sábado, 29 de noviembre de 2008

Outlander (2008) - Howard McCain


Pese a tener un pie en el videoclub, finalmente “Outlander” ha terminado estrenándose en nuestros cines, compartiendo cartel con grandes y ambiciosas superproducciones. Teniendo en cuenta su estrambótico argumento, su innegable condición de serie B y su ausencia de grandes estrellas de Hollywood, lo más seguro es que su taquilla sea de lo más discreta, mientras que las producciones antes citadas amansarán una buena suma de dinero con independencia de su calidad (visto lo visto, mucho más discutible que la de la cinta que nos ocupa)


La historia nos sitúa en Noruega, en plena era vikinga. Allí se estrella accidentalmente una nave espacial en cuyo interior viaja Kainan, un guerrero humanoide venido de otro mundo, junto a un pasajero no deseado, El Moorwen, una sanguinaria criatura alienígena. Después del accidente, el Moorwen escapa y empieza su particular matanza en este nuevo hábitat. Kainan, por su parte, es capturado por un grupo de rudos vikingos mientras trataba de dar caza a la dichosa criatura.

Aunque el primer contacto con los nórdicos no es lo amigable que uno podría desear, poco a poco Kainan se habituará a las nuevas compañías, tratando de advertirles del peligro que corren ante la presencia del Morween, y procurando formar con ellos un valiente grupo de guerreros que pueda, de una vez por todas, acabar con las masacres del temible alienígena.

Por supuesto, tal hazaña no será fácil y los vikingos deberán unir fuerzas con un clan rival para hacer frente común a la amenaza.


La propagandística coletilla de “del productor de El Señor de los Anillos” con el que se nos quiere vender Outlander puede hacer más daño que beneficio, pues los que esperen encontrar en ella una aventura épica de las dimensiones de la saga de Peter Jackson probablemente terminen muy decepcionados (e incluso se sentirán estafados). Para nada la historia ni las pretensiones de esta cinta se asemejan a la obra de Tolkien, ni en ningún momento lo pretenden, claro.

La mezcla de géneros siempre resulta fascinante para aquellos que disfrutamos de este tipo de producciones, si bien no siempre la mezcla funciona. En este caso, sus guionistas, Howard McCain (también director de la misma) y Dirk Blackman, han conseguido que el producto funcione apostando especialmente por la vertiente aventurera y fantástica de la historia.

Los elementos puramente de ciencia-ficción actúan de macguffin para desencadenar todos los hechos que acontecen en el film, y también sirven de complemento para encajar ciertas piezas de la trama (el origen del prota y de la bestia, y el odia que les vincula, por ejemplo) Por lo demás, la cinta se mueve en el ya hiperexplotado terreno de humanos contra bestia/s, destacando aquí, por encima de sus semejantes, el marco temporal en el que todo se desarrolla. Y es que tener a un grupo de vikingos haciendo frente a una criatura venida del espacio es, cuanto menos, interesante.


Para sorpresa de un servidor, Outlander no va a lo fácil, como uno podría pensar. Para que se entienda, no estamos ante una película de acción continua y sin apenas descanso, como podría ser, por ejemplo, esa joya del género titulada “Depredador”. Aquí el director se toma su tiempo para mostrarnos, entre ataque y ataque, los conflictos internos de los personajes. Obviamente, no es una cinta con una gran profundidad ni un alto contenido dramático, pero sí se toma la molestia de intentar implicarnos con los personajes. Y teniendo en cuenta que en cualquier momento, cualquiera de estos personajes - principales o secundarios- puede terminar en las fauces del bicharraco, pues siempre es punto a favor poder cogerles cierto aprecio, para que su muerte o su supervivencia por lo menos nos importe un mínimo.
En consecuencia, aquellos que esperan un film con acción en cantidades industriales podrán también sentirse algo insatisfechos. Si bien ya digo que acción tiene, aunque menos de la esperada para sus casi dos horas de duración.


Además de la cacería en sí misma, con su testosterona y su poquito de gore, hay lugar también para unas pinceladas de romanticismo -por parte del protagonista y la bella muchacha de turno- y de humor, éste a través del personaje de Boromir (Cliff Saunders).

En materia de efectos especiales, se puede decir que estos cumplen con su cometido, resultando convincente tanto el aspecto (y características) del Moorwin como su interacción con los personajes de carne y hueso. Es evidente que el presupuesto es limitado y por ello no siempre apreciamos al monstruo en todo su esplendor, así que sus apariciones son siempre de noche, aprovechando la escasa luz y el juego de sombras que esta permite.

El reparto es solvente, incluido el sosainas de Jim Caviezel, que aunque está falto de carisma y como héroe de acción no cuela mucho, almenos ofrece una actuación convincente (¡hasta sonríe y todo! ). La chica es Sophia Myles, que además de mona, actúa con soltura. Los secundarios resuelvan sin problemas su papeleta y John Hurt pone la nota de calidad al reparto. Lo único que se echa en falta es un mayor protagonismo de Ron Perlman, cuya presencia es más bien testimonial (y eso que es lo de los pocos que parece un vikingo de pura cepa)

Con un poquito de “El guerrero Nº13”, “Beowulf” y “Depredador” (sangre verde incluida), esta “Outlander” se las apaña suficientemente bien para ofrecer un eficaz y honesto entretenimiento, sin muchos alardes pero sí con cierto encanto. No es un peliculón, pero si un digno film de ciencia-ficción y aventuras, géneros que últimamente parecen haber caído en una alarmante decadencia (Pathfinder, Babylon A.D., etc.). Lo más probable es que contente a un reducido grupo de espectadores (amantes de la serie B, sobretodo) y disguste al resto, especialmente a los que ya su bizarro planteamiento les produce rechazo.

Valoración personal:

domingo, 23 de noviembre de 2008

“Plane Dead” (2007) – Scott Thomas


También conocida con el título de “Flight of the Living Dead: Outbreak on a Plane”, esta cinta tiene la particularidad de concentrar una plaga zombie en un habitáculo tan reducido como es un avión. El esquema viene a ser el mismo que cualquier otra película de zombies: primero la infección se desata; luego llegan los primeros contagios; los supervivientes tratan de defenderse como pueden; poco a poco el número de zombies es mayor que el de no-infectados y al final sólo resta ver como unos pocos logran salvar sus vidas ante la terrorífica amenaza. Por supuesto, si todo esto sucede en un avión, dónde no hay lugar por el que escapar y donde por cualquier rincón puede aparecerte un zombie con ganas de pegarte un buen mordisco, pues los alicientes aumentan considerablemente.

El caso es que “Plane Dead” puede recordar perfectamente a la mediocre “Serpientes en el avión”, película que se tomaba demasiado en serio a sí misma como para resultar un gratificante entretenimiento de serie B. También el boom publicitario que se marcó en Internet le hizo mucho daño, incumpliendo posteriormente cualquier expectativa que uno pudiera tener de pasar un rato de diversión irreverente.

Las pretensiones de esta cinta son más humildes, aunque en un primer momento también parece demasiado seria para tener el argumento que tiene.


"El vuelo de un Boeing 747 rumbo a París parece transcurrir con toda normalidad, con sus pasajeros y tripulación pasando como pueden esas largas 13 horas de viaje. En el avión viajan, entre otros, dos jóvenes y adúlteras parejas, un famoso golfista profesional y su repelente esposa, un policía que custodia a un preso acusado de malversación de fondos, un agente encubierto de la policía aérea e incuso una monja. A ellos se les une, a última hora, un grupo de científicos que deben transportar una carga altamente peligrosa y secreta.

Durante el viaje, el Boeing atraviesa una tormenta, y debido a sus turbulencias, la misteriosa carga termina liberándose. Esa carga no es otra que una mujer que transporta en su sangre un letal virus que, en cuestión de segundos, puede convertir a un ser humano en un brutal no-muerto. Su primera víctima es el hombre que la custodiaba, pero poco a poco y a medida que avancen por el avión, el grupo de infectados por el virus irá en aumento.

Los pocos viajeros que logren librarse de los primeros ataques, deberán hacer aterrizar el avión antes que los zombies acaben con ellos o antes de que un avión militar les derribe bajo la orden de evitar un mal mayor."


La primera media hora aproximadamente, el director la utiliza para presentarnos el grupo de tripulantes y viajeros que centrarán nuestra atención de entre el total de pasajeros. Obviamente, el resto pasarán a ser los meros infectados de turno.
En este espacio de tiempo, podemos ir haciendo nuestra quiniela sobre quiénes serán los primeros en caer víctimas de los zombies, e incluso quiénes serán los que salvarán el pellejo una vez llegado el final de la película. Sorpresas, realmente, las hay pocas, y quizás lo peor que se le puede achacar a esta simpática cinta es que resulte demasiado predecible. Claro que a estas alturas, ¿qué película no lo es?


Los personajes en sí responden a los arquetipos habituales del género, pero por encima de todos, destaca uno: el preso. Las conversaciones con el policía que lo custodia son las más divertidas y conseguidas del guión, por no decir que son los únicos diálogos que se salvan de toda la película. De todas formas, no hay ningún personaje que destaque en exceso por encima de los demás, aunque los que llevan las armas son también los que llevan la voz cantante a la hora de organizar y proteger al grupo de supervivientes, como es lógico.

El primer tramo de la película es bastante comedido, pero en el momento en que la infección se escampa por el avión, la “seriedad” desaparece y empieza la gamberra diversión, con un motón de zombies haciendo de las suyas, dejando un reguero de sangre ahí por donde pasan y amputando extremidades si es necesario.
En ese momento es también cuando el ritmo de la película mejora notablemente, logrando además, mantenerse hasta el final sin decaer, y ofreciendo en todo momento altas dosis de acción y gore para disfrute del espectador.

La película en ningún momento abandona su condición de serie B con ciertos aires de telefilm, y lo único a lamentar en ese aspecto, es la pobre calidad de algunos efectos especiales realizados por ordenador, especialmente cuando al film se le quiera dotar de una mayor espectacularidad (las explosiones o el aterrizaje del avión, por ejemplo, cantan a leguas)

Pese a eso, “Plane Dead” no deja de ser un honesto y sangriento entretenimiento, con un argumento tan delirante como atractivo, con un montón de actores de segunda y atractivas mozas pasándolas canutas, y unos zombies que obedecen a los nuevos cánones del subgénero, es decir, rápidos y con una fuerza sobrehumana. Lo peor es su lento arranque, que le hace bajar nota de forma considerable, pero aún así, remonta hacia la mitad cumpliendo finalmente con su cometido.


Valoración personal:

viernes, 21 de noviembre de 2008

Especial Zombies: los no-muertos invaden Amazing Movies




“Cuando el infierno esté lleno, los muertos caminaran sobre la tierra”


Últimamente el subgénero zombie se ha puesto muy de moda, y han llegado a nuestras salas de cine un considerable número de cintas con estos terroríficos seres como protagonistas. Obviamente, no todo han sido buenas películas y no todas se han atrevido a nombrarlos como tales (ahora los llaman “infectados”), pero han servido para resucitar, nunca mejor dicho, una de las criaturas más temibles del cine de terror. El simple hecho de que un ser querido, un amigo o tu propio vecino puedan convertirse en monstruos devoradores de carne, hace que uno se estremezca de miedo.

Los primeros zombies cinematográficos fueron asociados a la magia negra y al vodoo, hasta que a finales de los 60 llegó George A. Romero para darle un vuelco a la leyenda de los “no-muertos”, ofreciendo así su personal visión de aquellas voraces criaturas con ‘La noche de los muertos vivientes’ (1968), la película de zombies por antonomasia , y a la que siguieron Zombi (Dawn of the Dead) y El día de los muertos (Day of the Dead). La particular trilogía de Romero dió pie a un nuevo mal al que combatir, creando en sí mismo un propio subgénero al que se han acercado otros directores reconocidos dentro del cine de terror, como son Lucio Fulci con su “Zombi 2” o Stuart Gordon y su mítico “Re-Animator”. Por no hablar de esa gozada tan gore y delirante como es “Braindead”, de Peter Jackson.

Las décadas de los 80 y 90’s propiciaron un buen número de películas con temática zombie, bien llegándonos desde Italia como desde EE.UU., y mezclando incluso el humor con el terror, dando lugar a parodias del propio género como “El regreso de los muertos vivientes”. Si bien algunas apenas tuvieron mucha repercusión y otras tantas presentaban resultados muy pobres.


Ha sido con la llegada de los infectados de Danny Boyle (28 días después) cuando los zombies se han vuelto a poner de moda, y tanto los grandes estudios de Hollywood como las pequeñas productoras, se han volcado en este subgénero para traernos más zombies a nuestros cines y videoclubs. Incluso el propio Romero ha vuelto de nuevo al tema que le dió fama, primero con la floja “La tierra de los muertos vivientes”, que nos mostraba por primera vez unos zombies pensantes, y en breve con “El diario de los muertos”, imitando el estilo subjetivo de la española “REC” (que muy pronto también tendrá secuela made in spain)


Probablemente algunas de las mejores películas que nos han llegado en estos últimos tiempos hayan sido la citada película de Boyle y su, a mi juicio, superior secuela “28 semanas después” (y ya se está pensando en la tercera entrega); la también citada REC (aunque la encuentro un poco sobrevalorada) y la extraordinaria “Amanecer de los muertos”, remake de Dawn of the Dead a cargo de Zack Snyder (para un servidor, la mejor de zombies de la historia, y que me perdone Romero). Y ya en clave de comedia, no podemos olvidarnos tampoco de la genial “Shaun of the Dead”, que aquí se tradujo penosamente como “Zombies Party”, o “Planet Terror” de Robert Rodríguez, segmento perteneciente al “Grindhouse” de éste y Tarantino.

Otras no pasan de ser correctos entretenimientos que podrían haber dado más de sí (Resident Evil, Soy leyenda)

Con este artículo especial dedicado a los zombies no pretendo hacer un exhaustivo repaso a este subgénero, ni mucho menos, sino que me sirve como carta de presentación para un puñado de cintas de esta temática que se darán cita en el blog en los próximos días.
Aprovechando la inminente llegada del mes de diciembre, y con él, la llegada también de la Navidad, me ha parecido oportuno (aunque puede que me equivoque) mostrar una alternativa terrorífica y sangrienta a la ñoñería navideña que pronto nos invadirá. Y ya que tengo pendientes de ver y reseñar un buen número de películas de zombies, que mejor que hacerlo presentándolo como un “especial”. Por ello, durante un tiempo indeterminado, aparecerán reseñadas en “Amazing Movies” algunas de las películas de zombies más curiosas con las que me he topado últimamente. Para no saturar/monopolizar demasiado el blog con vísceras y litros de hemoglobina, las reseñas no siempre serán seguidas, y dejaré un poco de espacio para tocar otros géneros y temáticas (recordando además, que aún queda la tercera y, de momento, última entrega de “Robots en el cine”)

Además, he incluido una pequeña encuesta en la que os pregunto a vosotros, fieles lectores, cual creéis que es el personaje más terrorífico dentro del cine de terror, dejándoos a elegir entre varias opciones distintas. La encuesta sí tiene fecha de caducidad, por lo que antes de que termine el año intentaré publicar los resultados de los votos.

Así que muy atentos al blog, que los zombies nos visitarán de vez en cuando.

sábado, 15 de noviembre de 2008

"Below" (2002) - David Twohy


Ya sea como guionista o bien como director -o ambas cosas a la vez-, David Twohy siempre ha estado especialmente ligado al género fantástico. Suyos son los guiones de “Warlock, el brujo”, “Han llegado” o “Las crónicas de Riddick”, además de co-escribir el libreto de la infravalorada “Waterworld”, “Critters 2” y de la fallida “Impostor”. Eso sin contar también sus escrituras para otros géneros, como es el caso de “El fugitivo” o “La Teniente O’Neil”.

Con mayor o menor acierto, Twhoy ha terminado siendo, para un servidor, un guionista/director a tener en cuenta en el campo de la ciencia-ficción y el fantástico, aunque de momento ninguno de sus trabajos como director ha sido un éxito en taquilla.
La cinta que nos ocupa fue realizada entre las dos partes de Riddick, estrenándose en USA con escasa repercusión pero consiguiendo buenas críticas por parte de la prensa especializada. Aquí en España no llegó ni a los cines ni al dvd, con lo cual es una cinta bastante difícil de conseguir.


"La historia nos sitúa en plena II Guerra Mundial, a bordo del submarino estadounidense Tiger Shark . Tras la pérdida accidental del Capitán Winters, la moral de la tripulación está algo baja, y no ayuda a subirla el hecho de tener a un barco alemán rondando por las cercanías. Su travesía por el atlántico parece ir de mal en peor cuando recogen a unos náufragos ingleses accidentados tras el inesperado ataque al barco en el que viajaban. Entre ellos está una mujer, hecho considerado por los marineros como de mal augurio, y nos les faltará razón, pues tras su rescate empiezan a sucederse extraños acontecimientos a bordo. Ruidos insólitos, tocadiscos que funcionan solos, visiones espectrales, etc.

Poco a poco el viaje irá haciéndose más inquietante, creciendo con él las tensiones entre la tripulación (náufragos incluidos)
"


Por lo general, siento una especial predilección por las historias que acontecen en espacios reducidos, más si se desarrollan en lugares tan claustrofóbicos como pueda ser un submarino.
Below parte de una premisa muy original y sumamente interesante, si bien hay que lamentar que no se haya sabido explotar a fondo todas las posibilidades que ofrecía el componente fantástico de la historia. Y es que más allá de eso y omitiendo ese elemento distintivo, la cinta de Twohy podría funcionar perfectamente como una película de submarinos al uso, con su trama de suspense y sus habituales secuencias de combate.

El guión corre a cargo del propio director y de Darren Aronosky (Requiem por un sueño, La fuente de la vida), trasladando las típicas historias de fantasmas a un submarino de la Segunda Guerra Mundial, lo cual es, sin duda, uno de sus mayores aciertos/atractivos, además de una sombría y opresiva puesta escena por parte de Twohy (quién además demuestra tener un buen manejo de la cámara en más de una ocasión, elevando la cinta por encima de la media)
Pero quizás el mayor problema esté en no explorar en profundidad (nunca mejor dicho) todas las posibilidades que ofrece el interesante argumento.


La trama se va desarrollando de forma pausada y optando siempre por la sutileza, evitando así caer en la obviedad más estridente. De este modo, el director consigue crear un sugestivo clímax de suspense, apelando en la medida de lo posible, a la propia imaginación del espectador. Ahora bien, tampoco duda en usar el estruendoso Dolby Surround para provocarnos algún que otro sobresalto (típico recurso efectista que suelo detestar)

A lo largo del metraje se van dejando caer algunas pistas que pueden servir para resolver el misterio, aunque no es hasta el tramo final cuando todo empieza a encajar y cuando averiguamos el por qué exacto de esos extraños fenómenos. Pero como ya digo, el componente fantástico se queda muy limitado, y sería mejor decir que forma parte de la historia de un modo más bien secundario.

Obviamente, ni Twohy ni Aronosfky han pretendido realizar una película de horror extremo, sino todo lo contrario. Sugiriendo más que mostrando, procuran que nuestra atención se centre más en los personajes y los secretos que unos y otros ocultan, que no tanto en las apariciones fantasmales. Por tanto, no estamos ante una versión submarina de “Horizonte final” (aunque sería el referente más cercano) ni tampoco ante una hermana light de “Ghost Ship”. Quienes esperan de ella algo por estilo, probablemente se lleven un chasco.

“Below” es toda una curiosidad en su género. Una cinta interesante, con un reparto lleno de actores secundarios que cumplen con corrección su papel, con unos efectos especiales discretos pero competentes, y con un misterio que intriga más que asusta. Podría haber sido mucho mejor de lo que finalmente es, y de ahí que se haga difícil recomendarla. Algunos podrán sentirse atraídos por su atmósfera, mientras que a otros puede terminar provocándoles el mayor de los bostezos.


Valoración personal:

sábado, 8 de noviembre de 2008

"Almas de metal" (1973) - Michael Crichton


Después de que Hollywood adaptara por primera vez y con buena acogida una novela de Michael Crichton titulada “The Andromeda Strain”, el propio escritor decidió, en 1973, llevar a la gran pantalla otra de sus historias, ejerciendo tanto de director como de guionista, y asegurándose así la máxima fidelidad para con su obra. Un año antes ya había probado suerte en ambos ámbitos adaptando otra de sus novelas (Pursuit), pero aquella vez fue exclusivamente para televisión.

Con “Westworld”, Crichton se enfrentaba al desafío de adaptar una obra que pedía a gritos más medios que con los que él contaba, y sobretodo que requería la eficiencia de un director más experimentado tras las cámaras. Pese a eso, el autor de Jurassic Park decidió hacer frente al reto y llevó a cabo el proyecto con más entusiasmo que efectividad, aún siendo éste uno de sus trabajos más recordados como director (personalmente, me quedo con "El primer gran asalto al tren")


En un futuro indeterminado, se ha creado un enorme y avanzado parque de atracciones llamado Delos, lugar en el cuál los visitantes tienen a su disposición tres grandes zonas temáticas para su disfrute: la Roma Imperial, el Oeste americano y la Europa Medieval. En ellas se puede interactuar con robots de apariencia humana mientras uno pasa unos días viviendo como lo hacían antaño nuestros antepasados.

