miércoles, 7 de octubre de 2009

"Night Train" (2009) – Brian King


Cada vez tengo más claro que, cuanto menos sepa uno sobre la película que se dispone a ver, mejor. Con haber leído la sinopsis, tener claro el género que trata y, como mucho, haber visto un tráiler para saber si puede resultar interesante o no (siempre que no sea de esos destripantes), hay más que suficiente, o al menos es una ventaja para no crearse expectativas de ningún tipo.
Obviamente, eso no implica que, bajo este modus operandi, todo cuanto veamos sea de nuestro agrado, pero puede que sí estemos más predispuestos a dejarnos llevar por la historia que se nos quiera contar.

Night Train es una de esas películas hechas para salir editadas directamente a DVD. Con este tipo de producciones suele haber cierta desconfianza, si bien de vez en cuando uno descubre cintas bastante interesantes que acaban dejando un mejor sabor de boca que las superproducciones hollywodienses que abarrotan nuestras carteleras.

La historia de aquí se nos relata acontece en Nochebuena, en un tren nocturno con muy pocos pasajeros. En una de sus paradas, un misterioso personaje sube a bordo del tren sin apenas mediar palabra, y toma asiento en el último vagón de todos, ocupado tan sólo por otras dos personas; Peter Dobbs (Steve Zahn), un hombre de negocios, y Chloe White (Leelee Sobieski), una joven estudiante de medicina.

Al cabo de un rato, cuando el revisor (Danny Glover) se decide a cobrar el billete al extraño viajero, éste resulta que ha muerto debido a la ingesta de unas potentes pastillas. El procedimiento habitual en estos casos, es hacer una llamada informando del suceso, para que en la próxima estación se encarguen del cadáver. Sin embargo, la curiosidad puede con los pasajeros, y éstos deciden abrir un paquete que el hombre agarraba con fuerza momentos antes de su muerte. Para su sorpresa, el paquete contiene una caja con valiosísimas piedras preciosas, de modo que los tres, pasajeros y revisor, toman la decisión de deshacerse del cuerpo sin que nadie los vea, y repartirse así la fortuna del desconocido.

Pero pronto esta codiciosa decisión desencadenará una serie de fatales consecuencias, no sólo para los implicados, sino también para el resto de pasajeros del tren. El preciado tesoro será motivo de engaños, traiciones y obsesiones, que harán tambalear los cimientos de la moral humana.



Como ya sabréis, las películas que se desarrollan en un único espacio, ya sea cerrado o no, suelen tener para mí, un especial atractivo. En este caso, toda la trama se desarrolla a bordo de un tren nocturno, el cual va casi vacío, y son unos pocos personajes los que centran nuestra atención.

Al principio, conocemos un poco a estos personajes, lo suficiente como para intuir más o menos que papel desempeñará cada uno en esta historia. Luego de la inesperada muerte del extraño pasajero, es cuando el viaje empieza a ponerse interesante, observando el plan que trazan los tres para poder deshacerse el cadáver sin ser vistos, y así poder quedarse con la valiosa caja.

Pero como suele ocurrir en estos casos, el plan falla y los imprevistos no tardan en sucederse. A medida que el tren avanza, la situación se va complicando cada vez más, hasta terminar descontrolándose de mala manera. Y con la aparición de otro desconocido pasajero, se revelan unos datos que hacen el viaje mucho más espeluznante.

A partir de ese momento, la película coge un tono más tenebroso, pasando del simple thriller, al thriller sobrenatural. No es que estemos hablando de un brusco giro de guión a mitad de metraje, ya que la película va dejando entrever sus intenciones a medida que va avanzando, pero sí es cierto que cuando tenemos un poco más de información acerca de la caja, la historia adquiere otro matiz muy distinto.


Brian King, que anteriormente había sido guionista de esa joyita de la ci-fi reciente titulada Cypher, debuta en la dirección con esta historia escrita también por él mismo y que bien podría haber surgido de la mente de un Richard Matheson, por ejemplo. De hecho, Night Train podría pasar por un capítulo largo de Dimensión Desconocida (The Twilight Zone) o Historias de la cripta (Tales from the Crypt), ya que su planteamiento fantástico evoca directamente a los relatos de esas series. Puede también que funcionase mejor como episodio corto que como largometraje, pero la ajustada duración del film evita que tengamos esa sensación de estiramiento que a veces se da con algunas películas que adaptan relatos cortos. Y es que King guarda algún que otro as en la manga para que reforzar su cuento, aunque no se puede negar que quizás descarrile un poco hacia el tramo final; y no porque la historia pierda interés, ni mucho menos, pero si se torna algo más efectista, y entran en juego demasiados personajes… más de los que la historia necesita.

De todas formas, el punto fuerte de la película radica en las acciones y reacciones de los protagonistas entorno a la dichosa cajita. Eso, unido a unas competentes actuaciones y un ritmo in crescendo, hacen de Night Train un meritorio entretenimiento, quedando claro que un limitado presupuesto no es impedimento para que una buena idea llegue a buen puerto (¿o a debería decir estación? xD)

Tampoco la historia necesita de muchos medios. El propio entorno (un viejo tren, en una oscura, fría y nevada noche… qué mejor ambientación que ésta) y una acertada y poco ambiciosa dirección, hacen que sea un producto bastante digno.

De paso, nos reencontramos con un veterano como Danny Glover, al que siempre es un placer ver en pantalla, y redescubrimos a Steve Zahn, un actor que ya me demostró en Rescue Dawn que es más que un secundario graciosete. A ambos les acompaña Leelee Sobieski, aquella joven promesa que finalmente se quedó en eso, en promesa y poco más (la verdad es que a mí nunca me gustó demasiado, y aquí tampoco es que brille demasiado en su rol de femme fatale). Zahn y Sobieski, por cierto, ya habían compartido cartel en otro thriller de terror, “Nunca juegues con extraños”.

En definitiva, Night Train me ha supuesto una grata sorpresa. No es ninguna maravilla, pero hace honor a la expresión de “menos es más”, y King se las apaña bastante bien para entretenernos durante poco más de 80 minutos, gracias un guión muy curioso e inquietante.




Valoración personal:

sábado, 3 de octubre de 2009

"Arrástrame al infierno" (2009) – Sam Raimi


Más vale tarde que nunca, o eso dice la dicha. Y es que aunque me hubiera gustado reseñar esta película en su momento de estreno, no ha podido ser hasta ahora cuando realmente puedo dejar constancia de mis impresiones acerca del esperado retorno de Sam Raimi al género del terror (del terror gamberro, para ser más exactos)

Y es que han sido muchos –demasiados- los años dedicados a la saga del trepamuros, y ya tocaba volver a los humildes orígenes.

La historia de “Drag Me To Hell” empieza con Christine Brown (Alison Lohman), una joven y buena chica de pueblo que trabaja en un banco y que tiene por novio a un comprensivo y afable profesor de Universidad. La vida de Christine es de lo más corriente, y lo más excitante que le podría ocurrir es que la ascendieran en el trabajo, algo por lo que ella está trabajando duramente. Pero ese puesto se lo disputa también uno de sus nuevos compañeros, así que deberá empezar a tomar ciertas decisiones que le convengan más a ella que a sus clientes.

Desgraciadamente, el momento en el que decide dejar a un lado su bondad para pensar un poco más en sí misma y en su futuro, resulta ser el más inoportuno y con la persona más equivocada. Y es que tras negarle, aún con súplicas, un retraso en el pago de la mensualidad de la hipoteca a la anciana Sylvia Ganush, ésta, ofendida y desdichada, le lanzará una maldición que cambiará por completo la apacible vida de la simple empleada. A partir de ese instante, un malvado espíritu la perseguirá con el único objetivo de arrastrarla al infierno. ¿Podrá Christine, de algún modo, deshacerse de dicha maldición?


Para muchos, Sam Raimi es un director conocido y respetado por la costosa y taquillera saga de Spider-man, pero para otros lo es por ser el responsable de otra saga muy diferente: Evil Dead, compuesta ésta por tres películas antológicas en las que destacó el personaje de Ash (interpretado por un inimitable Bruce Campbell) y que por méritos propios se han convertido en clásicos indiscutibles del cine de terror (especialmente la primera, la más terrorífica de todas; siendo la segunda un pseudo remake cómico de su antecesora, y la tercera un delirante y entretenidísimo mejengue de géneros con el que se reafirmó la grandiosidad del antihéroe Ash)
Somos precisamente los que estamos en este segundo grupo los que más deseábamos que el director volviera a deleitarnos con alguna de sus aterradoras gamberradas.

Así es como Raimi, escaldado por las nefastas opiniones vertidas sobre la última entrega del superhéroe arácnido (no reflejadas en una triunfante taquilla, todo sea dicho), decidió retomar un proyecto que escribió casi una década atrás, y que versaba, de nuevo, sobre el tema de las maldiciones y los espíritus malignos. Esta vez sería una chica la que se vería acosada por las fuerzas del mal.


“Arrástrame al infierno” nos devuelve, concretamente, al Raimi más cercano a “Terroríficamente muertos (Evil Dead II)"; un tipo gamberro, disparatado, desagradable y sin tapujos. Adjetivos más que reconocibles en su última película. Ahora bien, hay muchísimo menos gore debido a la calificación PG-13 que la cinta ostenta por imposición del estudio (y es que sólo piensan en el dinero…)

Alison Lohamn, que ya demostró aptitudes en “Los impostores (Matchstick Men)” de Ridley Scott, es Christine Brown, la víctima de la maldición de la lamia, el ser infernal que querrá llevársela a lo más profundo del infierno. En ese sentido, la película transcurre en base a los acechos del monstruo a la chica, que son de lo más variopintos y también nauseabundos, y con especial predilección por “las cosas que entran y salen de la boca”, recurso que Raimi utiliza de forma excesivamente reiterada (la primer a vez tiene su gracia, la segunda se acepta, pero ya las venideras terminan por cansar y demostrar una alarmante falta de originalidad)

Quizás el mejor momento de la película sea el tour de force entre Christine y la vieja Ganush en el aparcamiento. Una secuencia tan violenta como descabellada, y que supone el inicio de los terribles acontecimientos que le sucederán a la protagonista. Aunque más allá de eso,
encuentro muy interesante también el dilema moral que se le plantea a ésta hacia al tramo final.

Tampoco es que el planteamiento que Raimi nos propone sea muy original. El tema de las maldiciones, con la ayuda de los médiums y demás tópicos, está ya algo gastado, pero el director sabe salir a flote gracias a su mala leche, a ese tono irreverente y paródico que envuelve la cinta. De hecho, si no fuera por eso, no pasaría de ser otra película de terror más, plagada de golpes de efecto sonoros que difícilmente nos provoquen algún susto (a lo sumo, reventarnos los tímpanos si disponemos de un ensordecedor Dolby Surround)


Por supuesto, además del aspecto cómico, la película fluye con solvencia gracias una conseguida atmósfera (pese a lo cutre de algunos efectos digitales; cosa perdonable siendo una serie B) y un ágil ritmo narrativo, además de apoyar todo el peso de la película en una actriz entregada a su personaje (nada que objetar a la excelente labor de Lohman, pese a que eso deje a su novio en la ficción–Justin Long- en un segundísimo plano)

Pero como ya digo, los caminos por los que discurre esta cinta están muy vistos, y los recursos que emplea el director no son lo sorprendentes que cabría esperar de un cineasta de tan experimentada trayectoria, más cuando termina cayendo muchas veces en el recurso fácil (los ruidos, los momentos oníricos…) o en lo innecesariamente grotesco y/o exagerado (algo de lo que no me quejaría si estuviera algo más medido y repartido a lo largo del metraje)

Con lo bueno y lo malo, “Arrástrame al infierno” se convierte en una divertida, entretenida y algo asquerosa cinta de terror, que gustará más o menos dependiendo de si uno sabe dejarse llevar por el tono burlesco y autohomenajeador que Raimi nos propone. Y es que ese desmedido humor negro puede no convencer a todos por igual.

Para un servidor, ha resultado ser una ligera aunque no completa satisfacción, si bien supone una muestra más que evidente de que aún queda algo del director que fue antaño. Lamentablemente, parece que ser que en un futuro próximo se prestará de nuevo a seguir ridiculizando al trepamuros y a ser otro rico mercenario con el que Hollywood pueda llenar sus arcas (algo, por otro lado, comprensible, teniendo en cuenta que el film que nos ocupa tampoco ha sido un gran éxito, pese a cubrir sobradamente su modesto presupuesto)


P.D.: Mención especial a Lorna Raver como la vieja Sylvia Ganush, una villana que merece, desde ya, un puesto de honor en la historia del género.




