En pleno auge del género de espada y brujería se realizó, a principios de los ochenta, una particular producción que mezclaba ciencia-ficción y fantasía. A medio camino entre “El señor de los anillos” y “La Guerra de las Galaxias”, “Krull” se ofrecía al espectador como una película de aventuras con todos los ingredientes necesarios para pasar un buen rato: un apuesto y valiente héroe, una hermosa princesa en apuros, un ser maligno y su despiadado ejército, unos lugares místicos, unos seres fantásticos, unos ancianos visionarios, maldiciones y profecías, etc.Desgraciadamante, su estreno en cines quedó ensombrecido por la tercera parte de la saga galáctica de Geroge Lucas, “El retorno del Jedi”; eso y unas desfavorables críticas por parte de los “entendidos”, hizo que los espectadores ignoraran la película.
Con el paso del tiempo ha ido adquiriendo mayor reconocimiento, en gran parte por un público que la descubrió tardíamente pero que supo valorar su aportación al género fantástico. No es extraño pues que haya conseguido con los años el estatus de “película de culto”, al igual que sucedió con la menospreciada -en su momento- Blade Runner (entre otras tantas cintas que la crítica especializada se ha ido cepillando víl e injustamente década tras década)
No siempre las consideradass “de culto” resultan ser buenas películas (uno se lleva cada chasco...), y aunque dentro del género que se engloba Krull, ésta no sea de las mejores, sí tiene suficientes alicientes como para considerarse un buen entretenimiento indigno de perecer en el olvido colectivo.
Bebiendo de la literatura fantástica y muy en concreto de Tolkien, el guionista Stanford Sherman escribió una arriesgada historia que se desarrolla en el planeta Krull, un mundo asediado por un monstruo alienígena y su destructivo ejército.
Dos poderosas naciones enemigas deciden fusionarse y hacer frente al invasor. Uniendo en matrimonio a los respectivos hijos de cada rey, pretenden fortalecer el pacto entre las naciones y así crear un sólo reino y un sólo ejército. Sin embargo, instantes antes de que se produzca el enlace, la princesa Lyssa (Lysette Anthony) es raptada por el enemigo cuando éste irrumpe en la fortaleza aniquilando a todos los que allí se encuentran. Tan sólo el príncipe Colwyn (Ken Marshall) logra sobrevivir al ataque.
A partir de este momento, Colwyn deberá emprender un viaje en busca de su amada, y para rescatarla tendrá que encontrar un arma lo suficientemente poderosa para acabar con el temible monstruo y poder así liberar al planeta. A lo largo del camino, se le irán uniendo en su propósito varios personajes que se convertirán en sus estimables e indispensables compañeros. Un viejo sabio, un torpe mago, un forzudo cíclope y unos altruistas ladrones -entre ellos, un casi principiante Liam Neeson- formarán su pequeño ejército para derrotar a las fuerzas del mal (que épico me ha quedado esto xD)

El encargado de llevar a cabo tan curioso film fue Peter Yates, que por aquellas fechas lo mejor que había realizado (y por lo que será recordado siempre) fue “Bullitt”, una de las más alabadas películas de acción de los 70. Fue Krull su primer y único acercamiento al género fantástico, y para ello contó con un reparto no demasiado conocido aunque sí efectivo, pues todos ellos cumplen con soltura sus respectivos papeles (aunque el protagonista no sea lo carismático que se le podría exigir)
El presupuesto no era tan holgado como el que poseía Lucas para su Star Wars, pero los decorados, pese a notarse el cartón piedra, se me antojan encantadores e imaginativos, dándole un aire pulp muy agradecido.
Los efectos especiales hoy en día han quedado un tanto obsoletos, más teniendo en cuenta los avances técnicos actuales y la pobre infografía con la que contaba esta producción. Pero aunque algunas secuencias sean cutrecillas (el viaje a lomos de las yeguas de fuego o la pelea final contra la bestia, por ejemplo), eso no empaña la buena labor en vestuario, maquillaje, arte conceptual, fotografía y muy especialmente banda sonora. Para esto último, el gran James Horner contó con la Orquestra Sinfónica de Londres, creando así unas poderosas y épicas melodias que encajan a la perfección con las imágenes.
Las dos horas que dura la película se hacen muy amenas, sin aburrir en ningún momento gracias a un ritmo bien llevado y a la constante sucesión de pruebas a las que se ven sometidos los protagonistas. Quizás peque un poco de ingenua (la facilidad con la que se entablan lazos amistosos entre los diferentes personajes) y los momentos dramáticos no sean su fuerte, pero la acción y algún toque de humor compensan cualquier fallo que pueda tener en ese aspecto.
Probablemente -y ese quizás sea su mayor pega-, el final no esté a la altura del resto, ya que la aparición del monstruo y su consecuente muerte no son lo espectaculares que cabría esperar, pero hay que tener en cuenta los limitados medios con los que se contaba, que impedían claramente ofrecer un mayor espectáculo.
Actualmente, eso no supone un problema ya que casi cualquier producto comercial suele disponer de unos buenos fx, aunque en detrimiento vaya una dejadez en los guiones/historias y en los personajes, o por decirlo de un modo shakesperiano, mucho ruido y pocas nueces.
En definitiva, una eficiente película de aventuras que todo buen aficionado al género fantástico y de ciencia-ficción debería conceder una oportunidad, aunque tan sólo sea por simple curiosidad.
Entretiene y deja un buen sabor de boca pese a sus evidentes carencias y su más que dudosa originalidad (recordemos que bebe de muchos otros)
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