domingo, 27 de septiembre de 2009

"Los sustitutos" (2009) - Jonathan Mostow


El mundo del cómic se ha convertido en un gran filón que explotar en Hollywood. Además de las incesantes películas de superhéroes que se dan cita en nuestras carteleras año tras año (y las que están por llegar…), no son pocos los cómics y/o novelas gráficas de variada temática que terminan siendo adaptados a la gran pantalla. Y aunque no siempre los resultados sean satisfactorios, lo cierto es que debido a la imperante falta de ideas que existe hoy día en la industria cinematográfica (americana, concretamente), no es un mal recurso buscar ideas en otros formatos, además de los ya conocidos (novelas o videojuegos, por ejemplo)

La variedad de géneros es amplia, y eso implica que la procedencia de la historia sea lo de menos. Lo que importa es que el paso de la viñeta al fotograma no se resienta demasiado, y que una trama que funciona en papel, pueda funcionar también como película para el disfrute de los espectadores ajenos o no al formato original (que sea necesario conocer el cómic para entender o disfrutar de la adaptación, es un erróneo punto de partida)

Como fan incondicional de la ciencia-ficción y de Bruce Willis (actor infravalorado donde los haya), no podía dejar de ver “Surrogates”, una película basada en una miniserie de cinco cómics escrita y dibujada por Robert Venditti y Brett Weldele respectivamente. No obstante, el tráiler no me entusiasmó demasiado y el trío responsable de la adaptación, el director y los guionistas de la inefable “Terminator 3: La rebelión de las máquinas”, no me producía confianza alguna. Para colmo, el cúmulo de malas críticas que ha estado recibiendo tras su reciente estreno, terminaban de confirmar mis malos augurios.

Sin embargo, este fin de semana tocaba sesión de cine sí o sí, y a falta de mejores alternativas, la cinta del tito Willis ha sido quién se ha llevado mi dinerito.


Surrogates, traducida aquí como “Los Sustitutos”, versa sobre un futuro en donde los humanos viven aislados en sus casas interactuando con el mundo real a través de unos robots conocidos como “sustitutos/surrogates”. Estas máquinas les permiten una vida acomodada y segura, libre de daños, enfermedades, etc., y mediante las cuales pueden darse a conocer al mundo exterior con la apariencia que deseen (la mayoría de veces idealizada a través de bellos físicos)

Pero no todos están a favor de vivir de dicha forma, y por ello existen zonas en las que la gente sigue viviendo como antaño, rechazando vivir y sentir a través de frías máquinas, y luchando por conseguir erradicar los surrogates de la sociedad.

Cuando un par de sustitutos son “acribillados” en la calle, muriendo también sus controladores, se disparan todas las alarmas, más cuando uno de ellos era el hijo del creador de dichos robots. La investigación del caso corre a cargo de dos agentes del FBI, Tom Greer (Willis) y Peters (Radha Mitchell). Ambos tratarán de encontrar al culpable de dicho asesinato, y sobre todo, de encontrar el arma que es capaz de matar a la gente a través de su sustituto.

Desgraciadamente, el asunto se complica cuando el sustituto de Tom queda fuera de combate, viéndose el agente obligado a salir de casa y seguir las pistas como un humano cualquiera y con la vulnerabilidad que eso conlleva.


Debo decir que no he leído los cómics de Venditti y Weldele, con lo cual no puedo juzgar la fidelidad con la que se ha tratado esta adaptación. Pero eso no me impide afirmar que la idea argumental de la que parte la historia es muy buena, dentro del ámbito de la ci-fi, pero dando la sensación que no se han sabido explotar todas sus posibilidades, no al menos en su versión cinematográfica.

El tema de vivir a través de máquinas que interactúan por nosotros, y que a excepción de alimentarnos, dormir u otras necesidades fisiológicas, ejercen como nuestro propio yo en el mundo exterior en todo lo que supone nuestra vida diaria, es realmente muy interesante y no tan lejano a una realidad que hoy día vivimos. Programas como “Second life”, en la que el usuario hace vida (ficticia) a través de un avatar creado a su gusto para que le represente; o el propio internet en sí mismo, mediante el cual nos movemos bajo una identidad que puede corresponder o no con nuestra verdadera personalidad, son claros ejemplos de que cada vez más nos relacionamos a través de la tecnología.

La película, y por consiguiente, imagino que también la novela, es una especie de crítica a ese modo de vida pero llevado a un extremo; presentándonos un mundo en el que, como personas, no somos más que controladores de un “yo” artificial y adulterado con el que creemos vivir a salvo y felices (los índices de violencia se reducen, así como el crimen o las enfermedades venéreas)

El personaje de Willis es el prisma más o menos neutral a través del cual percibimos esa sociedad mecanizada. Y son sus ansias por volver a sentir por sí mismo y no a través de un robot, lo que nos hace dudar si esa evolución tecnológica nos lleva por un buen camino o no.

Ahora bien, centrándonos ya en términos estrictamente cinematográficos, cabe decir que la película, además de no aprovechar del todo las posibilidades que ofrece un planteamiento de estas características, tampoco funciona como producto de entretenimiento que es o pretende ser.

Para empezar, la trama policial es muy previsible, sabiendo en todo momento quién es el bueno y quién es el malo, por lo que el supuesto suspense que debería ofrecer dicha investigación se va al garete. Además, todo está resuelto de forma muy precipitada, y los pocos golpes de efectos (referentes al personaje de “El profeta” o los planes del “villano”), no terminan de satisfacer al espectador. Así pues, la parte de thriller queda algo desangelada respecto a una intriga que podía haber dado más de sí, colocando y uniendo mejor las diferentes partes del entramado.

Como vehículo de puro entretenimiento, es aún más decepcionante si cabe, puesto que las escenas de acción no sólo son escasas, algo que podría perdonarse si el resto tuviera algo más de chicha, , sino que además son realmente insulsas, y hasta en algunos casos, incluso cutres (esos super saltos que se pegan los sustitutos son algo cantosos para un blockbuster de este tipo)

Del buen hacer de Mostow en cuanto a planificación y rodaje de secuencias de acción se refiere, visto ya en anteriores films (lo poco rescatable de su secuela de Terminator son, precisamente, las secuencias más trepidantes) aquí no hay ni rastro. Lo poco que ofrece el director es poco vistoso y redundante.

Con semejante percal, el siempre eficiente Bruce Willis no puede hacer otra cosa que cumplir con la papeleta y hacernos más digerible este batiburrillo de películas de ci-fi ya vistas (Yo, Robot, Terminator y otras tantas pasadas por el túrmix). Y es que su personaje, al que se le intenta sin éxito dar cierta carga dramática, es lo único realmente rescatable de esta frustrada producción (la decisión que toma al final me recordó irremediablemente a la que toma Serpiente Plissken en los últimos minutos de “2013: Rescate en L.A.”)

Del resto del reparto poco hay que decir, salvo que el gran James Cromwell está bastante desaprovechado y que a Ving Rhames le ha tocado desempañar un rol un tanto ridículo. En cuanto a los otros personajes, estos podrían haber sido interpretados por cualquier otro grupo de actores y actrices, sin que el resultado se hubiera visto afectado en lo más mínimo.

“Los sustitutos” es otra de esas películas con un buen planteamiento altamente desaprovechado, cuyos resultados dejan bastante que desear en cualquiera de los géneros que pretende abarcar. Para los más transigentes, quizás pueda ser un pasable entretenimiento para una tarde aburrida, gracias sobre todo a la presencia de Willis, pero para los que veíamos aquí una de ci-fi con potencial para permanecer en el recuerdo, no podemos sino sentirnos algo engañados y decepcionados (del –inexistente- traje a lo James Bond que luce Willis en el cartel, mejor no comento nada)


Jonathan Mostow empezó con buen pie en el mundillo con apreciables cintas como “Breakdown” y “U-571”, pero se unión por segunda vez con este par de guionistas (perpetradores, además, de engendros como Catwoman), ha vuelto a jugar en su contra, y esta vez ni la acción salva su pobre dirección.



Valoración personal:

martes, 8 de septiembre de 2009

"Distrito 9" (2009) - Neill Blomkamp


Tras su frustrado intento de llevar a la gran pantalla una adaptación del famoso videojuego “Halo”, Neill Blomkamp se embarcó en la realización de “District 9”, una película de ci-fi basada en un cortometraje suyo titulado Alive in Joburg. Para llevarlo a cabo contó con la producción de Peter Jackson, el mismo que iba a producirle el citado proyecto, y que de tan impresionado que quedó al ver sus trabajos y cortos anteriores (por uno de ellos, referente a precisamente a Halo, fue premiado en el Cannes Lions de 2008), no dudó en apoyarle en su primera incursión en el mundo del cine.

Blomkamp, por tanto, no es un nombre muy conocido entre el público, pero ha trabajo como animador 3D para series como Stargate SG-1 o Smallville, además de dirigir anuncios publicitarios para marcas como Adidas o Citroën (suyo es el conocido spot del “Citroën C4 transformable”) Así que quizás “District 9”, una cinta mucho menos ambiciosa y costosa, sea la carta de presentación ideal para darse a conocer. Por otro lado, podría significar también un punto de inflexión para que en Hollywood le confíen proyectos de mayor calado (en sentido taquillero, entiéndase)

La historia que nos presenta en District 9 es la de una raza extraterrestre que permanece “refugiada” en Johannesbrugo, a las afueras de la ciudad, después de que veinte años atrás su nave espacial se quedara varada en nuestro planeta. Su llegada fue tan inesperada para los humanos como para los propios extraterrestres, que llegaron después de, al parecer, extraviarse en su camino. Ante la imposibilidad de devolverlos a su lugar de procedencia, las “gambas”, como así los llaman los residentes, fueron alojadas en un campamento, nombrado como Distrito 9, sufriendo el rechazo y desprecio de la población humana, y formando así su propio gueto marginal. Pero tras una longeva y no siempre apacible convivencia, las quejas de los vecinos han surtido efecto y los extraterrestres serán ahora trasladados a una zona más apartada. Es en este punto cuando surgirán problemas aún mayores, especialmente para Wikus Van De Merwe (Sharlto Copley), uno de los encargados de llevar a cabo dicho traslado.

La película empieza con una serie de entrevistas a modo de reportaje, algo que ya se dejó ver en algunos avances publicitarios, y que nos sumerge de un modo certero y muy realista en esta zona habitada por terrícolas y alienígenas. A través de una socióloga y demás testimonios, nos ponemos al día de quienes son los visitantes, cómo llegaron aquí o cómo se relacionan entre sí y con sus nuevos vecinos. Somos testigos también del recelo que provocó su llegada en los habitantes de la ciudad, y de la cada vez más insostenible situación que los tiene arrinconados en una especie de campo de concentración dejado de la mano de Dios.

Así que además de otorgarle un añadido realismo a la historia, Blomkamp utiliza esas entrevistas para poner en situación al espectador de una forma rápida y amena, además de presentarnos a Wikus Van De Merwe, un trabajador de una agencia especial dedicada a la atención de los extraterrestres, que será nuestra principal protagonista.


Este primer tramo es un pequeño preámbulo de lo que se nos mostrará luego, cámara en mano y manteniendo el tono documental, a través de Wikus, cuyas prioridades darán un trágico y rotundo vuelco tras un suceso inesperado que, por supuesto, no os voy a desvelar.

Precisamente, ésta es la parte más arriesgada e interesante de la película, huyendo lo máximo posible de los tópicos e incluso presentándonos a un personaje por el que no sentiremos otra cosa que antipatía. Todo ello formando un poderoso alegato contra el racismo, que queda patente en el deplorable estado en el que viven los extraterrestres y el trato abusivo y denigrante que reciben estos por parte de los humanos. De hecho, no es casualidad que la historia se desarrolle en Sudáfrica, que aparte de ser el país natal del director, fue también el paradigma de la discriminación y segregación racial y social que tuvo lugar durante el conocido apartheid. Los paralelismos no son mera coincidencia, y fue en Johannesburgo donde miles de negros fueron obligados a alojarse en áreas urbanas designadas por los blancos bajo sus propias leyes discriminatorias.

El tramo final es bien distinto. Aún intercalando de vez en cuando algunas entrevistas, la película abandona incluso el (inesperado) humor que se permitía al principio, para volverse mucho más pirotécnica a la vez que convencional. Explosiones y tiroteos a diestro y siniestro, a los que dan mucho juego las potentes armas alienígenas y algún que otro artefacto que parece sacado del manga/anime japonés (un mecha, para los entendidos). Eso sí, la acción está bien rodada y no marea demasiado pese al ya abusivo y reiterativo uso de la cámara al hombro al que muchos directores parecen prestarse últimamente. Se agradece además una calificación “R” que nos permite ver algún que otro desmembramiento y a mucho soldadito reventar en pedazos. Por tanto, ese segmento del film nos demuestra la capacidad de Blomkamp para poder ponerse al mando de cualquier blockbuster cañero que se presente en un futuro.

Pero no todo son virtudes, y aunque en los últimos minutos se intente dar un giro –demasiado forzado- a las acciones de Wickus, este sigue siendo un cretino y un personaje con el que el espectador no logra sentirse identificado. Y aunque quizás debiéramos buscar esa empatía en los extraterrestres (por aquello de ser los marginados), la aparición de estos es a veces demasiado trivial, y la “gamba” que acompaña a Wickus se queda en estatus de secundario poco favorecedor. A título personal, hubiera dado un mayor protagonismo a los alienígenas, o en todo caso, hacer que el personaje humano fuera un poco menos, detestable, ya que convertirlo en el clásico antihéroe es algo que no termina de cuajar del todo (tampoco es que sea necesario un buen samaritano ni mucho menos el típico niño que entable amistad con el E.T. de turno)

Esto no afecta a mi opinión sobre Sharlto Copley, quien realiza una interpretación más que convincente, acompañado por unos alienígenas digitales -y demás efectos- bastante conseguidos pese a su reducido presupuesto (30 millones… increíble-ble)

Así pues, la denuncia implícita en la historia tanto de racismo y de demagogia como de mezquinos intereses político-militares (las pruebas con los aliens y sus armas son una evidencia clara del potencial armamentístico que puede suponer para los gobiernos o el mercado negro) está conseguida pero se queda muy en la superficie. El peso dramático es notable pero no excelente, y termina diluyéndose entre tanta acción encasquetada hacia el desenlace.

Por tanto, “District 9” es una curiosa y original propuesta de ciencia-ficción que recuerda un poco a “Alien Nación”, en términos de convivencia alienígena, y a “V, los visitantes”, por aquello de denunciar un hecho de nuestra historia reciente a través de una alegoría fantástica (la serie de los lagartos era una clara metáfora del fascismo alemán de la II G.M.), sazonado todo con una pizca de “Enemigo Mío” y “La Mosca”. Sin duda, para los amantes del género (servidor se incluye), es una cita ineludible a las salas de cine, ya que no todos los días tenemos ci-fi de este calibre (más inteligente que la media, vaya); acompañada, por otro lado, de una acertadísima campaña viral que poco a poco ha ido levantando el interés del respetado cinéfilo. Ahora bien, no es ninguna obra maestra ni tampoco lo pretende, y tanta crítica inflada no hace otra cosa que perjudicarla. A veces se machacan películas sin piedad ni necesidad, y otras veces se ensalzan de forma exagerada. En este caso, no merecería ni lo uno ni lo otro. Digna y recomendable, que ya es muchos en estos tiempos.


P.D.: Y ahora a esperar a que “Moon”, “Pandorum” y “Avatar” cumplan también su propósito y que las expectativas no nos jueguen una mala pasada.



Valoración personal:

sábado, 29 de agosto de 2009

"The Children" (2008) - Tom Shankland


Las películas con niños malvados ya son casi un subgénero en sí mismas. Las hay de todo tipo y condición, a veces con un único niño dando por saco y otras veces con todo un grupo juntándose para hacer daño. El sexo de la criatura no suele ser demasiado relevante, si bien es cierto que son los niños, y no las niñas, los que más predominan en este tipo de cintas.

La maldad de estos niños puede ser inducida por algún tipo de fenómeno natural o sobrenatural, como así no los han demostrado películas como “La semilla del diablo” (Rosemary's Baby) o “La profecía” (The Omen), ambas por obra y gracia del mismísimo Satanás; “Los chicos del maíz”, “El Exorcista” (aquí con una niña algo más mayor) o “El pueblo de los malditos” (Village of the Damned)

En otras ocasiones, se trata simplemente de genética y condición humana, que puede aflorar por motivos de envidia, como en la reciente “El hijo del mal (Joshua)” o simplemente ser maldad pura y dura sin motivaciones externas, como la aclamada “El Otro” o “El buen hijo”.

Incluso en el cine español encontramos todo un referente de esta vertiente, como es “¿Quién puede matar a un niño?” de Narciso Ibáñez Serrador, cuyo título ya es bastante sugerente, teniendo en cuenta que enfrentarse a estos niños supone, en la mayoría de casos, todo un dilema moral. Y es que no es lo mismo defenderse de un psychokiller, un alienígena o un monstruo, que de un niño, quien seguramente nos provoque remordimientos o incluso incapacidad para responder con similar o mayor violencia.

Este tipo de dilemas, entre otras inquietudes, son las que nos presenta The Children, una cinta de terror inglesa inédita en nuestro país -al igual que la muy recomendable Eden Lake- y dirigida por Tom Shankland, director de cierta experiencia televisiva que dio el salto al largometraje con “Waz”, película que no he tenido el gusto de ver pero de la que tampoco he leído críticas muy positivas.


La historia gira en torno a dos familias que pretenden pasar juntas unas tranquilas y divertidas vacaciones navideñas en casa de uno de ellas, en medio del frío y nevado bosque. Los padres se distraen conversando y bebiendo o juegan con los niños en la nieve. Todo parece idílico hasta que el comportamiento de algunos de sus niños empieza a romper la harmonía. Los pequeños parecen estar enfermos y se comportan de forma extraña, con una actitud, a ratos, arisca y rebelde. Pronto, lo que parecía ser una simple rabieta, se convierte en toda una pesadilla para los padres, que ven como sus propios hijos intentan matarlos.


Las críticas que había leído hasta el momento acerca de este film eran, ciertamente, bastante entusiastas, pero prefería desconfiar un poco para no llevarme una decepción demasiado grande. Y por ello debo decir que esta vez la sorpresa ha sido para bien, ya que sin ser ninguna maravilla ni aportar demasiadas novedades al “subgénero”, la dirección que imprime Shankland es muy eficaz, manteniendo en su inicio un logrado desasosiego, para rematar luego con un tercio final más sangriento y desolador, y todo ello sin descarrilar por el camino. También ha ayudado a ello un guión que no se anda con rodeos y un conjunto de interpretaciones solventes, tanto por parte de los adultos como de los más jóvenes.

El primer tramo nos presenta a todos los protagonistas, y ya de forma temprana empezamos a intuir quién o quiénes serán los primeros niños en dar problemas. El motivo del cambio de comportamiento entre la chiquillería parece ser algún tipo de virus, o eso intuimos, dado que en ningún momento llega a ofrecerse al espectador una respuesta concreta. Eso, en parte, puede ser un punto a favor o en contra dependiendo como uno se lo tome.
En este caso, las pistas se dejan entrever de forma clara aunque no contundente, y por ello el misterio se hace más fuerte a medida que avanza el metraje y nunca se pierde el interés por esa incógnita, por mucho que las “gamberradas” de los niños centren nuestra atención la mayor parte de la película. Por otro lado, a veces es mejor conocer una respuesta a medias, intuirla o dejarla en la propia imaginación del espectador, que ofrecer una resolución endeble, absurda o que simplemente no nos convenza. Así que en ese sentido, creo que director y guionista han obrado de forma correcta en el planteamiento que mueve toda la acción.

El segundo tramo es mucho más malsano y desagradable (en el buen sentido de la palabra, si es que lo hay), y se ponen de manifiesto los dilemas morales que he comentado al inicio de la crítica. Defenderse, y por tanto, luchar contra el ataque de tus propios hijos o de tus sobrinos, que para más inri, no tienen ni 10 años, pues no es nada fácil. Y por suerte ese hándicap está presente aquí, de modo que no se trata de la contemplación de la violencia por la violencia, ni tampoco el director pretende deleitarse en lo macabro de la situación como muy probablemente harían algunos directores franceses. Aquí subyace una lucha psicológica contra uno mismo, basada en el hecho de afrontar la violencia de unos niños trastornados que en el fondo, no dejan de ser víctimas fortuitas (no son niños malignos por naturaleza, sino que “algo” los ha transformado en lo que ahora son: psicópatas asesinos)

Así es como SPOILER la madre de uno de ellos queda profundamente afectada cuando, para salvar la vida de su otra hija, termina sacrificando, sin pretenderlo conscientemente, la del hijo atacante; o cuando ésta misma prefiere dejar que la asesinen antes que volver a matar a uno de esos lobos con piel de cordero FIN SPOILER. También es interesante la negación de algunos protagonistas ante lo que está sucediendo, rechazando admitir lo más improbable, y dando por hecho lo más factible (SPOILER cuando padrastro y tía acusan a la adolescente Casey de ser la culpable de todo el embrollo, incapaces de ver y reconocer la maldad en los más pequeños de la casa FIN SPOILER)



Por esta serie de motivos, por muy sobado que esté el tema de los niños malditos, The Children” logra convencerte y a la vez incomodarte (yo soy de los que me hubiera cepillado a los niños de la película sin pensármelo dos veces, pero que de seguro me sentiría impotente de tratarse de mis propios hijos)

La historia, escrita por Paul Andrew Williams, escritor y director de películas como London To Brighton o The Cottage (ésta última, ni me convenció ni me hizo gracia), es resultona y se desarrolla en un ambiente nevado y aislado, la mar de apropiado para la ocasión, y el director sabe sacarle partido a ese conjunto, ajustando la duración de forma adecuada (poco más de hora y cuarto) y optando muchas veces por no mostrar explícitamente según que situaciones, lo cual es todo un acierto por su parte.

Nada me asegura que su anterior trabajo esté al nivel de ésta The Children, pero quizás ahora me atreva a echarle un vistazo a “Waz”, salvo que algún lector del blog me aconseje rotundamente lo contrario.


P.D.: Del final podríamos intuir ciertas cosas. SPOILER O bien que la adolescente Casey está algo trastornada por los hechos ocurridos (cosa poco probable, dada la entereza de su personaje), o bien que el virus, o lo que aquello sea, ha terminado afectándola también a ella. La segunda hipótesis cobra más fuerza si tenemos en cuenta que la niña más mayor de todas, Miranda, es la que más tarda en transformarse, y que antes de subirse al coche, Casey vomita, siendo éste uno de los síntomas más claros de la afección. De este modo, podríamos deducir que el “virus” ataca de menor a mayor, dejando ese final abierto, no tan abierto. FIN SPOILER



Valoración personal:

jueves, 6 de agosto de 2009

"G.I. Joe" (2009) - Stephen Sommers


Después del enorme éxito cosechado por Transformers en el 2007, era cuestión de tiempo que otros juguetes de la compañía Hasbro dieran el salto a la gran pantalla. Así es como los mandamases de la Paramount (responsables también de la duología robótica de Michael Bay) fijaron sus ojos en los G.I. Joe, otro de los productos estrellas de la compañía juguetera con posibilidades de convertirse en todo un “arrasa-taquillas”.

Para tales menesteres, hacía falta un director que supiera ofrecer espectáculo a cualquier precio, y estando Bay ocupado con sus robots transformables, el encargo recayó en Stephen Sommers, otro especialista -con sus más y sus menos- en cine palomitero, y que años atrás ya dio la campanada con la muy disfrutable “La Momia” (sustituyendo el terror de la momia de Karloff por una buena dosis de aventuras, al más puro estilo Indiana Jones). Aunque a título personal, a mí ya me encandiló con “Deep Rising” (entretenida y cachonda monster-movie donde las haya)

Con Sommers en la silla de director se podía esperar cualquier cosa. Y es que después de la cochambrosa Van Helsing (que recaudó un poco más del doble de lo invertido, pero cosechando críticas nefastas), no estaba muy claro qué podía salir de aquí.


La historia de esta adaptación no es muy complicada y sigue las andanzas de los G. I. Joe, una fuerza de élite especial y secreta altamente cualificada para llevar a cabo misiones de alto riesgo. Cualquier enemigo, grupo terrorista o sombría organización que atente contra la libertad humana o haga peligrar la paz mundial, se las verá con los valerosos Joes, hombres y mujeres de gran coraje, bien entrenados y aún mejor armados.

La última misión de los Joes es asegurar que una poderosa arma nanotecnológica no caiga en malas manos. Tras ella anda McCullen (Christopher Eccleston), un codicioso empresario fabricante de armas que pretende usar dicha nanotecnología para sus propios y malignos propósitos. Para hacerse con ella, McCullen cuenta con la ayuda de un siniestro científico y todo un ejército de mercenarios, entre los que destacan la Baronesa (Sienna Miller) una mujer de armas tomar embutida en un sugerente cuero, y Storm Shadow, un experto e implacable ninja.

La lucha entre ambos bandos ha comenzado. Del éxito o el fracaso de los Joes depende la seguridad de todo el planeta.


Quién más quién menos, que pase la veintena o treintena de edad, habrá visto o como mínimo recordará la serie ochentera de los GI Joe, además de –posiblemente- haber tenido entre sus manos sus respectivos muñequitos; esos que solían romperse por la gomita de la cintura y que los más apañados, haciéndonos los MacGyvers, conseguíamos arreglar con una goma de pollo. Los dibujos, que tuvieron su propia película de animación allá por el 87, eran de lo más simples. Dos comandos, los buenos (GI Joes) y los malos (Cobra), se enfrentaban episodio sí y episodio también. El Comandante Cobra, jefazo de los malos malotes, urdía un plan maquiavélico y los Joes se dedicaban a chafárselo, lo que originaba batallas por mar, tierra y aire, disparando sus armas láser en medio de numerosas explosiones. Batallita tras batallita, la serie enganchó a los críos de aquella época, lo que propició un notable impulso a las ventas de las figuras de acción (que fueron anterior a los dibujos)

Desde entonces, numerosas versiones televisivas han ido apareciendo en la pequeña pantalla, hasta que por fin le ha tocado el turno a la película de acción real, que traslada la simpleza y diversión de la serie original a la versión cinematográfica.

En el guión no hay mucho donde escarbar. La trama se resume en que los malos quieren apoderase de la destructiva arma, que en un primer intento fallido, termina en manos de los GI Joes. En un segundo asalto, consiguen hacerse con ella, lo que invita a los buenos a ponerse las pilas y recuperarla. Entra una cosa y otra, se van sucediendo escenas de acción a diestro y siniestro, sin dejar apenas respiro al espectador.

Tras un curioso prólogo, los principales protagonistas son presentados al espectador. Por un lado tenemos a Duke (Channing Tatum) y a su compañero y amigo Ripcord (un, por raro que parezca, simpático –y no cargante- Marlon Wayans) dos soldados de la OTAN que terminarán uniéndose al equipo de los GI Joe’s, comandado por el General Hawk (Dennis Quaid, que aquí no pega ni con cola). Por el otro lado, tenemos al empresario y malo maloso de la función, McCullen, respaldado, entre otros, por su churri y mano derecha, la Baronesa. Tanto los buenos como los malos vacilan todo lo que pueden delante de la cámara, con sus frases ingeniosas y a ratos, lapidarias. Cada uno se luce en su campo. Sin ir más lejos, los dos ninjas, Storm Shadow y Snake Eyes, nos regalan unas cuantas piruetas y unos buenos duelos de espada, mientras que el resto, haciendo acopio de la última tecnología armamentística, ofrecen su pertinente espectáculo pirotécnico.

A la trama le falta chicha (para qué negarlo) y al prota principal, Chaning Tatum, carisma y algo de expresividad, pero de lo que anda sobrada esta GI Joe de Sommers es de acción. A la que se sucede la primera ráfaga de explosiones y tiroteos, esta acción apenas se detiene. Guionistas y director no se andan por las ramas, y por ello la película goza de un ritmo trepidante, con secuencias espectaculares cargadas de fantasmadas y efectos digitales que, a veces, pegan el cantazo. Y es que a Sommers, cada vez más, le da por digitalizar todo cuanto puede, sustituyendo los actores y los especialistas por monigotes CGI que parecen de goma. La persecución que tanto se han empeñado en promocionar en clips y trailers es, visualmente, muy atractiva, y el director sabe rodar sin marear demasiado la cámara. Por contra, abusa en exceso del ordenador y todo se torna demasiado falso, irreal y carente de emoción. Lo de los trajes acelerados no deja de ser una chuminada que estropea/ridiculiza un poco el espectáculo del film. En parte, porque el CGI mostrado, en comparación con otras superproducciones, deja bastante que desear (y eso que han contado con 175 millones de presupuesto, que no es poco). Snake Eyes, eso sí, no necesita ni trajes especiales ni hostias en vinagre. Volteretas y giros en el aire cual Spiderman, hacen de este GI Joe un superninja tan molón como, a veces, inverosímil.


Ese abuso de efectos digitales se traslada también a nimiedades tales como el vaho de los actores en la base polar de McCullen. A este paso, no me hubiese extrañado que Sommers, obsesionado como estaba con la delantera de la Miller, le hubiese aumentando un par de tallas a la moza por obra y gracia del ordenador (no se ha dado el caso gracias al favorecedor traje que luce)

Abuso digital a parte, el entretenimiento está asegurado. No se toma muy en serio a sí misma, lo cual es una virtud dados sus excesos (al estilo del James Bond de Roger Moore). Un producto palomitero con el que dejarse el cerebro en casa, mientras en la sala de cine se disfruta –a un nivel medio no muy entusiasta, todo hay que decirlo- de todo el despliegue visual y pirotécnico del que la cinta hace gala. Y es que en ese sentido, la esencia de la serie original permanece intacta. Mucho batallita, mucho artilugio imposible, transportes de todo tipo, fortalezas de lo más variopintas en los sitios más recónditos del planeta, y un montón de soldaditos repartiendo estopa. Si buscas algo más, te equivocas de película.

“G.I. Joe “es el último blockbuster del verano, y cumple su función de simple y ruidoso divertimento. Tiene sus fantasmadas, el CGI no es perfecto y los villanos rozan lo esperpéntico (por no hablar del aspecto del futuro Comandante Cobra), pero para un escéptico servidor, asustado como estaba por los “ironmans de hojalata”, el resultado no ha sido lo catastrófico que esperaba. Así que la mejor manera de disfrutarla es yendo con las expectativas bajas o justitas. Así los más benévolos darán por amortizada la inversión. En caso contrario, tendréis la palabra “truño” en la punta de la lengua.

El final, por cierto, deja el terreno preparado para una secuela que, de tener éxito ésta, caerá sí o sí. Ahí seremos testigos de lo que aquí no es más que un breve comienzo de lo que será el Comando Cobra que todos ya conocemos.

P.D. 1: Son de agradecer los puntuales flashbacks que se intercalan en el transcurso del metraje, ya que ayudan a saber un poco más de algunos personajes.

P.D.2: Atención a la presencia (más bien cameos) de algunos actores fetiche del director, como Arnold –La Momia- Vosloo (el mejor villano del film, a mi gusto), Brendan Fraser o Kevin J. O'Connor (el compi traidor de O’Connell o el mecánico graciosete de Finnegan)




Valoración personal:

viernes, 24 de julio de 2009

Dragon Hunters (2008) - Guillaume Ivernel & Arthur Qwak


El cine de animación 3D se ha abierto un hueco muy importante dentro de la industria cinematográfica, hasta el punto de que algunas de estas películas se erigen como las más taquilleras del año, además de obtener, en algunos casos -Pixar, sin ir más lejos- un importante reconocimiento por parte de la crítica especializada.

Cada vez hay más competición en el sector, de modo que aunque Pixar Studios sean, por el momento, los reyes indiscutibles de este tipo de cine, siguen surgiendo estudios que se atreven a lanzar sus propias producciones en busca del éxito taquillero. No siempre los resultados son convincentes, pero tener una gran variedad de películas donde poder elegir es de agradecer para el espectador. No todos los días se puede disfrutar de la maestría de los primeros, con lo que a veces apetece también disfrutar de productos más simples, aunque no por ello menos interesantes o meritorios.

Con la saga Ice Age o películas como Robots o Horton Hears a Who, Bly Sky Studios ha demostrado que no tiene nada que envidiar a Dreamworks; es más, en algunos casos los superan ampliamente. Pero no todo van a ser estudios americanos o ingleses, y este año se estrenará mundialmente una de las grandes apuestas patrias, “Planet 51”, una cinta a la que le llevo siguiendo la pista desde hace mucho tiempo y que, a juzgar por los trailers, tiene una pinta estupenda (esperemos que no decepcione)

Pero ahora nos toca hablar de Dragon Hunters, o lo que es lo mismo, Chasseurs de dragons, una película de animación 3D francesa que traslada a la gran pantalla la serie de televisión homónima emitida en Estados Unidos por Cartoon Network, y que a su vez se basaba en unos cómics publicados por la editorial Delcourt.

El flilm (elegido Mejor Largometraje en el IV Festival Internacional de Animación de Córdoba, ANIMACOR’08) nos narra las aventuras Lian-Chu y Gwizdo, dos “cazadores de dragones” de poca monta que ofrecen sus servicios a cambio de una recompensa económica. Viajan de pueblo en pueblo acabando con toda bestia que se les pone por delante, pero sus métodos suelen ser tan chapuceros, que la gente que les contrata termina por no pagarles. Sin embargo, la mala suerte de estos dos cazadores, a quienes acompaña una extraña bestia azul a modo de mascota, cambiará el día que conozcan a Zoé, la sobrina de un adinerado noble.

El reino del Sr. Arnold y el resto del mundo están en serios apuros, ya que como cita la profecía, cada vigésima estación, el dragón más temible y mortífero de todos despierta de su largo sueño para destruirlo todo a su paso. Ante tal amenaza, Zoe decide presentar a Lian-Chu y Gwizdo a su viejo tío para que éste les encomiende la difícil misión de acabar con la criatura.

Éstos aceptan a cambio de un buen puñado de oro, emprendiendo así un peligroso viaje hacia los confines de la tierra, lugar donde merodea el terrible dragón.


Antes que anda, he de decir que no conozco los cómics Chasseurs de dragons ni he visto la serie de dibujos animados. Por tanto, no puedo juzgar la fidelidad con el material predecesor ni si es mejor o peor. Tan sólo puedo opinar sobre la película, y he de decir que parte de una idea más bien poco original y típica, pero tiene un aspecto y una ambientación bastante particulares que la hacen muy atractiva y diferente.

Para empezar, la historia se localiza en un mundo de fantasía repleto de islas e islotes flotantes donde se emplazan castillos, fortalezas, granjas y demás habitáculos. Este particular escenario brinda amplias posibilidades, y sus creadores lo aprovechan para crear lugares realmente imaginativos. Algunos son bellos y llenos de colorido, mientras que otros son más grises y tétricos. Pero todos suponen un magnífico marco en el que desarrollar la mágica aventura que vivirán nuestros protagonistas.

Así pues, tenemos una película muy rica y llamativa a nivel visual, algo que se nota nada más empezar los créditos iniciales. Sin embargo, la historia está algo falta de verdadera emoción e intensidad, lo cula le pasa factura a la hora de desarrollar la trama y los propios personajes.
La historia es muy simple a la vez que plana. Ir de A a B, superando algún que otro obstáculo para finalmente enfrentarse al dragón en un duelo final a vida o muerte. No hay más.

En ese sentido, quizás la historia no necesita de más complicaciones, pero su escasa duración (no llega ni a la hora y media), no le permite sacar provecho de todos esos escenarios ni de los posibles peligros a los que podrían enfrentarse los protagonistas. Quizás añadiendo unos minutos, con uno o dos dragones o monstruos más a los que enfrentarse, y unos personajes un poco menos unidimensionales (a excepción de Gwizdo, el único que realmente evoluciona durante la película), le hubieran sentado bien, implicando un poco más al espectador en la aventura.


Todo se resuelve con demasiada rapidez y facilidad, algo que para los que somos un pelín más exigentes, nos deja esa sensación de que podría haber sido algo mejor.

Pese a esas carencias en metraje y emoción, la película se hace bastante agradable y entretenida, con unos enemigos, dentro de lo que cabe, originales; unos paisajes muy curiosos y unos personajes simpáticos, especialmente el gracioso bicho azul que acompaña al grupo de cazadores.

Dragon Hunters es una simpática película de aventuras mucho más ambiciosa a nivel visual que a nivel argumental. No está exenta de ciertas carencias y peca de un desarrollo demasiado funcional, pero aún así cumple con su cometido, que no es otro que entretener. Se le puede exigir más, pero viniendo de donde viene, supone un pequeño y gratificante paso hacia adelante dentro del cine de animación hecho en Europa. Y desde aquí les animo a seguir trabajando para mejorar y estar a la altura de los grandes, ya que talento parece no faltarles.



Valoración personal:

viernes, 17 de julio de 2009

"The Man from Earth" (2007) - Richard Schenkman


Esta es una de esas películas que alcanzan el estatus de “película de culto” gracias a Internet, y más concretamente, gracias a las redes P2P.

The Man from Earth es una película independiente de muy bajo presupuesto (200.000 dólares) que fue estrenada en algunos festivales de menor renombre, y que fue alcanzado una mayor repercusión gracias a las redes P2P. Por lo visto, los usuarios empezaron a descargarse la película y muchos de ellos a dejar buenas opiniones en sus blogs o páginas web de referencia como filmaffinity o imdb. Los elogios empezaron a acumularse, y la película alcanzó tal fama que hasta su productor agradeció que la cinta se distribuyera por canales torrent, ya que de no haber sido así, seguramente hubiera pasado desapercibida y quedado relegada al olvido colectivo. Y ya que no iba a ser exhibida en cines y por tanto, poco iban a ganar con ella, por lo menos que tuviera el reconocimiento del público cinéfilo que ellos creían que ésta merecía.

La cuestión es que cuando la descubrí decidí comprobar por mi mismo si el film en cuestión realmente era tan bueno o no, algo que no deja de ser una cuestión de gustos. Y es que no sería la primera vez que voy a contracorriente con películas tan alabadas a las cuales considero altamente sobrevaloradas. A fin de cuentas, poco importa lo que digan los demás, ya que el mejor crítico es uno mismo, y bien puedes unirte a los elogios como terminar llevándoles la contraria (no existe un patrón fijo a seguir)

Para evitar las altas expectativas, dejé pasar un tiempo prudente, tanto que casi me olvidé de ella. Y ahora, pasado más de un año, por fin le echado ese merecido vistazo.

Tras diez años como profesor universitario, John Oldman ha decidido dejarlo todo y marcharse a otro lugar. Mientras empaqueta sus cosas, sus colegas de trabajo deciden hacerle una visita para poder despedirse de él y, en cierto modo, averiguar también cuál es el motivo de su marcha. John lamenta decirles adiós después de tantos años, y tras la insistencia de los mismos, decide contarles su secreto mejor guardado y la razón por la cual no puede permanecer más tiempo junto a ellos. En ese instante, John les revela que es un hombre de Cromañón de 14000 años de edad que, inexplicablemente, ha logrado sobrevivir hasta nuestros días. Por supuesto, sus amigos, la mayoría de ellos, personas de ciencia, asisten incrédulos ante tal confidencia.

La breve despedida pronto se convierte en una intensa y apasionante discusión sobre los orígenes de John. Las preguntas, a veces por curiosidad, otras con sorna, se suceden una tras y otra, y el supuesto hombre de Cromañón parece tener una respuesta coherente y convincente para todas ellas. ¿Acaso John les está contando la verdad o simplemente trata de gastarles una broma de mal gusto? ¿Si todo eso es cierto, como es posible que haya sobrevivido tanto tiempo y sin envejecer?

La respuesta a estas y otras preguntas sólo se pueden encontrar viendo la película.


Mi primera recomendación sería la de ver la película y luego leer mi crítica. Así mi opinión no os afectaría a la hora de acercaros a ella, evitando así expectativas que pudieran arruinaros su visionado. No en vano, si decidís seguir leyendo para saber si os va a interesar o no, seguiré relatando mi particular experiencia acerca de esta curiosa y adictiva historia, deseando que cale en vosotros del mismo modo que lo ha hecho en mí.

Jerome Bixby concibió la historia de The Man from Earth en los años 60, y siguió trabajando en ella junto a su hijo Emerson a lo largo de varias décadas, logrando terminarla en su lecho de muerte en abril de 1998. Bixby tenía experiencia en la ciencia-ficción, ya que había escrito varios relatos, además de numerosos episodios de Star Trek y The Twiligth Zone. Desgraciadamente, jamás logró ver realizada la película de ese guión que tanto tiempo le costó pulir.

En 2006, Emerson por fin logró llevar a cabo la película, contratando a un grupo de actores y un director no muy conocidos para el público de a pie pero con suficiente experiencia como para cumplir con su función.

La película se sitúa en único espacio, el salón de la casa de John. Allí están reunidos todos los personajes, siendo su conversación el sustento de toda la historia. Por tanto, estamos ante una cinta de carácter fantástico en la que no encontrareis ni efectos especiales, ni explosiones ni nada por el estilo. Esto es ciencia-ficción minimalista basada únicamente en los diálogos de sus protagonistas, así que el grado de atención dependerá mucho del interés que éstos os causen.

La historia me resultó atractiva des de el principio. Después de la increíble revelación de John, sus amigos, bien para saber si ha perdido la cordura o si se trata de una broma, deciden seguirle la corriente y hacerle preguntas al respecto. Y es ahí donde uno se va adentrado cada vez más en la trama, convirtiéndose en uno más de los oyentes que pretenden esclarecer el misterio.


En las respuestas de John y en su humilde y hasta creíble forma de contar su historia, reside la mayor baza del guión. Su discurso, mayormente ateo y anticristiano, todo hay que decirlo, cala hondo y da qué pensar a sus amigos y al espectador, esto último algo poco habitual en el cine actual.

¿Seríamos los más sabios del mundo si pudiéramos vivir eternamente? La respuesta es no. ¿Acaso con un promedio de vida de 70 a 100 años, somos capaces de recordar todo lo que hemos aprendido a lo largo de nuestros estudios, experiencias y demás? Pues eso mismo le ocurre al “inmortal” hombre de Cromañón.

John ha ido aprendiendo con el paso de los años, y hay cosas que recuerda y otras que no. Y al no existir la posibilidad ni de desmentir ni de confirmar si su historia es cierta, como tampoco existe posibilidad alguna de cerciorarse de la existencia de Dios o, en su defecto, de desmentirla por el simple hecho de no haberlo visto, su relato va cobrando fuerza entre los presentes.
Primeramente, la postura a mantener es puramente científica, pero pronto la conversión deviene a lo religioso, momento en que se nos revela un dato que aquí no desvelaré, pero que supone un punto de inflexión de gran peso en la película. Es en ese punto donde se pone a prueba al espectador, tanto por su disposición con el film como por sus creencias personales.


Y es que guste o no, la película difícilmente deje indiferente, ya que abre un interesantísimo debate que admite todo tipo de opiniones.

Pese a lo comentado, no se puede decir que la película sea perfecta, ya que en mi opinión el desenlace cae en un innecesario melodrama que estropea un poco el equilibrio de la cinta. Y aún así, esto no impide que el disfrute se venga abajo, ya que en líneas generales, la película, que no destaca precisamente por su dirección ni actuaciones, sino por el estudiado e ingenioso guión, logra atraparte y dejarte huella. O al menos conmigo lo ha conseguido.

The Man from Earth no es apta para todos paladares. Con esto no quiero menospreciar los gustos de nadie ni mucho menos mostrar una postura altiva y condescendiente como puedan hacer otros. Como ya he comentado antes, no es más que una cuestión de gustos, siendo aquellas personas que disfrutan de las películas pequeñas y sencillas, las que más posibilidades tengan de apreciar el valor cinematográfico e ideológico de esta, a mi juicio, pequeña joya.



Valoración personal:

lunes, 13 de julio de 2009

“Lesbian Vampire Killers” (2009) Phil Claydon


Hay proyectos que a uno le llaman la atención nada más conocer su sugerente o, en este caso, bizarra sinopsis. Esto es lo que me ocurrió con Lesbian Vampire Killers, una película cuyo título ya era toda una declaración de intenciones.

Cuando el llamado cine de clase A cada vez te decepciona más, intentas buscar la satisfacción cinéfila en producciones mucho más humildes pero, a veces, más ingeniosas. Obviamente, tanto con unas como con otras, esa satisfacción depende mucho de si hay gente con talento detrás, más que si la propuesta es original o no.

Lesbian Vampire Killers busca en todo momento la complicidad con el espectador mediante un intencionado aspecto exploitation, que va desde el tráiler publicitario hasta los títulos de créditos de la película o las cortinillas durante el visionado de la misma. Para no pasar desapercibida, sus responsables además crearon una currada página web para nuestro deleite, consiguiendo así más renombre en la red, medio que como ya viene siendo habitual, sirve para que estas películas se den a conocer entre el colectivo bloguero más cinéfago. Entre eso y el argumento, la cinta prometía diversión sin complejos, pero… ¿cumple con su humilde propósito?

A Jimmy le acaba de dejar su novia por enésima vez, así que para olvidar las penas, su horondo amigo Fletch le propone hacer un viaje a algún lugar donde haya fiesta y mujeres bonitas. Desgraciadamente, sus ahorros no dan para tanto, así que deciden hacer autostop y echar a suertes el lugar de destino para sus mini vacaciones.

Los dos amigos terminan en Cragwich, un pequeño pueblo dejado de la mano de Dios en el que, sorprendentemente, encuentran a un grupo de bellas y jóvenes excursionistas con las que decidirán compartir sus cervezas y, a ser posible, también sus camas.
Los dos grupos de se dirigen a una casa en medio del bosque a pasar la noche. Una vez allí, todo parece diversión de la buena para el salidorro de Fletch, que bebe y baila a son de la música con sus nuevas y macizas amigas, mientras que Jimmy aún sigue pensando en su ex novia Judy a la vez que entabla amistad con Lotte, la lista del grupo.

Pero toda esa diversión se ve truncada por la aparición de una cuadrilla de vampiresas dispuestas a alimentarse de los muchachos y a convertir a las guapas excursionistas en sus próximas compañeras de caza. Jimmy, Fletch y las chicas deberán unir sus fuerzas para hacer frente a sus sanguinarias atacantes antes de convertirse en su festín nocturno.


Si a ese argumento le añadimos la particularidad de que las vampiresas son lesbianas, la curiosidad por ver esta bizarrada aumenta considerablemente. Por otro lado, se trata de una producción inglesa con una pareja de amigos similar a la de la simpática “Shaun of The Dead”, por lo que la esperanza de encontrar humor de calidad se hace más factible.


Desgraciadamente, todo eso no se cumple como uno esperaba. Para empezar, la pareja protagonista tiene una presencia humorística bastante desigual.

Mathew Horne y James Corden, Jimmy y Fletch respectivamente, son dos comediantes ingleses bastante reconocidos en su tierra, pero aquí el que lleva casi todo el peso del humor es Corden, quedando Horne en un segundo lugar no muy favorecedor. Su más bien insulsa presencia quizás sea debida al poco empaque de su personaje dentro de la trama (y eso que ésta nos guarda una sorpresa –no tan sorpresa- sobre sus orígenes) y no tanto al trabajo del actor. Su compañero de reparto se lleva todas las gracias que a uno puedan sacarle una sonrisa. Pero nuestra desgracia, ese humor se compone básicamente de chistes de carácter sexual, haciendo varias referencias al órgano sexual masculino, además de gags escatológicos de “pedo, caca y pis” y algún que otro vómito y viscosidades varias incluidas. Y es que aquí las vampiresas no tienen sangre roja sino blanca (¿clara alusión a cierto fluido corporal masculino?) lo cual, pese a ser novedoso, no termina de complacerme.

Parece que por parte de los guionistas, hay un forzado intento en que cada uno de los diálogos resulte gracioso, pero la verdad es que a gusto de un servidor, fracasan en ello estrepitosamente. Cada palabra que sale de la boca de Fletch es alguna soez o un chiste que difícilmente nos arranque una sonrisa, aunque no voy a negar que lo consigue en un par o tres de alejadas ocasiones. Por tanto, pese a que todo el humor recae en el personaje del amigo guarrete y chistoso, la verdad es que éste puede llegar a hacérsenos un tanto cansino.

Luego tenemos al personaje del reverendo, que resulta ser bastante patético y no goza de momentos demasiado destacables.

El resto del reparto lo conforman las féminas, quienes en su mayoría ofrecen unas interpretaciones bastantes pobres, salvándose quizás la exnovia de Jimmy y, a ratos, Lotte, la única virgen del grupo de excursionistas (y una de las piezas clave de la trama, por cierto)

La aparición de Carmilla, la Reina Vampira y la que lanza la maldición sobre el pueblo de Cragwich, resulta ser bastante decepcionante. Tiene ciertas poderes que la diferencian de sus semejantes –por algo es la reina-, pero no se le saca mucho partido y dura en pantalla mucho menos de lo deseado.


Gracias a que la película no dura más de hora y diez minutos, uno puede seguirla sin demasiada dificultad, pero la diversión gamberra que prometía el tráiler se queda en agua de borrajas. No es ni lo salvaje, divertida, atrevida ni entretenida de lo que sus responsables pretendían querer ofrecernos, y eso que un servidor ya había reducido sus expectativas tras leer las no muy entusiastas críticas vertidas por nuestros vecinos los ingleses, quienes tuvieron oportunidad de verla en cines hace ya algunos meses. Parece que la cinta se haya pasado por un tamiz muchos más comercial y ligero que termina arruinando sus desvergonzadas pretensiones

Ahora bien, la ambientación es bastante correcta y aunque dudo que haya tenido un presupuesto holgado, la cinta luce bastante pese a lo cutre de algunos efectos especiales, algo permisible dado el tipo de producción que es. Los títulos de créditos son bastante majos y el prólogo de la cinta, aunque abuse de pantalla verde, es cuanto menos, curioso.
Las chicas, por supuesto, lucen muy bien, pero ese no es suficiente reclamo para una película que da mucho menos de lo prometido.

Lesbian Vampire Killers se une a la lista de películas granujas decepcionantes o semi-decepcionantes que no alcanzan su propósito pese al esfuerzo que parece haber detrás. Las hay que se quedan a medio camino de todo, como My Name Is Bruce o Trailer Park of Terror, mientras que otras, sin ser del todo insatisfactorias, acaban dejando lo mejor para el final, como Dead Snow o Jack Brooks: Monster Slayer. La película de Paul Hupfield no es ni lo uno ni lo otro; simplemente, considero que no funciona.

De todas maneras, si tenéis curiosidad por verla, no renuncies a ello. Quizás a vosotros es caiga en mejor gracia que a mí. Yo depositaré mis esperanzas en Bitch Slap, esperando que ésta sí cumpla como es debido.



Valoración personal: