Dice el dicho que “a la tercera va la vencida”, pero esto no siempre es así. “Punisher: War Zone” es el tercer intento de llevar con éxito al cine las aventuras de El Castigador, personaje de la Marvel creado en 1974 por el guionista Gerry Conway y los artistas John Romita Sr. y Ross Andru (palabra de Wikipedia)La primeriza adaptación de Punisher data del 89, y fue encarnado por un Dolph Lundgren teñido de moreno (como curiosidad, decir que su participación en esta película le impidió encarnar al Capitán America -otro personaje Marvel- en la adaptación que produjo la inefable Cannon). La falta de medios y de un buen director dieron como resultado una cinta de acción bastante casposa, en la que ni tan siquiera el Castigador lucía su famosa calavera en el pecho (se rumoreó que por temas de censura)
Tuvieron que pasar 15 años hasta que no se volviera a probar suerte con el personaje. El nuevo Frank Castle/Punisher ahora tenía el rostro de Thomas Jane y a un desatado John Travolta como el villano de la función. El descafeinado resultado provocó la ira de los fans, que la defenestraron sin compasión. Aunque tenía algunos aciertos (escenas de acción a la antigua usanza), en líneas generales era una cinta bastante light, excesivamente cómica (los patéticos vecinos y el momento helado de fresa, aunque perteneciesen a alguno de los cómics, directamente sobraban) y tenía un Castigador demasiado nenaza.
Con esta tercera versión que ahora nos ocupa, se han intentado reparar algunos de los errores de sus predecesoras, pero parece que al personaje aún se le sigue resistiendo el éxito. Sin ir más lejos, en España la película ha ido directa a DVD y en EE.UU no ha gozado de muy buenas críticas.
¿Pero realmente la película es tan mala o simplemente el personaje no tiene tirón entre público? ¿O acaso son ambas cosas?
Frank Castle (Ray Stevenson), ex agente del FBI, sigue su cruzada contra los criminales de América. Lleva 4 años actuando al margen de la ley, limpiando las calles de malhechores con sus métodos expeditivos y su falta de escrúpulos. Sin embargo, su última intervención le ha costado la vida a un respetable agente del FBI, y eso hace que se replantee su modo de vida. Además, el mafioso Billy Russoti (Dominic West) buscará vengarse de él después de que le haya desfigurado el rostro.
Esta nueva película de El Castigador funciona como reboot respecto a la versión del 2004, de igual modo que “El Increible Hulk” de Louis Leterrier lo fue del Hulk de Ang Lee.
La película se salta los orígenes del personaje y los introduce a modo de flashbacks en algún que otro momento de la película. De esta manera, guionista y directora se ahorran dedicar demasiado tiempo a los preámbulos de todo personaje de cómic, pudiendo así ir directos al grano, es decir, directos a la acción pura y dura.
Los orígenes mostrados aquí, por cierto, difieren de los de las anteriores versiones (todas distintas en ese aspecto), algo que ignoro si ya ocurre en los cómics, puesto que no los he leído.
Pese a mi desconocimiento del material original, me puedo hacer una ligera idea de lo que el personaje es y representa, y en sentido, creo no equivocarme si digo que este Frank Castle es más Punisher que ninguno de los anteriores. Frío, impasible, desconfiado y atormentado, aunque sin perder del todo su lado más humano.

Este Catigador se cepilla a los villanos como ninguno. No tiene compasión alguna por los criminales. El dolor por el asesinato de su familia le ha convertido en un vengador sin escrúpulos, en un exterminador del crimen. Pero eso, quizás, también le ha transformado en algo similar a lo que pretende erradicar. Y es que actuar al margen de la ley trae sus consecuencias y sus daños colaterales.
Uno de los aspectos más remarcables de esta versión es, sin duda alguna, la acción. Bastante bruta en ocasiones, pero sobre todo cruda e hiperviolenta, algo que el personaje pedía a gritos en su predecesora.
Lexi Alexander, la directora (¿la nueva Kathryn Bigelow? Ya veremos…), maneja bastante bien la cámara y las secuencias de acción están bien rodadas, aunque ninguna tiene una espectacularidad demasiado llamativa (y las explosiones digitalizadas pegan mucho el cantazo). Desgraciadamente, en algunas ocasiones se le va la mano y se pasa de bruta. Hay secuencias que rozan la hilaridad y desvirtúan bastante la seriedad del producto. Escenas como la de Castle reajustándose la nariz con un lápiz, haciendo volar en pedazos a un “saltimbanqui” (escena además, cutre con avaricia) o el momento en que éste aplasta una cabeza de un solo puñetazo, como si de una calabaza se tratara, se me antojan demasiado ridículas y gratuitas.
Se agradece la cruda y a veces desagradable violencia de la que hace gala la película, pero hay que saber encontrar la medida exacta y el tono adecuado para que el resultado no caiga en la zafiedad más barata.
En cuanto al humor, este aparece en cuentagotas pero está bien resuelto, algo que no puede decirse de la versión de 2004.
Los fríos y sombríos escenarios, junto a una adecuada fotografía, le dan un aspecto oscuro y decante al film, por lo que el atormentado personaje se mueve en él como pez en el agua.
La trama en sí es de lo más simple, plana y rematadamente previsible, aunque se guarda algún que otro as en la manga. Y el reparto más o menos cumple con lo que el producto exige.
Ray Stevenson encarna al Castigador con sobriedad y más bien poca gesticulación. Si bien pese a esa conveniente inexpresividad, en los momentos más, llamémosles dramáticos, consigue no desentonar, algo bastante meritorio por su parte (aunque para mí, sigue sin tener planta de actor principal; lo veo más como eficiente secundario). Tanto la escritura de su personaje como su actuación, probablemente sean los más cercanos al espíritu del justiciero solitario que promulga el cómic.

Dominc West parece sentirse a gusto como el villano de turno Billy Russoti alias “Jigsaw”, aunque su interpretación, su origen y algunas de sus escenas puedan recordar al Joker de Jack Nicholson (Batman, 1989).
Su hermano en la ficción, Doug Hutchison, encaja perfectamente en el papel del chiflado Loony Bin Jim, pero en ocasiones termina sobreactuando de mala manera.
Dash Mihok como Soap y Wayne Knight como “Microchip” están más que aceptables y consiguen ganarse nuestra simpatía des de su primera aparición.
En cuanto a Julie Bell, repite las mismas caras ya vistas en “John Rambo”. Ni mejor ni peor que en la cinta de Stallone.
Punisher: War Zone es la más salvaje, sangrienta y desvergonzada de las tres versiones cinematográficas hechas hasta el momento sobre dicho personaje. Para muchos es también la más fiel al cómic, aunque eso yo ya no puedo juzgarlo.
Aunque no logra desquitarse de ese halo a serie B que rezuma toda la producción, se las apaña lo suficientemente bien como para entretener al espectador en los poco más de 100 minutos de dura. Funciona mejor como cinta de acción que como thriller, y probablemente se olvide tan fácilmente como se devora.
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