miércoles, 6 de mayo de 2009

"Star Trek" (2009) - J.J. Abrams


Quién me iba a decir a mí, años atrás, que me encontraría en una sala de cine –pase de prensa mediante- viendo una película de Star Trek. Y es que por mucho que adore la ciencia-ficción, la franquicia trekkie siempre se me ha resistido, tanto en su vertiente televisiva como cinematográfica. Pero después de llevar varios años condenada al ostracismo, siendo adorada casi exclusivamente por sus fans y teniendo un escaso éxito en taquilla, la saga resucita de sus cenizas tras una decena de películas, y lo hace de la mano de J.J. Abrams, creador de series tan populares como Alias o Perdidos (esta última, su mayor éxito en televisión).

Después de estrenarse como director con la tercera –y pese a sus carencias, entretenida- entrega de Misión: Imposible, y ser uno de los artífices de una de las campañas virales más sorprendentes de los últimos años para “Cloverfield” (aka Monstruoso….), película que produjo pero dirigió su amigo Matt Reeves, Abrams se ha puesto tras los mandos de una saga que, pese a sus altibajos, siempre ha tenido a un séquito de fans a su alrededor que la apoyaban con devoción. Por ello intuyo que esos fans recibieron la noticia con entusiasmo, si bien para el resto de mortales, su nuevo proyecto nos causaba algo de indiferencia.

Después de una larga espera, llegó un teaser tráiler que dejó boquiabiertos a propios y a extraños. El joven, actualizado y espectacular look que parecía lucir la nueva película no sólo hizo palpitar los corazones de los trekkies, sino que además captó la atención de aquel grupo de indiferentes -servidor incluido- que no tenían interés alguno por una enésima película de Star Trek. Por tanto, el mérito del Sr. Abrams es por partida doble: por un lado, ha conseguido reiniciar una franquicia que parecía destinada al olvido; y por el otro, la ha hecho atractiva y asequible a todo tipo de público, y no sólo al fan. Y por ese último motivo estoy yo aquí, para daros la humilde opinión de un espectador ajeno a la trekkiemanía.

La undécima entrega de la franquicia pretende ser el punto de partida desde el cual empezó todo. Tenemos ante nosotros a un joven James T. Kirk (Chris Pine), un chico cuya rebeldía le ocasiona más de un problema. Esa actitud de “estar de vuelta de todo” parece alejarle del prometedor futuro que le aguardaría si supiera aprovechar todo su potencial para fines más loables. Luego tenemos al inteligente Spock (Zachary Quinto), un tipo sereno y responsable que debe soportar el menosprecio de los de su propia raza por ser fruto de un Vulcano y una humana. Además, esa característica le hace susceptible a la inestabilidad emocional, siendo más impulsivo que el resto de los vulcanianos.

Estos dos jóvenes, aparentemente tan distintos entre sí, deberán hacer un frente común para detener al malvado Nero (Eric Bana), un Romulano que, movido por la sed de venganza, pretenderá exterminar no sólo a la tripulación del Enterprise sino a todos los planetas que conformen la Federación. Ahora el destino de la galaxia y de millones de personas están en sus manos. La nueva tripulación del Enterprise, liderada el Capitán Christopher Pike (Bruce Greenwood), está lista para emprender esta arriesgada misión.


En los últimos tiempos, la mejor manera de reiniciar una franquicia es tirando del formato precuela. Así se ha hecho con superhéroes, con icónicos psichokillers setenteros y ochenteros, y hasta con los jedis de Star Wars. Obviamente, los resultados no siempre son los esperados, pero sin duda es la mejor forma para atraer tanto al público nostálgico como a las nuevas generaciones.

Con Star Trek se ha optado por la misma fórmula, pero con ciertas variaciones/aportaciones que la alejan de ser una precuela al uso. Hay un elemento crucial, y que prefiero no relevar para mantener intacta la sorpresa, que la distancia de ser un “origins” típico y tópico.

Es cierto que tenemos delante a los jóvenes que se convertirán en la tripulación del Enterprise que todo fan conoce. Se nos cuenta quiénes son y cómo van a parar al equipo de reclutas que podrían formar dicha tripulación. Es una presentación de las relaciones iniciales que hay entre todos los personajes y el cómo llegan a los puestos que ocuparán en un futuro. Pero además de eso, se introducen nuevos elementos que le dan a la saga una nueva dimensión. Por ese motivo, lo que tenemos delante es, ante todo, una reinvención en toda regla que pondrá patas arriba la historia de Star Trek. Y ahí es donde los fans deberán ser más permisivos…

Creo que Abrams ha intentado ser respetuoso con el material con el que ha contado, pero eso no le ha privado de introducir cambios que darán otro rumbo a la franquicia. Esos cambios tiene una justificación lógica –que puede gustar o no- en ese spoiler que os quiero ahorrar. Una vez aceptadas las nuevas condiciones, no hay más que dejarse llevar por el vibrante espectáculo y disfrutar de espléndidas batalles estelares y del agradecido humor con el que el director ha impregnado esta trepidante aventura espacial.

La cinta empieza con buen pie. Los primeros minutos son una delicia tanto por su espectacularidad como por su carga dramática. El villano de la película es el primero en hacer acto de presencia, y a partir de ese punto, se desencadenará el resto de la trama. Una trama que siendo la mar de sencilla –que no simplona-, resulta realmente efectiva.

Que el joven Kirk llegue a ser capitán del Enterpise es todo un proceso que se irá viendo a lo largo de la película. El primer obstáculo será él mismo; deberá cambiar de actitud y demostrar a todos que bajo esa fanfarronería se esconde un líder nato. El segundo obstáculo será Spock, el “orejas puntiagudas” con el que Kirk tendrá más de un enfrentamiento; ambos deberán limar sus diferencias por el bien común. Y el tercer obstáculo, y el más difícil de superar, es Nero, un furioso y vengativo Romulano que no conoce el perdón ni la compasión; está claro que si no aplaca sus planes, se puede ir despidiendo no sólo de capitanear la Enterprise, sino de la vida y del mundo que lo ha visto nacer y crecer.


Esta Star Trek es una apasionante aventura espacial como hacía tiempo que no se veía en la gran pantalla
. Abrams ha sabido combinar a la perfección las escenas de acción con las de transición. No hay lugar para el aburrimiento, eso os lo aseguro. Desde el momento en que los personajes ponen un pie en la Enterprise, la película coge un ritmo trepidante que ya no suelta hasta el final.

Los efectos especiales y la ambientación son impecables. El pulcro diseño de escenarios y caracterizaciones del bando de los buenos, contrasta de forma conveniente con la decadencia y ferocidad del bando enemigo. La sofisticada tecnología de la Enterprise debe hacer frente a una fuerza mayor y hasta ahora desconocida. Estos Romulanos cuentan con mejor armamento, y sólo la audacia de Kirk y compañía podrá detenerlos. Así es como se dan lugar tanto batalles nave contra nave como duros enfrentamientos cuerpo a cuerpo.

Como ya he comentado antes, el humor es otra de las claves fundamentales de esta nueva entrega. La socarronería de Kirk y sus debates verbales contra Spock son algunos de sus mayores alicientes, aunque el resto de personajes también tienen su momento estelar. Diálogos ingeniosos (los fallidos intentos de ligoteo de Kirk con Uhura, por ejemplo) y simpáticas escenas, algunos de ellas rozando la hilaridad (de nuevo Kirk y sus “manazas”, el entrañable personaje de Scotty interpretado por Simon Pegg, o los problemas con el inglés del “benjamín” de la nave) son insertados con acierto en el momento justo, provocando la inevitable sonrisa – o incluso carcajada-en el espectador.

La dirección de Abrams es intachable. En ningún momento le tiembla el pulso, y maneja la narración con ritmo y energía. No se anda por las ramas ni se pierde en innecesarias subtramas. Pone las piezas en disposición y centra toda su atención en sus principales protagonistas, es decir, en Kirk, Spock y Nero. Es posible que se eche de menos un poco más de presencia de algunos secundarios, o incluso del propio villano, que se luce menos de lo esperado, pero cada tripulante - Uhura, Bones, Sulu, Chekov o Scotty- tiene su pequeño momento de gloria. Y en ese sentido, el reparto cumple con creces su labor.


Chris Pine, un guaperas al que no teníamos muy visto que digamos, se desenvuelve estupendamente en el rol del osado y chulesco Kirk. Para contrarrestar tanta arrogancia y evitar que el personaje nos caiga mal, éste también cuenta con sus debilidades. SPOILERS -- No es invencible, y más de uno del propinará una buena paliza; además la chica a la que desea la dará calabazas y, por si eso fuera poco, un enorme bicharraco le perseguirá para llenarse el estómago. --FIN SPOILERS

Spock/ Zachary Quinto es sobrio cuando toca, y feroz cuando le tocan la fibra sensible que ha heredado de su parte genética humana. Ni que decir que el personaje le viene que ni pintado.

Eric Bana realiza un convincente trabajo como el villano de turno. La caracterización y la mala leche que gasta, le convierten en un temible adversario.

El resto del reparto, desde la bellísima Zoe Saldana hasta el divertido Simon Pegg, pasando por los siempre solventes Karl Urban y Bruce Greenwood, cumple de sobras con su cometido.

Sorprende la presencia de un viejo conocido, Ben Cross, y el breve papel de una casi irreconocible Wynona Ryder. Además, y para deleite de los más trekkies, aparece Leonard Nimoy en su eterno y legendario papel de Spock. Y su presencia tiene una notoria relevancia en la trama, por lo que no se queda en un mero cameo de esos de “visto y no visto”.

Mención especial merece la portentosa banda sonora de Michael Giacchino, habitual colaborador de Abrams y que ya nos dejó esa magnífica –y única- pieza musical que sonaba durante los créditos finales de Cloverfield. Giacchino compone aquí una partitura plagada de rotunda y enérgica percusión, amenizada con sonidos más suaves y sosegados. Un acompañamiento ideal para gozar en un mayor grado de la acción y de los momentos más trágicos.

“Star Trek” de J.J. Abrams es un film disfrutable de principio a fin. Ignoro cómo se tomarán las novedades los más puristas, pero bajo mi punto de vista, se ha conseguido un entretenimiento de primera línea (y que ya quisieran las anteriores entregas). Si la saga sigue por esta nueva y fresca senda, que cuenten conmigo.

Una película totalmente recomendable tanto para los trekkies como para los que no lo son.



Valoración personal:

domingo, 3 de mayo de 2009

"X-Men Orígenes: Lobezno" (2009) - Gavin Hood


Tras filtrarse en la red un workprint de la película (una copia de trabajo sin pulir), los directivos de la Fox se pusieron las manos a la cabeza temiendo por el efecto negativo que eso podría ocasionar en la futurible taquilla de uno de sus blockbusters más esperados. La verdad es que pasados unos pocos días de su estreno, no se puede decir que dicha copia haya mermado en exceso la recaudación esperada, si bien tampoco estamos hablando del éxito rotundo que la Fox preveía. ¿Pero tiene el workprint toda la culpa, o se trata más bien de la desconfianza que ya de por sí provoca el estudio? Y es que en los últimos tiempos, la Fox se ha caracterizado más bien por llevar a la gran pantalla verdaderos despropósitos y, obviamente, a estrellarse con ellos en la taquilla.

Reconozco que nunca las he tenido todas con esta película, y por mucha espectacularidad que ofreciera el tráiler, había algo que me olía mal (llámalo intuición, llámalo sexto sentido o simplemente experiencia). Hasta ahora, la disparidad de opiniones acerca de su calidad no ha hecho más que confirmar mis dudas. Mientras unos la tachan de bodrio absoluto, otros lo hacen de peliculón; aunque luego hay unos terceros que se decantan por el término medio, dejándola como una película entretenida pero que podía haber sido mucho mejor. Para disipar dudas y saber a qué grupo pertenecía un servidor, no me ha quedado otra que comprobarlo por mí mismo y juzgar (es lo mejor que uno puede hacer cuando no se fía ni de los entusiastas ni de los catastrofistas)

X-Men Orígenes: Lobezno es un spin-off –de los varios previstos- de la saga cinematográfica X-Men, iniciada allá por el 2000 por Bryan Singer y finalizada, con una tercera entrega tan amada como odiada, por Brett Ratner en el 2006. Teniendo en cuenta que ya en estas tres cintas, el personaje de Lobezno (Hugh Jackman) contaba con gran parte del protagonismo, no era de extrañar que éste fuera explotado en una continuación para su exclusivo lucimiento y, ya de paso, para contarnos sus orígenes, como bien nos indica el título del film que nos ocupa.


Como precuela que es, ésta nos situa 17 años antes de los hechos acontecidos en sus predecesoras, narrándonos los inicios del proyecto Arma X y la forma en la que Lobezno convirtió sus huesudas garras en poderosas armas de matar recubiertas de adamantium (un material indestructible).
Engañado y traicionado, Logan (Jackman) se convierte en el conejito de indias del Coronel Stryker (Danny Huston) en sus experimentos con los mutantes. Jurando hacerle pagar sus fechorías y vengar la muerte de su novia en manos de Victor Creed (Liev Schreiber), Logan se “transforma” en Lobezno, un hombre lleno de rabia y dolor, reconvertido en un animal y movido únicamente por la sed de venganza. Ahora Stryker sufrirá la ira del monstruo que él mismo ha creado y Creed deberá asumir las consecuencias de su traición.


La Fox ha intentado por todos los medios amortiguar el efecto del workprint, y por ello se han esforzado en remarcar que la versión definitiva y la copia de trabajo ofrecen muchas diferencias. La verdad es que cualquiera lo diría, no ya porque muchos afirmen que son la misma película con algunos minutos y escenas de diferencia, sino porque sus efectos especiales, en algunas ocasiones, resultan tan bochornosos que parece que sigamos asistiendo a la copia inacabada y no a la definitiva. Un blockbuster de elevado presupuesto no debería presentar efectos especiales de saldo, ya que si hay un mínimo que se les pide a este tipo de productos, es que el dinero invertido sirva, por lo menos, para mostrar fx de calidad, algo que aquí ocurre de forma salteada. Y es que escenas perfectamente pulidas hacen compañía a otras que causan vergüenza ajena, algo bastante incomprensible para el estudio que produjo la trilogía original. O bien el presupuesto se les quedó corto o bien las prisas les hicieron hacer una chapuza (la escena de Lobezno frente al espejo es inadmisible en una producción millonaria de estas características)

Si gran parte del sustento de las películas de superhéroes son sus efectos especiales, está claro que la Fox ha cometido un error garrafal al exhibir un producto bastante desigual en ese aspecto. Sin embargo, eso motivo quizás sea insuficiente para despotricar de X-Men Orígenes: Lobezno. Miremos pues, más allá de sus efectos…

Hay un aparente esfuerzo por darle a la cinta no sólo espectacularidad, que la tiene pese a esos eventuales defectos especiales, sino también cierto empaque en el guión. La historia es atractiva de por sí, especialmente para los fans de la patrulla X y del personaje en cuestión. Vaya por delante que un servidor nunca ha leído los cómics en los que supuestamente se basa o inspiran dichos orígenes, así que no puedo juzgar la fidelidad con la que los guionistas han tratado la historia de Lobezno. Pero sí puedo juzgar lo que tengo ante mis ojos, y en ese sentido, me da la sensación que las lagunas argumentales son varias. No tengo claro si la idea era contar esos orígenes de forma apresurada o es que en la sala de montaje han hecho un verdadero estropicio a base de recortes y más recortes.


Para empezar, el reclutamiento de Logan y Victor Creed se me antoja excesivamente apresurado, así como su incorporación al resto del equipo que conforma Stryker. De golpe y porrazo, aparecen todos los personajes en pantalla, para durar apenas unos minutos (dedicados a la exhibición de sus superpoderes). Si bien lo más sangrante es que, bien avanzado el metraje, observamos que Logan tiene cierta amistad con alguno del grupo, como con John Wright, mientras que con otros, La Mole y el Agente Zero, no parece haber tan buen rollito. Pues en el caso de La Mole y de Wright, esas relaciones no quedan bien expuestas al inicio del film (lo contrario a Zero, que se nota que se caen mal nada más conocerse), y por ello desconciertan y parecen metidas con calzador, como si algo se nos escapara o no nos lo hubieran contado.

Pero lo peor es el uso irregular que se les da a todos esos personajes, algo que ya ocurría en sus predecesoras (especialmente en la tercera entrega). La presencia de algunos queda reducida casi a la nada, y se desaprovecha tanto al personaje como al actor que lo interpreta. En el caso de Gambito, aún podemos dar gracias que no queda relegado a un simple cameo y que su participación en la trama tenga relevancia para el devenir de la misma. Pero a Wade Wilson –entre otros- se le echan en falta más minutos, no ya porque su verborrea pueda dar más juego a la película, sino porque la idea de la Fox era hacer de este film una presentación trampolín para su propio spin-off, y el resultado deja mucho que desear (de pasarse los orígenes de Deadlpool/Masacre por el forro para convertirlo en un supermutante indestructible, prefiero no comentar nada, ya que tampoco soy un erudito en el tema)

También parece apresurado todo el proceso en el que las garras de hueso de lobezno pasan a ser de adamantium, además de infringir la coherencia que les une a la primera película de Singer sobre los X-Men (incluso en los breves flashbacks de aquella, había más carga dramática ¡y sangre! que en la que aquí se nos muestra). Por tanto, la unidad entre las distintas películas que conforman la trilogía queda algo descolgada, y eso debió tenerse en cuenta y corregirse nada más concebir el proyecto.

Más allá de eso, de lo que sí puede presumir la película es de tener a Hugh Jackman, que por sí solo llena la pantalla. El actor ha hecho suyo al personaje; se nota que se siente cómodo con él (me río yo de los puristas que lo tachaban de ser demasiado alto –argumento pueril donde los haya- para ser un buen Lobezno) y que se ha entregado a fondo para interpretarlo con dignidad. También Liev Schreiber como Victor Credd y Danny Huston como Stryker realizan un trabajo más que correcto, siendo estos los que más minutos comparten en pantalla con Jackman. Del resto no se puede decir nada malo, ya que son un visto y no visto, aunque me quedo con la simpática pareja de abueletes que ayudan a Logan en un momento de la película (y por supuesto, con la dulce belleza de Lynn Collins/Silverfox)

En cuanto a la dirección, Gavin Hood se ha prestado a lo que el guión le ofrece. Buenas secuencias de acción con otras excesivamente inverosímiles incluso para unos mutantes (la del helicóptero, por ejemplo). Una carga dramática ligera pero bien llevada, dados los antecedentes del director (ésta es su primera cinta de acción), unas dosis de humor bien administradas, buenas tomas aéreas… pero la narrativa es deficiente, dado el apresurado transcurrir de los acontecimientos. Eso y unas peleas en las que se nota demasiado el uso de los cables, le quita toda emoción al espectáculo.

Con sus más y sus menos, X-Men Orígenes: Lobezno consigue entretener al espectador. Pero se trata de un entretenimiento agridulce. Por una parte, podemos dar gracias a que no estamos ante un calamitoso despropósito, teniendo en cuenta que está producida por el estudio responsable de las recientes de Dragonball Evolution o Street Fighter. Pero la otra cara de la moneda es esa sensación de que un gran personaje como Lobezno, merecía una gran película, o por lo menos, a la altura de las de Singer (que tampoco es que me parezcan la hostia en vinagre, dicho sea de paso)

Unos efectos más pulidos, menos aglutinamiento de personajes y un poco más de metraje para desarrollar en condiciones tanto la historia como las características de cada personaje, hubieran dado como resultado una película mucho más disfrutable.

La película de Gavin Hood probablemente divierta a los devoradores de palomitas, ya que al fin y al cabo esa es su misión, pero no estaba de más pedirle un poco de consistencia al asunto. Para mí no es más que un liviano entretenimiento.



Valoración personal:

miércoles, 29 de abril de 2009

¡Pliskeen chatea con Alex Proyas!


Tal como reza el título, un servidor tuvo la gran oportunidad, junto a otros afortunados, de realizar un breve chat con el director Alex Proyas, responsable de esas dos joyitas del género fantástico que son “El Cuervo” y “Dark City”, o más recientemente, la entretenida –aunque irregular- “Señales del futuro/Knowing”.

El evento fue organizado por DeAPlaneta, y a través de varias webs colaboradoras, entre ellas Scifiworld, se realizó un concurso que consistía en enviar cuatro preguntas -o cinco, dependiendo de la web- que a los posibles participantes les gustaría hacer al director.

Envié mis cuatro preguntas y días más tarde me llamaron para informarme de que había sido uno de los seleccionados para participar en el susodicho chat. Me dieron instrucciones, fecha y hora, y allí estuve como un clavo, preparado –no sin nervios- para la ocasión.

Debido al ajustado tiempo (una hora de duración) y a la cantidad de participantes (un total de 10), mis cuatro preguntas fueron reducidas a tres, si bien una vez iniciado el chat y debido a dificultades técnicas, sólo dos de ellas llegaron a formularse y a ser contestadas por el sr. Proyas. Aún así, fue una grata experiencia que nunca olvidaré, y que me gustaría compartir con todos vosotros, mis fieles lectores.

Las preguntas que pude realizar fueron:

¿Teme usted terminar sometido a los designios de los productores, ante la dificultad de llevar a cabo proyectos personales en una industria cada vez más preocupada por hacer negocio?

¿Dracula: Year Zero es más un sueño lejano o una realidad próxima?


Y estas son las preguntas que se quedaron en el tintero:

¿Qué opina de Matrix, película que, en mi opinión y en la de muchos otros, plagió descaradamente no pocas cosas de su magnífica Dark City?

¿Tras los incesantes remakes, secuelas e innumerables adaptaciones de cómics, cree que aún quedan en Hollywood suficientes personas capaces de ofrecer historias novedosas al público?


Para conocer las respuestas a esas cuestiones y a otras tantas que se le hicieron al director, tan sólo tenéis que acceder a la transcripción en español que os dejo en el siguiente enlace:

http://www.scifiworld.es/articulos.php?id_articulo=656

Hubiera deseado publicar la transcripción directamente en mi blog, si bien he preferido ser cauto y evitar así infringir algún tipo de copyright; por ello enlazo directamente a la web colaboradora. No obstante, los comentarios que queráis hacer, podéis dejarlos aquí. También me gustaría conocer vuestra opinión sobre el director y/o qué preguntas le hubierais hecho vosotros.


Saludos ;)

lunes, 20 de abril de 2009

"The Deaths of Ian Stone" (2007) – Dario Piana


Muchas veces topamos con películas de las que apenas sabemos nada; sus actores no son demasiado conocidos y/o el director o el guionista no son una referencia segura. No obstante, algunas veces esas películas tienen un argumento tan curioso, que decides echarles un vistazo y arriesgarte.

Algo así es lo que me ha sucedido con The Deaths of Ian Stone, una cinta que no llegó a estrenarse en España, pero que sí lo hizo de forma limitada en EE.UU. en el After Dark Horrorfest de 2007. Para los que no lo sepan, el After Dark Horrorfest es un festival de cine de terror independiente que se lleva celebrando cada año desde el 2006, y en el que se distribuyen, durante unos días y de forma limitada, una serie de películas de terror independientes, de las cuales la mayoría terminan apareciendo directas a dvd.

Visto lo visto, no es un festival en el que destaque la enorme calidad de las producciones, pero siempre se puede encontrar alguna que otra cinta que deje un buen sabor de boca.


La premisa de The Deaths of Ian Stone es de lo más intrigante, y se centra en el personaje de Ian Stone -valga la redundancia-, un joven que parece condenado a morir y revivir continuamente, día tras día, sin poder hacer nada para evitarlo. Con cada muerte, Ian reaparece en una nueva vida, sin recordar la anterior. Hasta que un día, un insólito personaje tratará de guiarle por el buen camino.

Estamos ante una de esas películas extrañas, cuya intriga nos atrapa desde el primer momento y ya no nos suelta hasta el desenlace. El misterio de la trama se nos va revelando a cuentagotas a lo largo del metraje, y no es hasta bien llegado el final, cuando empezamos a comprender todo lo que está sucediendo. La historia nos desconcierta sobre todo al principio, pero a medida que avanzan los minutos, vamos atando algunos cabos.

Puede que su sinopsis nos recuerde en cierta a manera a esa joyita de los noventa titulada "Atrapado en el tiempo (Groundhog Day)", sin embargo, al poco rato de empezar, nos damos cuenta que nada tienen que ver la una con la otra, aunque compartan algunos rasgos. No es ni tan siquiera una versión macabra de aquella, ya que ésta tiene su propia identidad. Incluso podría haber surgido de la mente del mismísimo Clive Baker, aunque no es el caso, pues se trata de una historia original del guionista Brendan Hood.


El por qué de todo, más un buen suspense y unas correctísimas interpretaciones, es lo que nos mantiene atentos a la pantalla. El desconcierto del protagonista está la par que el del espectador, es decir, que Ian va aclarando el misterio al mismo tiempo que nosotros, y eso nos permite implicarnos en la historia en un mayor grado.

La agonía de Ian va en aumento a cada muerte, a cada resurrección. Cada vida es peor que la anterior y el desgaste de Ian es mayor, pero poco a poco empieza a recordar parte de las anteriores vidas, y eso le permite llevar cierta ventaja.

No puedo revelaros más datos de la trama, ya que es mejor ir descubriéndola por vosotros mismos. La mezcla de thriller y terror funciona bastante bien. Se hace entretenida en todo momento, y a cada paso que da, nos va sorprendiendo un poco más. El descubrimiento del enigma podrá gustar más o menos, pero por lo menos se puede decir que resulta original, aunque tenga elementos que nos recuerden a otras películas (un poco de Dark City, por lo de las distintas vidas, o a Matrix, por las vestimentas de los perseguidores de Ian, por ejemplo)

Reitero lo de “película extraña”, porque al igual que “Donnie Darko” o “El efecto mariposa”, tanto te puede gustar como no. Puede parecerte una tomadura de pelo o puede sorprenderte para bien. En mi caso, diría que es uno de los films más curiosos con los que me he topado últimamente, dentro del género fantástico y de terror. Valoro muy positivamente su originalidad (dentro de lo que cabe), su cuidada puesta en escena (además de unos correctos efectos especiales obra de Stan Winston Studios) y su capacidad para mantenerme intrigado y expectante en todo momento. El reparto, aunque no muy conocido, cumple con su cometido, y el entretenimiento está asegurado si dejas llevarte por la historia. Tiene sus clichés y bebe un poco de otras películas, pero de seguro no dejará a nadie indiferente.

Es por ello que voy con cautela a la hora de recomendarla. No me ha causado el mismo entusiasmo que las ya citadas “Donnie Darko” y “El efecto pariposa” (dos películas que particularmente, me encantaron), pero está en su misma línea de aceptación y accesibilidad. Si este tipo de cine no os atrae demasiado, el film de Dario Piana probablemente no sea la excepción. Si por el contrario, y aún a riesgo de salir decepcionados, es provoca cierta curiosidad, entonces comprobad por vosotros mismos si realmente merece la pena o no.

Para ser una de esas cintas que terminan en las estanterías del videoclub, la verdad es que es bastante superior a la media y a muchas otras que sí se estrenan en nuestras carteleras.



Valoración personal:

martes, 14 de abril de 2009

“Dead Snow” (2009) - Tommy Wirkola


Teniendo en cuenta que en los últimos años el subgénero zombie se ha puesto muy de moda, cada vez más hay que ir con pies de plomo para distinguir la calidad de entre la imperante mediocridad. No todo lo que reluce es oro, así que no toda película con no-muertos de por medio tiene nuestro gozo asegurado.

La temática zombie se está haciendo muy fuerte sobre todo dentro de la serie B y la serie Z. Con muy pocos medios, sangre a borbotones y algún que otro argumento descabellado, tenemos película al canto. Pero de vez en cuando, entre tanto subproducto de escaso interés, sobresale una película que por los motivos que sea, capta nuestro interés. Y ese es el caso de “Dead Snow”, una cinta de serie B procedente de la gélida Noruega, y cuyo mayor reclamo son un grupo de zombies nazis (sic) deseosos de hincarle el diente a unos jóvenes excursionistas.

El punto de partida es simple y tópico hasta la médula (como casi toda la película). Un grupo de amigos decide pasar unos días de fiesta en las nevadas montañas de Oksfjord (Noruega), instalándose en la cabaña de la novia de uno de ellos. Todo son risas, cerveza, cachondeo y algo de sexo, hasta que un tipo misterioso, salido de la nada, aparece para contarles una terrorífica historia que tiene que ver con el lugar. Los jóvenes procuran no tomarse demasiado en serio las advertencias del extraño, quién sugiera que el lugar está maldito desde tiempo atrás.

Sin embargo, pronto las palabras del misterioso individuo empezarán a tener a sentido…


No es la primera vez ni tampoco será la última, que los nazis se convierten en decrépitos zombies sedientos de sangre. Sus orígenes datan ya de los años 70 y 80, con casposas producciones como Shock Waves (1977) o la francesa Le Lac Des Mors-Vivants (1980). Si bien la ya comentada “El Bunker” (reseña aquí) sería uno de los ejemplos más recientes de esta corriente zombie-nazi.

En todo acaso, la particularidad de Dead Snow reside en su procedencia noruega, ya que pocos son los films de dicho país que consiguen causar un poco de revuelo en la blogosfera (la correcta “Cold Prey” sería uno de esos casos aislados). Pero gracias a su bizarro argumento y a un tráiler prometedor, la película de Tommy Wirkola ha conseguido llamar nuestra atención y crear una notable expectación entre los aficionados al subgénero zombie. Obviamente, las distribuidoras de nuestro país tienen la mirada tan puesta en la industria yanqui, que difícilmente este tipo de películas lleguen a aterrizar en nuestras carteleras. A lo sumo y con un poco de suerte, llegan directas a DVD. De todas maneras, la cinta en cuestión tampoco es que vaya más allá de ser un simple y simpático producto de videoclub para echarse unas risas como los amiguetes (o a solas, si así se tercia)


Los primeros minutos son el obligado preámbulo en el que se nos pone en situación y se nos presenta a los personajes. Teniendo en cuenta que los protagonistas son un grupo de jóvenes, es de cajón que la mayoría de los diálogos sean banales y a menudo referidos al tema del sexo o del ligoteo. Aún así, Wirkola consigue que los personajes, entre los que se incluye un friki del cine de terror, nos resulten hasta simpáticos. Y es que a aunque sean simple carnaza para los zombies, es de agradecer que no sean el típico grupo de adolescentes borrachos, fumetas y con encefalograma plano a los que les deseamos la muerte nada más empezar. Incluso llegado el momento, todos harán acopio de sus fuerzas para hacer frente a la amenaza zombie. Cualquier objeto punzante a su alcance, se convertirá en un arma infalible para zurrar y acribillar a todo no-muerto que se cruce en su camino.


Gracias a que no se toma en serio a sí misma, a sus pinceladas de humor negro, a sus eventuales referencias cinéfilas y a su incontrolado gore, Dead Snow consigue caer en gracia, convirtiéndose en una divertida propuesta que consigue su objetivo primordial: entretenernos.

No por ello está exenta de ciertos errores argumentales. Por ejemplo, la presencia del extraño individuo está metida con calzador, justificándose como mera excusa para contarnos el escabroso pasado nazi del lugar, no encontrando sus guionistas un recurso mejor para hacerlo (un viejo diario o cualquier otro detalle, aunque poco original, hubiera sido más acertado que el incrustar a dicho personaje por la fuerza). El por qué el destacamento nazi termina convirtiéndose en zombies también queda sin resolver. Aunque la verdad, poco nos importa.

Pequeños detalles que hubiera que pulir, pero aún así, insignificantes para perjudicar el desarrollo de la trama. Quizás lo peor sea la torpeza con la que se filman algunas secuencias de acción y la excesiva fijación que tiene Wirkola por los intestinos. Pero por lo demás, la cinta entretiene a base de bien.


Guiños a Evil Dead I y II (atención al momento de la motosierra y la autoamputación), y a Braindead entre otros; gore a mansalva (litros de sangre salpicando la inmaculada blancura de la nieve) y momentos cómicos hilarantes, son los mayores alicientes de un cinta a la que quizás le podamos reprochar que deje lo mejor para el final. Eso sí, esa sádica traca final es bastante disfrutable y logra compensar la espera (aunque gracias a alguna que otra muerte y a ciertos momentos de lograda tensión dentro y fuera de la cabaña, tampoco se puede decir que su primera hora se haga pesada, ni mucho menos)

Tras debutar con una parodia del Kill Bill de Tarantino (y que prefiero ahorrarme), Wirkola sorprende con una descabellada y sangrienta película de zombies nazis que hará las delicias de todo buen aficionado al terror cómico y sobre todo al gore. Ahora bien, tampoco hay que exaltar en demasía sus cualidades, pues dejando de la lado su nacionalidad, no deja de ser un producto un tanto chorra con el que pasar un buen rato. Sus humildes pretensiones se ven cumplidas, así que esperemos que el director siga en esta misma línea en sus futuros trabajos. Por cierto, ¿alguien duda que, con o sin él, caiga una secuela de Dead Snow? Pues eso.



Valoración personal:

jueves, 9 de abril de 2009

"Señales del futuro (Knowing)" (2009) - Alex Proyas


Mucho ha llovido desde la genial “El cuervo” y la magnífica “Dark City” (peliculón que se mea, con perdón, en Matrix). Después de tan notables trabajos, Alex Proyas despertó el interés de los avispados productores de Hollywood, y sin abandonar la ciencia-ficción, se embarcó en un gran proyecto, “Yo, Robot”, adaptación de una novela de Isaac Asimov. La idea fue convertir dicha adaptación en un espectacular blockbuster para puro lucimiento de su estrella protagonista, Will Smith. Y en base a eso, Proyas cumplió con creces el encargo de los productores (no es que me entusiasmase en exceso, pero entretenida lo era un rato), si bien parece que su experiencia bajo el mando de la Fox no le dejó muy contento.

Así que tras rechazar la dirección del spin-off de Silver Surfer para la citada productora, Proyas se embarcó en otro producto destinado a barrera las taquillas, Knowing, película que ahora toca reseñar.

La historia de este film nos sitúa primeramente en 1959, en un colegio en el que los estudiantes depositan dentro de una cápsula del tiempo varios dibujos que representan el mundo que ellos creen que les esperará en un futuro. Lucinda, una de las niñas, en vez de realizar un dibujo, guarda en la cápsula un papel que ha llenado de números. Cincuenta años más tarde, en pleno aniversario del colegio, la cápsula del tiempo es desenterrada y Caleb (Chandler Canterbury), el hijo de John Koestler (Nicolas Cage), un profesor de astronomía viudo, acaba recibiendo la misteriosa nota de Lucinda. Pronto y de casualidad, su padre descubrirá que esos números esconden predicciones escalofriantes, algunas de las cuales han ido sucediendo con el paso de los años, y otras que están a punto de ocurrir.

A partir de ese momento, John tratará de averiguar qué hay detrás de tan misterioso papel, quién era Lucinda y cómo llegó a escribir esos números prediciendo catástrofes futuras. Y deberá resolver el enigma antes de que sea demasiado tarde…


La premisa de la cinta es bastante interesante, y en casi todo momento Proyas se mueve dentro del thriller fantástico como pez en el agua, manejando muy bien el suspense y haciendo uso de la pirotecnia cuando toca y sin abusar. El problema es que llegado un punto, el guión empieza a hacer aguas por todos partes, y la única forma de resolver la papeleta es estirar un poco más el misterio y colarnos alguna otra escena espectacular para reactivar nuestro interés por la trama.

La mezcla de géneros (thriller, fantástico, ciencia ficción, catastrófico…) no termina de encajar a la perfección, aunque Proyas hace todo lo posible para que el film no se hunda en un cúmulo de sin sentidos.

La película va al grano nada más empezar. Una vez cae el dichoso papel en manos de John (Cage), éste resuelve el enigma que esconden los números en un santiamén, haciendo las comprobaciones pertinentes e informando del asunto a todo aquél que cree que puede ayudarlo, en menos de 24 horas. Como ya he indicado en la sinopsis, los números que escribió Lucinda en el papel predicen catástrofes que en esos cincuenta años han ido sucediendo en diferentes partes del mundo en las fechas que ella indicó, y otras tantas que aún están por suceder. Son esas venideras catástrofes, las que el personaje de Cage tratará de descifrar y evitar.


Ahí encontramos las primeras “trampas” -por llamarlas de alguna manera- del guión, pues las catástrofes aún por ocurrir, sucederán bien cerquita de donde está Cage (para así poderse desplazar en coche hacia el lugar de los futuros hechos) y en un espacio de tiempo muy breve (toda la acción transcurre en cuestión de días). Ese apresuramiento en los acontecimientos le resta algo de credibilidad a la premisa, pero aún así resulta casi inevitable proceder de este modo, ya que de no ser así la trama se haría algo pesada y el suspense terminaría por agotarse demasiado pronto.

En el momento en que las cosas empiezan a ponerse feas (más aún si cabe), es cuando la intriga se deja un poco de lado y empieza la acción más frenética, con un Cage que va de arriba abajo intentando cuadrar las últimas piezas del puzle, y un vaivén de géneros que terminan por despistar al espectador. Escenas catastrofistas con espectaculares efectos especiales, seres que parecen salidos de algún capítulo de Expediente X y huídas frenéticas por la autopista, son algunos de los ingredientes que conforman el tramo final de la película.

El mayor problema es que todo el embrollo debería tener una sentido, un fin justificable, pero esto no es así, y las preguntas que cómo espectadores nos hacemos, parecen no tener respuestas coherentes.
SPOILER --- ¿Qué sentido tiene predecir tantas catástrofes si ni John ni nadie podrá evitarlas? (incluso su personaje llegar a hacerse esa misma pregunta en un momento del film) ¿Cuál es objetivo del papel con los números, aparte de asustar a Cage y ser totalmente inútil durante cincuenta años bajo tierra?
En cierto modo, su existencia puede deberse al intento, por parte de los “susurradores”, de que John comprenda que su rol no es el de salvador del mundo, si no el de liberador. Así pues, la única forma de convencerle quizás sea demostrándole que el fin del mundo es algo real y que el único modo de salvar a la humanidad es dejando que su hijo se marche con sus extraños salvadores. ¿Pero realmente la premisa del argumento era necesaria para llegar a ese fin, o no es más que un relleno para entretenernos sin cuestionarnos demasiado los por qués? Al fin y al cabo, a los niños los convencen sin problemas, y la resistencia de los padres no es, en ningún momento, un impedimento para llevárselos, ya que lo harán por las buenas o por las malas (en vistas de cómo los secuestran al final, no cabe duda de que el personaje de Cage no pinta nada en la historia, más que ser el catalizador través del cual nosotros la conocemos) --- FIN SPOILER

La esencia de la trama no es más que una excusa para tener a un grupo de personajes pasando unos apuros intrascendentes, y poder meter, de poder medio, un par o tres de escenas impactantes para el disfrute del espectador más palomitero. Siendo así, la labor de Proyas se nos antoja adecuada, ya que consigue mantener nuestra atención hasta el final. Pero el desenlace nos deja prácticamente indiferentes, ya que no sentimos apego por los personajes y todo lo que venga después, sabiendo ya de antemano como terminará todo, nos trae sin cuidado.


El suspense y un poco de espectacularidad mantiene nuestra mirada fija en la pantalla, pero una vez aclarado el misterio, lo único que nos queda son una par de escenas pretendidamente dramáticas, una secuencia destructiva impactante -aunque nada que no hayamos visto antes- digna del mejor Roland Emmerich (que de seguro, tendrá la oportunidad de emularla con su “2012”) y unas escenas finales vistosas y muy oníricas (el “panfleto” religioso está presente en toda la película sin disimulo, y la estampita final con el árbol de la ciencia del bien y del mal es ya toda una declaración de intenciones, que gustará más o menos dependiendo de vuestras creencias)

En cuanto al reparto, poco que decir. El hijo de John, Chandler Canterbury, es un niño sabiondo, repelente e inexpresivo como un robot sin pilas. La labor de Rose Byrne no es muy destacable, aunque al final su personaje opta por la histeria, y termina cayéndonos mal. Cage está en su línea; quizás algo mejor que en sus últimas apariciones en pantalla, pero muy lejos de ser el actor que una vez fue (de ahí que la relación padre-hijo que aquí vemos no resulte apenas creíble). De todas maneras, gracias a la labor de Proyas, podríamos considerar “Señales del futuro” uno de sus trabajos más decentes de los últimos años, pues sin ser buena, entretiene y te hace olvidar esas caritas de perro apaleado que tantas veces nos pone el actor.

Por tanto, “Knowing” se consume y se digiere tan fácilmente como se olvida. Suspense y algo de espectacularidad para una cinta que empieza mejor que acaba, y que a mí me ha dejado más bien indiferente. Por ello ansío que llegue pronto el “Drácula: Year Zero” de Proyas, porque parece que de momento su cine va menguando en calidad, en vez de aumentar (claro que yo la culpa se la echaría a los guionistas, y no tanto a él)



Valoración personal:

jueves, 2 de abril de 2009

"La Señal" (2007) - David Bruckner, Dan Bush, Jacob Gentry


Llevaba tiempo detrás de esta cinta, aunque también he ido retrasando su visionado para evitar influenciarme en exceso de los abundantes elogios recibidos durante su presentación en el Festival de Sitges del pasado año. Y es que es mejor evitar crearse expectativas para poder juzgar mejor la película en cuestión y, en última instancia, evitar una posible decepción. Además, la experiencia me dice que las opiniones globalizadas y los films premiados en festivales de cine son muy poco de fiar, y más en el caso de Sitges, que a cada año que pasa pierde, a mi juicio, mayor credibilidad.

Sin llegar a nuestras salas de cine, The Signal se ha abierto paso entre los fans del terror gracias a su curioso planteamiento: Una interferencia en la señal de los televisores transmite a través de las pantallas una serie de imágenes psicodélicas que una vez observadas, causan un grave trastorno en el cerebro y transforman a las personas en maníacos homicidas.

A partir de este punto, aquellos que no hayan sido afectados por la señal, iniciarán una carrera por la supervivencia, haciendo frente a todo aquél que les acerque con malas intenciones. Si bien llegará un momento en el cuál será difícil distinguir los que matan por enloquecimiento de los que matan por defenderse y sobrevivir.


La historia se apoya básicamente en tres personajes que conforman un trío amoroso. Y a través de ellos somos testigos del caos y la desesperación durante las primeras horas que transcurren tras la emisión de la señal.

Los artífices de esta película son David Bruckner, Dan Bush y Jacob Gentry, quienes han dividido la historia en tres partes, escribiendo y dirigiendo cada uno de ellos una parte distinta. Y ahí es donde radica el mayor error del film, ya que cada uno lleva la historia por el camino que le interesa, y aun manteniendo una trama unificada, los tratamientos son tan opuestos que chirrían entre sí, desconcertando y saturando al espectador a más no poder.

Bruckner es el responsable del primer y mejor segmento. Esta primera media hora introductoria nos presenta a los personajes y nos muestra el inicio del caos en un punto concreto de la ciudad, con unos personajes a los que seguiremos la pista hasta el final.
Cuando la señal empieza a afectar a todos aquellos que se encuentran frente al televisor, es cuando se desata la catástrofe. La cinta se vuelve violenta, radical y altamente perturbadora. La angustia se apodera de los protagonistas y del espectador, haciendo difícil diferenciar quien se ha vuelto loco y quién lucha por permanecer cuerdo y vivo. Es entonces cuando seguimos a nuestra protagonista en su huída por las calles, intentando ignorar todo cuanto acontece a su alrededor. La joven procura aislarse de la locura, del infierno que a su alrededor se ha desatado sin causa lógica.


Desgraciadamente, todo el clímax conseguido en esta primera parte se va al traste con un segundo tramo (esta vez a cargo de Dan Bush) absurdo y cargado de un chocante humor negro que, de haber sido así des de un principio, nos hubiera parecido hasta divertido, pero al ser la continuación directa de algo diametralmente opuesto, no hace sino descolocarnos, crisparnos y sobretodo, aburrirnos.

Perdemos de vista a nuestra protagonista y nos centramos en su perseguidor. La historia se desarrolla en una casa, con mucho gore y situaciones delirantes que, como ya digo, llegan a cansar y mucho. Además, las “reglas” establecidas en lo que a la locura y al comportamiento de los afectados se refiere, cambian al antojo del director, perdiendo el mejor hilo conductor de la trama, la “infección”. El cambio de enfoque explota en nuestra cara, sin previo aviso. Y aunque sus responsables lo pretendan, la mezcla no funciona de ninguna de las maneras, siendo ese insulso tramo, responsable de casi agotar nuestra paciencia.


Entonces llega la tercera y última parte, donde parece que se recupera parte del ambiente malsano del inicio. Lamentablemente, su responsable Jacob Gentry ya no sabe hacia dónde dirigir una trama que parece ahogarse en su propio charco de sangre. Se rescatan personajes una y otra vez, sin importar que debieran estar ya muertos tras previos y brutales ataques/palizas (¡estos tipos resisten más que los luchadores de la WWE!). También se juega al despiste mezclando la verdadera realidad con la falsa realidad que los afectados se crean en su cerebro; y la verdad, el recurso termina agotándose/agotándonos, y la narración se vuelve cada vez más desquiciante.

Por tanto, “The Signal” parte de una buena premisa y contiene una primera media hora sensacional, pero tras ésta, la película pierde fuelle a marchas forzadas. Desconcierta a la par que aburre, con una trama alargada hasta el tedio y unos personajes mal definidos a quienes Bush y Gentry manejan como vulgares marionetas. Y es una lástima, porque el reparto realiza un trabajo muy creíble pese a la deficiencia del inconexo guión, y la crítica -que se intuye- hacia el atontamiento y adoctrinamiento que inducen los Mass Media en nuestra sociedad es, cuanto menos, interesante (además de plantearnos la cuestión de si responder con violencia a la violencia, no nos vuelve tan violentos e irracionales como nuestros atacantes)

Lo diferente y arriesgado no siempre es sinónimo de bueno. Y este experimento es, a todas luces, fallido.


Valoración personal: