sábado, 12 de diciembre de 2009

2º Aniversario de Amazing Movies



Así es, Amazing Movies lleva existiendo ya un total de 733 días, pues a decir verdad, el día exacto del aniversario fue el pasado 9 de Diciembre. Pero como un servidor es un tanto despistado y entre semana no tiene mucho tiempo de actualizar, pues ha decidido aprovechar la tranquilidad del sábado para hacerlo constar.

Lo cierto es que tres años manteniendo activo Diario de una mente perturbada, mi otro blog, y dos años éste, es algo que en su momento me parecía impensable. Pero gracias a la inestimable presencia de mis apreciados lectores, y a una constancia que no siempre ha sido fácil mantener, hoy puedo decir con orgullo que este blog sigue vivito y coleando; y espero que así sea por mucho tiempo más (el tiempo que el cuerpo y la mente aguanten, o hasta que os canséis de mi xD)

Son ya casi un centenar de reseñas y unos cuantos artículos especiales los que han ido desfilando por estos lares durante todo este tiempo, y deseo que la cifra siga en aumento en los años venideros. Además, tengo alguna que otra sorpresa pensada para este año próximo que se avecina; pero eso es algo que ya os anunciaré en su debido momento.

Por ahora, no me queda otra cosa que agradeceros a todos vuestra fidelidad y vuestros siempre indispensables comentarios. No me cabe la menor duda que sin vosotros, hoy no estaría celebrando este segundo aniversario en la blogosfera.


¡Gracias a todos!


Saludos ;)

domingo, 6 de diciembre de 2009

“Dick Tracy” (1990) – Warren Beatty

Crítica Reseña Dick Tracy Warren Beatty Disney
Los cómics se han convertido en una de las fuentes más recurrentes para la actual industria del cine, que a falta de ideas originales, ha encontrado en ellos un vasto filón del que extraer historias para la gran pantalla. Y ya no estamos hablando sólo de superhéroes sino que cualquier personaje, cómic o novela gráfica que se precie, tiene posibilidades de ver sus viñetas convertidas en fotogramas, sin importar ya la popularidad que les preceda. De hecho, la idea de realizar una adaptación puede incluso preceder a la salida al mercado del cómic mismo.

En estos últimos años, han llegado a nuestros cines superhéroes de todas las clases, aclamadas novelas gráficas y cómics de todo tipo de género y condición. En ese sentido, el material con el que trabajar es inagotable y tan fructífero como lo pueda ser el sector de la novela a secas.

Probablemente el éxito de Blade y sobretodo los X-Men de Bryan Singer fue lo que propició ésta incesante avalancha de adaptaciones comiqueras, que encontraría en Spider-Man uno de sus mayores estandartes (en lo que a ingresos taquilleros y de merchandising se refiere). De todas formas, no son pocos los precedentes de esta actual moda, pues ya en los 80 y 90 hubo varios intentos, algunos afortunados y otros fatídicos, además de producciones eventuales en los 50, 60 y 70, sin contar los numerosos seriales que se nutrían de las viñetas (tiras de prensa, pulps, cómics…) en los años 30 y 40.

No es el momento de enumerar tales producciones, pero sí de empezar esta reseña por una de las más influyentes en la industria cinematográfica y la que dio pie a la película que ahora nos ocupa. La cinta en cuestión fue, sin lugar a dudas, el Batman de Tim Burton, una fantástica (me encanta) y taquillera superproducción que llevó a la gran pantalla el personaje creado por Bob Kane en 1939, y cuyo “mejor” precedente hasta el momento era la extravagante (por llamarla de alguna manera) serie de televisión sesentera protagonizada por Adam West. Obviamente, el cambio estético fue para mejor, con un toque oscuro, gótico y a la vez retro, que encajaba a la perfección con el personaje, amén de un diseño de producción muy cuidado y un reparto a la altura de las expectativas. El éxito fue rotundo y Burton repitió unos años más tarde con una digna -y más madura- secuela que por momentos incluso superaba a la original (y digo por momentos, porque en conjunto, su predecesora me resulta más redonda)

Mientras Warner Bros. Pictures se frotaba las manos con Batman, otros estudios se lanzaron al acecho de personajes que poder convertir en blockbusters para todos los públicos. El primero en probar suerte fue Walt Disney, que un año más tarde (1990) logró llevar a las carteleras las aventuras del inspector de policía Dick Tracy, personaje nacido de la mano de Chester Gould en 1931, y cuyos derechos había adquirido años antes el actor y director Warren Beatty, quién vio como por fin llegaba la oportunidad de darle vida a Tracy más allá de las viñetas de Gould y sus posteriores seriales cinematográficos y radiofónicos.


El proyecto contó, de entrada, con un sustancioso presupuesto para la época (47 millones de dólares, 12 millones más que el Batman de Burton) para poder recrear con fidelidad la ciudad de Dick, además del vestuario y vehículos propios de los años 20; todo bajo una estética sumamente colorista, cargada o, mejor dicho, recargada de rojos, verdes y amarillos chillones, que le daban al film un aspecto visual rompedor y muy llamativo. Los productores la vendían como “algo nunca visto antes”, y en cierto modo, tenían razón (también juraban que el público saldría encantadísimo, pero ahí ya se pasaron de optimistas)

A este peculiar tono colorista ayudó mucho la fotografía de Vittorio Storaro (habitual de Bernardo Bertolucci), que fue galardono con el Oscar por su trabajo, siendo aquella la cuarta estatuilla que recibía tras Apocalypse Now, Rojos y El Último Emperador. También fue importante el diseño de producción de Richard Sylbert (geniales las pinturas matte y los diversos trucajes) y el también galardonado maquillaje de John Caglione Jr. y Doug Drexler, que caracterizaron a gran parte del elenco con rostros de lo más estrambóticos y bizarros, llegando en algunos casos al mal gusto. Y es que para ser sinceros, la mayoría se me antojan demasiado horrendos e incluso chapuceros (la gracia de la caracterización está en no notarse demasiado las prótesis), por lo que ese Oscar me parece bastante discutible (a veces, ser demasiado fiel al cómic puede convertirse en un arma de doble filo)

Otro apartado a destacar es el de la banda sonora, compuesta por el emergente Danny Elfman, que venía crecido por su brillante y aplaudido trabajo en Batman, y del que aquí se perciben claras reminiscencias (intencionadas o no, lo cierto es que recordaba demasiado al score del murciélago, especialmente en los piezas destinadas a los momentos de más acción). A la conseguida estética comiquera, Elfman aportó una partitura muy melódica y, aunque suene redundante, muy Elfman, pues es fácilmente identificable dentro del estilo de sus primeros trabajos. Su labor en sendos proyectos le convirtieron casi en el compositor por excelencia de los superhéroes, trabajando más tarde en el Spider-Man de Raimi, Hulk, Hellboy y otras adaptaciones de cómic (Men in Black y la reciente Wanted)


Para el reparto, se contrataron a un buen puñado de reputadas estrellas de Hollywood, algunas de ellas realizando fugaces cameos, como James Caan o una casi imperceptible Kathy Bates (es la que transcribe el interrogatorio); o encarnando a algunos de los personajes principales, como Dustin Hoffman o un Al Pacino pasado de rosca (acorde con el tono del film) en el papel del mafioso Big Boy, principal enemigo de Dick Tracy en esta historia. Otros como Charles Durning, Dick Van Dyke, Paul Sorvino, Colm Meany o William Forsythe tuvieron papeles secundarios de mayor o menor importancia, reservándose el propio Warren Beatty el papel del incorruptible y sagaz Tracy, el guapo de la película (nada de maquillaje pero sí varios liftings que no lograban ocultar el hecho de que el actor resultara un tanto talludito para el papel) Incluso algunos de los compañeros de reparto de Beatty en la famosa -y sobrevalorada- Bonnie & Clyde hicieron acto de presencia también en la película.

No obstante, el mayor error de casting fue la elección de Madonna en el papel de la femme fatale “Suspiros” Mahoney (rol que tampoco entrañaba mucha dificultad, y menos pasándose media película cantando y la otra media insinuándose a Tracy/Beatty). Error artístico, dadas las nulas cualidades interpretativas de la cantante (siendo éste su mejor papel, que ya es decir mucho), pero no comercial, pues las copias del cd musical de la película se vendieron como churros. De hecho, la B.S.O. “oficial” compuesta por Elfman no se editaría hasta mucho tiempo después, prefiriendo el estudio sacar tajada de la popularidad de la reina del pop y de sus canciones (amén de un Oscar a la Mejor Canción)

Para dirigir a semejante elenco, llegó a sonar oportunamente el nombre de Burton, pero finalmente fue Beatty, que ya ejercía de productor, quién acabó en la silla de director. Lo suyo fue un “yo me lo guiso, yo me lo como” en toda regla. Incluso tomó parte en la escritura de los guiones desechados, pues finalmente el definitivo corrió a cargo de Jim Cash y Jack Epps Jr., artífices años antes de películas como “Top Gun” o “Socios y sabuesos” (la de Tom Hanks y el perro)

De hecho, la parte más descuida de la película es el guión, un tanto pueril y simplón. No se saca verdadero partido ni a los personajes ni a los diálogos, y la acción es escasa y poco gratificante.


Por otro lado, Beatty no aporta carisma alguno a su Dick Tracy y el tono de la película resulta demasiado caricaturesco, paródico e incluso camp, algo que la emparenta más al Batman de Adam West que al de Burton (se nota mucho en las secuencias de peligro y en las peleas, a las que sólo les falta las onomatopeyas típicas de la citada serie). El personaje del niño, que ya aparecía en las viñetas, resulta un estorbo; la chica por la cual suspira Tracy no enamora al espectador; Big Boy es exageradamente patético (y físicamente deformado); muchos secundarios apenas pueden lucirse por el terrible maquillaje; y el misterioso personaje sin cara no es tan misterioso como los guionistas pretenden hacernos creer. En resumidas cuentas, el diseño de producción, el vistoso y novedoso aspecto visual de la cinta y la estupenda banda sonora no logran disimular las carencias de las que hace gala la cinta. Y es que Beatty no era ni el director ni el actor adecuado para el papel, y eso es algo que de forma más o menos evidente se acaba notando en el resultado final de la película.

Pese a recaudar algo más del triple de lo que costó, Dick Tracy fue bastante criticada, sobre todo por el público, el cual la ha dejado en el más absoluto de los olvidos. Si bien es cierto que hoy día muchos la reivindican (en su derecho están y motivos tampoco les falta), no se puede negar que como producto palomitero que es, dejaba bastante que desear antes y ahora. Y no es que sea una mala película del todo (peores las ha habido en este ámbito), pues sus casi dos horas de duración se pasan en suspiro, pero no termina de emocionar ni divertir. Quizás el personaje, proveniente de una tira cómica, no esté hecho para el cine, o quizás aún no han sabido sacarle partido debidamente.

Warren Beatty lleva tiempo inmerso en una batalla legal por los derechos del personaje, los cuáles, por el momento, aún posee (creo). El grupo mediático Tribune, distribuidor durante años de la tira cómica, reclama los derechos de Tracy debido al uso poco productivo que le ha sacado el actor. De hecho, esta adaptación iba a ser la primera de una saga que no llegó nunca a materializarse, aún recaudando un buen pastizal y recibiendo no uno ni dos, sino tres Oscars en total (en categorías secundarias, pero Oscars al fin y al cabo). Supongo que pese a las entradas vendidas, la impresión general fue de decepción, y acometer una segunda película, con la inversión que esto suponía, era un riesgo que el estudio no quiso correr.

Habrá que esperar aún para que Dick Tracy tenga una segunda oportunidad en el cine. No sé si de la mano de Beatty o de otros productores, pero cuando eso ocurra, espero que hagan bien los deberes y eviten que algunos se dejen llevar por sus caprichos personales, que es lo que ocurrió con ésta primera adaptación. Aunque está visto que en Hollywood tropiezan a menudo con la misma piedra, y la reciente The Spirit es otra muestra de ello.



Valoración personal:

domingo, 29 de noviembre de 2009

Rediseñando "Avatar"

Fan Poster Avatar
Queda menos de un mes para que se estrene Avatar, una de las películas más esperadas del año, tanto por su revolucionaria técnica 3D como por suponer el regreso a la gran pantalla de James Cameron (Abyss, Terminator, Aliens, el regreso, Mentiras Arriesgadas) después de su última y oscarizada película, Titanic, hace ya más de dos lustros.

Del secretismo puro se ha pasado ahora a un bombardeo incesante de imágenes, trailers y clips que en mayor medida sirven para saciar las ansias de los más impacientes. Además de poner al corriente a los espectadores más ajenos a dicho acontecimiento (la gente de a pie no está tan informada como los que cada día estamos inmersos en la red)

En mi caso, y para evitar crearme más expectativas de la cuenta, me he limitado a ver tan sólo el teaser inicial y el primer tráiler (éste porque me lo pusieron previo a la proyección de 2012, que si no, también me lo hubiese saltado). Sabiendo que dirige Cameron, un director que jamás me ha decepcionado, tengo más que suficiente para decidir ir al cine a ver su último y ambicioso proyecto. En mayor o menor medida, se que ofrecerá un espectáculo de primer nivel (una mala película sería más bien imposible), y por ello quiero, como antaño, sorprenderme en la butaca de una sala de cine y no frente a la pantalla del ordenador. Quiero que la experiencia sea como antaño, cuando contábamos con una información mínima antes de un estreno. Cierto que hoy día esta tarea es algo difícil teniendo una herramienta tan potente como es Internet, pero con (mucha)fuerza de voluntad he evitado ver más de lo que necesito, y teniendo clara la sinopsis del film, me basto y me sobro.

Dicho esto, la intención del post no es otra que mostrar cierto descontento por los pósters oficiales de la película que están saltando a la red, y que sinceramente, no parecen estar a la altura de una producción de este calibre. Por ahora, los carteles aparecidos son las que figuran bajo estas líneas, y en mi opinión, podrían estar mucho más elaborados.


Los dos primeros tienen una composición bastante típica, usando la mitad del rostro de los actores. Pero además, en el segundo, Neytiri no ha salido muy favorecida, que digamos. El tercero muestra una mejoría, pero la inclusión de la cabeza de Sam Worthington (el prota principal) no podía ser más desacertada. No encaja bien con el resto de la composición, pareciendo más un pegote, junto a una Neytiri, esta vez sí, mucho más bonita y con una textura mucho más cercana a la ilustración. La verdad es que no les hubiera ido nada mal contratar los servicios de un maestro como Drew Struzan.

Ante semejantes sacrilegios gráficos, uno que tiene ciertos conocimientos de Photoshop, no ha podido resistir la tentación de rediseñar los pósters e intentar hacer algo más potable (lo que hace una aburrida y lluviosa tarde de domingo xD). Para ello, me he centrado básicamente en el tercer cartel, y con unos retoques aquí y allá, he realizado un par de pósters promocionales. En uno, he utilizado tan sólo el rostro al completo de Neytiri, mediante la simetría de una de sus lados y, obviamente, modificando un poco las pecas para que no pareciera un duplicado perfecto (las sombras… bueno, se han quedado tal cual por pereza). Y en el otro, usando el rostro del Worthington Na’vi del otro cartel, he partido de la misma técnica para tener a ambos protagonistas juntos.

Después de varios pasos más, que implicaban mucho retoque de fondo y de los rostros (además de otorgarle un tono azulado más vivo), he cambiado los textos para adaptarlos a un cartel para España. Encima del título, podemos encontrar el nombre del director, y encabezando el cartel, la frase promocional más idónea para traer al público de distinta índole: Del director de “Titanic” y “Terminator”, sus dos creaciones más conocidas.


No es que me hayan quedado unos carteles fabulosos, pero con el material del que disponía, tampoco podía hacer maravillas. No obstante, y no es por echarme flores (xD), creo que están algo mejor que los oficiales.


¿A vosotros qué os parecen? Me gustaría conocer vuestra opinión.


Saludos ;)

domingo, 22 de noviembre de 2009

"Kröd Mändoon and the Flaming Sword of Fire" (2009) Alex Hardcastle

Crítica Kröd Mändoon and the Flaming Sword of Fire
En esta última década, el subgénero cómico de la parodia ha sufrido un terrible declive debido, en buena parte, a un puñado de producciones que, anualmente, han ridiculizado de la forma más vergonzosa y nauseabunda los mayores éxitos del cine estadounidense.

La moda empezó con la exitosa Scary Movie, que vino a colofón del éxito de la saga de Wes Craven, Scream, a la cual se parodiaba junto a otros clichés del género de terror juvenil. A aquella primera y simpática película, le siguieron tres secuelas más, con algún que otro gag conseguido, pero decayendo el nivel de forma considerable, al mismo tiempo que fueron abarcando otros géneros. Con la coletilla “Movie”, empezaron a llegarnos otras parodias, a cuál peor, llegando a un estatus de calidad deprimente y que nada tenía que ver con aquellas añejas películas como “Aterriza como puedas”, “Agárralo como puedas” (la coletilla “como puedas” fue, claramente, la versión española al actual “movie” yanqui) , “Hot Shots”, “Top Secret” o “La loca historia de las Galaxias” (entre otras de Mel Brooks), por poner algunos de los mejores ejemplos del género.

Pese a todo, esta decadencia no se ha traducido de igual forma en la taquilla, siendo, en general, productos bastante taquilleros o que, como mínimo, han recuperado lo invertido.
Es tanto su éxito, que incluso en España se han sumado a la moda y pretenden estrenar este año su propia parodia a la española, titulada, como no podía ser de otra forma, “Spanish Movie”. Y contando entre sus filas con una estrella indiscutible del género: el mismísimo Leslie Niesen. Veremos si el invento funciona… aunque no creo que llegue al nivel de la denostada Vivancos 3 (sí, a mi me gustó xD)

Con tan desolador panorama, ya casi había perdido toda esperanza de ver algo digno. Sin embargo, ha tenido que ser una miniserie de televisión la que me devuelva algo de fe en el género.


Kröd Mändoon and the Flaming Sword of Fire sigue las aventuras del héroe Kröd Mändoon (Sean Maguire), un valeroso y torpe guerrero dispuesto a luchar por la libertad que tanto amenaza el malvado Canciller Dongalor (Matt Lucas). En su lucha, Kröd cuenta con la “inestimable” ayuda de Aneka (India de Beaufort), una bella guerrera pagana y… ¡ninfómana!, de la que está perdidamente enamorado. Desgraciadamente, nuestro héroe es continuamente rechazado, mientras ella se divierte acostándose con todo hombre que se le ponga por delante. Loquasto (Steve Speirs) es un fiel sirviente de Krod, de la raza de los Grobbles y siempre dispuesto a ayudar, pero con una nefasta puntería con la ballesta que acaba perjudicando a su propio amo; Zezelryck (Kevin Hart), es un fraude de hechicero, que no tiene ni las remota de hacer conjuros ni ningún otro tipo de magia; y finalmente está Bruce (Marques Ray), amante del general Arcadius, mentor de Krod, y el último en unirse al variopinto grupo de guerreros .

Juntos tratarán de fastidiar los pérfidos planes de Dongalor, un villano tan engreído como bobo, que no haría nada bien si no fuera por la eficiente labor de su mano derecha Barnabus (Alex Macqueen), un leal servidor que a cambio de su fidelidad y eficacia tan sólo recibe desprecio.


La serie es una coproducción entre EE.UU. y el Reino Unido (notándose mucho más la mano de estos últimos), y consta de tan sólo seis episodios de 20 minutos cada uno. Debido a su escasa duración, puede verse del tirón como si de una película de dos horas se tratara, aunque yo he optado por racionar los capítulos a uno por día, para no “empacharme”.

La verdad es que el humor del que hace gala es bastante simplón y a menudo cazurro, pero nunca llega al nivel de vulgaridad y zafiedad al que nos han acostumbrado las películas anteriormente citadas. Precisamente, esa simpleza es, en cierto modo, una de sus virtudes.

Los personajes son, en su mayoría, un atajo de paletos, y en su torpeza reside la gracia de la serie. Cada uno de estos personajes aporta su granito de arena a la historia, con una personalidad bien marcada, y en donde sus debilidades, más que sus virtudes, cobran gran protagonismo. Desde la inseguridad que denota Krod en sí mismo hasta la ineptitud tanto de sus aliados como de sus enemigos, pasando por los deseos sexuales de cada uno de ellos. Y es que en general, hay una clara tendencia –quizás excesiva- en caer en las referencias sexuales de todo tipo y para todos los gustos (tanto de carácter hetero como homosexual)

Otro toque cómico de vital importancia es la puntual voz en off que va narrando los acontecimientos con pretendido tono épico-trascendental, a la vez que jocoso. Eso, junto a las continuas burradas, los agudos diálogos (a veces más ordinarios), la absurdez de algunas situaciones y la aparición de otros estrafalarios secundarios (incluyendo un lujurioso cíclope como nunca antes habías visto), hacen de la serie todo un acierto de parodia medieval. Puede que no sea ninguna genialidad, pero sí es mucho mejor que las películas de misma índole que continuamente llegan a nuestras carteleras.

El reparto, además, cumple perfectamente con su labor, destacando por encima de todos a Matt Lucas, que interpreta al Canciller Dongalor, y al que algunos reconocerán por otra serie cómica inglesa, Little Britain (de la cuál es creador, guionista y actor protagonista). Si bien mi preferido es Alex Macqueen/Barnabus, por su sobriedad y su marcadísimo acento inglés a disposición de una voz muy afable. Pero insisto en que todos están perfectos en sus papeles (la loca del grupo, Marques Ray/Bruce, no tiene desperdicio; y India de Beaufort/Aneka pondrá verraco a más de uno)

Así que sois como yo, que habías dado por perdido al fe en el género de parodia, no lo dudéis y echadle un vistazo a esta miniserie inédita en España, que se ve en un suspiro y de la que espero se hagan pronto más capítulos (por historias que contar/parodiar, no será)



Valoración personal:

domingo, 15 de noviembre de 2009

"Alien Trespass" (2009) - R.W. Goodwin

Crítica Alien Trespass
La ciencia-ficción de la década de los 50 se caracterizó por dos temáticas cuyo nexo común era el inquieto periodo de la Guerra Fría posterior a la Segunda Guerra Mundial. El miedo a una invasión rusa y/o un ataque nuclear, fue en gran medida extrapolado al cine de la época a través de invasiones alienígenas que, de algún modo, representaban la amenaza rusa bajo una capa de látex, armas láser y platillos volantes; o el peligroso poder de la energía nuclear y sus terribles consecuencias, que se reflejaba a menudo en películas de monstruos mutantes (insectos, casi siempre, mutados y agrandados que causaban el pánico entre la población). En este último caso, muchas veces el causante era el propio gobierno americano (a modo de autocrítica), con sus experimentos y sus ya conocidas pruebas nucleares en los desiertos de Arizona.

Probablemente, muchos de los mayores clásicos de la ci-fi se encuentren en este periodo, y muchos de los temores de la humanidad (y de los estadounidenses en concreto), no sólo los ya mencionados, se encuentren reflejados en un buen puñado de estas películas. De ahí que sea una época referente para el género.

Alien Trespass, la cinta que nos ocupa, pretende rendir homenaje a un tipo de cine hecho con pocos medios y cierta ingenuidad: el cine de ci-fi de serie B de los 50, y particularmente, el de invasiones alienígenas. Y el modo de hacerlo no es a base de una parodia (aunque pueda parecerlo), sino realizando una película del mismo modo que se haría en aquella época, con lo bueno y lo malo que eso implica.

La historia se sitúa en 1957, en un pequeño pueblo de California. Allí, en las montañas del desierto, se estrella un platillo volante, de cuyo interior escapa una letal criatura alienígena, el Ghota, cuya intención es la de exterminar toda forma de vida del planeta. Pero el monstruo no viaja sólo, y de la nave aparece también Urp, una especie de agente federal de otro planeta cuya misión será capturar a la criatura antes que se reproduzca y se extienda por toda la Tierra. Para pasar inadvertido, Urp toma prestado el cuerpo del astrónomo local Ted Lewis, y con la ayuda de Tammy, una camarera, intentará salvar a la humanidad de la amenaza que se cierne sobre ellos (y que él mismo ha traído consigo, dicho sea de paso)


La película está dirigida por R.W. Goodwin, cuya experiencia profesional se centra básicamente en telefilmes y series de tv; entre ellas, la dirección de varios episodios de Expediente X, y la escritura de uno de ellos. El guión, por contra, corre a cargo de dos debutantes, James Swift y Steven P. Fisher, partiendo de una historia del segundo, y mediante la cual han procurado rendir un cariñoso homenaje a cierto tipo de películas, utilizando para el ello, los mismos esquemas argumentales y los mismos medios técnicos (aunque, al inicio, se permite el uso del ordenador para presentar al averiado platillo volante)


La cinta goza de una trama muy simplona, con personajes tan de cartón piedra como los propios decorados, algo que junto a la austeridad de los efectos especiales, está hecho de forma totalmente intencionada. Empezando por el aspecto ridículo y arcaico del alienígena Ghota, y terminando en el uso de pantallas para los fondos, tanto a la hora de abordar ciertos planos que precisan de una profundidad inexistente, como para simular movimiento cuando los personajes se encuentran en el interior de un vehículo. Todo ello recuerda irremediablemente a los rudimentarios medios tecnológicos de antaño, pero plasmado, eso sí, con todo el esplendor cromático que ofrece el color en contraposición del habitual blanco y negro de la época.

Los tonos pasteles y la deliciosa fotografía, junto a unos adecuados decorados y un fiel trabajo de vestuario, nos transporta sin problemas hasta esos irrepetibles años 50.

Los personajes, obviamente, son bastante esquemáticos, como el policía paleto, los jóvenes indiscretos, la atenta y servicial ama de a casa o la camarera desdichada. Todos ellos representan sus roles con adecuada formalidad debido al tono inusitadamente serio con el que Goodwin aborda la historia. Y es que en ningún momento tenemos la impresión de estar presenciando una comedia paródica, con situaciones exageradas o patosas, sino que el desarrollo es tal cual sería si la película fuese rodada en dicha época.


El reparto es mayormente televisivo, a excepción de Robert Patrick, el famoso T-1000 de Terminator 2, que aquí interpreta a Vernon, uno de los agentes de policía. Del resto destacaríamos a Eric McCormack, conocido sobre todo por la serie "Will y Grace", y que hace aquí un doble papel interpretando al alienígena Urp y al astrónomo Ted Lewis; luego tenemos al veterano Dan Lauria (de la emblemática Aquellos maravillosos años), como el jefe de policía; y en los roles femeninos encontramos a dos guapas muchachas, Jenni Baird y Jody Thompson, que ya coincidieron con anterioridad en la serie “Los 4400”.

Todos cumplen dentro de las limitaciones que ofrecen unos personajes tan poco trabajados (el que más, quizás, el de la camarera)

Alien Trespass es un curioso producto que funciona como homenaje y que se deja ver con facilidad dadas son honestas intenciones. Desgraciadamente, es demasiado simplón en su intento de plasmar una forma de rodar ya anticuada, y si tuviera una historia y unos personajes mucho más elaborados, de seguro estaríamos hablando de una mejor película (como lo fue en su momento la estupenda y olvidada Matinee de Joe Dante). Pero no es el caso y debemos conformarnos, los aficionados al género, con lo simpático y anacrónico que resulta ver una cinta de los 50 años hecha ahora, en color pero con los medios de antes.

Además, se permite incidir de nuevo en el miedo a la amenaza rusa en sus constantes referencias a la posible procedencia del ovni (que en un principio, los personajes insisten en atribuir a los rusos lo que, en vez de un ovni, podría ser directamente un cohete/misil) y cuenta con varios guiños a algunos de los clásicos cinematográficos de la época. El más evidente es el visionado en un cine de la película The Blob (La masa devoradora), que realmente no se estrenaría hasta un año después, en 1958; los pósters de “The Man from Planet X” (El ser del Planeta X ) y “Destination Moon” (Con destino a la Luna) que cuelgan de la pared de la habitación del hijo del médico local; o el cartel promocional de The Brain from Planet Arous (El cerebro del planeta Arous) que asoma en una de las paredes del citado cine.

Recomendada, por tanto, a los puristas como un servidor, más como simpática curiosidad que como un válido entretenimiento.



Valoración personal:

lunes, 9 de noviembre de 2009

"Bienvenidos a Zombieland" (2009) - Ruben Fleischer

Crítica Bienvenidos a Zombieland
Si se hiciera una encuesta sobre cual es o podría ser la mejor comedia zombie que se ha rodado nunca, seguramente “Shaun of The Dead” (me niego a citar su “traducción” española) estaría entre las más nombradas (junto a El Regreso de los Muertos Vivientes y Braindead). Y es que aunque en su momento no fuera un éxito taquillero arrollador (si bien sí cosechó muy buenas críticas y cubrió de sobras su presupuesto), su posterior redescubrimiento en DVD y en Internet provocó una avalancha de admiradores que, sin comerlo ni beberlo, la convirtieron en toda una pieza de culto dentro del subgénero zombie.

Gente como Stephen King, Guillermo del Toro, Quentin Tarantino o Sam Raimi no tenían sino halagos para ella, lo que otorgó un reconocimiento aún mayor a la cinta de Edgar Wright, quién unos años más tarde “repetiría” la fórmula parodiando/homenajeando el género policiaco y sus buddy movies con “Hot Fuzz” (para mí, un peldaño por encima de su propuesta zombie), de nuevo con la genial pareja cómica formada por Simon Pegg y Nick Frost .

Desde entonces, muchos han intentado seguir sus pasos, procurando salir indemnes de la difícil tarea de mezclar comedia y terror con zombies sin que la cosa chirriase demasiado. Ha habido de todo, desde engendros como “Zombie Strippers” hasta simpáticas gamberradas como “Plane Dead” o “Dead Snow”, pasando por la curiosa y original “Fido”. Sin embargo, ninguna ha llegado –en mi opinión- al nivel de divertimento ofrecido por Wright. Ninguna hasta ahora…


Zombieland
, o Bienvenidos a Zombieland, tal como la conoceremos aquí en España, nos presenta un mundo plagado de zombis en el que un variopinto grupo de personajes tratará de sobrevivir al caos imperante. Ellos son Columbus (Jesse Eisenberg) un joven miedica a quien la situación le supera, de modo que para evitar ser comido por los muertos vivientes, establece un seguido de reglas inquebrantables con las que intentar mantenerse con vida el mayor tiempo posible. Luego está Tallahassse (Woody Harrelson) un vaquero caza zombies cuya mayor placer, además de matar no-muertos, es lograr comerse el último Twinkie en la tierra (que es un popular dulce americano; algo así como un sobao Martínez pero relleno de crema). A estos dos se unen Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), dos hermanas que atraviesan el país en busca del último refugio libre de amenaza zombie.

Muy diferentes entre sí, pero unidos por una misma causa, la supervivencia, los cuatro se embarcarán en un peligroso viaje a través de un mundo infestado de zombies (Zombieland), algo que tiene por qué ser óbice para poder divertirse un rato.


Procedentes del mundo de la televisión, los guionistas Paul Wernick y Rhett Reese han elaborado una divertida comedia zombie con unos ingredientes muy básicos pero a la vez muy certeros. Dejando la silla de director a un debutante, Ruben Fleischer, quién demuestra un buen manejo de la cámara y un perfecto dominio del ritmo, sabiendo compensar los momentos más cómicos con la acción e incluso su poquito de drama, sin perder fuerza ni desorientar al espectador.

Ya desde los primeros minutos nos damos cuenta que asistimos a una película muy particular, diferente a otras de su condición y que aún siguiendo la estela de “Shaun of The Dead”, demuestra tener personalidad propia, lejos de querer imitar el humor tan inglés de aquella.

Sus aciertos son varios, y por ello conviene enumerarlos uno por uno.

Para empezar, la historia se relata a través de la experiencia de Columbus, con la consiguiente voz en off de acompañamiento, que en su discurso intenta ir más allá de lo que vemos/oímos y de lo que sienten los protagonistas, además de ponernos en situación y, mediante flashbacks, contarnos también un poco del pasado de los personajes. El acoplamiento es perfecto, de principio de fin, sacándole buen partido al recurso pero sin abusar de él.

Las agudas normas de supervivencia de Columbus es otro de los aciertos del guión. Con ellas empieza la película, y a medida que avanza la misma, se nos van recordando lo importantes que son éstas (cartelitos sobreimpresos y/o voz en off mediante), y lo difícil que puede llegar a ser cumplirlas según la situación que se presente.

Luego está la cámara lenta, cuyo uso es tan vistoso como tremendamente efectivo, demostrando ya desde los fantásticos créditos iniciales que es también un buen recurso siempre y cuando sepa emplearse en su justa medida, cosa que Fleischer sabe hacer.

Y por último, está el competente reparto.


Jesse Eisenberg representa sin problemas al típico pardillo antisocial que no se come una rosca, y cuya mayor oportunidad en la vida para pillar cacho se presenta en el peor panorama posible: el apocalipsis zombie. Eisenberg consigue no caer en la sosería de otros jóvenes actores en roles similares (esto lo digo por Michael Cera, al que personalmente no termino de verle la gracia)

Woody Harrelson se desenvuelve como pez en el agua en un personaje hecho a su medida. Tallahassse es un tipo duro debido a las circunstancias, pero a la vez es un guasón y un trozo de pan, y Harrelson lo clava a la perfección, sin resultar cargante ni demasiado histriónico. Debo admitir que es un actor que siempre me ha caído simpático, y que es más versátil de lo que aparenta, si bien entendería que a aquellos que no le soportan, el visionado de la película se les hiciese algo más indigesto. Es Harrelson en estado puro, para bien o para mal, según cada cual.

La jovencísima Abigail Breslin, que ya destacó hace unos años en Pequeña Miss Sunshine, es aquí el contrapunto perfecto para un tipo como Tallahassse. La pequeña es más lista y pícara de lo que se podría esperar para una niña de su edad, y Breslin demuestra mucha soltura en el papel, evitando convertirse en la típica niña repelente y odiosa de la película, como suele ocurrir en estos casos.

Y por su parte, Emma Stone es la chica guapa del grupo, pero para nada la joven damisela en apuros, ni mucho menos. De hecho, las dos hermanas se muestran mucho más astutas que sus compañeros de viaje masculinos, lo cual sirve para cargarse ciertos tópicos del género.

Todos ellos están al servicio de una especie de road-movie zombie que nos deja un claro mensaje sobre la confianza y el buen entendimiento, además de que nunca se debe perder la esperanza. Hay que afrontar las dificultades, saber salir al paso y aprender a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, aunque el mundo se convierta en un lugar donde el ser humano esté en peligro de extinción.

Por tanto, Bienvenidos a Zombieland termina siendo un ligera y muy amena comedia, en la que los personajes importan y los zombies pueden dar tanto miedo como en cualquier otra película del género (que no es que lo den, pero al menos no son cutres ni resultan patéticos, sino que se comportan como todo muerto viviente hambriento de carne humana)

Cuenta además con unos cuantos alicientes extras, como la inclusión de algún gag intermedio (el premio al mata-zombies de la semana); la impagable aparición (y desaparición) -otro que es amado y odiado- de Bill Murray haciendo de Bill Murray (nunca mejor dicho) y ese nostálgico homenaje a cierta película ochentera en concreto (no diré más para no chafar la sorpresa). Aunque en conjunto, diría que el homenaje lo es tanto a la película como al actor que la interpreta.



Valoración personal:

domingo, 1 de noviembre de 2009

"Truco o trato" (2008) Michael Dougherty

Crítica Truco o trato Trick 'r Treat
Llevaba mucho tiempo esperando ver esta película, y una vez que pudo hacerme con ella, decidí que el mejor día para visionarla sería un 31 octubre.

Trick 'r Treat
es una de esas producciones malditas que, gracias sobre todo a la blogosfera, han adquirido cierto renombre entre el aficionado al género de terror, e incluso diría que también un prematuro estatus de película de culto.

Su estreno en cines debió producirse en 2007, por estas mismas fechas, para intentar competir con la anual entrega de Saw, una habitual ya de Halloween. Desgraciadamente, sus productores no confiaban demasiado en el éxito del film, y para evitar perder dinero, decidieron estrenarla directamente en dvd.

Algunos pocos tuvieron la suerte de ver la cinta en el Festival de Sitges de aquel mismo año (¿o fue en el 2008?), mientras que el resto esperábamos impacientes que la película, aunque no viera la luz en cines estadounidenses, sí tuviera alguna posibilidad de hacerlo cruzando el charco. Pero pasaron los días, las semanas, los meses y los años, y la esperanza se fue desvaneciendo.

La llegada al dvd en España se produjo este ya pasado mes de Octubre, de modo que muchos de los que no pudieran verla en su momento, tendrán ahora la oportunidad de hacerlo. Un servidor, impaciente, logró hacerse con una copia subtitulada, temiendo visionar la misma con un doblaje deficiente (algo que suele ocurrir en los productos de videoclub, telefilmes, etc.), y esperó con paciencia la fecha idónea para echarle un vistazo a tan aclamada –a posterior- producción.


La película se sitúa en la noche de Halloween, entrelazando varias historias de terror en las que sus personajes sufrirán las consecuencias de no respetar las tradiciones de tan significativa celebración. En una de estas historias, tenemos a un director de instituto con no muy intenciones de cara a los niños que vienen a pedirle dulces. En otra, una virgen en edad universitaria se reserva para una ocasión especial que, al parecer, podría surgir esa misma noche. En otra, una mujer pagará las consecuencias de su odio a Halloween. De mientras, unos adolescentes gastarán una broma cruel a una jovencita asustadiza… y pagarán muy caro por ello. Y para terminar, un viejo gruñón recibirá la visita de un ser con muy malas pulgas.

La crítica norteamericana definió Trick 'r Treat como una versión en carne y hueso de "Pesadilla Antes de Navidad", si bien considero que su parentesco está mucho más cerca de producciones como Creepshow o En los límites del a realidad que del film de Selick y Burton, con el que sólo comparte parte de su temática; siendo así una película formada a partir de varios cuentos o historias que, en este caso, tienen la particularidad de relacionarse entre sí de una forma más o menos directa.


Como suele ocurrir en estos casos, algunas de las historias cortas gustan más que otras, resultan más interesantes, más aterradores o simplemente están más logradas. Aquí podría decirse que hay un cierto equilibrio en todo el conjunto, y no porque los distintos fragmentos mantengan un nivel simila, sino porque éstos están entremezclados, con algunos nexos de unión muy finos, y con la particularidad de no seguir un desarrollo lineal, sino que se van ofreciendo eventuales saltos en el tiempo para situar cada historia en un momento determinado de la noche. Todo esto ayuda a conectar de una forma mucho más global con la película, sin necesidad de cambiar el chip con cada relato ni las consecuentes pérdidas de ritmo, sino manteniendo un principio, un nudo y un desenlace que los engloba a todos, haciendo su visionado mucho más ligero y dinámico.

De hecho, de fragmentar la película por capítulos, probablemente el resultado hubiera sido mucho más desigual, a tenor de que las historias tienen un desarrollo muy simple y directo, y no todas gozan del mismo impacto.

Bajo el amparo del director y productor Brian Singer, Michael Doughterty, que escribió para el primero el guión de X-Men 2 y del fallido regreso de Superman a la gran pantalla, debuta en la dirección con una historia escrita por el mismo e inspirada en el tipo de películas antes citadas, compartiendo con Creepshow, además, ese homenaje al mundo de las viñetas que por aquél entonces concibieron George A. Romero y Stephen King en base a legendarios comics de terror como "Tales From the Crypt", "Haunt of Fear" o "Vault of Horror". Así pues, los créditos iniciales y los letreros (que nos indican los saltos en el tiempo) que aparecen sobreimpresos en pantalla, mantienen esa estética comiquera que tan bien le queda a la cinta.


Las historias en sí, son una mezcla de leyendas y clichés varios, discurriendo algunas por caminos sobradamente conocidos, como la del autobús, y otras sorprendiendo por su vuelta de tuerca a los conceptos de siempre o por sus inesperados giros finales (la parte de Caperucita, sin ir más lejos)

En general, es de destacar su cuidada puesta en escena, que ya da a entender que no es un barato producto de videoclub; pero sobre todo merece especial mención ese humor negro que envuelve a algunos de los fragmentos, y que nunca llega a extremos ridículos o disparatados como sí le ocurría a Rami con su “Arrástrame al infierno”. Aquí, dicho humor, está mucho más medido, y aunque no estemos hablando de una comedia de terror propiamente dicha, sí consigue aligerar un poco la tensión con momentos de mayor desfachatez.


No hay tampoco un abuso de sangre y vísceras, optando Dougherty por la insinuación o la omisión, más que por lo puramente explícito (y cuando recurre a esto último, lo hace sin caer en el mal gusto o lo meramente gratuito - a excepción de la escena del vomito-).

El reparto cumple sin más, aunque de todos ellos sobresalen muy especialmente Dylan Baker y Brian Cox.


Trick 'r Treat es un producto ideal para estas fechas. Ameno y diferente, pero sobre todo, superior a la media (que tampoco es muy alta que digamos), algo que sin duda ha hecho que se la sobrevalore en exceso. Y es que estamos tan acostumbrados a la mediocridad imperante, que la aparición de un film de estas características se recibe con excesivo entusiasmo. No es ninguna maravilla ni tampoco es una obra maestra, como ya he leído en varias ocasiones, pero sí es una película que cumple con el trámite de para pasar un buen rato.

Honesta y entretenida, pero con un guión que no es nada del otro mundo (terror a veces pueril; tensión, la justa; y un tratamiento más cercano a las novelas juveniles de R.L. Stine que al horror de King, por decir algo) y una escasa duración adecuada dado su formato, pero que a la vez me deja algo insatisfecho. Así que si las intenciones de realizar una secuela dan sus frutos, sería una buena noticia tener otra ración de Trick or Treat para futuros Halloweens. Y es que cualquier alternativa a la estirada e interminable Saw (me quedo únicamente con la primera), será bienvenida.



Valoración personal: