Quizás no hayáis oído hablar nunca de la tendencia o fenómeno del número 11:11, pero algunas personas creen verdaderamente en ello. Existen webs y artículos en Internet, e incluso libros, que hablan sobre este tema.Según se cuenta, el citado número se le aparece a algunas personas (muchas; miles, millones, al parecer) con una frecuencia inusitada. Por la mañana al mirar el despertador, en la matrícula de un coche mientras van por calle… Este hecho insólito está relacionado, según quienes teorizan al respecto, con un grupo de 1.111 Espíritus Guardianes o Ángeles que utilizan este conjunto de cifras (entre otras como 12:12, 10:10, 12:34, 5:55… hay para todos los gustos) para, de algún modo, hacer notar su presencia. Estos Espíritus Guardianes, invisibles a nuestros ojos (faltaría más), utilizan estas señales o marcas para llamar nuestra atención y comunicarse con nosotros, dejándonos, en ocasiones, mensajes relacionados con una nueva era de “Elevación Espiritual” o, según los profetas más catastrofistas, la llegada del fin del mundo (otra vez).
¿Y cuando ocurriría tal desastre? Pues exactamente el 11 de Noviembre de 2011 (11-11-11, es decir, hoy, a fecha de publicación de esta crítica). Y bien podría ser el culpable de ello una “puerta” que permita que algo procedente de otro mundo entre en el nuestro, o bien un meteorito de esos que pululan por el espacio y que de vez en cuando pasan por nuestro lado. Pero tranquilos, que ya podemos descartar al cometa Elenin y al asteroide 2005 YU55, pues al parecer éstos no estaban destinados a mandar al garete nuestro querido planeta (por mucho que algunos insistiesen en ello).
En base a este revoltijo de numerología y creencias religiosas, Darren Lynn Bousman se ha montado su propia película –y nunca mejor dicho- y le ha calzado por título la tan temida fecha: 11-11-11.
Después de la trágica muerte de su esposa y su hijo, el famoso escritor estadounidense Joseph Crone (Timothy Gibbs) viaja desde los Estados Unidos a Barcelona, España, para reunirse con su hermano Samuel (Michael Landes) y su enfermo padre (ambos, hombres de fe), que se encuentra en estado crítico. Pero el destino tiene un plan muy concreto para Joseph, y el modo de advertirle es sucediéndose avistamientos constantes del número 11.
Pronto, la curiosidad se convierte en obsesión, y Joseph indagará hasta descubrir que este número podría tener un significado terrible…
Esta es la primera vez que Bousman lleva a cabo una película de terror de carácter sobrenatural tras ser responsable de los macabros y enfermizos juegos de Jigsaw en tres entregas de la longeva saga Saw, dirigir el curioso –aunque irregular- musical gótico “Repo! The Genetic Opera” (inédito aún en nuestro país) o la muy estimable –y también inédita- “Mother's Day” (remake de un filme de la infame factoría Troma).
Aquí nos presenta a un personaje, Joseph Crone, que tras la dolorosa pérdida de sus esposa e hijo pierde toda la fe en Dios. Este trágico suceso no sólo afecta a su vida personal sino también a la profesional, medio abandonando su carrera de afamado escritor para centrarse en escribir un diario personal en el que plasma pensamientos y sentimientos.

Su afligida existencia y su tediosa rutina se ven interrumpidas por la llamada de su hermano, quién le comunica el estado grave de su padre. Joseph lleva años alejado y desconectado de su familia, y viejos rencores se siguen palpando en el ambiente a su regreso a Barcelona (ciudad a la que se mudaron sus padres cuando él era pequeño)
Sin embargo, eso no es lo que hará incómoda la estancia de Joseph sino una serie de extraños fenómenos que tienen lugar en la casa y que están misteriosamente relacionados con el número 11/11. Es cuestión de días que Joseph averigüe lo que está ocurriendo y se dé cuenta de que 11/11/11 es algo más que una fecha, es una advertencia.
El director -y además guionista- apuesta por el socorrido enfrentamiento entre el Bien y el Mal en su forma más pura y personificada (Dios y Satán) y el habitual debate entre ateos versus creyentes. Todo esto, por supuesto, adornado con apariciones de aterradores espectros que están al acecho de los protagonistas y con individuos que se comportan de forma misteriosa y que parecen saber más de lo que cuentan.
No se puede negar que Bousman consigue crear una atmósfera ciertamente inquietante alrededor de sus personajes. En parte gracias a la presencia constante de la dichosa cifra, que nos mantiene intrigados durante buena parte del metraje (aunque las dudas sean mucho sugerentes que la propia respuesta al enigma), y en parte a los típicos clichés de siempre.
Las citadas apariciones espectrales resultan efectivas (al estilo “Insidious”) y pueden causar algún que otro buen susto en el espectador, si bien Bousman termina pecando de reiterativo, abusando del recurso en repetidas ocasiones y consiguiendo que al final nos deje un poco indiferentes tanto efectismo barato (¿los espíritus vienen acompañados siempre de tanta niebla?). Y es que un sustito a golpe de Dolby Surround puede colar una vez e incluso dos, pero más no, y es entonces cuando se corre el riesgo de agotar la paciencia del espectador mucho antes de que lleguen los créditos finales. Por no hablar de las súbitas apariciones del –supuestamente convaleciente- padre de Joseph, que uno no sabe si tomárselas en serio o en broma (se ve que al señor le gusta deambular por la casa y pegarle unos buenos sustos a su hijo mientras le suelta alguna “revelación encriptada”)

De todos modos, la mayor parte del tiempo la cinta se aguanta bastante bien, o al menos no aburre en demasía pese a que tampoco tenga mucho que contar y le sobren personajes que poco o nada tienen que aportar a la trama. Desgraciadamente, todo el interés que uno pueda ir acumulando con el paso de los minutos no termina de verse compensado luego en el desenlace, bien porque el clímax final no tiene la intensidad que se le requería, bien porque se huele el “giro” con demasiada antelación o simplemente porque la resolución del misterio en sí resulta bastante ramplona (por no decir cutre).
Así que más allá de algún que otro sobresalto y alguna escena escalofriante, la película resulta más bien olvidable. Para los que conocemos la ciudad condal supone un plus el que se haya rodado en Barcelona, pero esa ligera sensación de cercanía dura, más o menos, lo que tarda el protagonista en ir del aeropuerto a la casa familiar.
P.D.: El filme de Bousman debería haber sido uno de los estrenos de la cartelera de esta semana (¿qué mejor fecha que ésta, no?), pero al parecer aquí en España sigue pendiente de distribución, como ocurre con otras tantas películas. Cuando decidan estrenarla, si es que lo hacen, presumo que ya estará un poco “anticuada”.
Tweet

