Valoración personal:

domingo, 27 de septiembre de 2009

"Los sustitutos" (2009) - Jonathan Mostow


El mundo del cómic se ha convertido en un gran filón que explotar en Hollywood. Además de las incesantes películas de superhéroes que se dan cita en nuestras carteleras año tras año (y las que están por llegar…), no son pocos los cómics y/o novelas gráficas de variada temática que terminan siendo adaptados a la gran pantalla. Y aunque no siempre los resultados sean satisfactorios, lo cierto es que debido a la imperante falta de ideas que existe hoy día en la industria cinematográfica (americana, concretamente), no es un mal recurso buscar ideas en otros formatos, además de los ya conocidos (novelas o videojuegos, por ejemplo)

La variedad de géneros es amplia, y eso implica que la procedencia de la historia sea lo de menos. Lo que importa es que el paso de la viñeta al fotograma no se resienta demasiado, y que una trama que funciona en papel, pueda funcionar también como película para el disfrute de los espectadores ajenos o no al formato original (que sea necesario conocer el cómic para entender o disfrutar de la adaptación, es un erróneo punto de partida)

Como fan incondicional de la ciencia-ficción y de Bruce Willis (actor infravalorado donde los haya), no podía dejar de ver “Surrogates”, una película basada en una miniserie de cinco cómics escrita y dibujada por Robert Venditti y Brett Weldele respectivamente. No obstante, el tráiler no me entusiasmó demasiado y el trío responsable de la adaptación, el director y los guionistas de la inefable “Terminator 3: La rebelión de las máquinas”, no me producía confianza alguna. Para colmo, el cúmulo de malas críticas que ha estado recibiendo tras su reciente estreno, terminaban de confirmar mis malos augurios.

Sin embargo, este fin de semana tocaba sesión de cine sí o sí, y a falta de mejores alternativas, la cinta del tito Willis ha sido quién se ha llevado mi dinerito.


Surrogates, traducida aquí como “Los Sustitutos”, versa sobre un futuro en donde los humanos viven aislados en sus casas interactuando con el mundo real a través de unos robots conocidos como “sustitutos/surrogates”. Estas máquinas les permiten una vida acomodada y segura, libre de daños, enfermedades, etc., y mediante las cuales pueden darse a conocer al mundo exterior con la apariencia que deseen (la mayoría de veces idealizada a través de bellos físicos)

Pero no todos están a favor de vivir de dicha forma, y por ello existen zonas en las que la gente sigue viviendo como antaño, rechazando vivir y sentir a través de frías máquinas, y luchando por conseguir erradicar los surrogates de la sociedad.

Cuando un par de sustitutos son “acribillados” en la calle, muriendo también sus controladores, se disparan todas las alarmas, más cuando uno de ellos era el hijo del creador de dichos robots. La investigación del caso corre a cargo de dos agentes del FBI, Tom Greer (Willis) y Peters (Radha Mitchell). Ambos tratarán de encontrar al culpable de dicho asesinato, y sobre todo, de encontrar el arma que es capaz de matar a la gente a través de su sustituto.

Desgraciadamente, el asunto se complica cuando el sustituto de Tom queda fuera de combate, viéndose el agente obligado a salir de casa y seguir las pistas como un humano cualquiera y con la vulnerabilidad que eso conlleva.


Debo decir que no he leído los cómics de Venditti y Weldele, con lo cual no puedo juzgar la fidelidad con la que se ha tratado esta adaptación. Pero eso no me impide afirmar que la idea argumental de la que parte la historia es muy buena, dentro del ámbito de la ci-fi, pero dando la sensación que no se han sabido explotar todas sus posibilidades, no al menos en su versión cinematográfica.

El tema de vivir a través de máquinas que interactúan por nosotros, y que a excepción de alimentarnos, dormir u otras necesidades fisiológicas, ejercen como nuestro propio yo en el mundo exterior en todo lo que supone nuestra vida diaria, es realmente muy interesante y no tan lejano a una realidad que hoy día vivimos. Programas como “Second life”, en la que el usuario hace vida (ficticia) a través de un avatar creado a su gusto para que le represente; o el propio internet en sí mismo, mediante el cual nos movemos bajo una identidad que puede corresponder o no con nuestra verdadera personalidad, son claros ejemplos de que cada vez más nos relacionamos a través de la tecnología.

La película, y por consiguiente, imagino que también la novela, es una especie de crítica a ese modo de vida pero llevado a un extremo; presentándonos un mundo en el que, como personas, no somos más que controladores de un “yo” artificial y adulterado con el que creemos vivir a salvo y felices (los índices de violencia se reducen, así como el crimen o las enfermedades venéreas)

El personaje de Willis es el prisma más o menos neutral a través del cual percibimos esa sociedad mecanizada. Y son sus ansias por volver a sentir por sí mismo y no a través de un robot, lo que nos hace dudar si esa evolución tecnológica nos lleva por un buen camino o no.

Ahora bien, centrándonos ya en términos estrictamente cinematográficos, cabe decir que la película, además de no aprovechar del todo las posibilidades que ofrece un planteamiento de estas características, tampoco funciona como producto de entretenimiento que es o pretende ser.

Para empezar, la trama policial es muy previsible, sabiendo en todo momento quién es el bueno y quién es el malo, por lo que el supuesto suspense que debería ofrecer dicha investigación se va al garete. Además, todo está resuelto de forma muy precipitada, y los pocos golpes de efectos (referentes al personaje de “El profeta” o los planes del “villano”), no terminan de satisfacer al espectador. Así pues, la parte de thriller queda algo desangelada respecto a una intriga que podía haber dado más de sí, colocando y uniendo mejor las diferentes partes del entramado.

Como vehículo de puro entretenimiento, es aún más decepcionante si cabe, puesto que las escenas de acción no sólo son escasas, algo que podría perdonarse si el resto tuviera algo más de chicha, , sino que además son realmente insulsas, y hasta en algunos casos, incluso cutres (esos super saltos que se pegan los sustitutos son algo cantosos para un blockbuster de este tipo)

Del buen hacer de Mostow en cuanto a planificación y rodaje de secuencias de acción se refiere, visto ya en anteriores films (lo poco rescatable de su secuela de Terminator son, precisamente, las secuencias más trepidantes) aquí no hay ni rastro. Lo poco que ofrece el director es poco vistoso y redundante.

Con semejante percal, el siempre eficiente Bruce Willis no puede hacer otra cosa que cumplir con la papeleta y hacernos más digerible este batiburrillo de películas de ci-fi ya vistas (Yo, Robot, Terminator y otras tantas pasadas por el túrmix). Y es que su personaje, al que se le intenta sin éxito dar cierta carga dramática, es lo único realmente rescatable de esta frustrada producción (la decisión que toma al final me recordó irremediablemente a la que toma Serpiente Plissken en los últimos minutos de “2013: Rescate en L.A.”)

Del resto del reparto poco hay que decir, salvo que el gran James Cromwell está bastante desaprovechado y que a Ving Rhames le ha tocado desempañar un rol un tanto ridículo. En cuanto a los otros personajes, estos podrían haber sido interpretados por cualquier otro grupo de actores y actrices, sin que el resultado se hubiera visto afectado en lo más mínimo.

“Los sustitutos” es otra de esas películas con un buen planteamiento altamente desaprovechado, cuyos resultados dejan bastante que desear en cualquiera de los géneros que pretende abarcar. Para los más transigentes, quizás pueda ser un pasable entretenimiento para una tarde aburrida, gracias sobre todo a la presencia de Willis, pero para los que veíamos aquí una de ci-fi con potencial para permanecer en el recuerdo, no podemos sino sentirnos algo engañados y decepcionados (del –inexistente- traje a lo James Bond que luce Willis en el cartel, mejor no comento nada)


Jonathan Mostow empezó con buen pie en el mundillo con apreciables cintas como “Breakdown” y “U-571”, pero se unión por segunda vez con este par de guionistas (perpetradores, además, de engendros como Catwoman), ha vuelto a jugar en su contra, y esta vez ni la acción salva su pobre dirección.



Valoración personal:

martes, 8 de septiembre de 2009

"Distrito 9" (2009) - Neill Blomkamp


Tras su frustrado intento de llevar a la gran pantalla una adaptación del famoso videojuego “Halo”, Neill Blomkamp se embarcó en la realización de “District 9”, una película de ci-fi basada en un cortometraje suyo titulado Alive in Joburg. Para llevarlo a cabo contó con la producción de Peter Jackson, el mismo que iba a producirle el citado proyecto, y que de tan impresionado que quedó al ver sus trabajos y cortos anteriores (por uno de ellos, referente a precisamente a Halo, fue premiado en el Cannes Lions de 2008), no dudó en apoyarle en su primera incursión en el mundo del cine.

Blomkamp, por tanto, no es un nombre muy conocido entre el público, pero ha trabajo como animador 3D para series como Stargate SG-1 o Smallville, además de dirigir anuncios publicitarios para marcas como Adidas o Citroën (suyo es el conocido spot del “Citroën C4 transformable”) Así que quizás “District 9”, una cinta mucho menos ambiciosa y costosa, sea la carta de presentación ideal para darse a conocer. Por otro lado, podría significar también un punto de inflexión para que en Hollywood le confíen proyectos de mayor calado (en sentido taquillero, entiéndase)

La historia que nos presenta en District 9 es la de una raza extraterrestre que permanece “refugiada” en Johannesbrugo, a las afueras de la ciudad, después de que veinte años atrás su nave espacial se quedara varada en nuestro planeta. Su llegada fue tan inesperada para los humanos como para los propios extraterrestres, que llegaron después de, al parecer, extraviarse en su camino. Ante la imposibilidad de devolverlos a su lugar de procedencia, las “gambas”, como así los llaman los residentes, fueron alojadas en un campamento, nombrado como Distrito 9, sufriendo el rechazo y desprecio de la población humana, y formando así su propio gueto marginal. Pero tras una longeva y no siempre apacible convivencia, las quejas de los vecinos han surtido efecto y los extraterrestres serán ahora trasladados a una zona más apartada. Es en este punto cuando surgirán problemas aún mayores, especialmente para Wikus Van De Merwe (Sharlto Copley), uno de los encargados de llevar a cabo dicho traslado.

La película empieza con una serie de entrevistas a modo de reportaje, algo que ya se dejó ver en algunos avances publicitarios, y que nos sumerge de un modo certero y muy realista en esta zona habitada por terrícolas y alienígenas. A través de una socióloga y demás testimonios, nos ponemos al día de quienes son los visitantes, cómo llegaron aquí o cómo se relacionan entre sí y con sus nuevos vecinos. Somos testigos también del recelo que provocó su llegada en los habitantes de la ciudad, y de la cada vez más insostenible situación que los tiene arrinconados en una especie de campo de concentración dejado de la mano de Dios.

Así que además de otorgarle un añadido realismo a la historia, Blomkamp utiliza esas entrevistas para poner en situación al espectador de una forma rápida y amena, además de presentarnos a Wikus Van De Merwe, un trabajador de una agencia especial dedicada a la atención de los extraterrestres, que será nuestra principal protagonista.


Este primer tramo es un pequeño preámbulo de lo que se nos mostrará luego, cámara en mano y manteniendo el tono documental, a través de Wikus, cuyas prioridades darán un trágico y rotundo vuelco tras un suceso inesperado que, por supuesto, no os voy a desvelar.

Precisamente, ésta es la parte más arriesgada e interesante de la película, huyendo lo máximo posible de los tópicos e incluso presentándonos a un personaje por el que no sentiremos otra cosa que antipatía. Todo ello formando un poderoso alegato contra el racismo, que queda patente en el deplorable estado en el que viven los extraterrestres y el trato abusivo y denigrante que reciben estos por parte de los humanos. De hecho, no es casualidad que la historia se desarrolle en Sudáfrica, que aparte de ser el país natal del director, fue también el paradigma de la discriminación y segregación racial y social que tuvo lugar durante el conocido apartheid. Los paralelismos no son mera coincidencia, y fue en Johannesburgo donde miles de negros fueron obligados a alojarse en áreas urbanas designadas por los blancos bajo sus propias leyes discriminatorias.

El tramo final es bien distinto. Aún intercalando de vez en cuando algunas entrevistas, la película abandona incluso el (inesperado) humor que se permitía al principio, para volverse mucho más pirotécnica a la vez que convencional. Explosiones y tiroteos a diestro y siniestro, a los que dan mucho juego las potentes armas alienígenas y algún que otro artefacto que parece sacado del manga/anime japonés (un mecha, para los entendidos). Eso sí, la acción está bien rodada y no marea demasiado pese al ya abusivo y reiterativo uso de la cámara al hombro al que muchos directores parecen prestarse últimamente. Se agradece además una calificación “R” que nos permite ver algún que otro desmembramiento y a mucho soldadito reventar en pedazos. Por tanto, ese segmento del film nos demuestra la capacidad de Blomkamp para poder ponerse al mando de cualquier blockbuster cañero que se presente en un futuro.

Pero no todo son virtudes, y aunque en los últimos minutos se intente dar un giro –demasiado forzado- a las acciones de Wickus, este sigue siendo un cretino y un personaje con el que el espectador no logra sentirse identificado. Y aunque quizás debiéramos buscar esa empatía en los extraterrestres (por aquello de ser los marginados), la aparición de estos es a veces demasiado trivial, y la “gamba” que acompaña a Wickus se queda en estatus de secundario poco favorecedor. A título personal, hubiera dado un mayor protagonismo a los alienígenas, o en todo caso, hacer que el personaje humano fuera un poco menos, detestable, ya que convertirlo en el clásico antihéroe es algo que no termina de cuajar del todo (tampoco es que sea necesario un buen samaritano ni mucho menos el típico niño que entable amistad con el E.T. de turno)

Esto no afecta a mi opinión sobre Sharlto Copley, quien realiza una interpretación más que convincente, acompañado por unos alienígenas digitales -y demás efectos- bastante conseguidos pese a su reducido presupuesto (30 millones… increíble-ble)

Así pues, la denuncia implícita en la historia tanto de racismo y de demagogia como de mezquinos intereses político-militares (las pruebas con los aliens y sus armas son una evidencia clara del potencial armamentístico que puede suponer para los gobiernos o el mercado negro) está conseguida pero se queda muy en la superficie. El peso dramático es notable pero no excelente, y termina diluyéndose entre tanta acción encasquetada hacia el desenlace.

Por tanto, “District 9” es una curiosa y original propuesta de ciencia-ficción que recuerda un poco a “Alien Nación”, en términos de convivencia alienígena, y a “V, los visitantes”, por aquello de denunciar un hecho de nuestra historia reciente a través de una alegoría fantástica (la serie de los lagartos era una clara metáfora del fascismo alemán de la II G.M.), sazonado todo con una pizca de “Enemigo Mío” y “La Mosca”. Sin duda, para los amantes del género (servidor se incluye), es una cita ineludible a las salas de cine, ya que no todos los días tenemos ci-fi de este calibre (más inteligente que la media, vaya); acompañada, por otro lado, de una acertadísima campaña viral que poco a poco ha ido levantando el interés del respetado cinéfilo. Ahora bien, no es ninguna obra maestra ni tampoco lo pretende, y tanta crítica inflada no hace otra cosa que perjudicarla. A veces se machacan películas sin piedad ni necesidad, y otras veces se ensalzan de forma exagerada. En este caso, no merecería ni lo uno ni lo otro. Digna y recomendable, que ya es muchos en estos tiempos.


P.D.: Y ahora a esperar a que “Moon”, “Pandorum” y “Avatar” cumplan también su propósito y que las expectativas no nos jueguen una mala pasada.



Valoración personal:

sábado, 29 de agosto de 2009

"The Children" (2008) - Tom Shankland


Las películas con niños malvados ya son casi un subgénero en sí mismas. Las hay de todo tipo y condición, a veces con un único niño dando por saco y otras veces con todo un grupo juntándose para hacer daño. El sexo de la criatura no suele ser demasiado relevante, si bien es cierto que son los niños, y no las niñas, los que más predominan en este tipo de cintas.

La maldad de estos niños puede ser inducida por algún tipo de fenómeno natural o sobrenatural, como así no los han demostrado películas como “La semilla del diablo” (Rosemary's Baby) o “La profecía” (The Omen), ambas por obra y gracia del mismísimo Satanás; “Los chicos del maíz”, “El Exorcista” (aquí con una niña algo más mayor) o “El pueblo de los malditos” (Village of the Damned)

En otras ocasiones, se trata simplemente de genética y condición humana, que puede aflorar por motivos de envidia, como en la reciente “El hijo del mal (Joshua)” o simplemente ser maldad pura y dura sin motivaciones externas, como la aclamada “El Otro” o “El buen hijo”.

Incluso en el cine español encontramos todo un referente de esta vertiente, como es “¿Quién puede matar a un niño?” de Narciso Ibáñez Serrador, cuyo título ya es bastante sugerente, teniendo en cuenta que enfrentarse a estos niños supone, en la mayoría de casos, todo un dilema moral. Y es que no es lo mismo defenderse de un psychokiller, un alienígena o un monstruo, que de un niño, quien seguramente nos provoque remordimientos o incluso incapacidad para responder con similar o mayor violencia.

Este tipo de dilemas, entre otras inquietudes, son las que nos presenta The Children, una cinta de terror inglesa inédita en nuestro país -al igual que la muy recomendable Eden Lake- y dirigida por Tom Shankland, director de cierta experiencia televisiva que dio el salto al largometraje con “Waz”, película que no he tenido el gusto de ver pero de la que tampoco he leído críticas muy positivas.


La historia gira en torno a dos familias que pretenden pasar juntas unas tranquilas y divertidas vacaciones navideñas en casa de uno de ellas, en medio del frío y nevado bosque. Los padres se distraen conversando y bebiendo o juegan con los niños en la nieve. Todo parece idílico hasta que el comportamiento de algunos de sus niños empieza a romper la harmonía. Los pequeños parecen estar enfermos y se comportan de forma extraña, con una actitud, a ratos, arisca y rebelde. Pronto, lo que parecía ser una simple rabieta, se convierte en toda una pesadilla para los padres, que ven como sus propios hijos intentan matarlos.


Las críticas que había leído hasta el momento acerca de este film eran, ciertamente, bastante entusiastas, pero prefería desconfiar un poco para no llevarme una decepción demasiado grande. Y por ello debo decir que esta vez la sorpresa ha sido para bien, ya que sin ser ninguna maravilla ni aportar demasiadas novedades al “subgénero”, la dirección que imprime Shankland es muy eficaz, manteniendo en su inicio un logrado desasosiego, para rematar luego con un tercio final más sangriento y desolador, y todo ello sin descarrilar por el camino. También ha ayudado a ello un guión que no se anda con rodeos y un conjunto de interpretaciones solventes, tanto por parte de los adultos como de los más jóvenes.

El primer tramo nos presenta a todos los protagonistas, y ya de forma temprana empezamos a intuir quién o quiénes serán los primeros niños en dar problemas. El motivo del cambio de comportamiento entre la chiquillería parece ser algún tipo de virus, o eso intuimos, dado que en ningún momento llega a ofrecerse al espectador una respuesta concreta. Eso, en parte, puede ser un punto a favor o en contra dependiendo como uno se lo tome.
En este caso, las pistas se dejan entrever de forma clara aunque no contundente, y por ello el misterio se hace más fuerte a medida que avanza el metraje y nunca se pierde el interés por esa incógnita, por mucho que las “gamberradas” de los niños centren nuestra atención la mayor parte de la película. Por otro lado, a veces es mejor conocer una respuesta a medias, intuirla o dejarla en la propia imaginación del espectador, que ofrecer una resolución endeble, absurda o que simplemente no nos convenza. Así que en ese sentido, creo que director y guionista han obrado de forma correcta en el planteamiento que mueve toda la acción.

El segundo tramo es mucho más malsano y desagradable (en el buen sentido de la palabra, si es que lo hay), y se ponen de manifiesto los dilemas morales que he comentado al inicio de la crítica. Defenderse, y por tanto, luchar contra el ataque de tus propios hijos o de tus sobrinos, que para más inri, no tienen ni 10 años, pues no es nada fácil. Y por suerte ese hándicap está presente aquí, de modo que no se trata de la contemplación de la violencia por la violencia, ni tampoco el director pretende deleitarse en lo macabro de la situación como muy probablemente harían algunos directores franceses. Aquí subyace una lucha psicológica contra uno mismo, basada en el hecho de afrontar la violencia de unos niños trastornados que en el fondo, no dejan de ser víctimas fortuitas (no son niños malignos por naturaleza, sino que “algo” los ha transformado en lo que ahora son: psicópatas asesinos)

Así es como SPOILER la madre de uno de ellos queda profundamente afectada cuando, para salvar la vida de su otra hija, termina sacrificando, sin pretenderlo conscientemente, la del hijo atacante; o cuando ésta misma prefiere dejar que la asesinen antes que volver a matar a uno de esos lobos con piel de cordero FIN SPOILER. También es interesante la negación de algunos protagonistas ante lo que está sucediendo, rechazando admitir lo más improbable, y dando por hecho lo más factible (SPOILER cuando padrastro y tía acusan a la adolescente Casey de ser la culpable de todo el embrollo, incapaces de ver y reconocer la maldad en los más pequeños de la casa FIN SPOILER)



Por esta serie de motivos, por muy sobado que esté el tema de los niños malditos, The Children” logra convencerte y a la vez incomodarte (yo soy de los que me hubiera cepillado a los niños de la película sin pensármelo dos veces, pero que de seguro me sentiría impotente de tratarse de mis propios hijos)

La historia, escrita por Paul Andrew Williams, escritor y director de películas como London To Brighton o The Cottage (ésta última, ni me convenció ni me hizo gracia), es resultona y se desarrolla en un ambiente nevado y aislado, la mar de apropiado para la ocasión, y el director sabe sacarle partido a ese conjunto, ajustando la duración de forma adecuada (poco más de hora y cuarto) y optando muchas veces por no mostrar explícitamente según que situaciones, lo cual es todo un acierto por su parte.

Nada me asegura que su anterior trabajo esté al nivel de ésta The Children, pero quizás ahora me atreva a echarle un vistazo a “Waz”, salvo que algún lector del blog me aconseje rotundamente lo contrario.


P.D.: Del final podríamos intuir ciertas cosas. SPOILER O bien que la adolescente Casey está algo trastornada por los hechos ocurridos (cosa poco probable, dada la entereza de su personaje), o bien que el virus, o lo que aquello sea, ha terminado afectándola también a ella. La segunda hipótesis cobra más fuerza si tenemos en cuenta que la niña más mayor de todas, Miranda, es la que más tarda en transformarse, y que antes de subirse al coche, Casey vomita, siendo éste uno de los síntomas más claros de la afección. De este modo, podríamos deducir que el “virus” ataca de menor a mayor, dejando ese final abierto, no tan abierto. FIN SPOILER



Valoración personal:

jueves, 6 de agosto de 2009

"G.I. Joe" (2009) - Stephen Sommers


Después del enorme éxito cosechado por Transformers en el 2007, era cuestión de tiempo que otros juguetes de la compañía Hasbro dieran el salto a la gran pantalla. Así es como los mandamases de la Paramount (responsables también de la duología robótica de Michael Bay) fijaron sus ojos en los G.I. Joe, otro de los productos estrellas de la compañía juguetera con posibilidades de convertirse en todo un “arrasa-taquillas”.

Para tales menesteres, hacía falta un director que supiera ofrecer espectáculo a cualquier precio, y estando Bay ocupado con sus robots transformables, el encargo recayó en Stephen Sommers, otro especialista -con sus más y sus menos- en cine palomitero, y que años atrás ya dio la campanada con la muy disfrutable “La Momia” (sustituyendo el terror de la momia de Karloff por una buena dosis de aventuras, al más puro estilo Indiana Jones). Aunque a título personal, a mí ya me encandiló con “Deep Rising” (entretenida y cachonda monster-movie donde las haya)

Con Sommers en la silla de director se podía esperar cualquier cosa. Y es que después de la cochambrosa Van Helsing (que recaudó un poco más del doble de lo invertido, pero cosechando críticas nefastas), no estaba muy claro qué podía salir de aquí.


La historia de esta adaptación no es muy complicada y sigue las andanzas de los G. I. Joe, una fuerza de élite especial y secreta altamente cualificada para llevar a cabo misiones de alto riesgo. Cualquier enemigo, grupo terrorista o sombría organización que atente contra la libertad humana o haga peligrar la paz mundial, se las verá con los valerosos Joes, hombres y mujeres de gran coraje, bien entrenados y aún mejor armados.

La última misión de los Joes es asegurar que una poderosa arma nanotecnológica no caiga en malas manos. Tras ella anda McCullen (Christopher Eccleston), un codicioso empresario fabricante de armas que pretende usar dicha nanotecnología para sus propios y malignos propósitos. Para hacerse con ella, McCullen cuenta con la ayuda de un siniestro científico y todo un ejército de mercenarios, entre los que destacan la Baronesa (Sienna Miller) una mujer de armas tomar embutida en un sugerente cuero, y Storm Shadow, un experto e implacable ninja.

La lucha entre ambos bandos ha comenzado. Del éxito o el fracaso de los Joes depende la seguridad de todo el planeta.


Quién más quién menos, que pase la veintena o treintena de edad, habrá visto o como mínimo recordará la serie ochentera de los GI Joe, además de –posiblemente- haber tenido entre sus manos sus respectivos muñequitos; esos que solían romperse por la gomita de la cintura y que los más apañados, haciéndonos los MacGyvers, conseguíamos arreglar con una goma de pollo. Los dibujos, que tuvieron su propia película de animación allá por el 87, eran de lo más simples. Dos comandos, los buenos (GI Joes) y los malos (Cobra), se enfrentaban episodio sí y episodio también. El Comandante Cobra, jefazo de los malos malotes, urdía un plan maquiavélico y los Joes se dedicaban a chafárselo, lo que originaba batallas por mar, tierra y aire, disparando sus armas láser en medio de numerosas explosiones. Batallita tras batallita, la serie enganchó a los críos de aquella época, lo que propició un notable impulso a las ventas de las figuras de acción (que fueron anterior a los dibujos)

Desde entonces, numerosas versiones televisivas han ido apareciendo en la pequeña pantalla, hasta que por fin le ha tocado el turno a la película de acción real, que traslada la simpleza y diversión de la serie original a la versión cinematográfica.

En el guión no hay mucho donde escarbar. La trama se resume en que los malos quieren apoderase de la destructiva arma, que en un primer intento fallido, termina en manos de los GI Joes. En un segundo asalto, consiguen hacerse con ella, lo que invita a los buenos a ponerse las pilas y recuperarla. Entra una cosa y otra, se van sucediendo escenas de acción a diestro y siniestro, sin dejar apenas respiro al espectador.

Tras un curioso prólogo, los principales protagonistas son presentados al espectador. Por un lado tenemos a Duke (Channing Tatum) y a su compañero y amigo Ripcord (un, por raro que parezca, simpático –y no cargante- Marlon Wayans) dos soldados de la OTAN que terminarán uniéndose al equipo de los GI Joe’s, comandado por el General Hawk (Dennis Quaid, que aquí no pega ni con cola). Por el otro lado, tenemos al empresario y malo maloso de la función, McCullen, respaldado, entre otros, por su churri y mano derecha, la Baronesa. Tanto los buenos como los malos vacilan todo lo que pueden delante de la cámara, con sus frases ingeniosas y a ratos, lapidarias. Cada uno se luce en su campo. Sin ir más lejos, los dos ninjas, Storm Shadow y Snake Eyes, nos regalan unas cuantas piruetas y unos buenos duelos de espada, mientras que el resto, haciendo acopio de la última tecnología armamentística, ofrecen su pertinente espectáculo pirotécnico.

A la trama le falta chicha (para qué negarlo) y al prota principal, Chaning Tatum, carisma y algo de expresividad, pero de lo que anda sobrada esta GI Joe de Sommers es de acción. A la que se sucede la primera ráfaga de explosiones y tiroteos, esta acción apenas se detiene. Guionistas y director no se andan por las ramas, y por ello la película goza de un ritmo trepidante, con secuencias espectaculares cargadas de fantasmadas y efectos digitales que, a veces, pegan el cantazo. Y es que a Sommers, cada vez más, le da por digitalizar todo cuanto puede, sustituyendo los actores y los especialistas por monigotes CGI que parecen de goma. La persecución que tanto se han empeñado en promocionar en clips y trailers es, visualmente, muy atractiva, y el director sabe rodar sin marear demasiado la cámara. Por contra, abusa en exceso del ordenador y todo se torna demasiado falso, irreal y carente de emoción. Lo de los trajes acelerados no deja de ser una chuminada que estropea/ridiculiza un poco el espectáculo del film. En parte, porque el CGI mostrado, en comparación con otras superproducciones, deja bastante que desear (y eso que han contado con 175 millones de presupuesto, que no es poco). Snake Eyes, eso sí, no necesita ni trajes especiales ni hostias en vinagre. Volteretas y giros en el aire cual Spiderman, hacen de este GI Joe un superninja tan molón como, a veces, inverosímil.


Ese abuso de efectos digitales se traslada también a nimiedades tales como el vaho de los actores en la base polar de McCullen. A este paso, no me hubiese extrañado que Sommers, obsesionado como estaba con la delantera de la Miller, le hubiese aumentando un par de tallas a la moza por obra y gracia del ordenador (no se ha dado el caso gracias al favorecedor traje que luce)

Abuso digital a parte, el entretenimiento está asegurado. No se toma muy en serio a sí misma, lo cual es una virtud dados sus excesos (al estilo del James Bond de Roger Moore). Un producto palomitero con el que dejarse el cerebro en casa, mientras en la sala de cine se disfruta –a un nivel medio no muy entusiasta, todo hay que decirlo- de todo el despliegue visual y pirotécnico del que la cinta hace gala. Y es que en ese sentido, la esencia de la serie original permanece intacta. Mucho batallita, mucho artilugio imposible, transportes de todo tipo, fortalezas de lo más variopintas en los sitios más recónditos del planeta, y un montón de soldaditos repartiendo estopa. Si buscas algo más, te equivocas de película.

“G.I. Joe “es el último blockbuster del verano, y cumple su función de simple y ruidoso divertimento. Tiene sus fantasmadas, el CGI no es perfecto y los villanos rozan lo esperpéntico (por no hablar del aspecto del futuro Comandante Cobra), pero para un escéptico servidor, asustado como estaba por los “ironmans de hojalata”, el resultado no ha sido lo catastrófico que esperaba. Así que la mejor manera de disfrutarla es yendo con las expectativas bajas o justitas. Así los más benévolos darán por amortizada la inversión. En caso contrario, tendréis la palabra “truño” en la punta de la lengua.

El final, por cierto, deja el terreno preparado para una secuela que, de tener éxito ésta, caerá sí o sí. Ahí seremos testigos de lo que aquí no es más que un breve comienzo de lo que será el Comando Cobra que todos ya conocemos.

P.D. 1: Son de agradecer los puntuales flashbacks que se intercalan en el transcurso del metraje, ya que ayudan a saber un poco más de algunos personajes.

P.D.2: Atención a la presencia (más bien cameos) de algunos actores fetiche del director, como Arnold –La Momia- Vosloo (el mejor villano del film, a mi gusto), Brendan Fraser o Kevin J. O'Connor (el compi traidor de O’Connell o el mecánico graciosete de Finnegan)




Valoración personal:

viernes, 24 de julio de 2009

Dragon Hunters (2008) - Guillaume Ivernel & Arthur Qwak


El cine de animación 3D se ha abierto un hueco muy importante dentro de la industria cinematográfica, hasta el punto de que algunas de estas películas se erigen como las más taquilleras del año, además de obtener, en algunos casos -Pixar, sin ir más lejos- un importante reconocimiento por parte de la crítica especializada.

Cada vez hay más competición en el sector, de modo que aunque Pixar Studios sean, por el momento, los reyes indiscutibles de este tipo de cine, siguen surgiendo estudios que se atreven a lanzar sus propias producciones en busca del éxito taquillero. No siempre los resultados son convincentes, pero tener una gran variedad de películas donde poder elegir es de agradecer para el espectador. No todos los días se puede disfrutar de la maestría de los primeros, con lo que a veces apetece también disfrutar de productos más simples, aunque no por ello menos interesantes o meritorios.

Con la saga Ice Age o películas como Robots o Horton Hears a Who, Bly Sky Studios ha demostrado que no tiene nada que envidiar a Dreamworks; es más, en algunos casos los superan ampliamente. Pero no todo van a ser estudios americanos o ingleses, y este año se estrenará mundialmente una de las grandes apuestas patrias, “Planet 51”, una cinta a la que le llevo siguiendo la pista desde hace mucho tiempo y que, a juzgar por los trailers, tiene una pinta estupenda (esperemos que no decepcione)

Pero ahora nos toca hablar de Dragon Hunters, o lo que es lo mismo, Chasseurs de dragons, una película de animación 3D francesa que traslada a la gran pantalla la serie de televisión homónima emitida en Estados Unidos por Cartoon Network, y que a su vez se basaba en unos cómics publicados por la editorial Delcourt.

El flilm (elegido Mejor Largometraje en el IV Festival Internacional de Animación de Córdoba, ANIMACOR’08) nos narra las aventuras Lian-Chu y Gwizdo, dos “cazadores de dragones” de poca monta que ofrecen sus servicios a cambio de una recompensa económica. Viajan de pueblo en pueblo acabando con toda bestia que se les pone por delante, pero sus métodos suelen ser tan chapuceros, que la gente que les contrata termina por no pagarles. Sin embargo, la mala suerte de estos dos cazadores, a quienes acompaña una extraña bestia azul a modo de mascota, cambiará el día que conozcan a Zoé, la sobrina de un adinerado noble.

El reino del Sr. Arnold y el resto del mundo están en serios apuros, ya que como cita la profecía, cada vigésima estación, el dragón más temible y mortífero de todos despierta de su largo sueño para destruirlo todo a su paso. Ante tal amenaza, Zoe decide presentar a Lian-Chu y Gwizdo a su viejo tío para que éste les encomiende la difícil misión de acabar con la criatura.

Éstos aceptan a cambio de un buen puñado de oro, emprendiendo así un peligroso viaje hacia los confines de la tierra, lugar donde merodea el terrible dragón.


Antes que anda, he de decir que no conozco los cómics Chasseurs de dragons ni he visto la serie de dibujos animados. Por tanto, no puedo juzgar la fidelidad con el material predecesor ni si es mejor o peor. Tan sólo puedo opinar sobre la película, y he de decir que parte de una idea más bien poco original y típica, pero tiene un aspecto y una ambientación bastante particulares que la hacen muy atractiva y diferente.

Para empezar, la historia se localiza en un mundo de fantasía repleto de islas e islotes flotantes donde se emplazan castillos, fortalezas, granjas y demás habitáculos. Este particular escenario brinda amplias posibilidades, y sus creadores lo aprovechan para crear lugares realmente imaginativos. Algunos son bellos y llenos de colorido, mientras que otros son más grises y tétricos. Pero todos suponen un magnífico marco en el que desarrollar la mágica aventura que vivirán nuestros protagonistas.

Así pues, tenemos una película muy rica y llamativa a nivel visual, algo que se nota nada más empezar los créditos iniciales. Sin embargo, la historia está algo falta de verdadera emoción e intensidad, lo cula le pasa factura a la hora de desarrollar la trama y los propios personajes.
La historia es muy simple a la vez que plana. Ir de A a B, superando algún que otro obstáculo para finalmente enfrentarse al dragón en un duelo final a vida o muerte. No hay más.

En ese sentido, quizás la historia no necesita de más complicaciones, pero su escasa duración (no llega ni a la hora y media), no le permite sacar provecho de todos esos escenarios ni de los posibles peligros a los que podrían enfrentarse los protagonistas. Quizás añadiendo unos minutos, con uno o dos dragones o monstruos más a los que enfrentarse, y unos personajes un poco menos unidimensionales (a excepción de Gwizdo, el único que realmente evoluciona durante la película), le hubieran sentado bien, implicando un poco más al espectador en la aventura.


Todo se resuelve con demasiada rapidez y facilidad, algo que para los que somos un pelín más exigentes, nos deja esa sensación de que podría haber sido algo mejor.

Pese a esas carencias en metraje y emoción, la película se hace bastante agradable y entretenida, con unos enemigos, dentro de lo que cabe, originales; unos paisajes muy curiosos y unos personajes simpáticos, especialmente el gracioso bicho azul que acompaña al grupo de cazadores.

Dragon Hunters es una simpática película de aventuras mucho más ambiciosa a nivel visual que a nivel argumental. No está exenta de ciertas carencias y peca de un desarrollo demasiado funcional, pero aún así cumple con su cometido, que no es otro que entretener. Se le puede exigir más, pero viniendo de donde viene, supone un pequeño y gratificante paso hacia adelante dentro del cine de animación hecho en Europa. Y desde aquí les animo a seguir trabajando para mejorar y estar a la altura de los grandes, ya que talento parece no faltarles.



Valoración personal: