domingo, 27 de junio de 2010

"Noche de miedo" (1985) - Tom Holland

critica Noche de miedo 1985 Tom Holland
La década de los 70 fue un periodo de cierto declive para el cine de vampiros, pese a que hubo diversos intentos, por parte incluso de la mismísima Hammer, de seguir manteniendo vivo a uno de los monstruos más antiguos y míticos del género. Las producciones no solían contar con el beneplácito del público, por lo que poco a poco estas criaturas de la noche fueron perdiendo peso y presencia en la gran pantalla.

A finales de esta década y principios de la siguiente, otro subgénero empezaba a surgir con fuerza. Los slashers protagonizados por psychokillers enmascarados causaban furor entre el público, especialmente entre los adolescentes, y empezaron a proliferar como una alternativa en auge a los monstruos clásicos de toda la vida. Sin embargo, otra criatura, el hombre-lobo, parecía resistirse a los recién llegados, viviendo curiosamente una de sus mejores etapas. Películas como “Aullidos”, “Un hombre lobo americano en Londres”, “Lobos humanos” o “En Compañía de Lobos” revitalizaron la figura de este emblemático monstruo.

Inspirándose un poco en las pautas marcadas por John Landis en su hombre lobo, el hasta entonces guionista Tom Holland decidió escribir una historia de vampiros que él mismo dirigiría. De carácter juvenil y en clave de comedia, “Noche de miedo” aterrizó en las carteleras de 1985 como un soplo de aire fresco que consiguió, sin proponérselo, resucitar el cine de vampiros.

Charlie Brewster, un adolescente fascinado por las películas de terror, empieza sospechar que su nuevo vecino es un vampiro causante, además, de los últimos y extraños asesinatos que han ocurrido en la ciudad. Ante la incredulidad de sus amigos, Charlie intentará desenmascarar al chupa-sangre con la ayuda de Peter Vincent, un antiguo actor de películas de terror y presentador del programa televisivo “Noche de Miedo”.


La cinta empieza con un plano secuencia que nos lleva hasta la habitación de Charlie, lugar de donde proceden las voces que oímos al inicio, y que no son más que las de una película que emiten por televisión y a la que nuestro protagonista y su novia Amy, enfrascados en otros menesteres, no prestan la más mínima atención.

Los arrumacos entre la pareja cesan ante la convicción de ella de mantener intacta su virginidad, lo que lleva a Charlie a tomarse un descanso y a echar una ojeada por la ventana de su dormitorio. Justo en ese instante es cuando presencia la extraña escena que iniciará sus “fantasiosas” sospechas y la que propiciará toda la trama del film.

Con un punto de partida que podría recordarnos a “La ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock, tenemos aquí a alguien que sospecha que uno de sus vecinos es un asesino, pero con la particularidad de que éste es un vampiro y su voyerista vecino un adolescente que quizás haya visto demasiadas películas de terror.

Una escena nocturna que podría quedar en meramente anecdótica pasa a convertirse en una obsesión para Charlie cuando el cadáver de una joven aparece en el tranquilo pueblo de Rancho Corvalis. Atando un par de cabos, el joven llega a la conclusión de que algo fuera de lugar está ocurriendo con Jerry Dandrige, el apuesto inquilino que se ha mudado a la casa de al lado.

Contemplar a su vecino en plena faena será la prueba definitiva que certifique los temores de que es un vampiro, aunque ello implique exponerse a ser su próxima víctima.

Con la intención de desenmascarar al terrible asesino que vive al otro lado del seto, Charlie acudirá a la policía, si bien los resultados no serán los esperados. La falta de pruebas para acusar a Jerry jugarán en su contra, y la credibilidad de su testimonio se verá perjudicada cuando decida revelar la identidad oculta de de su vecino.

Pero no sólo la policía no le cree sino que sus amigos le toman por un loco o un bromista. Es por eso que decidirá acudir al actor y showman Peter Vincent en busca de ayuda.


Holland, que hasta el momento se había dedicado a escribir guiones para otros y casi siempre dentro del género de terror (la excepción sería el film de aventuras familiar “Juego secreto”), decidió dar el salto a la silla de director con una historia propia. Asumiendo también la escritura del libreto, Holland contó con la valiosa colaboración de Richard Edlund, especialista en efectos visuales que había trabajado con anterioridad en la saga Star Wars; en dos películas de Steven Spielberg, “En busca del arca perdida” y “Poltergeist; y un año antes haciéndose cargo de los efectos especiales de “Los Cazafantasmas” y “2010, Odisea dos”.

La labor de Edlund es claramente apreciable a la hora de representar los horrores más escabrosos de la película, como son el aspecto de los vampiros, de rasgos exagerados y bastante desagradables; la destrucción de los mismos o su metamorfosis en otros seres/animales, prestando especial atención a la “regresión” de uno de ellos a su estado humano original y que, aunque no esté al nivel del trabajo de Rick Baker para “Un hombre lobo americano en Londres”, sí es bastante significativa.

Para el apartado musical, se hizo con los servicios de Brad Fiedel, compositor con una destacable trayectoria televisiva y que un año antes había firmado su pieza maestra componiendo la banda sonora de “Terminator” de James Cameron.

Holland y Fiedel se conocían de antes al haber compuesto este último el score de “Psicosis, 2ª parte: el regreso de Norman”, secuela del clásico de Hitchcock que el primero escribió. Aquí su labor es genuinamente ochentera, con mucho sintetizador de por medio y acorde, por tanto con los tiempos que corrían, si bien a la vez resulta muy efectiva especialmente en los momentos de mayor tensión. La banda sonora se complementó con la inclusión de varios temas musicales de entre los que destacarían el “Good Man in a Bad Time” de Ian Hunter y el “Give It Up” de Evelyn 'Champagne' King, que son las dos canciones que suenan mientras Jerry seduce a Amy en la discoteca. Sin olvidarnos tampoco del “Fright Night” de J.Geils Band, tema principal de la película y que supuso uno de las últimas composiciones de esta banda de rock norteamericana que se separaría ese mismo año.

Del reparto habría que hacer especial hincapié en el veterano Roddy McDowall, que se desenvuelve a la perfección en la piel del simpático, a la vez que cobarde, personaje de Peter Vincent, nombre en claro homenaje a Peter Cushing y Vincent Price, dos legendarios rostros del cine de terror clásico; y en un adecuado Chris Sarandon como el pérfido vampiro culpable de los peores pesadillas de Charlie. McDowall, por su parte, ya había participado en otra película escrita por Holland, Curso 1984.


William Ragsdale (Charlie) no lo hace nada mal para ser su primer papel como protagonista, pero a Amanda Bearse (Amy) le falta un poco de chispa para terminar de cautivar al espectador. Aunque el mayor escollo reside en Stephen Geoffreys, el cargante y excesivamente histriónico amigo de Charley.

“Noche de miedo” fue un éxito inesperado, siendo además la segunda película de terror más taquillera del año por detrás de Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy, y dando pie tres años más tarde a una inferior secuela que tuvo también menor aceptación y repercusión.

Con el tiempo, ha pasado a ser toda una película de culto entre los aficionados al género, gracias a sus guiños al mismo (respetuosos en todo momento pese a su tono paródico) y sobre todo a una efectiva mezcla de terror y comedia, en base a una historia original apoyada en unos resultones –pese al reducido presupuesto- efectos especiales.

Hay alguna que otra incongruencia en la historia (SPOILER como el hecho de que Charley, buen aficionado al cine de terror, tenga la necesidad de pedir información acerca de los vampiros a su amigo Ed, cuando se podría dar por sentado que esos mismos conocimientos él ya los posee FIN SPOILER), algún que otro personaje poco aprovechado (la madre de Charley, que desaparece en el segundo acto) y algunas dudas acerca del origen y las características de los personajes que no quedan resueltas (SPOILER ¿por qué Jerry se convierte en el clásico murciélago y Ed en un lobo?, ¿Por qué el aspecto de la Amy y el Ed vampirizados difiere tanto del de Jerry?, ¿Qué tipo de criatura es Billy, el servicial ayudante de Jerry, si muere como un vampiro –con una estaca clavada en el corazón-pero no lo es porque su sangre es verde y no le afecta la luz del día? FIN SPOILER), pero son faltas menores que no empañan lo que es, a todos luces, un claro ejemplo de simpática y amena serie B.

Gracias a esta película, el vampiro resurgió de sus cenizas y llegaron a los cines de los ochenta títulos como “Jóvenes Ocultos”, “Mordiscos Peligrosos” o “Los viajeros de la noche”.

Holland siguió vinculado al cine de terror como guionista y director, dejando para el recuerdo otra pieza de culto del género, “Muñeco diabólico”, justo el año en que se estrenaba la secuela de su ópera prima.

Y como en la actualidad la moda del remake no se detiene ante nada ni nadie, en el 2011 nos espera una nueva versión de “Noche de miedo”, la cual, de momento, cuenta con, al menos, un reparto de lo más interesante. Que luego el resultado acompañe o no ya es otra cosa.



Valoración personal:

jueves, 17 de junio de 2010

“El circo de los extraños” (2009) - Paul Weitz

critica El circo de los extraños 2009 Paul Weitz
Desde el éxito de la saga “Crepúsculo”, la obsesión por adaptar novelas vampíricas de carácter juvenil se ha disparado, aunque ha sido la pequeña pantalla la que se ha visto más beneficiada por este boom. Series como “True Blood” (nada que ver con la ñoñería de Stephenie Meyer) o "The Vampire Diaries" están teniendo buena aceptación entre el público más joven, lo que anima a los productores a seguir apostando por este nuevo filón.

En la gran pantalla, los “gusiluz” de Meyer todavía no han encontrado rival que les arrebate el trono, pero de seguro no cesarán los intentos en conseguir otra saga vampírica taquillera.

Por lo pronto, Universal Pictures ha lanzado su primera apuesta: “El circo de los extraños”, basada en una serie de novelas del escritor Darren Shan. La película adapta los tres primeros libros publicados hasta la fecha de un total de 12 novelas que completan la colección (a eso le llamo yo sacarle partido a una idea), si bien el título original, "The Vampire's Assistant - Cirque du Freak", es la fusión de los títulos de las dos primeras (Cirque du Freak y The Vampire's Assistant)

La historia gira en torno a Darren Shan (Chris Massoglia), un chico de 14 años que siente verdadera fascinación por las arañas, y su mejor amigo Steve (Josh Hutcherson), obsesionado éste con los vampiros. Ambos acuden al Cirque du Freak, un extraño circo ambulante recién llegado a la ciudad en el que se pueden ver seres de lo más extraños, como por ejemplo un hombre serpiente o una mujer barbuda.

Durante el espectáculo, Darren queda impresionado por las habilidades de la araña de una de las representaciones, por lo que antes de regresar a casa decide robársela a su propietario, Larten Crepsley (John C. Reilly), un vampiro de 500 años.


Cuando Steve descubre la araña, intenta aplastarla con una escoba, pero durante el ataque el arácnido se defiende propinándole una picadura mortal. Con la intención de salvar la vida de su amigo, Darren acude a Larten en busca de un antídoto, ofreciéndose éste a dárselo con una condición: que el muchacho acepte medio vampirizarse y convertirse en su servicial ayudante. Darren sella el pacto con el vampiro sin pensar en las consecuencias que dicha transformación le acarreará…


Pese a estrenarse en octubre de 2009, la película no llegará a nuestras carteleras hasta el 16 de julio, siempre y cuando no vuelvan a cambiar la fecha de estreno. Por lo general, los retrasos pueden deberse a cualquier motivo, o a veces incluso a ninguno en concreto, pero puede que esta vez la causa de su demora se deba a sus poco halagüeñas críticas, lo que sin duda explicaría también su batacazo en taquilla. Y es que con un presupuesto de 40 millones, “El circo de los extraños” sólo ha logrado 13 millones en suelo doméstico y unos insuficientes 25 millones en el extranjero para cubrir costes. Aunque los pocos países en los que queda por estrenarse quizás le permitan, como mínimo, recuperar lo invertido. Eso sí, de la/s secuela/s mejor ir olvidándose, algo que sin duda lamentarán los seguidores de las novelas (o al menos aquellos que hayan quedado satisfechos con la adaptación)

Lo cierto es que la película no empieza nada mal, incluyendo unos elaborados títulos de crédito que da gusto ver y que preceden a la presentación, voz en off mediante, de nuestro principal protagonista , el cual se encuentra en una situación que ya nos provoca cierta curiosidad.

Esos primeros minutos son un pequeño adelanto de lo que ocurrirá después, por lo que en seguida retrocedemos en el tiempo para que nos cuenten la historia desde el principio, introduciendo a nuestros dos jóvenes protagonistas en ella y su visita al Cirque du Freak, lugar donde las decisiones de éstos desencadenarán el resto de los acontecimientos.
El look siniestro y bizarro de la película es bastante atractivo, y su séquito de estrafalarios personajes son probablemente lo mejor de ella, pero desgraciadamente no se le saca demasiado partido ni a estos últimos ni a las posibilidades que ofrece la historia.


La originalidad de la trama termina más o menos cuando Darren se habitúa al “campamento base” de los freaks. Allí aparece la típica chica por la que el prota se sentirá atraído, observaremos al villano desarrollar su pérfido plan, el amigo Steve pasándose al bando enemigo, desencadenándose la eterna lucha del bien contra el mal, etc.

La idea sobre la que se sustenta es la de una inminente guerra entre dos tipos de vampiros, los que se alimentan de sus víctimas sin matarlas, y los que disfrutan dejándolas sin gota de sangre. Larten pertenece a los primeros, así como su nuevo pupilo Darren, y quiere evitar a toda costa el enfrentamiento que Mr. Tiny, un supuesto individuo neutral, pretende iniciar aprovechándose del desamparado de Steve. Hasta aquí todo más o menos típico pero aceptable. Incluso se agradece que se les dé una vuelta de tuerca a ciertos rasgos característicos de los vampiros. Lo malo es que el desarrollo de la cinta no puede ser más anodino.

Uno de los principales escollos es la poca o nula simpatía que transmite Darren al espectador, algo a lo que contribuye la insulsa interpretación de Massoglia.

Si no fuera porque el personaje de John C. Reilly comparte gran parte del peso protagónico de la cinta, la cosa hubiera sido bastante difícil de digerir. Y debo admitir que Hutcherson no es santo de mi devoción, pero aquí le gana la partida a su rival cinematográfico.

El villano principal no cuenta con la suficiente presencia como para resultar realmente un enemigo amenazador, y menos aún cuando sus mayores aliados son un niñato vacilón y un vampiro (encarnado por un sorprendente –por versátil- Ray Stevenson) que da más pena que miedo.

Por otro lado, los enfrentamientos cuerpo a cuerpo entre ambos bandos, desde el primer encuentro hasta el último, son poco satisfactorios. Están rodados de forma confusa, con una ridícula aceleración de movimientos y con planos poco inspirados, lo que denota la poca habilidad que tiene Weitz para planificar este tipo de secuencias. Y es que este primer acercamiento al cine fantástico en una carrera plagada de comedias mayormente olvidables, evidencia que probablemente él no era el director indicado para tales menesteres (quién sabe si un Brad Silberling, por ejemplo, le hubiera sabido sacar más partido a esta adaptación)

No hay ninguna escena realmente llamativa, ni espectacular ni tampoco emocionante, aparte de que los efectos especiales -digitales y artesanales- son más bien discretos (y en algunos casos pobretones, como el irrisorio hombre-lobo, la cantosa araña venenosa de Larten, los veloces movimientos vampíricos estilo Flash o los duendecillos comeratas que parecen unos mini Gollums de saldo)



Los extraños componentes del Cirque du Freak no aportan casi nada a la trama. Ken Watanabe y Salma Hayek (que luce tan atractiva –sin la barba, claro- como en su debut hace 15 años en “Abierto hasta el amanecer”) están desaprovechados, al igual que Orlando Jones o Jane Krakowski, cuya vis cómica podría haber sido beneficiosa para ciertos segmentos del film. Luego tenemos a un efímero Willem Dafoe en lo que podríamos calificar como un cameo más que otra cosa.

A esto debemos sumarle uno de los mayores lastres que arrastra casi toda pretendida franquicia cinematográfica juvenil: que la primera película empieza pero no acaba.

Lo peor es que tratándose de una saga literaria de 12 volúmenes, se podría decir que la cinta de Weitz no es más que el prólogo. Sienta las bases y poco más, por lo que uno tiene la sensación de que apenas se le ha contado nada. Y lo poco que se le ha contado tampoco era para entusiasmarse.

Quién sabe si el sabor agridulce que deja la película es porque obviaron partes importantes de las novelas o bien porque las que estaban no supieron trasladarlas con acierto ni darles el toque adecuado.

La verdad es que acentuar el aspecto cómico de la misma en vez de tener pretensiones épicas (el bien contra el mal y bla bla bla…), y sobre todo darle un tono mucho más excéntrico y disparatado, le hubiera sentado increíblemente bien a este grupo de variopintos personajes. Y es que la historia no es mala, y seguro que podría haber salido una frikada mucha más amena y entretenida que este intento de película, pues más parece un episodio piloto (mismo caso que The Losers)

“El circo de los extraños” puede llegar a contentar a los lectores de Shan si el tema fidelidad lo han respetado, cosa que no puedo certificar, pero está claro que se trata de una película fantástica realmente floja. Entretiene a duras penas, siendo lo mejor la ambientación, la banda sonora “elfmaniana” (a destacar también el tema Red Right Hand del genial Nick Cave) y John C. Reilly en un registro inusual en su carrera.



Valoración personal:

jueves, 10 de junio de 2010

“Defendor” (2009) - Peter Stebbings

critica Defendor 2009 Peter Stebbings
No hay ninguna duda de que los superhéroes están de moda y de que se han convertido en el relevo del cine de acción de los 80-90 como filmes de entretenimiento para todos los públicos.
Desde entonces, cualquier superhéroe, sea de la editorial que sea y goce de mayor o menor popularidad/reconocimiento, es objeto de ser llevado a la gran pantalla. Tal es la avalancha que todos quieren aprovechar el tirón de éstos y por ello no dudan en recurrir al mismo formato, aunque no sea siempre con personajes salidos de algún tebeo.

El simple hecho de tener a alguien con (super)poderes ya basta para sacar tajada del asunto, y de ahí que en los últimos tiempos hayan aparecido películas como “Jumper” o “Push”, que pese a no ser superhéroes propiamente dichos, han recurrido a muchas de sus características esenciales para intentar emular la fórmula mágica del éxito (y sin conseguirlo, habría que añadir). Eso sí, ahorrándose el uso de trajes ridículos (rasgo fundamental e indispensable para todo justiciero que se precie)

Y de ello se ha nutrido también la pequeña pantalla, siendo “Héroes” (serie que abandoné tras su cansina segunda temporada) el mejor ejemplo.

A partir de ahí, cualquier adaptación, versión, inspiración, parodia o vuelta de tuerca relacionada con el mundo de los superhéroes es bienvenida y tiene ganado, por adelantado, el interés de una parte del público. Si bien hay que decir que también estamos viviendo tal saturación de películas de misma índole, que la temática empieza a resultar ya un poco cansina, especialmente para los que no somos devotos de este tipo de producciones. Si además la mayoría acaban decepcionando al espectador o incumpliendo sus expectativas (véase la olvidable “Hancock”), está claro que el público recelará cada vez más de tan manido material.

La semana pasada llegó a nuestras carteleras “Kick-Ass”, otra vuelta de tuerca al subgénero superheróico y de la que ya pudimos opinar. Pero hoy vengo a hablaros de otra propuesta que ha pasado bastante inadvertida por las carteleras estadounidenses, y que de momento sigue sin tener distribución internacional. Su título es “Defendor”, y poco tiene envidiar a lo que hayáis podido ver hasta el momento.

Arthur Poppington es un tipo “corriente” que cree ser un superhéroe (Woody Harrelson) Con un elevado sentido de la justicia, Arthur se disfraza cada noche con un cutre disfraz de superhéroe hecho por él mismo y, adoptando la identidad de “Defendor”, deambula por las calles para hacer el bien y dar un buen escarmiento a todo delincuente que tenga la mala fortuna de cruzarse en su camino. Y digo mala fortuna porque cada vez que Arthur/Defendor entra en acción, éste se lleva una buena paliza.

Su identidad superheróica no le reportará otra cosa que problemas y visitas al hospital. Pero eso no le detendrá ni le desanimará, ya que su mayor deseo es poder capturar al Capitán Industria (Captain Industry), un genio del mal, como así lo llama él.


Es evidente que estamos ante una propuesta poco usual. Realmente no es una parodia al uso, sino que utiliza la figura del superhéroe como una excusa para relatarnos una historia diferente sobre un hombre con problemas, y que está a medio camino entre el drama y la comedia, aunque haciendo especial énfasis en lo primero.

Y es que pese a lo cómico que resulta el argumento en sí, la intención de su guionista y director, el debutante Peter Stebbings, no es precisamente hacernos reventar a carcajadas, aunque consiga a menudo una complaciente sonrisa por nuestra parte.


Sea por su extrema bondad, por su inocencia o por su encomiable capacidad de no renunciar a sus sueños (por disparatados que estos sean), está claro que Arthur resulta un personaje entrañable que se gana nuestra simpatía desde el primer momento. Y aunque parte del atractivo de la cinta recaiga en los continuos embrollos en los que se mete bajo su disfraz de superhéroe, son las escenas de su alter ego las que realmente nos hacen empatizar y emocionar con su personaje y su triste historia.

Arthur está obsesionado con capturar al Capitán Industria, villano cuya identidad desconocemos. De hecho, ni siquiera sabemos si ese nombre corresponde a una persona real del entorno de nuestro protagonista o simplemente se trata de un producto de su imaginación. La cuestión es que dicha obsesión le lleva a convertirse en Defendor, un superhéroe cuyas armas son un puñado de canicas y un pote lleno de abejas (bastante efectivas éstas últimas, todo sea dicho)

En su camino hacia su objetivo, Defendor entablará amistad con una prostituta y enemistad con un poli corrupto. Además, sus acciones le llevarán de visita la comisaria, y en última instancia, al psiquiatra. Precisamente desde ahí se nos narra gran parte de la película (todo un acierto narrativo), con Arthur manteniendo un conversación con una psiquiatra, relatándonos así su historia mediante largos flashbacks; desde sus encuentros con los diversos personajes que conforman la trama hasta hechos de su pasado que resultarán claves para comprender tanto las intenciones de su personaje como los motivos por los que el bueno de Paul Carter, su mejor amigo, se preocupa tanto por él.

Descubrir paso a paso las razones que llevan a Arthur a convertirse en Defendor (cual Don Quijote en un valiente caballero), la extraña relación de amistad –o más que eso- que entablará con Kat (una morbosa Kat Dennings), la simpatía que desprenderá en aquellos que le rodean (el jefe de policía, la psiquiatra…) y los actos heroicos y/o suicidas que le harán un tipo popular en su vecindario, son los pilares básicos en los que se apuntala el film.

Sin un alarde de efectos especiales, ni acción ni gags tronchantes, Defendor consigue ser, para un servidor, una de las mejores vueltas de tuerca a las películas de superhéroes que se han hecho hasta el momento (a la espero estoy también de echarle el guante a “Especial”).

Su originalidad, su ternura y sobre todo su sencillez, amén de un Woody Harrelson que borda su papel, hacen de ella una comedia dramática muy recomendable para los que busquen a otro tipo de héroe. Un héroe real, humano y cercano.




Valoración personal:

jueves, 3 de junio de 2010

“Kick-Ass” (2010) - Matthew Vaughn

crítica Kick-Ass 2010 Matthew Vaughn
Tras debutar con “Layer Cake”, un notable pero no muy conocido thriller protagonizado por un Daniel Craig pre-bond, y posteriormente estrellarse injustamente en taquilla con “Stardust”, una de las mejores películas de fantasía de la pasada década, el productor, director y guionista Matthew Vaughn decidió embarcarse en un proyecto distinto a sus anteriores trabajos. Para ello pensó en la adaptación de “Kick-Ass”, un cómic ultraviolento escrito por Mark Millar (Wanted) y dibujado por John Romita Jr., y cuyos derechos para su versión cinematográfica fueron vendidos antes incluso de que éste fuera publicado.

La intención de Vaughn era mantenerse lo más fiel posible a la desatada violencia de la que hacía gala el cómic, lo cual supuso todo un impedimento a la hora de conseguir financiación y apoyo de un gran estudio de Hollywood. Y es que ya se sabe que éstos están interesados básicamente en hacer producciones PG13 o para todo todos los públicos -censurando si es necesario el producto final- con el único fin de abarcar a más espectadores y, en consecuencia, amasar más millones.

Pese a este primer obstáculo, Vaughn siguió adelante y decidió autofinanciarse (con la colaboración de Plan B Entertainment, la compañía de Brad Pitt) con la esperanza de que una vez finalizado el rodaje y vistos los resultados, los estudios cambiaran de opinión. Y así ocurrió.

El director presentó la película en el Comic-Con, todo un escaparate para este tipo de producciones, y la recepción de los asistentes no pudo ser mejor, mostrándose entusiasmados/exaltados ante lo que habían visto.

Este hecho propició que los estudios, ahora sí, se interesaran en la distribución de la película. Lionsgate, Paramount y Universal, ésta última distribuidora de Wanted, adaptación basada también en una obra de Millar, “pelearon” por llevarse el gato al agua, siendo los primeros los que finalmente se hicieron con los derechos de “Kick-Ass”.

Desde entonces, la promoción del film ha sido incesante, y a base de clips, tráilers, preestrenos y críticas procedentes del otro lado del charco, el hype ha ido aumentando de forma considerable. EE.UU y otros muchos países ya tuvieron oportunidad de verla, y aunque su carrera comercial está siendo bastante discreta, gracias a su reducido presupuesto (30 millones de dólares) los números conseguidos hasta el momento la convierten en un éxito. De tratarse de un habitual blockbuster hollywoodiense, cuyas cifras se mueven entre los 100 y los 250 millones, probablemente sí estaríamos hablando de fracaso o, en todo caso, de una decepción. Pero si además tenemos en cuenta que el público al cuál va dirigida es muy concreto y que las críticas están siendo inmejorables, poca duda cabe que Vaughn ha triunfado como pocos lo hacen.

La historia de ‘Kick-Ass’ gira en torno a Dave Lizewski (Aaron Johnson), un estudiante de instituto del montón y gran aficionado a los cómics que un día toma la decisión de convertirse en un superhéroe, como los de las historietas que tan asiduamente lee.

Sin ningún tipo de superpoder ni nada que le haga especial o mejor que los demás, Dave se pone una máscara y se embute dentro de un disfraz para salir a las calles a combatir el crimen. Tras un poco de entrenamiento y unas primeras semanas de lo más tranquilas, Kick-Ass, como así se hace llamar, tiene la oportunidad de demostrar por fin sus habilidades superheroicas enfrentándose a un par de malhechores de poca monta. Desgraciadamente, su primera intervención no da los frutos deseados, y Dave acaba recibiendo una paliza que lo manda al hospital.

Tras ser intervenido varias veces, recibiendo placas de acero por casi todo su cuerpo, y realizando una posterior rehabilitación, nuestro joven protagonista decide ponerse nuevamente el disfraz de superhéroe. Gracias a una menor sensibilidad en su cuerpo, su segundo aparición obtiene mejores resultados, y pronto su nombre se convierte en todo un fenómeno seguido por internet y por los canales de televisión.

Pero Dave no es el único que anda por ahí combatiendo el crimen con un traje hortera, y pronto conocerá a Hit Girl (Chloë Moretz) y Big Daddy (Nicolas Cage), dos superhéroes (padre e hija) dispuestos a saldar una cuenta pendiente con el jefe de la mafia local, Frank D'Amico (Mark Strong) En este punto, es cuando realmente el joven tendrá que demostrar sus agallas y su valía como superhéroe enfrentándose a tipos armados hasta los dientes.

No hace falta haber leído el cómic para darse cuenta que ésta no es una película de superhéroes al uso, sino que se trata, nuevamente, de una vuelta de tuerca al género, a medio camino entre la parodia y el más sentido homenaje. Tampoco es la primera propuesta de este tipo que llega a nuestras carteleras, pues años atrás, a finales de los noventa, se estrenó Mystery Men, basada también en un cómic. Pero sí es la primera que logra hacerlo con éxito (la anteriormente citada fue un fracaso de taquilla pese a su interesante reparto)

Las bazas con las que cuenta “Kick-Ass” son su tono gamberro y descerebrado, su humor negro, sus altas dosis de violencia y su acercamiento a las nuevas tecnologías.

Analicemos todas ellas paso a paso.


El punto de partida de la historia es la de un chico normal y corriente que un buen día se calza un cutre disfraz con el que salir a la calle a hacer el bien y plantar cara a los criminales. Obviamente, semejante argumento ya es toda una declaración de intenciones.

El día a día de nuestro protagonista, entrenándose concienzudamente, ocultando su identidad a sus amigos y familiares, y prestando desinteresadamente sus servicios al bien de la comunidad (eso incluye también buscar a un gatito perdido), podría ser como la de cualquier superhéroe de viñeta que se precie si no fuera porque no tiene superpoderes ni ningún tipo de preparación física, y ni mucho menos dispone del dinero suficiente como para poseer un arsenal y un equipamiento adecuados para luchar contra el crimen. Por supuesto, estas carencias no le impiden llevar a cabo su labor con entusiasmo y dedicación, aunque su primer intento casi consiga que lo maten.

La situación en la que se encuentra Dave es la que da pie a numerosos momentos de lo más hilarantes. Ya el nombre que se autoimpone, Kick-Ass (algo así como “pateaculos”), da buena fe del tono irreverente que tiene la película.

El humor negro del que hace gala es su estandarte, consiguiendo, como ya he comentado, momentos bastante hilarantes y bizarros (aunque no tronchantes, para mi gusto). A destacar, por ejemplo, la secuencia que abre la película o el entrenamiento que recibe Mindy Macready / Hit-Girl por parte de su padre Damon Macready / Big Daddy para que ésta no tema a las armas de fuego.

La violencia es otro punto fuerte, ya que el director no tiene pudor alguno en mostrar secuencias de lo más bestias y sanguinarias, tanto con las palizas y torturas que padece Dave/Kick-Ass, como con la venganza que lleva a cabo la pequeña Hit-Girl. Por otro lado, las diferentes coreografías y escenas de acción, aunque mayormente fantasiosas y, en el caso de ésta última, impensables para una niña de 11 años (tampoco esperábamos realismo en esta cinta), están francamente elaboradas y resultan espectaculares, aunque en algún momento el escaso presupuesto le pase factura en cuestión de efectos especiales (SPOILER-- las escenas de vuelo de Kick-Ass cantan un poco, así como su atropello inicial, que parece salido de una de las películas de Mortadelo y Filemón, por lo chapucera y caricaturesca que resulta -- FIN SPOILER )

Las continuas referencias y guiños al mundo del cómic -Batman, sobre todo- harán las delicias de los comiqueros. Además la trama de la película discurre también por caminos harto conocidos por los superhéroes, como es el momento en el que nuestro héroe enmascarado se replantea su vida como defensor de la justicia (casi siempre por el riesgo que corren amigos y familiares)


De este modo, se reutilizan sabiamente los tópicos más habituales del género. Aunque hay que indicar que algunos puntos de la historia quedan un tanto forzados o incluso fuera de lugar pese al tono jocoso de la cinta. Véase, en este sentido, SPOILER-- la inmediatamente positiva reacción de Katie (Lyndsy Fonseca) al conocer la verdadera identidad de Kick-Ass (no cuela ni con cola), sus arrebatos sexuales con Dave (están de más) o su más bien improbable exnovio traficante de armas (hubiera sido mejor enlazar esa parte como la petición de otro fan y no como la de ella) o el chisme que Kick-Ass utiliza en el tramo final de la película (fantasmadas sí, pero sin excederse, y menos si el presupuesto no las cubre decentemente)—FIN SPOILER

También el hecho de recurrir a temas conocidos implica que todo resulte un tanto o bastante previsible, aunque Vaughn sabe sacarse un par de ases de la manga que dan frescura a la propuesta. SPOILER-- Uno de ellos es el momento en el que Big Daddy explica su historia a través de viñetas de cómic (todo un acierto); el otro, la parte que corresponde al rescate de Big Daddy y Kick-Ass, con una Hit-Girl atacando en modo primera persona (First Person Shooter) al igual que se hizo en la película Doom y, por tanto, un claro guiño al mundo de los videojuegos.

Esa mezcla de referencias, junto a temas tecnológicos tan a la orden del día como MySpace o Youtube, hará que el espectador actual –el adolescente, sobre todo- se sienta aún más identificado con la propuesta.

Pero realmente lo mejor de Kick-Ass no es el propio Kick-Ass, valga la redundancia, sino Hit Girl, o mejor dicho, Chloe Moretz. La pequeña actriz se desenvuelve con tanta soltura y desparpajo, que deja en pañales al resto de sus compañeros de reparto, quiénes, todo sea dicho, cumplen de sobras con su labor (y Nicolas Cage se redime un poco de muchas de sus últimas interpretaciones). Pero si además del buen hacer de Moretz tenemos en cuenta que su personaje es el más cañero de todos, queda patente que estamos ante un caso claro de “roba-escenas”. Y es que cada vez que ella aparece, la película gana enteros.

Si te chiflan los cómics en general y los superhéroes en concreto, está claro que “Kick-Ass” es tu película. En caso contrario, es probable que el revuelo montado a su alrededor te parezca exagerado o desproporcionado, y razón no te faltará. Un servidor tiene claro que no forma parte del público objetivo al que va dirigida esta propuesta, pero aunque no me haya entusiasmado en exceso (tampoco es que sea para tanto…), considero que sí se trata de un desvergonzado y ameno entretenimiento.

P.D.: Para vuelta de tuerca, me quedo con “Defendor”.



Valoración personal:

lunes, 31 de mayo de 2010

“La Horde” (2009) - Yannick Dahan & Benjamin Rocher

Crítica La Horde 2009 Yannick Dahan Benjamin Rocher
Que el terror francés está en alza, es algo que muchos ya sabemos. Pero no todo lo que viene del país vecino tiene que ser, por defecto, de calidad. Buenas y malas películas se realizan en todas partes, aunque en los últimos años hemos puesto la mirada en el cine europeo gracias a algunos títulos destacables, que en contraposición a la escasez de ideas y talento por parte de Hollywood, nos han dado unas cuantas alegrías. Y es que no estamos hablando tan sólo de Francia sino también del Reino Unido o Noruega, que nos han dejado buenas muestras del género como Eden Lake, The Children o la saga Cold Prey (Fritt vilt), y que si bien no eran propuestas del todo novedosas, al menos sí nos dejaban buen sabor de boca (aunque fuese reciclando los clichés de siempre)

Es por eso que cada vez, con más frecuencia, permanecemos al tanto de los proyectos que se cuecen a este lado del charco. Y no hay duda que La Horde, una película de zombies a la francesa, era uno de esos títulos a los que más ganas teníamos de hincarle el diente (y nunca mejor dicho)

Al norte de Paris, un grupo de policías corruptos asalta un edificio que sirve de escondite a un grupo de gánsteres con la intención de vengar la muerte de uno de los suyos. En medio del enfrentamiento entre ambos, ocurre lo impensable: una horda de criaturas sanguinarias y caníbales invaden el edificio atacando a todo el que se en su camino. Ante semejante situación, los líderes de ambos bandos deciden pactar una tregua para hacer frente a tan espantosas criaturas y poder escapar con vida de lugar.

Últimamente, el subgénero zombie está siendo tan explotado que la cantidad de subproductos se acumulan de mala manera. Hay que empezar a mirar con lupa cada una de las producciones que se realizan para encontrar algo mínimamente decente o atrayente. Ya no digamos original, porque eso puede ser una tarea bastante más complicada.

Su procedencia francesa otorgaba a La Horde un plus de hemoglobina y violencia ya percibibles en el tráiler. Y una vez vista, nos quedamos básicamente con eso como lo más destacable de ella, ya que como película de zombies no aporta absolutamente nada nuevo al subgénero.


Una de sus puntos fuertes reside en la forzada alianza que ese establece entre policías y delincuentes, idea que años atrás ya planteó John Carpenter en su “Asalto a la comisaría del distrito 13”. Aquí el esquema es más o menos similar, con ambos bandos uniendo fuerzas dentro de un edificio acechado y posteriormente infestado de zombies hambrientos de carne humana. Esa unión de conveniencia otorga algo de interés a un desarrollo de lo más convencional. Al fin y al cabo, la trama se resume en ir descendiendo pisos hasta llegar a una salida segura, mientras que por el camino se van acribillando a balazos a los no-muertos. Casi que podría servir de argumento de un Shoot 'em up.

Las constantes desavenencias entre los componentes de ambos bandos, más que en los líderes, que en realidad se entienden bastante bien pese a sus obvias diferencias, son las que acabarán perjudicando, más que beneficiando, al grupo de supervivientes. Grupo al que posteriormente se les unirá un personaje de los más estrafalario.

No se puede negar que los primeros minutos son prometedores, y de lejos, lo mejor de la película.

El asalto de los policías al edificio mantiene al espectador expectante ante lo que pueda suceder a continuación. El primer y violento encuentro entre ambos bandos se salda ya con las primeras víctimas mortales, las cuales servirán luego para pasar del suspense al puro terror. Y es que aquí, de nuevo, la muerte de una persona implica directamente su transformación en un no-muerto. Una característica clásica del subgénero que recientemente había quedado algo obsoleta ante la evolución viral del mismo. De este modo, la expansión de la plaga zombie no se limita sólo al contagio por mordedura, sino que cualquier cadáver puede “volver a la vida” con ansias de devorar a otro ser humano.

La llegada de los primeros zombies al edificio, optando por no mostrarlos a ellos en todo su esplendor sino a sus sombras, es todo un acierto, al igual que el mostrarnos el caos desatado en la ciudad a través del reflejo en los cristales de la puerta principal, de modo que al mismo tiempo podemos ver cómo los dos sujetos que custodian la entrada observan atónitos el catastrófico acontecimiento.


Desgraciadamente, pasada la primera media hora, los directores abandonan todas las sutilezas, y apuestan por la violencia más extrema y, en muchos momentos, más excesiva y absurda. También el conseguido clímax de tensión de sus minutos iniciales desaparece por completo, cambiando el suspense y el terror por la acción pura y dura.

Esto no sería considerado como algo negativo o decepcionante sí al menos mantuviera el mismo tono serio y crudo empleado en el primer tramo, pero eso tampoco ocurre, y llega un momento en que uno no sabe si se están tomando demasiado en serio su película o demasiado en broma.

Las palizas –sí, habéis leído bien- que algunos de los supervivientes propinan a los zombies están fuera de lugar por lo ridículas que resultan. A parte del mero hecho de antojárseme del todo inadecuadas, a la par que surrealistas, están rodadas con demasiado movimiento de cámara, por lo que uno acaba tan frustrado como mareado.

El desarrollo de la historia es bastante rutinario, además de plano, y sólo algunas disputas entre el grupo y la aparición del viejo chiflado (el mejor personaje del film) otorgan algo de interés a la continua sucesión de clichés y patéticas peleas entre humanos y zombies. Sí es cierto que, con alguna que otra subtrama de por medio (la que atañe a la mujer policía y al resto de sus compañeros; o el enfrentamientos entre ambos hermanos gánsteres) intenta aportar algo de frescura al argumento, pero al final todo queda diluido en una ensalada de tiros sin ton ni son (si ya saben que los zombies murren con un disparo en la cabeza, ¿por qué seguir malgastando munición cosiéndoles el pecho a balazos?) y una sangría de lo más descerebrada.

Por tanto, lo que podría haber sido, de haber seguido la línea de su comienzo, una de las mejores películas zombie de los últimos años, deviene finalmente en una película del montón. Eso sí, entretenida y muy sangrienta, con lo que la diversión está más o menos garantizada. Pero es una lástima ver cómo a sus responsables se les va la mano en más de una ocasión con las situaciones exageradas, inverosímiles y absurdas, y como desaprovechan una premisa que podía haber dado mucho más juego (la confrontación de unos personajes tan distintos, y un reparto en líneas generales correcto, pedían a gritos una realización acorde con sus posibilidades)



Valoración personal:

jueves, 27 de mayo de 2010

“Los perdedores (The Losers)" (2010) - Sylvain White

Los perdedores The Losers 2010 Sylvain White
En estos últimos años, los cómics se han convertido en el nuevo e inagotable filón de Hollywood. Los superhéroes dieron pie a esta moda, pero poco a poco se han ido adaptando cómics y novelas gráficas de toda clase.

A falta de ideas propias, los estudios hurgan en el mundo comiquero para encontrar historias que poder llevar a la gran pantalla. Poco importa ya si el cómic en cuestión es muy conocido o no; a veces, incluso, los productores se interesan por cómics que están en pleno desarrollo o que simplemente aún no han visto la luz en el mercado.

The Losers, serie comiquera escrita y dibujada por Andy Diggle y Jock, respectivamente, publicada por Vértigo e inspirada en The Losers de DC Comics, no es que sea una de las más conocidas y populares del mundillo. De hecho, cuando se anunció su adaptación eran muchos los que no conocían la obra (servidor incluido; aunque en mi caso, siendo poco ducho en el tema, era algo normal)

La trama gira en torno a un grupo especial de agentes de la CIA especializado en operaciones ilegales al margen de las autoridades. En el transcurso de una misión son traicionados por alguien de dentro y dados por muertos.

La llegada de una extraña, Aisha (Zoe Saldana), con una buena oferta supondrá su oportunidad para volver a EE.UU., vengarse del traidor que trató de eliminarlos y limpiar su nombre.


Pensada en un principio para ser dirigida por Tim Story, responsable de las dos entregas de Los 4 Fantásticos de Marvel, pasó luego a manos de Sylvain White, director que empezó con productos de videoclub (suya es la tercera entrega de la saga de terror Sé lo que hicisteis el último verano….) y continuó con “Stomp the Yard: ritmo salvaje”, musical de baile al estilo “Step Up” que resultó ser bastante rentable en taquilla (costó 13 millones de dólares y recaudó 75)

En vista del currículum poco alentador de ambos directores, es difícil saber si el cambio ha sido para mejor. Quizás el resultado final incline un poco la balanza a favor de White, pero tampoco demasiado…

El inicio es bastante prometedor. La presentación de los cinco miembros del comando es rápida y resultona (aunque no novedosa), y nos facilita básicamente la función que desempeña cada uno dentro del equipo (el genio informático es el de las gafas, por supuesto)

Lo siguiente es verlos llevar a cabo una misión y comprobar cómo son traicionados por alguien de la CIA que responde al nombre de Max.

Con la llegada del personaje de Aisha el plan de venganza se pone en marcha. Y partir de ahí, es cuando la cosa empieza a andar a trompicones.


A todo el conjunto se le ha querido dar un rollito cool que va desde la chulería de los personajes hasta la dirección videoclipera del director. Si bien no niego que ésta resulte en algunos momentos adecuada, llega un punto en que acaba siendo cargante, sobre todo cuando ya empieza a excederse con los movimientos de cámara o las escenas a cámara lenta (técnica que hay que saber cómo y cuándo utilizar, y White no es Peckinpah, precisamente)

Otro problema es que la película no acaba de encontrar el tono adecuado. Obviamente, se trata de una mezcla de acción y comedia llevada al exceso. Y ese exceso termina por hundirla.

Las escenas de acción son atractivas y están bien ejecutadas, aunque en algunos momentos la cámara se mueve demasiado. Pero lo que realmente no le beneficia nada y le resta bastante impacto a éstas es el uso ddel ordenador para las secuencias más explosivas. Más que nada porque los efectos cantan un poco, por no decir que son cutres. Si además la escena en cuestión es una fantasmada (la de la moto y el avión), la credibilidad se cae por los suelos. Aunque a decir verdad, ésta ya era escasa antes de llegar a ese punto.

Los golpes de humor funcionan a ratos, cruzando continuamente la línea que separa lo divertido o simpático (cuando Jensen se infiltra en busca de la computadora central) de lo patético (la pelea entre Clay y Aisha en la habitación del motel o todas las apariciones del ya de por sí patético villano). Claro que esto dependerá un poco del sentido del humor que tenga cada uno (y de si Chris Evans te cae bien o no)

Por lo pronto, y como acabo de comentar, el villano de turno es risible. Jason Patric es un actor bastante limitado, pero no toda la culpa es suya. Su rol es demasiado caricaturesco, pareciendo más un malhechor sacado de alguna película de James Bond (de las de Roger Moore, para ser más específicos). Su relación con Wade, su mano derecha, es de chiste. La megalomanía del personaje es esperpéntica y algunas de sus acciones, que pretenden demostrar lo malvado que es, acaban resultando un tanto penosas (el asesinato en playa)

De su pérfido plan mejor no comentar nada (¿¡un desmaterializador sónico!?)


En el bando de los buenos la cosa mejora bastante, gracias sobre todo a su solvente reparto. Todos se desenvuelven más o menos con soltura en sus respectivos -y unidimensionales- personajes, aunque la película otorgue menos protagonismo a algunos de ellos. Columbus Short y Óscar Jaenada, por ejemplo, quedan en un segundo plano respecto a Jeffrey Dean Morgan (líder del grupo y principal protagonista), Idris Elba (secundario de peso), Zoe Saldana (co-protagonista y chica del prota) y Chris Evans (el gracioso del grupo). El español, además, no debe contar ni con 10 líneas de diálogo en toda la película (a veces no son más que palabras sueltas), con lo que probablemente su tercer trabajo como secundario en una producción americana pasará más bien desapercibido.

Ya a nivel personal (entiéndase esto como muy subjetivo), he de reconocer que con Zoe Saldana me ocurre exactamente lo mismo que con Mila Kunis: con esa apariencia tan frágil no termino de creérmelas como action-girls/femme fatale, por mucha cara de mala ostia que pongan o por mucha arma que empuñen (a Saldana le ponen hasta un bazooka; eso sí, para que no se rompa un brazo el chisme dispara sin retroceso)

Un gran problema con el que se enfrenta ésta y otras adaptaciones de cómics o novelas serializadas, es que la primera película quede inconclusa para dar pie a la secuela. Así que como ya ocurría con “Jumper” (o Push, o La brújula dorada, o tantas otras), uno tiene la sensación de estar más bien ante un episodio piloto de una serie y no ante una película con su comienzo, nudo y desenlace. En este caso, además, quedan abiertas un par de subtramas: SPOILER la que atañe a la captura del villano y la cuenta pendiente surgida entre Aisha y Clay FIN SPOILER. Y éstas no se resolverán hasta que llegue la continuación, la cual, por cierto, corre el peligro de no llegar nunca dada la hostia que se ha pegado esta primera en taquilla (puede que la recaudación internacional cubra costes, pero ni de lejos habrá rentabilidad)

Lo mejor que se puede decir de The Losers es que resulta entretenida, pero en este caso no basta, ya que el cúmulo de chorradas estropea bastante su visionado.
El villano es lastimoso, la trama simplona y banal, y los personajes no tienen el carisma suficiente como para que el atractivo reparto pueda hacer algo más que cumplir con su papel.

Para “degustarla” en casa puede no ser una mala opción, dependiendo de lo que cada uno esté dispuesto a exigirle, pero no merece la pena la entrada del cine.

Esperemos que las próximas películas de “mercenarios”, “El Equipo A” y “The Expendables”, sean un entretenimiento mucho más disfrutable. A diferencia de “Los perdedores”, éstas dos cuentan con el factor nostalgia a su favor. O en contra, según se mire (un arma de doble fila la nostalgia, pues puede dar pie a una decepción aún mayor)



Valoración personal:

jueves, 20 de mayo de 2010

“Prince of Persia: Las arenas del tiempo” (2010) - Mike Newell

crítica Prince of Persia Las arenas del tiempo 2010 Mike Newell
De entre toda la materia prima que Hollywood utiliza para hacer películas de entretenimiento, los videojuegos son, sin lugar a dudas, los que han salido peor parados.

La tendencia de adaptar juegos de consola a la gran pantalla empezó con Super Mario Bros. (1993), uno de los mayores esperpentos de los 90. Un buen apartado técnico y un reparto prometedor no fueron suficientes para hacer digerible una película que, ya por sí, se parecía poco al videojuego que pretendía adaptar. Aunque admitámoslo: el argumento del juego tampoco se prestaba a una traslación literal en carne y hueso, y de hacerlo, probablemente el resultado hubiera sido aún más delirante de lo que ya fue.

Pese a las terribles críticas, el empeño por seguir llevando videojuegos a la gran pantalla no cesó, y se pensó que quizás los juegos de lucha, necesitados de menos guión, serían producciones más factibles. Craso error.

A mediados de la década, y con poco margen de tiempo de diferencia entre sí, se estrenaron Doble Dragon, Street Fighter: La película y Mortal Kombat. La primera fue un estrepitoso fracaso, y aunque las otras dos no merecían correr mejor suerte, lo cierto es que sí tuvieron mejor acogida; especialmente la última, que fue todo un éxito gracias, sobre todo, a su mayor fidelidad para con el juego. Eso permitió, además, rodar una secuela dos años más tarde y hasta una serie de televisión.

En 1999 llegó Wing Commander, dirigida por el propio creador y director de los juegos, lo cual, en un principio, garantizaba al menos fidelidad con los mismos. Desgraciadamente, y pese a contar con un reparto formado por rostros veteranos (John Rhys-Davies, Malcom McDowell) y jóvenes en proyección (Freddy Prince Jr. y Matthew Lillard, procedentes de dos sagas de terror juvenil con bastante tirón por aquella época), la película no pudo rivalizar con el Episodio 1 de George Lucas, que se estrenó por esas mismas fechas. La película, aunque medianamente entretenida, pasó completamente desapercibida y hoy día son pocos los que se acuerdan de ella.

Otro fallido intento en el campo de la ci-fi fue Final Fantasy, que optó con una, por aquél entonces, revolucionaria técnica de animación para atraer al público. El resultado: 137 millones de presupuesto y tan sólo 85 de recaudación.

La muerte de los videojuegos en el cine parecía estar cerca, pero entonces llegó Lara Croft, la heroína más sexy de las consolas, y lo cambió todo. Dos películas de Tomb Raider, a cuál peor, y dos éxitos taquilleros, beneficiados sobremanera por la presencia de Angelina Jolie.

Paul W.S. Anderson lo intentó de nuevo con Resident Evil (2002), película por lo menos entretenida y a la que le siguieron dos nefastas secuelas estrenadas en cine, otra de animación CGI directa DVD (y algo más decente que sus dos predecesoras) y una última action live pendiente de estreno con Anderson de nuevo a los mandos.

Luego llegaron Doom (otro fracaso) y Uwe Boll, uno de los mayores enemigos de las adaptaciones de videojuego. Si ya de por sí el nivel de éstas era bajo, el alemán aún lo hundió más en la miseria rodando despropósito tras despropósito.

Con Silent Hill (2006) la cosa parecía que iba por buen camino, y aunque la película no terminó de convencerme, sí gustó y mucho a gran parte de los fans del videojuego, e incluso la crítica especializada tuvo elogios para ella. Lo mejor: una tétrica atmósfera, algún que otro momento de lograda tensión y un fantástico diseño de producción (lástima que el resto, a mi gusto, no acompañara)

Pero recientemente se han estrenado Max Payne, Hitman, D.O.A. y Street Fighter: La leyenda, y hemos vuelto a lo de siempre: películas de entretenimiento infumables o, en el mejor de los casos, totalmente olvidables.

Ahora le toca el turno a “Prince of Persia: Las arenas del tiempo”, película que tendrá que demostrarle al público si aún es posible rodar algo bueno –o decente- basado en un videojuego, o si por el contrario, sigue siendo un imposible.

Ambientada en la Persia medieval, la película nos narra la historia de Dastan, un joven príncipe que unirá sus fuerzas con Tamina, una princesa rival, para detener a Nizam, un traidor del reino de Persia cuyo propósito es ocupar a toda costa el trono del rey Sharaman.

Dastan fue adoptado por el rey cuando éste era pequeño, y desde entonces ha sido criado como si fuera un príncipe legítimo. Pero el destino está empeñado en jugarle un mala pasada.


La traición de un miembro de la familia real obligará a Dastan a enfrentarse a sus seres queridos y a vivir un sinfín de aventuras con tal de demostrar su lealtad al rey y a sus hermanos. En este peligroso viaje lleno de obstáculos le acompañará, a regañadientes, la hermosa princesa Tamina, que huyendo también de su tierra natal, ayudará a Dastan a cumplir su objetivo en busca, no obstante, de su propio beneficio.



Vaya por delante que, al igual que me ocurre con el 99% de estas adaptaciones, nunca he jugado al juego en el que se basa la susodicha película. De ahí que poco pueda comentar sobre su fidelidad o los posibles guiños que se hagan a la franquicia consolera. No obstante, sí me he tomado la molestia de informarme un poco del tema, y puedo constatar que una de las principales características del personaje, como son sus ágiles y acrobáticos movimientos, se mantienen en la película. Y no sólo eso sino que se le saca el máximo rendimiento.

A medio camino entre un acróbata de circo y un experto en parkour, Dastan se mueve por la pantalla con una agilidad y habilidad increíble, con saltos imposibles y piruetas de lo más vistosas. Por supuesto, esto supone un importante aliciente para hacer las escenas de acción mucho más espectaculares, como bien se puede observar en el primer asalto a la ciudad de la Princesa Tamina o la posterior persecución cuando Dastan huye de ella.

En relación a esto, el punto fuerte son también las atractivas coreografías, aunque a veces el movimiento de cámara no deje apreciarlas en toda su plenitud. Las peleas están muy logradas, aprovechando los elementos al alcance de los personajes y la destreza tanto del propio Dastan como de los Hassassins, una oscura secta de asesinos que irán detrás de nuestro protagonista para arrebatarle un poderoso objeto, una daga que otorga el poder de viajar en el tiempo, y que hasta el momento había estado a buen recaudo en el palacio de Tamina.

Precisamente, esta daga es la que desencadena toda esta aventura; unos para arrebatársela a Dastan y a Tamina para sus pérfidos propósitos, y éstos últimos para devolverla al lugar donde pertenece y de paso arruinar los planes de su infame enemigo, el visir Nizam (que aunque intenten jugar la despiste, ya sabíamos de antemano que sería el villano de la función)

El guión, escrito a tres manos entre Boaz Yakin (Fresh, Dirty Dancing 2), Doug Miro y Carlo Bernard, estos dos últimos guionistas también de la inminente “El aprendiz de brujo” (nuevamente bajo el sello de la Disney), es bastante justito, y está enfocado única y exclusivamente al puro espectáculo, sin pararse a pensar demasiado en los personajes o en si algunas de las cosas que se suceden quedan bien explicadas.

Por otro lado, Mike Newell, poco ducho en esto de dirigir superproducciones de tales magnitudes, confunde ritmo con velocidad, y todo se muestra en pantalla de una forma un tanto precipitada. De todos modos, consigue controlar todo el despliegue de medios sin que se le vaya de las manos.

Para empezar, tenemos un mini resumen de los orígenes de Dastan. Basta decir que la adopción “así por las buenas “de éste por parte del Rey Sharaman tiene una justificación un poco endeble (la nobleza y valentía del huérfano impresionan al monarca… ¡pues adoptémosle!), al igual que la facilidad con la que algunos personajes se alían a nuestros héroes protagonistas con inusitado altruismo o SPOILER --- lo extraño que resulta que, al final, para compensar el error cometido al asaltar la ciudad, el príncipe Tus ofrezca a su hermano Dastan en matrimonio a la princesa Tamina. Exactamente, ¿qué clase de disculpa y/o compensación es esa? --- FIN SPOILER

La historia parece ofrecer ciertas diferencias respecto al videojuego homónimo, aunque gran parte de la trama creo que se mantiene, y sólo algunos detalles son alterados (la orígenes y nombres de algunos personajes y otros aspectos relacionados con objetos poderosos o monstruosas criaturas de las que aquí se prescinde)

De todas formas, el visir sigue deseando el trono, y Dastan y Tamina (en el juego, farah) siguen enamorándose aunque al principio no confíen demasiado el uno en el otro.


En relación a esto último, cabe decir que la relación de desconfianza, continuas traiciones y puyas de la pareja resulta simpática y da juego constantemente. De hecho, el humor es un punto clave de la película, ya que esto se presenta como un film de aventuras distendido y campechano, donde prima la acción y el divertimento más liviano y simplón. No por ello va a ser mala por defecto, pero sí es cierto que con un poco más de calma y unos personajes con más enjundia se podría haber logrado algo mejor, al estilo de “La Momia” o “Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra”, películas que con un tono y una fantasía similares, superan ampliamente a esta propuesta. Y teniendo en cuenta que con el Príncipe de Persia se busca una nueva franquicia relevo a la de los piratas caribeños, más les vale que la próxima vez los guionistas se esfuercen un poquito más. Tanto como el resto del equipo lo ha hecho en cuestión de ambientación, vestuario y decorados, que todo hay que decirlo, está muy conseguido.

Los efectos especiales son convincentes la mayor parte del tiempo. Quizá haya alguna escena más cantosa (el flashback con el tigre), y todos sabemos que elementos como el fuego, el agua o en este caso la arena son siempre difíciles de plasmar con absoluto realismo en pantalla, pero en términos generales, podemos hablar de un resultado satisfactorio.

Pero lo más destacable es, sin lugar a dudas, el gran trabajo de Harry Gregson-Williams a cargo de la banda sonora, adecuada ésta al lugar en el que transcurre la cinta, como sonidos muy orientales, imagino que a base de instrumentos como el laúd o el rabel (o parecidos), sin abandonar ese tono épico que caracteriza a este tipo de partituras (destaca, en especial, una poderosa percusión). En algunos momentos puede llegar a recordar a la también magnífica composición que realizó el maestro Jerry Goldsmith para la citada Momia de Stephen Sommers.
La guinda la pone Alanis Morissette con “I Remain”, tema que podemos escuchar en los créditos finales.

En cuanto al reparto, decir que todos cumplen con el trámite. La actuación más destacable probablemente sea la de Alfred Molina, gracias a su simpático personaje y a su buen hacer como habitual secundario de lujo.

Jake Gyllenhaal aprueba en este primer trabajo de peso como héroe de acción. Es evidente que le faltan algunas tablas -y un poco carisma- en este campo, pero pese a todo se desenvuelve bastante bien, y se nota que físicamente se ha preparado a conciencia para encarnar a Dastan.

Una bellísima Gemma Arterton hace lo propio con su personaje, haciendo creíble a una princesa tan hermosa como astuta.

Ben Kingsley, que ya tiene experiencia haciendo de villano, lleva a cabo su rol sin esfuerzos, aunque da la sensación que se le podría haber sacado más partido, al igual que al líder de los Hassassins, interpretado por el islandés Gísli Örn Garðarsson (con cierto parecido aquí al actor Richard Lynch, un clásico villano de los 70 y 80)

Y finalmente tenemos a un correctísimo Toby Kebbell como el Príncipe Garsiv, hermano de Dastan y jefe del ejército persa.

“Prince of Persia: Las arenas del tiempo” es la típica producción de Jerry Bruckheimer, con poca chicha pero aún así espectacular y entretenida. Una película de aventuras fácilmente digerible, con sus dosis justas de atractivos efectos especiales, trepidante acción, humor y romance.

No causa vergüenza ajena, que ya es mucho viniendo de un videojuego, pero tampoco te deja plenamente satisfecho.



Valoración personal: