sábado, 15 de abril de 2017

“Fast & Furious 8” (2017) - F. Gary Gray


Sinopsis: Con Dom y Letty de luna de miel, Brian y Mia fuera del juego y el resto de la pandilla exonerada de todo cargo, el equipo está instalado en una vida aparentemente normal. Pero cuando una misteriosa mujer (Theron) seduce a Dom (Diesel) para regresar nuevamente al mundo del crimen, se ve incapaz de rechazar la oportunidad, traicionando así a todo el mundo cercano a él. A partir de ese momento todos se enfrentarán a pruebas como nunca antes habían tenido.


Comentario

Ocho son ya las entregas y sigo pensando lo mismo: como la quinta, ninguna. Aquella fue el ejemplo perfecto de equilibrio entre humor y acción; con las fantasmadas justas y bien calibradas. A partir de ahí, la saga ha ido degenerando en “el más difícil todavía” que suelen acusar la mayoría de secuelas.
Cuando has hecho un salto mortal, lo siguiente es un doble salto mortal; y una vez superado éste, sólo te queda hacer el triple salto mortal con tirabuzón. Y así es como ha ido avanzando la saga hasta el momento. Cada vez más grande, cada vez más exagerada, cada más imposible. Los responsables de la franquicia no parecen haberse marcado ninguna clase de límite al respecto. Y como de momento la cosa les funciona, siguen tirando para adelante. 

Con la séptima, los más ilusos creímos que James Wan aportaría algo de serenidad a la saga, pero nada más lejos de la realidad. No sólo se acomodó perfectamente en la silla que Justin Lin dejó libre, sino que además llevó la maquinaria al extremo más hilarante. La secuencia de los rascacielos en Dubai habla por sí misma, y se ha convertido ya en una de las más absurdamente antológicas de la saga.

Así pues, ante una octava entrega no hay otra predisposición posible que la de dejarse llevar y aceptar el exceso como una parte intrínseca e indispensable de la serie. Y aunque en las dos últimas entregas dicho exceso ha estado siempre bordeando el límite de lo grotesco, por el momento se ha logrado no cruzar ese punto sin retorno. Y es que la línea entre el desfase divertido del desfase estúpido es muy pero que muy fina. A un lado de esa línea tendríamos la película que nos ocupa; y al otro, por ejemplo, “xXx: Return of Xander Cage”. Si bien hay que decir que ambas franquicias empiezan a entremezclarse y a beber unas de otras. Nada raro si tenemos en cuenta que el que lleva el máximo control de ambas es el propio Vin Diesel. Mientras que la citada ha ido tomando prestado el componente “familiar” y de “camadería” de la saga de Dominic Toretto, ésta por su parte se ha ido acercando cada vez más el tono bondiano de la de Xander Cage.

Toretto y compañía han devenido en algo así como el “equipo fantástico”. Ahora prestan sus servicios a una organización secreta cual Michael Knight (o el Equipo A en su quinta temporada), liderada por el señor Don Nadie (el siempre genial Kurt Russell), y sus misiones son dignas del mismísimo Ethan Hunt. Sólo faltaba enfrentarlos un villano megalómano como a los que suele plantar cara el agente 007, y ese rol viene a suplirlo Charlize Theron, a quien los papeles de mala malísima se le dan de maravilla. Bueno, en realidad cualquier papel se le da de maravilla, pero tenerla de villana siempre es un placer.

A cargo de todo el cotarro tenemos ahora a F. Gary Gray, quién ya dirigió a Diesel en “Diablo: A Man Apart” (una de las cintas más flojas de ambos), a Dwayne Johnson en la comedia “Be Cool”, y a Theron y Statham en “The Italian Job”. Esta última, otra cinta con persecuciones automovilísticas, con lo que el tema no le viene de nuevo. En ese aspecto, las set pieces son bastante espectaculares y están bien dirigidas. La acción es constante, pero sin agotar al espectador, y aunque es evidente que  la mayoría son bastante macarras, en general no patinan demasiado. Sí, esta vez tenemos un submarino en lugar de un avión, y a Johnson redirigiendo un torpedo con las manos, pero todo entra dentro de lo asumible por increíble que sea. O por lo menos, no resulta excesivamente bochornoso.


Las peleas cuerpo a cuerpo son algo más confusas, especialmente la huida de prisión que protagonizan Johnson y Statham. Hay que apuntar, no obstante, que estos dos son de lo mejor de la película. Sus piques y las continuas puyitas que se lanzan mutuamente siempre nos sacan una sonrisa, logrando que no todo el peso del humor recaiga siempre en Tyrese Gibson, el bufón oficial de la cuadrilla. 

Desde el guión, se reciclan ideas ya empleadas en el pasado. Así, lo de tener a Dom en el bando de los malos ya lo vimos con Letty en la sexta, y lo de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” es una carta que también han jugado con anterioridad. Sin embargo, creo que esta vez la credibilidad de dicha alianza obligada se resiente ostensiblemente. SPOILER--- Puedo aceptar que Statham se sume al equipo, pero no que forme parte de la “familia Toretto”, a sabiendas que mató a uno de sus integrantes. Creo que se pueden pasar por alto e incluso perdonar muchas cosas, pero si tan importante es la familia para Toretto, no es muy coherente que acepte como nuevo miembro al asesino de uno de los suyos. Tampoco Deckard debería sentirse a gusto al lado del hombre que mandó a su hermano al hospital --- FIN SPOILER

Estas estridencias desentonan demasiado, y abocan a la saga a un “todo vale” bastante pernicioso. Cierto que a estas alturas tampoco es que podamos ponernos muy tiquismiquis, menos cuando ya le hemos perdonado la “resurrección” de uno de sus personajes principales, pero creo que hay ciertas cosas que son permisibles, y otras no tanto.

En cualquier caso, ya sea porque uno sabe a lo que va o porque las dos anteriores secuelas dejaron el listón hecho añicos, la verdad es que ésta octava entrega se me antoja de lo más disfrutable aún con sus peros. A título personal, la situaría uno o dos peldaños por encima de la sexta y la séptima.



VALORACIÓN PERSONAL 

No hay comentarios: