
Pasado ya un mes de su estreno, y habiendo conseguido posicionarse en este breve espacio tiempo como la segunda película más taquillera de la historia por detrás de Titanic, también dirigida por James Cameron, poco queda por decir de Avatar que no se haya dicho ya. Pero como reza el dicho, “más vale tarde que nunca”, y aunque no sé si a estas alturas mi opinión tendrá algún interés para el lector, lo cierto es que, siendo éste un blog dedicado mayormente al cine fantástico, no podía dejar de publicar mis impresiones sobre una de las películas más esperadas de los últimos tiempos.
Un servidor ha logrado mantenerse bastante alejado del hype que Avatar generó antes de su llegada las carteleras. Con la escueta sinopsis y el visionado de un par de tráilers, quedé más que satisfecho, dejando las expectativas a un nivel medio y las sorpresas para cuando estuviera sentado en una butaca y no frente a la pantalla del ordenador. Sinceramente, sabiendo que éste era el regreso de James Cameron (uno de mis directores predilectos) a la gran pantalla y a la ci-fi, tenía más que suficiente para decidirme a pagar la entrada.
La historia de Avatar -de sobras conocida- nos sitúa en el planeta Pandora, lugar al que hace años llegó la raza humana con el fin de extraer un extraño mineral de gran poder electromagnético que permitiría resolver la crisis energética en la que estaba sumida la Tierra. La empresa encargada de dicha extracción es la RDA, un gigante empresarial que dispone de un ejército privado de mercenarios mediante el cual mantener a salvo sus intereses. Su mayor escollo, por el momento, además de una atmósfera irrespirable, son los Na’vi, los nativos de Pandora que, tras años de largas y arduas conversaciones, se niegan a ver como su planeta es explotado por intereses comerciales que podrían perjudicar su modo de vida.
Para llegar a un acuerdo que beneficie a ambas partes, un grupo especial de científicos procura interactuar y conocer a los Na’vi mediante avatars, unos cuerpos biológicos creados genéticamente a partir de DNA humano mezclado con DNA de los nativos de Pandora, y a los cuales se transfiere la consciencia humana, de modo que puedan ser controlados a distancia. Jake Sully (
Sam Worthington), un ex-Marine confinado en una silla de ruedas, es reclutado para incorporarse a este equipo de investigación y ocupar así el lugar de su fallecido hermano, para el cual ya se había creado un avatar totalmente personalizado. Jake, sin embargo, recibe, a espaldas de sus nuevos compañeros, unas órdenes concretas por parte del Coronel Miles Quaritch (
Stephen Lang), quién le encarga la misión de recopilar información útil acerca de los Na’vi para, en caso de no llegar a un acuerdo, poder encontrar sus puntos flacos y vencerlos en el campo de batalla.
En una expedición rutinaria, Jake se extravía y queda alejado del grupo. Su misión, ahora, es la mera supervivencia, algo que conseguirá afrontar con la ayuda de Neytiri (
Zoe Saldana), una bella Na´vi que le salva la vida en el momento más oportuno.
Una vez hechas las presentaciones, Jake logrará infiltrarse entre el clan, conociendo sus costumbres y aprendiendo a ser uno de ellos. Si bien al principio sus intenciones no serán otras que acometer las órdenes del coronel, pronto se dará cuenta de que está en el bando equivocado. A medida que se va integrando más y más entre los Na’vi, aprende a vivir como ellos, y lo que es más importante, aprende a sentir como ellos, llegando incluso a entablar una relación sentimental con su profesora Neytiri. Pronto, Jake deberá tomar la que sea, probablemente, la decisión más importante de su vida. Y es que un inminente ataque está siendo orquestado por el Coronel Quaritch para hacerse con los enormes yacimientos de unobtanium -el preciado mineral- situados bajo la aldea Na’vi, y el ex-marine deberá tomar partido bien en un bando o bien en el otro. Su decisión será la que incline la balanza a favor o en contra de Quaritch y su bien armado ejército.

Uno de los puntos más criticados de la película ha sido
su guión, el cual no deja de ser un
mejunje de historias ya conocidas por el público. Sus referentes más evidentes han sido
Pocahontas o
Bailando con lobos, mezclados éstos con un breve relato de Poul Anderson titulado “Call me Joe”, y por el que ya se ha acusado a Cameron de plagio.
Está claro que el cine se nutre constantemente de sí mismo y que hoy día es harto difícil encontrar películas que cuenten con una historia original y sorprendente. Avatar no es un excepción, claro, pero han sido tantos los años que ha tenido Cameron para concebir el guión, además del tiempo invertido en conseguir desarrollar la tecnología empleada, que a estas alturas son muchos los que le pedían/exigían más que una “Pocahontas en el espacio”. Cameron dejó claro desde un principio que su película supondría
una revolución tecnológica y no argumental para el mundo del cine, y en ese sentido, ha cumplido. Obviamente, lo ideal hubiese sido en esfuerzo similar tanto para lo uno para lo otro, pero tampoco se le puede pedir peras al olmo.
Así pues, Cameron ha desarrollado una tecnología digital que, entre otras cosas, permite trabajar con los actores en un entorno virtual a tiempo real, de modo que el director tiene, in situ, una amplia perspectiva del resultado global de las escenas y secuencias de su película. Por otro lado, el 3D o el uso del efecto estereoscópico, es perfectamente controlable durante la filmación al antojo del director, por lo que se ahorra bastante en postproducción. Y por último, ha creado un sistema de captura facial que permite captar a un 95% las expresiones de los actores para alcanzar el máximo realismo posible, siendo éste el avance que define directamente el resultado final y el que, por ende, debemos juzgar nosotros como espectadores.
A título personal, considero que,
a nivel visual, el trabajo realizado es increíble pero no impecable. El grado de realismo probablemente sea superior a cualquier otro visto con anterioridad, pero aún hay ciertos aspectos a mejorar. La expresividad es notable cuando las facciones del n’avi son bastante marcadas, como en el caso de Neytiri (esos morritos…), pero no convencen tanto cuando se trata Jake o Grace (
Sigourney Weaver). Luego están los movimientos, que aunque bastante realistas también, no parecen tan naturales cuando los personajes se ponen, por ejemplo, a correr o a saltar (o al menos a mi no me han convencido del todo)

Por tanto, la revolución existe, y por esta tecnología ya se han interesado pesos pesados de la industria como Steven Spielberg y Peter Jackson, pero lo es más en su procedimiento que en su resultado final, el cual, sin duda, tampoco desmerece en absoluto. De todas formas, y por muy perfecta que pueda llegar a ser esta técnica digital, sigo prefiriendo la presencia de actores y actrices de carne y hueso. Y es que para mí, no hay nada que parezca más real que algo, simplemente, real.
Por otro lado, el aspecto de los na’vi nunca ha sido muy de mi agrado, y una vez vista la película, sigo manteniendo esa opinión. Sus largas extremidades y esa cintura de avispa, unidos a una fisonomía de reminiscencias gatunas, le confieren un aire un tanto infantil, o caricaturesco, si se prefiere. Vamos, que el diseño no es de mi gusto, aunque eso tampoco ha sido un obstáculo para disfrutar del espectáculo, y llega un momento en el que uno se acostumbra.
En cuanto a
la flora y fauna de Pandora, es todo realmente atractivo. Sin abandonar nunca unas referencias de carácter terrestre, como esa especie de caballos que montan los na’vi o esos “lobos” hambrientos a los que se enfrenta Jake,
el resultado es bastante imaginativo y resultón. Las islas flotantes no son nada nuevo (vistas, por ejemplo, en la cinta de animación Dragon Hunter) pero tampoco algo gratuito, ya que responden al enorme campo magnético que genera el unobtanium. Pero sin duda, lo mejor en ese aspecto, es la flora bioluminscente que convierte las noches de Pandora en un espectáculo de luces de colores de lo más llamativo.
La maquinaria industrial humana y todos los elementos militares gozan de un
buen diseño conceptual, como viene siendo habitual en una superproducción de este calibre, y en ese sentido, los efectos especiales son de lo más convincentes (siempre es más fácil recrear máquinas que seres vivos). También
las secuencias de acción son francamente potentes, y en ese sentido, da gusto comprobar cómo Cameron sigue manejando la cámara con
pulso firme y mucho dinamismo.En cuanto al 3D, me temo que no voy a poder ofrecer una opinión, puesto que el visionado de la película fue en su formato 2D (lo sé, he pecado de mala manera…). La economía no estaba para muchos trotes, así que opté por la propuesta más económica, algo de lo que me arrepentí nada más empezar la proyección (percibí, a lo largo del film, un buen puñado de secuencias que en 3D deberían ser de lo más disfrutables)
La historia, como ya se ha comentado,
no es muy original. Hay en ella una crítica implícita a la colonización deshumanizada, además de cierto mensaje ecologista, lo cual nunca está más. Lo malo, por así decirlo, es lo previsible que resulta todo y la
constante sensación a déjà vu. De todas formas, aunque la base de la historia sea exactamente la misma que la de Pocahontas, por ejemplo, lo cierto es que Cameron intenta enriquecerla y darle una nueva dimensión, y eso no sólo se consigue cambiando de planeta y de contexto.
Resulta de lo más interesante el aprendizaje de Jake dentro de la comunidad na’vi. Su forma de convertirse en uno más del clan pasando por distintas pruebas, y como poco a poco, esto le va uniendo más con Neytiri, es probablemente lo que implica más al espectador en la trama.
La relación amorosa entre los protagonistas es bastante tópica, pero tampoco llega a extremos ñoños, y por tanto, complementa a la perfección esa integración de Jake dentro del pueblo na’vi. A su vez, también se integra al espectador, de modo que se consigue una catarsis que cobra mayor intensidad cuando éstos son atacados por el Coronel Quaritch. Ahí es donde Cameron destaca como narrador, como siempre ha hecho, consiguiendo momentos realmente emocionantes. Y es que al fin y al cabo,
importa mucho más cómo se cuente la historia, que si ésta es o no es del todo original (aunque sus méritos tiene no solo haber concebido Pandora tal como la vemos, sino también haber creado, con la ayuda de un experto lingüista, un lenguaje propio para los na’vi)
La banda sonora, obra de James Horner (Titanic, Apocalypo, Braveheart),
tiene un tono altamente épico, como así lo requiere la historia, y eso intensifica aún más las sensaciones que transmiten las imágenes.
Horner compone aquí una de sus mejores partituras, y de ella destacaría, sobretodo, los temas en los que los coros adquieren un mayor protagonismo.
A parte habría que juzgar la canción interpretada por Leona Lewis, que acompaña los créditos finales, y que intenta descaradamente asemejarse bastante a lo que hizo Celine Dion con su “My Heart Will Go On” para Titanic (tanto por estilo musical como por timbre de voz). Personalmente, creo que es la parte menos conseguida de la banda sonora.

En cuanto al reparto, he de decir que
a Sam Worthington, el nuevo chico de moda de Hollywood,
le viene grande el papel. No sé que ha visto Cameron en él, pero no creo que su interpretación aquí esté a la altura de tan ambicioso proyecto. Por motivos que desconozco, la mayoría de críticas que he leído eluden hacer referencia a su trabajo, pero aunque me gane un buen puñado de detractores, yo sí diré que considero a Worthington
un actor bastante soso y poco natural. Ya hice mención a sus carencias interpretativas en la crítica de
Terminator Salvation, aunque aquí sus defensores atribuyeron esa falta de expresividad a su condición OJO SPOILER de cyborg FIN SPOILER. Pienso que no es lo mismo sobriedad que inexpresividad, y Worthington pertenecería, en mi opinión, al segundo caso. De todas maneras, su carrera sigue viento en popa y su nombre aparece y aparecerá en las producciones más jugosas de este año y los venideros, por lo que habrá que darle una tercera oportunidad.
El resto (Sigourney Weaver, Giovanni Ribisi, Michelle Rodríguez o Joel Moore) c
umplen correctamente con sus respectivos papeles, los cuales, en la mayoría, gozan de un
protagonismo bastante desigual en comparación a la pareja protagonista (algo, por otra parte, lógico) Quizás el más destacable sea Lang como el Coronel Miles Quaritch, si bien su personaje es puro estereotipo: el malo maloso que llega a resultar, en ocasiones, incluso un tanto autoparódico (esas poses, esas frases lapidarias…)
En definitiva,
“Avatar” es un gran espectáculo visual y un correcto entretenimiento para todos los públicos. Sus casi tres horas se hacen amenas y ligeras, pero la escasa originalidad del relato y lo sumamente predecible del mismo, le restan bastantes puntos como para poder considerarla una obra magna de la ci-fi. Puede que mis expectativas, que tampoco eran muy elevadas, no se vieran del todo cumplidas, pero tampoco ha sido una gran decepción. Considero un tanto desproporcionado el entusiasmo que algunos le profesan a la película (para nada me parece una obra maestra, y ni se le acerca), si bien también escapa de mi conocimiento el por qué otros le han propinado durísimas críticas dejándola a la altura del betún (ni tanto ni tan poco). La soberbia de Cameron, prometiendo el oro y el moro, seguramente ha hecho mella, y las elevadas expectativas, producto de un excesivo hype, no se han cumplido con todos por igual.
Un servidor salió de la sala satisfecho pero no entusiasmado, por lo que Avatar no figuraría entre mis favoritas del director (ese puesto lo ocupan
Terminator 2 y
Abyss). Aún así, merece la pena
descubrir Pandora.
Valoración personal: