un 25% de lo rodado por el dúo Lord y Miller).

Por supuesto, eso no hizo más que aumentar los malos augurios hacia una producción que ya empezó con mal pie tras algunas decisiones de casting  sumamente cuestionadas (el fichaje de Alden Ehrenreich como Han Solo, sin ir más lejos).

No obstante, una vez vista la susodicha, y tal como ocurriera con la cita cinta de Edwards, los problemas durante la producción no han afectado en demasía al resultado final. Quizás no sean las películas que debieron ser, pero tampoco sabemos si esas películas hubiesen sido lo que debían ser.

Nunca sabremos qué clase de película habrían hecho Lord y Miller, ni si ésta habría sido mejor que la presente. Quizás el dúo hubiera aportado esa frescura que tan desesperadamente necesitan las nuevas películas de la franquicia. Sin embargo, no tengo tan claro que fueran los adecuados para el proyecto. Y es que Star Wars no es Guardianes de la Galaxia, y lo logrado por Howard, si bien no se sale ni un milímetro de los estándares de la saga (y la pregunta es: ¿debería hacerlo?), es un entretenimiento más que digno. Probablemente no sea la película de Han Solo que esperábamos, y seguramente ninguna lo sea jamás (es difícil estar a la altura de lo que espera cada uno), pero puede considerarse una aventura espacial satisfactoria.

Con sus forajidos, sus asaltos al tren y sus salones con partidas de póquer (aquí sabacc), “Solo: A Star Wars Story” (a partir de ahora “Solo”) se emparenta mucho más con el género western que con la space opera. Y eso es un buen punto a su favor, ya que se distancia un poco de lo habitual, saliendo mejor parada en ese sentido que la ya citada “Rogue One” (un experimento espacio-bélico que no terminaba de cuajar).


Por otro lado, sus moderadas pretensiones, dejando a un lado la eterna lucha de la Fuerza contra el Lado Oscuro, del Imperio contra la Resistencia (y que aquí tan sólo funcionan como trasfondo), permiten que el tono lúdico nos acompañe durante toda la proyección. Eso no quiere decir que no esté exenta de algunas escenas más dramáticas (muy fan del “robomance” entre Lando y L3), pero resultan ser bastante ligeras, y como mero acompañamiento a una historia que busca más la diversión ligera que la épica rotunda.

Más allá de la dirección, tan efectiva como la de cualquier otro artesano (y Howard lo es) que supiera someterse a los designios de Kennedy, lo que de verdad hace funcionar a “Solo” es su historia.

Cierto es que Ehrenreich no es Ford, y que le faltan toneladas de carisma siquiera para llegarle a la suela de los zapatos a éste, pero ofrece un actuación más competente (si bien mejorable) de lo que cabría esperar, apoyado sobre todo en un guión que logra hacernos ver en él a un joven Solo. Porque sí, este es nuestro Han Solo. No nos lo han cambiado; tan sólo nos lo han rejuvenecido. Y lo mismo ocurre con Lando, aunque en su caso el actor elegido probablemente sea mejor fichaje que el de Ehrenreich.

En cualquier caso, el reparto en general funciona porque la historia, repleta de guiños y referencias (y algún que otro cameo poco menos que discutible) también lo hace. Y es que algunas de las cosas que siempre quisimos saber y/o ver sobre el pasado de Solo, tales como su primer encuentro con el que será su fiel compañero/escudero de aventuras hasta el final, el wookie Chewbacca; la vez que realizó el Corredor de Kessel en "menos de doce parsecs” o cómo logró arrebatarle a Lando el veloz Halcón Milenario en un partida sabacc, ocurren de un modo complaciente, sabiendo jugar con la complicidad del espectador fan sin forzar en demasía los engranajes de la maquinaria fandom. Así pues, en el hipotético caso de que ésta fuera la única entrega sobre Han Solo, ésta sería más que suficiente para complacer un poco el misterio acerca de los orígenes del personaje. No obstante, espero y deseo que la cinta de Howard abra las puertas a una nueva trilogía. No tanto por lo entregado, sino por lo que está o podría estar por venir. ¿O acaso no sería ideal disfrutar de una continuación con Solo y Chewbacca al más puro estilo buddy movie? En serio, ¡basta ya de películas corales!


Por cierto, si analizamos la relación entre Solo y su mentor, Beckett (Woody Harrelson), un poco de “La isla del tesoro” de Stevenson también hay.



VALORACIÓN PERSONAL:

domingo, 29 de abril de 2018

“Vengadores - Infinity War” (2018) - Anthony Russo, Joe Russo


Sinopsis oficial: El todopoderoso Thanos ha despertado con la promesa de arrasar con todo a su paso, portando el Guantelete del Infinito, que le confiere un poder incalculable. Los únicos capaces de pararle los pies son los Vengadores y el resto de superhéroes de la galaxia, que deberán estar dispuestos a sacrificarlo todo por un bien mayor. Capitán América e Ironman deberán limar sus diferencias, Black Panther apoyará con sus tropas desde Wakanda, Thor y los Guardianes de la Galaxia e incluso Spider-Man se unirán antes de que los planes de devastación y ruina pongan fin al universo. ¿Serán capaces de frenar el avance del titán del caos? 

Comentario:
Diez años, que se dice pronto, y nada menos que 19 películas. Este es el cómputo total que los estudios Marvel han alcanzado desde que en 2008 pusieran en marcha su particular universo cinematográfico; ese en el que todos sus personajes estarían conectados entre sí. Todo empezó con “Iron Man”, película que supuso la primera piedra de un proyecto que ha perdurado hasta nuestros días –y que pretende extenderse a dos décadas más- a lo largo de distintas fases.

“Infinity War” nos acerca, sin embargo, al fin de una era. Del mismo modo que las anteriores entregas de Los Vengadores supusieron el cierre de cada Fase (la primera Vengadores para la Fase 1, y la Era de Ultrón para la Fase 2), la mastodóntica epopeya que han llevado a cabo los hermanos Russo ha de concluir con la Fase 3. Y ya son varios los personajes que llevan unas cuantas películas a sus espaldas, con lo que no sería de extrañar que esto sirviera de despedida para algunos de ellos.

Claro que, como ya sabréis, eso no ocurrirá hasta el estreno de la segunda parte en 2019. Y es que la Guerra del Infinito no podía contarse en tan sólo una película. Se necesitan más de dos y de tres horas  para contar una batalla que lleva ya unos años gestándose, y que enfrenta  a Thanos, el gran villano en la sombra hasta el momento, con todos (o casi todos) nuestros queridos superhéroes. El propósito no es otro que evitar que semejante enemigo  se agencie todas las Gemas del Infinito y se convierta en un ser todopoderoso (cual Dios) capaz de aniquilar medio Universo (¿medio? Sí, medio) de un plumazo.

No debatiremos aquí el propósito de Thanos para con las gemas, pero sí que merece la pena comentar el gesto de los guionistas por humanizar un enemigo del que hasta el momento poco o nada sabíamos. Cierto es que eso le ha restado puntos de intimidación como malo malísimo, pero al mismo tiempo ha ganado en profundidad.


Al resto de los personajes ya los conocemos sobradamente, por lo que no se han tomado demasiadas molestias con ellos. E incluso el primer encuentro entre muchos de ellos se resuelve con una fugacidad y simplicidad pasmosa.

Quizás el problema radique en que hay demasiado personaje involucrado (y eso que no están todos los que son), y que son tantas las cosas (encuentros, despedidas, romances…) que tienen que ocurrir en tan poco tiempo (dos películas se me empiezan a antojar incluso pocas), que todo transcurre a un ritmo excesivamente acelerado. Un non-stop de fuegos artificiales que pueden llegar a agotar un poco, más cuando el hilo conductor es tan limitado.

Y es que los personajes aparecen y desaparecen (algunos son prácticamente un visto y no visto, o bien aportan poco o nada a los acontecimientos que se desarrollan); van de A a B y de B a C en cuestión de fotogramas; luchan y pierden, luchan y ganan, vuelven a luchar y vuelven a perder/ganar… Todo concentrado en algo más de horas en las que sólo parece haber hostias, lamentaciones, más hostias y más lamentaciones. La historia carece verdaderamente de una trama hilvanada, probablemente porque en conjunto todo se desarrolla más como un acto final de una larga película que empezó hace rato, que una película en sí misma, con su inicio, su nudo y su desenlace. De hecho, carece de desenlace, adoleciendo  de uno de los grandes males de algunas franquicias: las entregas segmentadas, es decir, esos capítulos divididos a su vez por entregas y que saben a media película cada una. Y ver media película, terminar con un coitus interruptus de órdago (en este caso, especialmente doloroso), y esperar un año para contemplar su conclusión es, para un servidor, algo terriblemente molesto (por inevitable que sea). Tampoco ayuda que saltemos continuamente de un punto al otro de la galaxia para ver qué están haciendo unos y qué están haciendo otros. Tanto personaje desperdigado, aún con un único fin (derrotar a a Thanos) , termina mareando.

“Infinity War” es, pues, un poco como su llamativo y colorido póster oficial: que sí, que nos encanta que estén al fin todos juntos nuestros superhéroes favoritos, pero se vislumbra a todas luces sobrecargado.  

A Whedon le salió mucho mejor la jugada en Los Vengadores, aunque no tenía tantos personajes entre manos. Los Russo, que ya habían practicado un poco con Civil War (una pseudo Vengadores sí o sí), demuestran que saben otorgarle los minutos necesarios a los personajes principales sin que ninguno se resienta en exceso, mientras que muchos de sus secundarios parecen metidos con calzador para llenar la cuota de rigor. Amén de que los golpes de efecto dramático caen en saco roto cuando se suceden uno tras otro sin tiempo suficiente para crear un clímax adecuado para ello. Es más, cierto factor espacio-temporal (ya visto en la franquicia de los mutantes, aunque aquí mejor justificado gracias a una de las gemas) provoca en mí cierta sensación de indiferencia casi absoluta ante cualquier suceso dramático supuestamente incorregible. Una vez introducido dicho factor, todo es posible y las probabilidades pasan a ser infinitas, por lo que esos “golpes de efecto” poseen, precisamente, menos efecto del deseado. Ergo, es un arma de doble filo de la que sólo los mejores guionistas saben hacer buen uso.

En cualquier caso, y sin que sirva de atenuante, ninguna de las aportaciones al universo marvelita de los hermanos Russo me suscita especial admiración. Por muy aclamadas que estén entre los fans y la crítica, ni Soldado de Invierno ni la ya citada Civil War se encuentran entre mis favoritas, como tampoco la hará esta Infinity War.  Y no es que me disgusten, ni mucho menos. De hecho, les reconozco su primigenia función de espectaculares y divertidos entretenimientos, pero ninguna termina de conquistarme como sí han logrado, por ejemplo, las primeras Capitán América y Guardianes de la Galaxia, Iron Man y Iron Man 3, o la más reciente Thor: Ragnarok. Todas ellas, por distintas razones.

De todos modos, quizás la mejor manera de valorar la historia que aquí nos cuentan sea en su conjunto, cuando obtengamos al fin su desenlace en la próxima película. La espera será y se hará larga.


VALORACIÓN PERSONAL:



domingo, 25 de marzo de 2018

“Pacific Rim: Insurrección” (2018) - Steven S. DeKnight



Sinopsis oficial: Han pasado 10 años tras la primera invasión que sufrió la humanidad, pero la lucha aún no ha terminado. El planeta vuelve a ser asediado por los Kaiju, una raza de alienígenas colosales, que emergen desde un portal interdimensional con el objetivo de destruir a la raza humana. Ante esta nueva amenaza, los Jaegers, robots gigantes de guerra pilotados por dos personas para sobrellevar la inmensa carga neuronal que conlleva manipularlos, ya no están a la altura de lo que se les viene encima. Será entonces cuando los supervivientes de la primera invasión, además de nuevos personajes como el hijo de Pentecost (John Boyega), tendrán que idear la manera de sorprender al enorme enemigo, apostando por nuevas estrategias defensivas y de ataque. Con la Tierra en ruinas e intentando reconstruirse, esta nueva batalla puede ser decisiva para el futuro.

Comentario:
Hostias a diestro y siniestro entre robots gigantes y monstruos gigantes. Eso es lo que nos ofrecía hace unos años “Pacific Rim”, película que hacía las delicias de cualquier aficionado al manga/anime gracias a sus feos monstruos (kaiju) y, sobre todo, a esos robots pilotados por humanos (los mechas, en la jerga otaku). 

Con Del Toro detrás de las cámaras y en el guión, el proyecto respiraba mucho amor y respeto por el género y por los personajes. Ahora, cinco años más tarde, nos llega esta secuela, ya sin el mexicano en la silla de director, pero sí ejerciendo de productor y co-guionista, lo que sin duda habrá ayudado a que esta continuación, a cargo de Steven S. DeKnight (director curtido en televisión), mantenga el espíritu de su predecesora.

Aunque se haya perdido el efecto sorpresa, cosa inevitable en las secuelas, y se apueste nuevamente por la fórmula “hazlo más grande y más bestia” también inevitable y típica de éstas, lo cierto es que el entretenimiento que ofrece “Uprising” no está exento de algunos detalles, guiños y sorpresas agradables que de seguro harán palpitar los corazones de los aficionados. Otras decisiones con respecto al retorno de algunos de los personajes de la primera entrega puede que sean más cuestionables y no gusten tanto, pero a grandes rasgos considero que la trama es coherente con ella misma y con lo relativo a la primera entrega.

Si acaso, el único “pero” que podría discutirse sería el apunte final de cara al camino a seguir en la próxima entrega (siempre y cuando la taquilla de ésta acompañe, claro). Y no por erróneo, pues probablemente sea la jugada más acertada en pos de evitar la “reiteración de la fórmula” en la saga, sino porque POSIBLE SPOILER--- es exactamente el mismo rumbo que pretenden seguir las venideras terceras partes de otras sagas de “invasiones” (si habéis visto “Independence Day: Resurgence” y “Beyond Skyline” ya sabréis a lo que me refiero). --- FIN POSIBLE SPOILER

Dejando esto a un lado, debemos asumir que sí, que “Pacific Rim: Uprising” ofrece más de lo mismo. ¿Pero acaso alguien espera/exige otra cosa? 


No sólo sigue habiendo seres de otra dimensión queriendo aniquilar a la raza humana y robots gigantes protegiéndonos de ellos, sino que ahora estos robots deben enfrentarse también ¡a otros robots! Puede que eso, y la reducción de la media de edad del plantel protagonista nos recuerde en demasía a la última entrega de la saga Transformers (con niña callejera experta en ingeniería robotica, incluida), pero las comparaciones terminan ahí. Lo de Bay es una oda a la chatarrería y al ruido, en donde los personajes son un cero a la izquierda y el humor lamentable y sonrojante. 

Porque aunque por fuera se le parezca, Pacific Rim es una cosa muy distinta. Es más divertida y mucho más “friki”, y su espectacularidad (que no es poca) no está reñida con su impacto emocional. Los personajes son tan importantes como los robots que pilotan o los bichos a los que zurran. En ese sentido, John Boyega asume el relevo con porte y buena actitud, compensando en carisma todo el que quizás le falte a su compañero Scott Eastwood. Por otro lado, la pandilla de jóvenes pilotos que les acompaña se acerca más al prototipo de protagonistas que pululan en el anime al que la película emula, por lo que no creo que quepa queja alguna al respecto, más si éstos consiguen ganarse la simpatía del espectador. Y lo dice alguien que anda ya algo hastiado de tanta franquicia juvenil.

“Uprising” es, por tanto, una digna secuela; continuista y respetuosa, y que aumenta el nivel de espectacularidad y destrucción sin pasarse de frenada. Puede que no encandile o enamore del mismo modo que lo hizo la cinta de Del Toro, pero si disfrutasteis con aquella, me resultaría realmente desconcertante que no lo hicierais con ésta.


VALORACIÓN PERSONAL: 


domingo, 17 de diciembre de 2017

“Star Wars: Los últimos Jedi” (2017) - Rian Johnson


Sinopsis: La malvada Primera Orden se ha vuelto más poderosa y tiene contra las cuerdas a la Resistencia, liderada por la General Leia Organa (Carrie Fisher). El piloto Poe Dameron (Oscar Isaac) encabeza una misión para intentar destruir un acorazado de la Primera Orden. Mientras tanto, la joven Rey (Daisy Ridley) tendrá que definir su futuro y su vocación, y el viejo jedi Luke Skywalker (Mark Hamill) revaluar el significado de su vida. 

Comentario:
Sí, es cierto. “Star Wars: The Force Awakens” nos pareció a todos una especie de remake encubierto de “La Guerra de las Galaxias” original. Pero pese a ello (¿o quizás fue gracias a ello?), la inmensa mayoría de espectadores salimos encantados de la sala. Después del chasco de proporciones estelares que supusieron las infames precuelas perpetradas por George Lucas, lo que JJ Abrams y cía lograron nos supo a gloria bendita. Y ya no es que en comparación aquella saliera ganando por goleada (en absolutamente todos los aspectos), sino que la película era, ni más ni menos, la aventura espacial que exigíamos (y nos merecíamos) desde hacía mucho tiempo.  Abrams y su equipo habían logrado lo inaudito: que volviéramos a creer en la Fuerza; que volviéramos a disfrutar de las batallitas espaciales, de los duelos con sables lásers, de los robotitos que hablan a base de ruiditos y pitidos indescifrables (ese adorable BB-8), de los héroes entrañables y carismáticos (Rey, Finn, Poe…) y de los pérfidos y trágicos villanos (Kylo Ren). 

Es cierto también que no era perfecta y que tenía sus defectos (¿qué película no los tiene?), pero podíamos fácilmente pasarlos por alto y volver a disfrutar del espectáculo como unos críos.

¿Ocurre lo mismo con esta continuación? Vayamos por partes…

Creo que en esta ocasión los errores son más graves y pesan mucho más sobre el conjunto. 

De nuevo, la sensación de remake encubierto sigue presente. En este caso quizás no sea tan acusada (¿o sí?), pero no podemos obviar que la sombra de “El Imperio Contraataca” es alargada. Ambas películas comparten ciertas similitudes innegables: el entrenamiento de Rey junto a Luke Skywalker es equiparable al que realizó éste junto a Yoda, así como la batalla final en Crait se asemeja en cierto modo a la batalla de Hoth; surge también aquí un aliado que se convierte en traidor (personaje al que probablemente volvamos a ver en la tercera/octava entrega para redimirse, al igual que Lando en el Retorno del Jedi) y los Porgs vendrían a ser los nuevos Ewoks desde el punto de vista del merchandising (y es que en la película su función no podría ser más opuesta, puesto que a diferencia de los Ewoks, que lucharon codo con codo con nuestros héroes, éstos están aquí sólo para soltar gritos y dar por saco a Chewbacca).

El debate interno (y externo) de Kylo Ren y de Rey también recuerda bastante a los de Darth Vader y Luke Skywalker. Que si vente al Lado Oscuro, que si vente tú a la Luz; que no, que te vengas tú, y así todo el rato. Es interesante, no obstante, cómo ayuda eso a hacer crecer la personalidad de los personajes, aunque sea a costa de sacrificar el espíritu de aventura y el ritmo de la cinta. Y es que la película, tras un espectacular e inmejorable arranque, se atranca sobremanera en su parte intermedia.
Hay un esfuerzo por suplir ese tropezón intercalando una pequeña escapada de Finn y su nueva amiga del alma, Rose, a un planeta  que viene a ser algo así como Las Vegas. Un lugar en el que los ricos van a jugar al Black Jack (o lo que sea) y a las máquinas tragaperras, y en dónde los señores de la guerra cierran sus acuerdos millonarios. Pero la aventura de Finn y Rose se siente algo forzada, sobre todo SPOILER--- dados los escasos resultados que ofrece al final la misión --- FIN SPOILER. Parece más bien una excusa para tener a los personajes (y al público) distraídos mientras Rey prosigue con su –por momentos aburrido- descubrimiento personal.


Eso sí, por lo menos le sirve a Johnson para mostrarnos el canto de la moneda, ese otro estrato social que ni pertenece al Imperio, perdón, la Primera Orden; ni a la Resistencia . Desde los que interfieren sólo por su propio interés, sacando beneficio del conflicto; hasta los que le dan la espalda o los que simplemente se quedan mirando. 

Pero volviendo a los personajes principales, de nuevo hay que resaltar las similitudes entre el nuevo triunvirato al frente de  la Primera Orden y el añejo.  

También Kylo se somete ante un amo más poderoso que él, cual Vader ante el Emperador. ¿He dicho más poderoso? Bueno, eso es lo que se le suponía, pero quizás al final no sea para tanto, puesto que Snoke pasa de ser un misterioso e intimidante villano en la sombra en Awakens a ser un viejo chocho en un trono. Y para colmo, seguimos sin saber de dónde narices sale Snoke; quién es y cómo surge todo esto de la Primera Orden.

Aunque peor parte se lleva Hux (el heredero de Moff Tarkin, o eso creíamos), que se convierte en el blanco de todas las coñas/puyas humorísticas que Johnson se saca de la chistera.

No seré yo quien critique el humor de la película, puesto que es un elemento inherente y fundamental en la saga y siempre ha funcionado a las mil maravillas, pero hay momentos en los que funciona y nos saca una cómplice sonrisa (sobre todo las estelares apariciones que protagoniza siempre nuestro queridísimo BB-8), y momentos en los que la cosa da un poco de vergüenza ajena. Y eso es lo que le ocurre a Hux, que termina pareciendo una burda parodia del Hux que asomaba el jeto en su predecesora. 

Por el contrario, el que sale beneficiado en esta película es, precisamente, Kylo Ren, un personaje con matices; un villano con estrías mucho más definido y mejor desarrollado que Anakin en toda la trilogía de precuelas.


Por su parte, Poe Dameron sigue afianzando su posición de líder nato al frente del escuadrón de batalla, haciendo gala del carisma y la socarronería que ya nos dejó entrever Abrams. Y tanto Rey como Luke ejercen satisfactoriamente sus roles de aprendiz y maestro, respectivamente, no usando Johnson el apellido Skywalker en vano con él, aunque sí con su hermana Leia, que no es más que un Product Placement (o así lo veo yo) de la trilogía original. Personaje el suyo que además protagoniza una de las secuencias más sonrojantes de la película y, por extensión, de toda la franquicia (SPOILER—el momento en el  que por vez primera emplea la Fuerza, "navegando" por el espacio a través de los escombros de su buque, librándose así de un desenlace fatal, es escandalosamente ridículo, amén de gratuito --- FIN SPOILER.

Pero Leia no es el único personaje fútil de esta nueva trilogía. Ahí están también R2D2 y C3PO (éste último, sobre todo, lleva ya dos películas sin hacer/aportar absolutamente nada). Que sí, que a todos nos encanta que estén ahí, pero su único cometido es, precisamente, complacer nuestra nostalgia. Y nada más. Al menos Chewie sigue a bordo del Halcón Milenario ayudando a terminar con el enemigo.

En fin… Llegados a este punto, puede parecer que la película no me ha gustado. Nada más lejos de la realidad. Creo que empieza bien y termina mejor, pero por el camino se pierde y eso le hace perder enteros. En líneas generales sigue cumpliendo su propósito: avanzar en la saga y seguir entreteniendo a millones de fans con nuevas -aunque no parezcan tan nuevas- aventuras. Pero en esta ocasión los problemas de guión son más visibles o, dicho de otro modo, son más difíciles de maquillar. Esperemos que el retorno de Abrams en el capítulo IV suponga el gran y épico cierre que esto necesita.


VALORACIÓN PERSONAL: