miércoles, 8 de octubre de 2014

Sitges 2014 - Día 3: El invitado perfecto y amando a la Cannon Films


 The Guest

Rubio, ojos azules, cuerpo atlético, mirada penetrante y sonrisa encantadora. Así es el protagonista de “The Guest”, lo nuevo de Adam Wingard (You’re Next). Ni qué decir que con estos rasgos nadie podría sospechar nunca del oscuro secreto que oculta tan misterioso personaje.

Cuando David llega al hogar de los Peterson no tarda mucho en ganarse su confianza. Sus buenos modales, su cara de no haber roto nunca un plato y la credibilidad de su historia pronto encandilan a sus anfitriones, que le acogen con los brazos abiertos.

La familia perdió al joven Caleb en Afganistán, y David parece haber llegado para llenar ese vacío. Por unos días, el recién llegado pasa a convertirse en el hijo y el hermano que han perdido. ¿Pero es en realidad BBB quién dice ser? Su actitud enseguida nos revela que algo oculta, pero no sabemos con exactitud de qué se trata. ¿Es amigo o enemigo? Sus esfuerzos por hacer de su estancia en la casa algo beneficioso para toda la familia podrían tener segundas intenciones, y sólo la hija adolescente de los Peterson, Anna, parece guardar las distancias.

Al igual que el Ryan Gosling de “Drive”, el magnetismo de Dan Stevens llena la pantalla. Su personaje es al mismo tiempo héroe y villano, y el caso es que tanto en lo uno como en lo otro rebosa carisma.

Desde el primer momento sospechamos de la identidad de, pero al mismo tiempo que va ganándose a la familia, también nos va ganándonos a nosotros, los espectadores. En consecuencia, llega un momento en que sean cuales sean sus intenciones; sean cuales sean sus actos, seguimos estando de su parte. Wingard juega con eso y consigue retorcernos la conciencia a medida que se empieza a descubrir todo el pastel.

The Guest es una cinta de intriga y acción de regusto claramente ochentero, tanto por su continente (esa banda sonora repleta de sintetizadores) como por su contenido (su chulesco protagonista). Es resultona, atrevida y inapelablemente cool.




Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films vs The Go-Go Boys: The Inside Story of Cannon Films

El destino ha querido que dos documentales sobre la mítica productora Cannon Films coincidan en el tiempo, y que ambos se proyecten en el Festival. Una ocasión perfecta para poder constatar similitudes y diferencias existentes entre ellos. Y lo cierto es que en cuanto a detalles reveladores, comparten más de lo primero que de lo segundo.

Tanto uno como otro dedican sus minutos a desvelarnos el auge y caída del estudio que los israelís Menahem Golam y Yoram Globus presidieron a partir de 1979 tras su compra a sus fundadores originales.  Pero mientras que uno de los documentales repasa concienzuda y cronológicamente la filmografía del estudio, el otro opta por hacer especial hincapié en la figura profesional y personal de los primos Golam y Globus, quienes además colaboran y se prestan a las preguntas de su directora, la israelí Hilla Medalia.

Mark Hartley, que rodó con anterioridad dos documentales dedicados al cine exploitation de los 70 y 80 (“Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation!” en 2008, y  “Machete Maidens Unleashed! en 2010), relata en un tono tan crítico como jocoso las peripecias de estos dos magnates de la industria cinematográfica que tanto hicieron por llenar de cine las estanterías de los videoclubs de la época. Y empieza desde sus humildes orígenes en su tierra natal, Israel, hasta su desembarco en EE.UU., en dónde se convirtieron en auténticos especialistas en producciones de bajo presupuesto enfocadas al mero entretenimiento. Digamos que fueron, por derecho, los dignos sucesores de Roger Corman. Y aunque siempre se les recordará por convertir en estrellas a gente como Norris o Jean Claude Van Damme, lo cierto es también se atrevieron con producciones de mayor envergadura (y que convirtieron en fracasos monumentales, como “Superman IV”) así como films de otros géneros ajenos a las tiros y las explosiones.

Hartley hace acopio de actores, directores y guionistas que trabajaron para Golam y Globus para descubrirnos anécdotas y curiosidades de boca de sus propios protagonistas. Del mismo modo, y al igual que el documental de Medalia, utiliza cuantiosas imágenes de archivo en los que aparecen los dos primos.

Pero como ya he comentado con anterioridad, en el caso de Medalia, los propios Golam y Globus ofrecen su propia visión de sus experiencias en el mundo del cine, por lo que el  documental se centra más en ellos que en sus películas. El tono, además, difiere notablemente del de Hartley, decantándose por acercamiento algo más íntimo y melancólico.


En cualquier caso, dos documentales perfectamente válidos y complementarios que radiografían sin tapujos a la mítica Cannon, una productora que, gusten o no sus películas, forma parte indispensable de la historia del cine.


martes, 7 de octubre de 2014

Sitges 2014 - Día 2: Venganzas nórdicas, zombies de cuatro patas y asesinos en el bosque


In Order of Dissapearence

El día en el que a Nils, un hombre trabajador y un ciudadano ejemplar de la comunidad, le comunican que su hijo ha muerto de sobredosis, se mundo se viene abajo. Convencido de que no ha sido una muerte accidental sino que alguien le ha asesinado, Nils se embarcará en la búsqueda de los culpables para hacerles pagar su crimen.

Podría servir perfectamente de argumento/excusa para una quinta entrega de la saga “Taken”, con Liam Neeson repartiendo estopa de nuevo a un hatajo de maleantes. Pero este film noruego protagonizado por Stellan Skarsgård va por otros derroteros, tomando un enfoque igualmente agresivo pero mucho más cómico o, mejor dicho, paródico.

Nils no se detiene ante nada cuando pone en marcha la caza de los asesinos de su hijo, pero sus actos tendrán consecuencias inimaginables, desencadenando sin pretenderlo una guerra entre bandas de narcotraficantes. Poco a poco, las muertes se irán sucediendo (simpático detalle la aparición de la “esquela” en pantalla) en una trágica espiral de violencia que sólo puede terminar como el rosario de la aurora. Y todo ello salpicado con unas deliciosas notas de humor negro que hacen de “In Order of Dissapearance” un placentero thriller gangsteril.


Dead Snow 2 y Zombieavers


Doble sesión en el Auditori, con la sala hasta los topes y dispuestos a disfrutar de estas dos gamberradas.

De la primera se encarga Tommy Wirkola con la secuela de su simpática Dead Snow y que empieza justo dónde acaba aquella, con el único superviviente de la matanza huyendo desesperadamente -y con un brazo menos- de sus perseguidores.

Wirkola lleva esta continuación a un nuevo e insano nivel de locura, volviéndola mucho más hilarante, salvaje y sangrienta que su predecesora. Con un protagonista deudor del Devon Sawa de “El diablo metió la mano”, y un trío de frikis autoproclamados cazadores de zombies, se libra una última y descacharrante batalla contra el temible ejército de zombies nazis.

Más presupuesto, mejor dirigida y con mucha más casquería con la única y sana intención de arrancarnos unas cuantas carcajadas, cosa que consigue de sobras.

Ese mismo objetivo persigue “Zombievers”, que sube el listón en cuanto a combinaciones absurdas e imposibles dentro del subgénero zombie. Y es que en esta ocasión los no-muertos son castores. Sí, esos peludos roedores que construyen sus hogares en ríos o arroyos. Y un grupo de amigos que han ido a pasar el fin de semana en una cabaña en un  lugar remoto serán sus inocentes víctimas.

El encanto de esta gamberrada reside precisamente en la cutrez de sus efectos (cada aparición de los castores provoca irremediablemente la risa) y su barata casquería. Amén de lo absurdo de su premisa y de su no menos absurdo desarrollo. Sus mayores pecados, no obstante, son el exceso de banales diálogos entre los jóvenes protagonistas (sus enredos amorosos nos importan un bledo; lo que queremos es ver cómo caen presas bajo las garras de los castores zombies) y que al director se le vea demasiado el plumero intentando construir una mala película a propósito (consciente de que es la única forma que tiene de que le funcione el invento). Y es que Zombieavers es de esa clase de malas películas que precisamente por serlo nos divierten. Quizás su perseguida casposidad resulte demasiado impostada, pero al fin es lo que termina salvándola.





Cub (Welp)

Y por último, una de las películas que más curiosidad despertaba en mi y, sin duda, la primera gran decepción del Festival.

Los protagonistas son un grupo de boy scouts que van a pasar el fin de semana en el bosque junto a sus monitores. Un bosque en el que descubrirán que a veces las leyendas urbanas no son siempre patrañas o meros cuentos para asustar a los niños.

Sam, nuestro joven protagonista, lo tiene muy claro. Explorando por el bosque se ha encontrado  con una extraña casa en un árbol, hogar al parecer de un misterioso niño salvaje que se dedica, al principio, a hurtar objetos de los campistas. Por desgracia, nadie hace caso de las advertencias de Sam, algo que no tardarán mucho en lamentar.

Cub  tiene un arranque realmente prometedor, pero no pasa de ahí… Lo que viene a continuación no es más que casquería gratuita sin ninguna historia que la sustente. No sabemos nada del “traumatizado” (eso nos dicen) protagonista, por lo que de cara al desenlace, cuesta creerse el irrisorio giro final que el guionista nos encasqueta. Y es que no tenemos nada a lo que agarrarnos que lo justifique. El villano o villanos hacen del bosque su coto de caza, por lo que el conjunto de trampas que esparcen en él son imaginativas y dan lugar a alguna que otra muerte impactante. Pero eso no es suficiente para un filme en líneas generales aburrido y del que poco hay que rescatar más que alguna escena aislada.


domingo, 5 de octubre de 2014

Sitges 2014 - Día 1: Horror en alta mar, el Coco australiano y cabezas de turco

REC 4 - Apocalipsis

Tras una gamberra y muy libérrima (en tono y concepto) tercera entrega, REC4 se nos presenta como un retorno a los orígenes, devolviendo así la saga a los cauces de terror angustioso que la han caracterizado desde el principio. Esta vez, sin embargo, la mayor –o la única- novedad reside en que la acción se traslada a un enorme barco en mitad de ninguna parte del océano, deviniendo éste en el escenario claustrofóbico perfecto para desatar una nueva oleada de violencia “zombie”.

Si bien REC 3 era ofrecía una visión muy personal de su director, Paco Plaza, aquí parece que tengamos delante un mero producto de encargo realizado un poco a desgana. Y es que esta cuarta entrega resulta tan efectiva como rutinaria. No se asumen riesgos ni se ofrecen respuestas de ninguna clase que permitan hacer avanzar la saga o por lo menos aportar alguna novedad a la misma. En consecuencia, la historia se estanca y se queda prácticamente en el mismo sitio en el que ya estaba.  Cierto es que eso mismo podríamos achacárselo a su predecesora, pero es que en esta ocasión se recupera a la estrella de la franquicia, Manuela, para limitarse a participar en un repetitivo esquema de horror survival ya conocido (dentro y fuera de la franquicia REC) y carente sorpresas. Hasta el golpe de efecto se ve venir a leguas.

Balagueró ha tomado el camino fácil entregando un producto de terror funcional al que sin duda se le debe reprochar su falta de aspiraciones, su mecánica dirección (con confusos y mareantes movimientos de cámara en las escenas de acción) y su poca capacidad para sorprender. Pero al César lo que es del César, y es que REC4 es endemoniadamente entretenida; un intenso non-stop de acción y gore a raudales que, en su condición de zombie-movie, debería satisfacer al que busque poco más de hora y media de terrorífico y sangriento escapismo. Aunque es muy probable que al mismo tiempo pueda llegar a decepcionar al fan acérrimo de la película original y/o de sus secuelas.


The Babadook

Amor de madre vs monstruos de alcova. Así podría resumirse este sugerente y sobrio film de terror en el que algo tan inocente como contarle un cuento a un hijo antes de acostarse puede terminar convirtiéndose en una auténtica e infernal pesadilla.

Desde que perdió a su marido en un accidente de coche, Amelia, embarazada por entonces, se ha hecho cargo ella sola de cuidar a su hijo. Pero el pequeño es un crío conflictivo, y no le está poniendo las cosas nada fáciles. Su tendencia a la agresividad y su asustadiza actitud con respecto a los monstruos imaginarios empieza a colmar la paciencia de su madre, que no da abasto entre el trabajo, el suplicio en el hogar y el permanente recuerdo de su fallecido marido. Todo empieza a empeorar en el momento en el que encuentra por casa un misterioso cuento para niños titulado The Babadook, y cuyo protagonista es un espeluznante monstruo a lo el “Coco”. Desde que le lee el libro a su hijo, éste asegura poder ver a Babadook, como si la lectura de las páginas del libro lo hubieran invocado y liberado. Por supuesto, no parece ser otra cosa que la influenciable imaginación de un niño, hasta que la propia Amelia empieza a percibir la presencia de alguien en la casa.

Como espectadores, pasamos de detestar profundamente al irritante niño protagonista a compadecerlo a medida que su madre empieza a caer presa de la locura. ¿Es Babadook algo real? ¿Está Amelia cayendo en el influjo del perverso monstruo?  Con el paso de los minutos (días en la película) somos testigos del cambio radical en Amelia, pasando de una tierna y sufridora madre a una loca psicópata cual Jack Nicholson en “El resplandor”.

El acierto del director pasa por el ambiente enfermizo que logra otorgarle a la cinta, así como por algunas secuencias realmente terroríficas en las que sin duda ayuda mucho el escalofriante monstruo que da título al cuento y a la película. Con pocos y sutiles elementos se logra crear un film de terror inquietante al que quizás podamos recriminarle su no del todo satisfactorio desenlace, pero que sin duda cuenta con una gran protagonista y un monstruo para el recuerdo.



The Target

En base a los mismos cimientos, lo que era un buen thriller a la francesa (“Cuenta atrás”) pasa a ser ahora un mucho mejor thriller a la coreana. Y es que The Target coge de aquella lo justo para construir su propia trama enmarañada, añadiendo mucho de su propia cosecha y rellenándola de palpitante acción. 

Yeo-hoon es un ex mercenario de élite que lleva una vida normal, hasta que en buen día se mete, sin comerlo ni beberlo, en un berenjenal ajeno (una trampa orquestada para dar con un cabeza de turco para un calculado asesinato) a partir del cual su vida y la de otras personas correrán un grave peligro. Herido y desorientado, Yeo-hoon tratará de averiguar quién anda detrás de todo y por qué desea con tanto ahínco verle muerto. Así es cómo se verá inmerso en una carrera contrarreloj en la que será perseguido sin descanso y en la que encontrará por el camino a los aliados más inesperados.
Como remake, The Target es suficientemente distinto al original como para poder disfrutarse sin caer en las comparaciones. Aunque en caso de hacerlas, habría que admitir la superioridad de éste para con el film francés. Y es que la acción, con sus llamativas secuencias e intensos enfrentamientos cuerpo a cuerpo tan al estilo asiático, es sin duda el sello distintivo y definitorio de esta nueva versión.

El ritmo es trepidante y el interés del espectador va en aumento conforme avanza la trama en su camino por hallar las respuestas a los enigmas presentados.


miércoles, 1 de octubre de 2014

Sitges 2014, de vuelta al festival



Ya era hora de romper la mala racha. Han sido dos años apartado, muy a mi pesar, del Festival de Cine Fantástico de Sitges (aka Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya). Y eso, amigos, duele…

Motivos personales y profesionales me han impedido acudir a sus dos últimas ediciones (2012 y 2013), algo de lo que esta vez voy a poder resarcirme a gusto. Y es que este año SÍ voy a estar ahí, y qué mejor que volver a las andadas festivaleras representando, en esta ocasión, a mi propio blog. Sí, estimados lectores, este año Amazing Movies estará presente por medio de mi persona.

Debo recordaros que mi estreno en el festival se produjo en 2010 como corresponsal de Tu Blog De Cine, mientras que en la siguiente edición acudí formando parte del equipo de redactores de Scifiworld. Pero este año va a ser distinto, pues cubriré el festival exclusivamente para Amazing Movies, con lo que las crónicas diarias y las diversas críticas que vaya escribiendo a largo de estos diez intensos días se irán publicando aquí mismo.

La 47ª edición del Festival de Sitges, que se celebra desde el 3 hasta el 12 de octubre, vuelve a ofrecernos todo un amplio abanico de propuestas cinematográficas. Una programación con el mejor cine ayer y de hoy, y que cuenta con títulos tan esperados para los fans del fantástico como “[REC]4: Apocalipsis”, cuarta y última entrega de la saga a cargo de Jaume Balagueró,  y la película encargada de inaugurar el festival.

Éste y otros populares estrenos de actualidad como “Annabelle”, el spin-off/precuela  de la formidable “The Conjuring”; “Maps to the Stars”, lo último de David Cronenberg; o “Tusk”, la incursión de Kevin Smith en el género de terror, están marcadas en mi agenda junto a otros muchos títulos (Oculus, Cub, Dead Snow 2, The Signal, The Babadook, Burying the Ex, etc.). Variadas propuestas de género venidas de distintas partes del mundo se darán cita a lo largo de estos diez días en los que espero poder visionar tantas como me sea posible. Del mismo modo, trataré de mantener un ritmo constante de actualización del blog. Si el tiempo, las energías y la logística lo permiten, procuraré publicar las crónicas/críticas diariamente. En caso contrario, me esforzaré al máximo para que la demora sea la menor posible.

De todos modos, también podréis seguirme la pista a través de mi cuenta en Twitter (@PliskeenDR), en dónde iré dejando constancia de mi experiencia por esos lares.  Allí comentaré en vivo y en directo lo que se cuece en el festival, y dejaré constancia de mi opinión respecto a las películas visionadas.

Y esto es todo por ahora. Seguiremos informando… ¡desde Sitges!


Saludos ;)

sábado, 20 de septiembre de 2014

“El corredor del laberinto” (2014) – Wes Ball



Ciencia-ficción y adolescentes. Esa parece ser la nueva fórmula de éxito en Hollywood. Así lo demuestran películas como “Los Juegos del Hambre” o la más reciente “Divergente”, adaptaciones a la gran pantalla de best sellers juveniles a la postre convertidos en sagas literarias de moda gracias, precisamente, a sus versiones cinematográficas. Atrás quedaron los tiempos de la magia y la fantasía de Harry Potter y sus sucedáneos. Ahora lo que se lleva son las historias de futuros distópicos protagonizadas por jóvenes guapo/as y atlético/as. Películas en las que se mezclan a partes (des)iguales ciencia-ficción, acción y romance.

Poca duda cabe que “Los Juegos del Hambre” ha sido la impulsora de esta tendencia, siendo “Divergente” el primer y exitoso intento de hacerle la competencia a la saga de Jennifer Lawrence/Katniss Everdeen. Mientras que a la primera la quedan todavía un par de años de cuerda (veremos la tercera entrega a finales de este año, y la cuarta y última a finales de 2015), la segunda no ha hecho más que empezar su exitosa carrera al estrellato. Pero ahora se suma un tercer corredor a la competición, y nunca mejor dicho.

“The Maze Runner”, conocida por estos lares -al igual que el libro- como “El corredor del laberinto”, adapta la primera entrega de la trilogía (¿por qué son siempre tres?) literaria de James Dashner, y nos sitúa en un distópico (cómo no) año 2024, en un lugar llamado "El Claro", habitado por un puñado adolescentes. Dicho lugar está rodeado grandes de muros de hormigón tras los cuales se erige un enorme laberinto. Hasta allí llega nuestro protagonista, Thomas, sin recordar nada de su vida; ni quién es ni de dónde proviene. Y así sucede con todos los chicos que, como él, han ido llegando al Claro desde hace tres años.

Con claras reminiscencias a “Cube” (gente encerrada por un motivo que desconocen) o a “El señor de las moscas” (el modo de los jóvenes de sobrevivir al aislamiento), se nos presenta una de las películas de ciencia-ficción más sugerentes de la temporada. Y ello es gracias a un particular planteamiento cuya trama se desarrolla bajo un poderoso aliado: el misterio.

Al igual que el protagonista, el espectador aterriza en el Claro sin saber muy bien quiénes son todos esos chicos ni con qué fin han sido enviados allí. Desconocemos quién anda detrás de lo que, a todas luces, parece ser algún tipo de (cruel) experimento (o eso es lo que presuponemos). Lo poco que sabemos lo vamos a ir descubriendo al mismo tiempo que Thomas, es decir, que en ese sentido nunca vamos por delante de él; nunca sabemos más de lo que él sabe. Descubrimos más sobre estos chicos y su forma de (sobre)vivir, así como sobre el dichoso laberinto, a medida que el propio Thomas va adquiriendo esa información, lo que nos ayuda a sumergirnos de lleno en la intríngulis que la película nos plantea.


De este modo, con cada revelación aumenta todavía más nuestra curiosidad, y se avivan nuestras teorías al respecto, logrando que la intriga se mantenga a lo largo de todo el relato hasta bien llegado su desenlace, que es cuando por fin llegan las respuestas. O al menos parte de ellas, porque hay que recordar al lector que esta película corresponde al primer libro de una trilogía, y que por lo tanto todavía queda mucho por contar/desvelar.

Y quizás sea ese su único hándicap, ya que asistir al comienzo de algo más grande nos deja siempre una ligera e inevitable sensación de insatisfacción, de que nos han dejado a medias. Pero eso es algo a lo que ya deberíamos estar acostumbrados con la proliferación de proyectos planteados no como películas autoconclusivas sino como historias fragmentadas en entregas.

Por ese motivo, es en el primer capítulo en el que hay que conseguir enganchar al espectador, y bien vale decir que “El corredor del laberinto” logra sobradamente ese objetivo. El escenario en el que nos ubica es visualmente atractivo aunque en última instancia su razón de ser caiga en ciertos clichés del género. Y es que a veces ocurre que la solución al enigma no siempre está a la altura de la curiosidad y expectación que éste mismo genera. Aun así, las notas de suspense y el toque survival animan la función, y los personajes gozan de suficiente entidad como para resultar mínimamente interesantes. Especialmente Thomas, cuya inmediata búsqueda de respuestas le llevará a liderar al grupo más allá de los majestuosos y opresores muros de hormigón.

Conviene no dar demasiados detalles sobre lo que ofrece “El corredor del laberinto” para evitar así sobreinformar en exceso al futuro espectador. De todos modos, las referencias citadas en anteriores párrafos pueden dar una idea de por dónde van los tiros, aunque no deban tomarse como algo absoluto. Es decir, nuestros protagonistas se rigen por una disciplina de supervivencia de la que por ejemplo carecían los niños de “El señor de las moscas”. Su principal meta, aparte de lograr escapar de su cautiverio, es mantenerse con vida en un entorno de paz y armonía. Por ese motivo crean su propia comunidad con sus propias normas (entre las cuales figura no dañar a sus semejantes), y en la que cada uno de ellos desempaña una función para el bien común de todos.


En lo que se refiere al Claro, se trata de un lugar boscoso y salvaje, rodeado de un entorno artificial e imponente. Ese contraste refuerza lo antinatural del lugar mismo, y afianza la sensación de encierro premeditado del que son víctimas sus habitantes.

En el aspecto visual destaca, obviamente, el inmenso laberinto al que hace referencia el título, y al que casi podríamos considerar un personaje más de la película. Su aspecto, con sus intrincadas galerías, es algo nunca visto hasta ahora, y cierto detalle que no desvelaré lo hace todavía más original.


Tras las cámaras nos encontramos con el debutante Wes Ball, quién se hizo muy popular en la red con su cortometraje “Ruin”, toda una carta de presentación que sin duda le ha servido para captar la atención de los mandamases de Hollywood, siempre al acecho éstos de descubrir nuevos talentos. Su dinámica dirección es más de lo que cabría esperar de una ópera prima, más teniendo en cuenta la facilidad con la que puede abrumarse a un director novel al contar por vez primera con un holgado presupuesto. Pero Ball no se ha dejado llevar por ese hecho, y ha sabido mantener un ritmo impecable en base a los elementos de suspense que le permite el guión más que a los de la acción propiamente dicha, logrando al final de todo un sólido entretenimiento que está muy por encima de sus semejantes. Y es que hay varios atributos por los que “El corredor del laberinto” marca la diferencia con respecto a otras sagas de ciencia-ficción juveniles, y por ahora reconforta intuir que su inmediata continuación no va a ser una repetición con alteraciones de esta entrega, sino que tomará un camino significativamente distinto.  O al menos eso nos da a entender. En cualquier caso, bienvenidas sean sus futuras secuelas si alcanzan el nivel de esta primera entrega.  



Valoración personal:

domingo, 17 de agosto de 2014

“Los mercenarios 3” (2014) – Patrick Hughes


Quién iba a decir, cuatro años atrás, que The Expendables llegaría hoy a presentar su tercera entrega. Y es que el invento de Stallone levanta pasiones entre quienes nos curtimos con las andanzas de estos grandes héroes del cine de acción de los 80 y 90. Toda una generación que ha acogido con los brazos abiertos al regreso de estas viejas glorias, demostrando que todavía hay sitio para ellos en el cine actual. 

Difícilmente aparezcan jamás en el ranking de las películas más taquilleras del año, y con toda seguridad tampoco entre las mejores, pero la saga tiene su público fiel, y eso se ha traducido en ganancias más que suficientes como para seguir dándole cuerda a la serie.

Y es que el público que acude a la sala lo hace con la ilusión de devorar un buen cubo de palomitas mientras se empacha de un lujuriosa orgía de tiros y explosiones al más puro estilo de la vieja escuela. Y es ese agradecido público, ni más ni menos, al que se destina un producto como “Los mercenarios 3”. Por desgracia, esta vez la diversión que nos brindan estos tipos duros es bastante descafeinada.

En esta nueva entrega celebramos la incorporación de Mel Gibson en el papel del villano Conrad Stonebanks, a quién podríamos considerar el némesis de Barney Ross (Sylvester Stallone). Stonebanks fue miembro cofundador de los Mercenarios y socio de Barney, hasta que decidió desviarse de la ruta e ir por el mal camino, obligando a este último a acabar con él. Sin embargo, Stonebanks reaparece diez años después vivito y coleando, y convertido en un peligroso traficante de armas. Barney, dispuesto a acabar con él de una vez por todas, decide prescindir de su equipo por miedo a conducirles a una muerte segura, y recluta a un puñado de jóvenes con sangre caliente para llevar a cabo su misión suicida.

Uno de los puntos fuertes de “Los Mercenarios 2” fue su jocoso tono autoparódico y su gran sentido autoreferencial, algo que aquí se abandona para retomar, en cierto modo, la senda que seguía la película original. Por tanto, y aún sin olvidar las coñas (algo absolutamente imprescindible en esta saga), lo cierto es que esta secuela rehúye ligeramente del factor nostalgia buscando encandilar al público con otros alicientes.

Entre esos alicientes se encuentra la inclusión de sangre nueva y joven al reparto, destacando (por resultarnos más conocidos) a Kellan Lutz (afincado, tras su paso por la saga Crepúsculo, a producciones de baja categoría) y a Ronda Rousey (luchadora profesional de la UFC que realiza aquí su debut como actriz). 
El problema es que estos “yogurines” no nos interesan lo más mínimo, al tiempo que echamos de menos al viejo equipo de Barney. Sabemos que en un momento u otro esos carrozas han de volver a la acción, pero durante su ausencia en pantalla hay un vacío importante que coincide, además, con un bajón significativo en el ritmo de la película. Y es que lo que viene siendo el nudo de la historia se torna algo aburrido. Ni el reclutamiento de los mercenarios de reemplazo (todos ellos carentes del más mínimo carisma), ni las apariciones estelares de Kelsey Grammer o Harrison Ford (más perdido éste que un pulpo en un garaje; amén de visiblemente cascado), hacen que la película levante el vuelo. 


Para ello hemos de esperar directamente a la gran traca final, en el que los fuegos artificiales se adueñan de la función. Si bien aquí hay que lamentar la poco inspirada dirección de Patrick Hugues tras las cámaras, algo que me duele especialmente habiendo sido su anterior película, “Red Hill”, una de mis favoritas de la edición de 2011 del Festival de Cine Fantástico de Sitges.

Esperaba algo más de su labor, pudiendo ser las escenas de acción más vistosas y espectaculares de lo que realmente son, más teniendo en cuenta que algunas de ellas se prestan muy fácilmente a ello (la secuencia inicial en el tren, por ejemplo). También la inclusión de baratos efectos digitales empobrece el resultado final, condenando la película al estigma de subproducto de videoclub (aunque en el fondo sea ese tipo de cine al que, directa o indirectamente, pretenda homenajear).

Es evidente que no estamos ante una superproducción de Bruckheimer, algo de lo que deberían tomar conciencia sus responsables (no sólo Hugues sino también Stallone, que se encarga del guión) para evitar en la medida de lo posible tener que recurrir a efectos generados por ordenador cuando el presupuesto no es el suficiente para mostrar algo medianamente decente (la gran explosión final es simplemente espantosa).

Otro punto en contra, claramente enfocado a ampliar el target de público que acude a las salas, es el haber cercenado el espíritu violento de la saga sumiendo la acción bajo un inofensivo PG-13 que, en este caso, mengua notablemente la chabacana diversión que tan bien le sentaba a las anteriores películas. Ya nadie revienta en pedazos, y la sangre asoma nada más que para mostrarse en heridas y arañazos en los rostros y cuerpos de nuestros hercúleos protagonistas.

Stallone parece más interesado en ampliar la audiencia del film que en satisfacer al que hasta ahora había sido su público fiel. Y ya no nos vale con meter a viejas glorias para ganarse al espectador si acabas traicionando el espíritu de la franquicia.


Ante este panorama no resulta extraño que alguien, a priori, tan fuera de lugar como Antonio Banderas termine siendo una de las incorporaciones más agradecidas. El propio actor parece haber improvisado y aportado bastante de sí mismo para el papel. A sabiendas que no es ni mucho menos un “machomen” como el resto de sus compañeros, Banderas opta por reconducir su personaje hacia la vertiente humorística, convirtiéndose en una especie de tragicómico charlatán. Su interpretación bien podría haber terminado siendo cargante, pero dadas las circunstancias sus intervenciones  son muy bien recibidas, aportando el toque cómico y dicharachero a la película.

Otra grata incorporación, además de la de Gibson como malote de la función (más por ver volver a ver al actor en acción que por los escasos minutos de lucimiento que le permite el guión) es la de Wesley Snipes, a quién parecen no pesarle lo más mínimo sus días en la trena (incluso se permite el lujo de bromear sobre ello en un momento dado de la cinta). A Snipes se le ve en forma y, lo que es más importante, muy cómodo en su rol. Y es que su personaje, con su puntito desafiante y fanfarrón, funciona a las mil maravillas, sobre todo al atribuirle una sana rivalidad para con el personaje de Jason Statham (Christmas).  Stallone haría bien en tener a Snipes en nómina para futuras entregas como un miembro más del equipo de mercenarios.

Por su parte, Harrison Ford, que viene a sustituir la forzada ausencia de Bruce Willis (a quién Sly guarda un par de pullitas en los diálogos…), está para lo que está: poner el piloto automático y cobrar el cheque. Ni más ni menos. Tan metido con calzador él como Schwarzenegger o Jet Li (este último, un visto y no visto tanto en ésta como en la anterior entrega).

De lo poco que sigue funcionando en la franquicia es el aroma de acción sin pretensiones que rodea al conjunto. También aspectos que desde el inicio han formado parte de la saga, como son la lealtad, la amistad o ese sentimiento de “familia” que une a los miembros del equipo, permanecen aquí inquebrantables, cuando no generosamente potenciados. Son estos detalles los que rescatan esta secuela de la mediocridad, aunque no sean suficientes para terminar de acogerla con los brazos abiertos. Y es que después de todo, “Los Mercenarios 3” se siente como un pequeño paso atrás en la franquicia; una ligera decepción si la comparamos con su gloriosa y descacharrante predecesora.




Valoración personal:

domingo, 6 de julio de 2014

Cryptshow Festival - Clase magistral con Colin Arthur



6 de Julio de 2014. Es domingo por la mañana, y el último día del Cryptshow Festival 2014*, que cierra su edición de este año con un invitado muy especial: el maestro de los efectos especiales Colin Arthur.

Con él hemos compartido los asistentes dos horas de nuestra vida en una divertida y sobre todo didáctica master class que nos ha demostrado lo cercano que es como persona, y el amor que sienten profesionales como él hacia el trabajo que realizan. Un trabajo, el de los efectos especiales, que no será jamás suficientemente valorado.

Colin Arthur, que ha trabajado en películas tan míticas como “2001: una odisea en el espacio” (las máscaras de los simios fueron obra suya), “La historia interminable” o “Conan el bárbaro”, es uno de esos admirables supervivientes a la era digital. Desde su estudio ubicado en Madrid, Dream Factory, Colin y su equipo de especialistas sigue trayendo al mundo todo tipo de criaturas fantásticas, y haciendo físicamente posible lo imposible y lo inimaginable.

Tras la irrupción de los efectos generados por ordenador, las viejas técnicas han quedado relegadas a un segundo plano, lo cual resulta entristecedor habida cuenta no sólo de que pueden convivir una con otra, sino que en realidad así DEBERÍA ser, pues se necesitan mutuamente. Siempre habrá cosas que un ordenador haga mejor y probablemente más rápido que, por ejemplo, un animatrónico, pero habrá ocasiones en las que suceda justamente lo contrario. Y Colin Arthur es la viva prueba de ello.

A lo largo de estas dos horas que se nos han hecho demasiado cortas, Colin nos ha contado  anécdotas de su trabajo, y nos ha brindado detalladas explicaciones técnicas de sus creaciones, descubriéndonos desde dentro el mundillo del maquillaje y los efectos especiales artesanales (responsables éstos de buena parte de la magia del cine con la que muchos hemos crecido y nutrido como amantes del séptimo arte). Pero sobre todo, ha logrado transmitirnos su devoción por el látex, la gomaespuma y los circuitos eléctricos que conforman la base de su arte, reafirmando en nosotros el cariño y respeto que sentimos hacia su estimable obra y la de muchos de sus semejantes.

Aunque a día de hoy la presencia de este tipo de efectos haya disminuido notablemente en favor del CGI, no ya en el cine sino también en otros ámbitos como la publicidad, no cabe duda de que todavía son necesarios, por no decir indispensables. Y algunos de los últimos trabajos publicitarios de Colin así lo atestiguan. Sirva de ejemplo un spot para una compañía de telefonía móvil portuguesa para el que hubo que recrear a escala real una enorme ballena.

Y no es ese el único mamífero de gran tamaño que Colin y su equipo han tenido que elaborar para el sector publicitario (allá por el 98 crearon un rinoceronte que se mostraba especialmente cariñoso con una Renault Kangoo).

Pero uno de los momentos culminantes y más entrañables de la charla ha llegado cuando Colin nos ha mostrado algunas valiosas piezas de su colección privada; entre ellas un ejemplar original de la cabeza del come-piedras de “La historia interminable”, película con la que, como no podía ser de otra forma, el festival clausura su octava edición.

Durante la tanda de pregunta ha sido inevitable afrontar el eterno debate de “efectos artesanales vs efectos digitales”. Obviamente, Colin se ha mostrado afín a aquellos que ocupan su profesión, si bien reconoce que algunas películas como la reciente “Avatar” se han acercado bastante  a la hora de lograr transmitir el realismo que sólo algo que es real y tangible es capaz (llamémoslo “alma”, o como cada uno desee).

También ha quedado patente la escasa relación que tuvo con algunos de los directores con los que trabajó. Poco ha podido contarnos Colin sobre Stanley Kubrick o John Millius, con quienes tuvo un contacto reducido a lo estrictamente profesional, lo que de algún modo evidencia cuán alejados están a veces estos artistas de quiénes manejan el timón, pese a estar todos en el mismo barco. Y es que a estos “obreros de la magia del cine” no siempre se les brinda la importancia y reconocimiento que merecen. Ni tan siquiera dentro de la industria. Por suerte, para eso están los premios y, sobre todo, los festivales, marcos de incomparable valor que posibilitan el acercar a estos maestros del cine a aquellos a quienes su obra ha maravillado, y así poder transmitirles en vivo y en directo nuestra profunda admiración y nuestro más sincero y agradecimiento. Y es que eso, muchas veces, vale más que todos los premios del mundo juntos.


*Cryptshow Festival es un festival independiente que nace en 2007 en Sant Adrià del Besós, y que poco a poco ha ido creciendo y ganando adeptos. Un punto de encuentro para aficionados al fantástico y al terror que anualmente se congregan para asistir a la proyección de una variada selección de cortometrajes y películas, así como para disfrutar de sus distintas actividades (clases magistrales, conferencias, exposiciones, retrospectivas, etc.)