Los principales protagonistas de esta historia son John (James Brolin) y Peter (Richard Benjamin), dos amigos adinerados que deciden pasar unos días de vacaciones en Delos, concretamente, en la zona del viejo Oeste. Su estancia allí les permite vivir como si hubieran viajado al pasado, siendo testigos de todo aquello que solían ver en los westerns: desde atracos al banco hasta duelos de revólver, pasando por las peleas en el Saloon.

Una vez allí, ellos deciden quienes quieren ser/representar en esta nueva y fantasiosa vida. Sheriffs, forajidos, pistoleros…, la elección es suya.
Todo parece ir rodado, disfrutando de las prostitutas del pueblo, peleando en el Saloon mientras juegan a cartas y se emborrachan con whisky, y batiéndose en duelo con malcarados pistoleros. Pero toda esa diversión se viene abajo cuando un fallo en el sistema (una especie de “virus”) provoca que todos los robots del parque se rebelen y actúen con una violencia inusitada.

Lo que iba a ser un viaje de ensueño se convierte en una brutal pesadilla y en una lucha por la supervivencia.

La cinta empieza con un acertado spot promocional de Delos, informando así a los futuros visitantes –y al propio espectador- de lo que el parque puede ofrecerles y del grado de satisfacción de aquellos que ya lo han visitado/probado. De este sencillo modo, quedan hechas las explicaciones acerca del contexto en el que se sitúa la historia, dejando que el resto de detalles se explican por sí solos mediante imágenes (las secuencias en el control de mando del parque o en el laboratorio de reparación) o conversaciones entre los protagonistas (el funcionamiento de las armas, etc.)

La trama prosigue con la llegada al parque de los visitantes, mostrando el proceso a seguir desde el recibimiento inicial hasta el momento en que estos llegan a sus aposentos.
Durante la mayor parte del metraje se nos muestra la vida diaria en las tres zonas que conforman Delos y en como los protagonistas se van adaptando poco a poco a su nueva vida ficticia. También nos muestra parte del funcionamiento del parque, desde la limpieza y retirada de robots dañados hasta el control de todo el sistema que gobierna el parque.

Aunque se nos muestren las tres zonas temáticas, es la del viejo Oeste la que centra nuestra atención mediante los personajes de John y Peter, que no tardan en desinhibirse y disfrutar de los “espectáculos” que les ofrece el parque. Se acuestan con bellas prostitutas, beben whisky en el Saloon y disparan con su revólver a todo aquel que se meta con ellos, todo ello siendo siempre placentero y sin sufrir ningún tipo de percance, pues los robots/androides están programados para ser serviciales y no dañar a ningún ser humano.

A medida que avanza la trama, somos testigos de los puntuales fallos que tiene los robots, y que predicen la catástrofe que está a punto de acontecer. El momento de la rebelión es bastante tardío, sucediendo hacia el final del –demasiado- escaso metraje y convirtiéndose mayormente en una huída de uno de los protagonistas en busca de una escapatoria.


Obviamente, el trabajo de Crichton tras la cámara no es redondo, y la cinta peca de cierta monotonía e incongruencias varias; robots que pueden comer y beber como humanos pero que luego tienen cortocircuitos con un sorbo de agua o armas que no pueden disparar a un cuerpo caliente pero que luego le sirven al robot pistolero interpretado por Yul Brynner para acabar con la vida de los visitantes, son algunas de esas incongruencias a las que hago referencia.

Por supuesto, la escasez de medios también impide recrear con mayor acierto y espectacularidad tanto los escenarios (pocos aunque creíbles) como las escenas de “acción” propiamente dichas. Y es en esas escenas donde mayor se nota la inexperiencia de Crichton en la silla de director, no tanto en las tiroteos (deudores directos de la violencia y la cámara lenta de Peckinpah) sino más bien en todo lo referente a la persecución final, que no resulta demasiado gratificante, y menos cuando el protagonismo recae en un personaje que produce más bien antipatía.


La labor del reparto es meramente correcta y la música un tanto machacona, y aunque el tiempo le ha hecho un flaco favor a la película, no podemos negar que su planteamiento es sumamente interesante y que al fin y al cabo, se hace bastante entretenida como producción de serie B que es.

“Westworld” dio lugar, tres años más tarde, a una secuela titulada “Futureworld”, y también, ya en los ochenta, a una miniserie de televisión -Beyond Westworld- compuesta por un total de 5 capítulos. Asimismo, un argumento similar le sirvió a Crichton para crear su más famosa novela, Jurassic Park, cambiando los robots por resucitados dinosaurios, y siendo llevada posteriormente al cine -y con un gran presupuesto- por Steven Spielberg, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras de la historia del cine.

Hace algunos años se rumoreó la posibilidad de realizar un remake de esta cinta (algo muy de moda en estos últimos tiempos de escasez de ideas) con la posible participación de Arnold Schwarzenegger como estrella protagonista. Sin embargo, tras convertirse éste en Gobernador de California el proyecto quedó aplazado indefinidamente.

Teniendo en cuenta las posibilidades que ofrece el argumento de un moderno parque de atracciones infestado de robots descontrolados, y admitiendo que la adaptación de Crichton entretiene pero deja un poco que desear, no sería una mala idea realizar una nueva versión con más y mejores medios. Y lo dice alguien que no es muy partidario de los remakes.


Valoración personal:

jueves, 6 de noviembre de 2008

Michael Crichton (1942-2008)


Triste noticia para los seguidores de este polifacético escritor. Michael Crichton falleció el día 4 de noviembre a los 66 años en Los Ángeles (EE. UU.) a raíz de un cáncer que padecía.

Crichton fue un novelista cuyas obras fueron, a menudo, adaptadas al mundo del cine. Es probable que por ese motivo muchos de los que no hayan leído sus libros sí conozcan sus historias a través de la gran pantalla. Una de sus novelas más famosas y exitosas (se vendieron más de 150 millones de copias en todo el mundo) fue “Jurassic Park”, trasladada del papel al fotograma en el año 1993 de la mano de Steven Spielberg, que prosiguió en dichas tareas también con su secuela novelística en “Parque Jurásico: El mundo perdido”.

Por su trabajo como novelista de ficción, Crichton fue considerado uno de los precursores del llamado estilo tecno-thriller (o tecno-suspense), género que mezclaba la aventura de los protagonistas con rigurosas explicaciones científicas. Por lo general, sus obras mezclaban dicho estilo con otros como el suspense o la ciencia ficción, género éste, con el que obtuvo mayor reconocimiento.

En su último año en la escuela de medicina, Crichton publicaba “Andromeda Strain”, novela que se convirtió en un best seller y cuyos derechos vendió posteriormente a Hollywood, transformándose ésta en la película de culto de mismo nombre que dirigió Robert Wise en el año 1971. Asimismo, añadir que existe también un reciente remake televisivo producido por los hermanos Ridley y Tony Scott, y protagonizado por Benjamin Bratt.

Después de esta primera adaptación cinematográfica de una de sus novelas, empezaron a llegar otras tantas, en su mayoría ejerciendo Crichton la labor de guionista o co-guionista, si bien llegó también a dirigir algunas de ellas, como es el caso de “Almas de metal”, la más conocida, “Runaway, brigada especial” o “El primer gran asalto al tren”. Todas ellas, por cierto, con resultados nada desdeñables.

Su gusto por el cine no se limitó exclusivamente a su obra sino que también escribió historias/guiones originales para otros directores (Twister, de Jan De Bont) e incluso dirigió la adaptación de “Coma”, novela del escritor Robin Cook, especialista en “thrillers médicos”. Pero su mayor éxito y reconocimiento en estas lindes fue en televisión, creando y produciendo la popular serie ”ER”, conocida en España como “Urgencias”, por la que logró un total de ocho Emmys y recibió una concesión del gremio de los productores de América en la categoría de serie multi-episódica.

Habiendo vendido más de 100 millones de libros, traducidos estos a más de treinta lenguas; habiéndose adaptado al cine 12 de sus novelas y figurando durante muchos años en la lista Forbes como uno de los hombres más ricos del planeta, se puede decir que Michael Crichton fue un triunfador. Un cáncer se lo ha llevado pero su obra permanecerá perpetua en el tiempo.

Descanse en Paz.

sábado, 1 de noviembre de 2008

"Jack Brooks: Monster Slayer" (2007) - Jon Knautz


Es una verdadera lástima que este tipo de cintas, honestas y humildes en sus pretensiones, estén destinadas a terminar ocupando un hueco en las estanterías de los videoclubs. Y es que en ocasiones, este tipo de productos suelen ser mucho más disfrutables que los hiperpublicitados blockbusters de turno.

Algunos afortunados, no obstante, pudieron gozar de su visionado en pantalla grande en la reciente edición del Festival de Cine de Sitges. Pero para desgracia del resto de espectadores patrios, difícilmente ésta llegue a cruzar el charco comercialmente, y es que su edición en DVD de momento no está pensada para el mercado internacional.


El protagonista de esta historia es Jack Brooks, un joven cuya vida quedó profundamente marcada tras el asesinato de toda su familia cuando no era más que un niño. Desde entonces, Jack tiene arrebatos de ira que apenas puede controlar y que le suelen causar problemas en su entorno social. Cada día está más harto de su novia Eve, su trabajo como fontanero no le satisface y su vago interés por los estudios le impide llegar con puntualidad a las aburridas clases nocturnas a las que acude para sacarse el graduado.

Pero la vida de Jack dará un vuelco de 180º el día que Gordon Crowley, su profesor de clases nocturnas, le pida que le arregle las tuberías de su recién adquirida casa. La chapuza de nuestro protagonista y la curiosidad de Crowley terminarán despertando a un antiguo demonio que acabará poseyendo al profesor.

Será a partir de este aterrador suceso cuando Jack descubra como sacarle partido a toda esa ira acumulada durante años. Ahora su misión consistirá en acabar con el monstruo en el que se ha transformado Crowley tras la demoníaca posesión.


Jon Knautz debuta en el largometraje con esta gamberra producción canadiense que destila un innegable aire a serie b ochentera realmente muy agradecido. El puesto delante de la cámara –y también como co-guionista- se lo ha dejado a su amigo Trevor Matthews, protagonista de varios de sus cortometrajes y que aquí encarna al inestable Jack Brooks.
Dicho personaje es un claro intento de emular al Ash de “Posesión Infernal “ (Evil Dead), y si bien tiene suficiente potencial para conseguirlo, no podemos negar que Matthews carece del rebosante carisma que derrochaba Bruce Campell en aquella mítica trilogía “raimiana”. Aún así, el actor se desenvuelve bien en su papel, sobre todo cuando su ira se desata, ya sea de forma verbal como gestual (osease, a ostias)

Como no podía ser de otra forma, el rol de villano recae en un impagable Robert Englund, que consigue aquí uno de sus mejores trabajos, haciendo de su profesor Crowley un tipo de lo más inocente y bonachón al principio, y repugnante y estrafalario después.
Un Englund que desata su viz cómica con sumo acierto, convirtiéndose en unos de los mayores atractivos de esta peculiar cinta. Tampoco hay duda alguna que es de lo mejorcito en lo que ha participado nuestro eterno Freddy Krueger, pues su extensa filmografía no es como para echar cohetes.


El director sabe darle a la película este toque característico de los clásicos de terror fantástico ochentero, con acertadas dosis de humor, unos monstruos de goma y látex tan bizarros como hilarantes, y un poco de gore y viscosidades varias para animar la “fiesta”.

Desgraciadamente, lo que Knautz no controla es el tempo que necesita para desarrollar su historia. Aunque el metraje es el adecuado, la trama se desenvuelve con lentitud, con conversaciones de poco interés excesivamente alargadas y con secuencias reiterativas que no terminan de funcionar, como por ejemplo las visitas al psicólogo, que aunque son una buena aportación al argumento, finalmente no resultan ser un gag bien aprovechado.

A la historia le falta algo de chicha y por ello a ratos parece que se estire el chicle para intentar abarcar esa hora y media que como mínimo toda película debe cumplir. A film le cuesta mucho arrancar y no es hasta el tramo final cuando realmente despliega todo su potencial.
Lo mejor de su primera hora es la gradual transformación del profesor Crowley, desde que es poseído hasta que se convierte en un desagradable monstruo devorador de carne. (mención especial también para David Fox como Howard, el viejo dependiente de la ferreteria; y la eficaz banda sonora) Luego de esto, ya nos llega todo aquello que el tráiler nos prometía, y aunque el disfrute del espectador es máximo, finalmente nos queda la sensación de que el conjunto podría haber dado más de sí.

Del modo en que termina todo, podríamos tener Jack Brooks para rato. Y ojalá así sea, pues una vez hechas las presentaciones, sus posteriores entregas podrían mostrarnos ya al “cazador” en todo su esplendor.

“Jack Brooks: Monster Slayer” es, por tanto, una simpática película que hará las delicias de los amantes de la serie B más desvergonzada (inclúyase en servidor entre ellos), con su ración de gore y sus entrañables efectos especiales a la antigua usanza. Aunque da un poco menos de lo que promete, no deja de ser un honesto entretenimiento para todo cinéfago que se precie.


Valoración personal: