miércoles 21 de mayo de 2008

"Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" (2008) - Steven Spielberg

Son 27 los años que han trascurrido tras la primera aparición del aventurero Indiana Jones en nuestras pantallas de cine, y casi 20 desde que lo hizo por última vez con la tercera entrega de la saga. Parece que fue ayer cuando Indy se liaba a mamporros con unas nazis o una secta sangrienta, cuando saltaba sobre tanques y camiones en marcha o hacia volar aviones; o cuando derribaba puentes o era perseguido por una bola de piedra gigante.

Qué tiempos aquellos!! Y que grandes satisfacciones nos dieron esas fabulosas películas (y otras tantas de la década)
El trío Lucas, Spielberg y Ford nos convencía una y otra vez que ellos eran los reyes del cine de aventuras moderno y nadie se lo podía discutir. Una sabia mezcla de humor, acción y romanticismo nos ofrecía un entretenimiento 100% disfrutable.

Y cuando ya creíamos que la puesta de sol con la que se alejaban Indy y cía en la tercera entrega suponía el fin de un ciclo, ahora nos llega una cuarta parte que nos recuerda que al Dr. Jones aún le quedan unas cuantas aventuras que vivir.

Si esta “Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull” es innecesaria o no, poco importa ya, porque aquí está y somos muchos los que la hemos recibido con los brazos abiertos.
Puede que llegue con 10 de años de retraso o puede que nisiquiera la desearamos tanto como sus creadores la necesitan, pero lo que está claro es que ha sido concebida con todo el cariño del mundo hacia el personaje y sus incondicionales fans. Eso no quita que las nuevas generaciones puedan disfrutarla, pero es de calle que serán los primeros (incluyéndose un servidor entre ellos) quienes disfrutaran de cada guiño, de cada referencia a anteriores películas y viejos personajes. Y es que si hay algo que no puede evitar esta tercera secuela es derrochar nostalgia por los cuatro costados, y eso, sin quererlo, ya nos tiene ganados a (casi) todos.


Estamos en 1957, en plena Guerra Fría. Los tiempos han cambiado y las inquietudes y los miedos de la sociedad también. Ahora los jóvenes bailan rock and roll, visten chupas de cuero y desafian las leyes de la gravedad con sus tupés.
Las dos potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. y URSS, se espían mutuamente y desarrollan nuevos artefactos con los que protegerse el uno del otro (o mejor dicho, destruirse)
En esta época de cambios, el Dr. Henry Jones es un perro viejo con decenas de hazañas a sus espaldas y con amigos y seres queridos a los que ha dejado atrás o a los que el tiempo se ha llevado a un lugar, queremos creer, mejor.
Pero hay costumbres que no cambian nunca, y para nuestro Indy aún es temprano para colgar la fedora y guardar el látigo en el baúl de los recuerdos. Un nuevo reto le hará embarcarse en otra de esas arriesgadas y emocionantes misiones a través del mundo, descifrando enigmas y desenterrando antiguos tesoros.

El joven rebelde Mutt Williams (Shia LaBeouf) acude al Dr. Jones para que le ayude a encontrar al Profesor Oxley (John Hurt), un viejo amigo de éste y como un padre para el primero después de que el suyo muriera en la guerra. Sus únicas pistas son una carta del profesor dirigida a Indy (con clave secreta incluida) y una antigua leyenda acerca de la Calavera de Cristal de Akator, un objeto legendario tras el que iba Oxley.
Indy y Mutt se dirigirán a Perú en busca de la mítica ciudad de oro, lugar del que supuestamente procede la citada Calavera. Una vez allí descubrirán que no son los únicos que la buscan, ya que tras ella irá también una unidad militar soviética capitaneada por la fría y letal Irina Spalko (Cate Blanchett) con la que nuestro héroe ya había tenido un encuentro previo.

De nuevo, habrá que hacer frente a fantásticas leyendas y a temibles villanos para hacerse con la preciada reliquía. Demostrando, obstáculo tras obstáculo, que a nuestro Indiana Jones aún le quedan fuerzas y agallas para enfrentarse a todo lo que se le eche encima.


Admito cierto recelo antes de la proyección del film, pero cualquier duda que pudiera albergar ante este inusitado regreso ha quedado disipada tras las dos horas y diez minutos de diversión y espectáculo que he tenido el gustoso placer de contemplar.

Que nadie se lleve las manos a al cabeza porque este sigue siendo nuestro Indy de siempre. Más canoso y con más arrugas (y experiencia), pero con los mismos defectos y virtudes de las anteriores entregas. Ni su socarronería ni su intrepidez han decaído. Sigue blandiendo el látigo como nadie, aunque los cálculos no siempre sean exactos. Sigue asaltando tumbas, resolviendo acertijos y zurrando a los villanos de turno sin titubear, por mucha caña que le den.

Ni que decir que Harrison Ford vuelve a encarnar a nuestro aventurero como si no hubieran pasado los años y demostrando que él y nadie más puede ser Indy. Su carisma y presencia podrán ser imitados pero jamás ser competencia. Nadie puede hacerle sombra a todo un icono de la historia del cine ni al actor que le ha dado vida a lo largo de cuatro películas.

A esta nueva aventura se le unen nuevos compañeros de viaje. Uno de ellos es George “Mac” McHale (Ray Winstone), un viejo compatriota y amigo de Indy; y el otro es Mutt Williams, que representa la jovialidad, la impericia, el cambio o revolución...¿el relevo?

Shia/Mutt funciona como el perfecto contrapunto entre maestro y aprendiz. La experiencia de uno contrasta con el ímpetu del otro. Saben que se necesitan el uno al otro y aunque a priori parezcan dos personas muy distintas entre sí, pronto descubrirán que comparten el mismo espíritu de aventura esencial para hacer frente a los acontecimientos que se les presentan.

Además de los nuevas caras tenemos otra ya conocida, como la osada Marion Ravenwood (Karen Allen), un antiguo amor de nuestro héroe y la fémina que más hondo ha calado en él.
Su regreso es vital para la historia, por no decir que es el motivo principal de la razón de ser de esta secuela. Sin ella, esta sería una secuela más, y es por ello que su presencia significa un paso más allá en la vida de Indy.


En el contexto en el que se desarrolla todo era dificil imaginar un nuevo macguffin desencadenante de la historia que no fuera el tema de los extraterrestres, seres recurrentes y muy de moda en la década de los cinquenta, algo que quedó bien reflejado el cine de ciencia-ficción de aquellos años.
Es por ello que el argumento elegido, aunque al principio resulte un poco chocante con las temáticas de las anteriores entregas, supone un original y fresco aliciente para desarrollar nuevas peripecias a las que deba hacer frente Indy.
Puede que a algunos esta idea les siga descolocando, pero ya digo que no se convierte en ningún momento en un estorbo, dado que no es más que la enésima excusa para que el prota se calce otra vez la chaqueta, el sombrero y el látigo.

Y como no podía ser de otra manera, en esta ingenua década los villanos de turno son los soviéticos. Al frente, el personaje que encarna Cate Blanchett.
Irina Spalko no se detendrá ante nada para conseguir sus objetivos, y eso incluye el secuestro, el asesinato, la traición, las trampas, etc. Quizás lo único que se le puede objetar a este nuevo villano es el tono un tanto caricaturesco que tiene. No sabemos si intencionado o no. Aún así, dejará huella como antagonista.

Por lo demás, esta cuarta parte nos ofrece lo mismo que sus predecesoras, aunque más “a lo grande”. Y es que Spielberg y Lucas no han desaprovechado la oportunidad que les brindan las nuevas tecnologías de hacer algo más espectacular (e incluso aparatoso).
Si no fuera por ciertos momentos puntuales donde los efectos digitales son los reyes de la función, uno apenas encontraría diferencias entre una entrega y otra, salvo claro, la edad de Indy.
Quizás se han “flipado” un poco en algunas secuencias, pero eso ya es algo habitual en el cine de hoy en día. O lo tomas o lo dejas, y yo ya me he resignado (o acostumbrado, que suena mejor)

Así que alejad vuestros temores y suprimid vuestras dudas porque en “Indiana Jones y el reino de la calavera” no hay lugar para el aburrimiento. Es cine de evasión en estado puro. Los guiños os sacarán una sonrisa, os reireis con los diálogos entre los personajes, las trepidantes secuencias de acción os harán vibrar, los momentos nostálgicos os emocionarán, y Marion y Indy os volverán a robar el corazón. Ese corazón cinéfilo que late con más fuerza cuando gozamos de verdad en el cine.

Un bajón en la saga? Para nada. No es más que otra excelente película de aventuras. Otra más de nuestro aventurero/arqueólogo/profesor favorito: Indiana Jones. ¿Un desenlace un tanto conservador? ¿Demasiada pantalla verde? ¿Una trama estrambotica? ¿Quizás un tanto light en lo que a violencia se refiere? ¿Alguna que otra fantasmada? Sí a todas esas preguntas. Pero son minucias que no empañan este maravilloso espectáculo, entretenido de cabo a rabo y sumamente divertido.

Funciona como una más de la saga, pero si hay que comparar, para mí está en el podium de las mejores. Pero eso ya va a gustos, porque ni tan siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo en cuál es nuestra favorita (la mía, la tercera)

Así que entrad en la sala, sentaros en una butaca y preparaos para retroceder en el tiempo y disfrutar como enanos, porque Indiana Jones ha vuelto!


Valoración personal:

"Indiana Jones y la última cruzada" (1989) - Steven Spielberg

No hay dos sin tres. O almenos eso pensaron los productores de la saga tras el éxito de “En busca del arca perdida”, ya que se aseguraron que el trío fantástico formado por Ford, Lucas y Spielberg firmara una contrato que les comprometiera a realizar dos películas más del aventurero Indiana Jones.

Y así fue como a lo largo de cinco años Lucas y Spielberg fueron barajando varias posibilidades que sirvieran como excusa para meter a Indy en una nueva aventura.
Descartaron acercarse a la mitología china y su leyenda del Rey Mono, y optaron por una idea que propuso Lucas con anterioridad y que Spielberg había rechazado por considerarla demasiado etérea: el Santo Grial.
La solución fue fácil. Tan sólo con atribuirle poderes mágicos a dicho objeto (en este caso, la inmortalidad) el inconveniente estaba resuelto.

Así pues, ambos se pusieron manos a la obra para llevar a cabo la tercera parte de la saga, de nuevo con Harrison Ford a bordo del proyecto y con alguna que otra novedad más que interesante.

Esta historia se situa en 1938, dos años después de hallar el Arca de la Alianza. El magnate Walter Donovan (Julian Glover) contacta con nuestro arquélogo para encomendarle la misión de encontrar el famoso Santo Grial, el cáliz usado por Jesús en la Última Cena y del cuál se dice que otorga el poder de la inmortalidad a aquél que beba de él.

En un principio, el Dr. Jones no está muy por la labor de aceptar el encargo, ya que no cree demasiado en fantasiosas leyendas. Sin embargo, cambia de opinión cuando Donovan le hace saber que su padre, también arquélogo y profesor, desapareció durante la investigación de la búsqueda del Grial tras ser contratado previamente por éste.
Por ello, Indy decide calzarse de nuevo su habitual vestimenta de campo para no sólo encontrar la dichosa y preciada reliquía, sino también para encontrar a su padre, con el que hace 20 años que no se habla por diferencias personales.
En esta nueva hazaña, Indy contará de nuevo con la ayuda de su fiel aliado Sallah (John Rhys-Davies), de su mejor amigo Marcus Brody (Denholm Elliott) -decano de la universidad en la que Jones imparte clases- y también se le ofrecerá la colaboración de Elsa Schneider (Alison Doody), mano derecha del magnate.

Indy volverá a descifrar claves secretas, a meterse en lugares de lo más reconditos e infestados de la más desagradable fauna, a enfrentarse con los nazis y a seducir a una bella dama. Todo ello sin despeinarse y con el buen humor de siempre.


El inicio de esta tercera entrega es uno de los más reveladores y emocionantes de toda la trilogía, mostrándonos a un joven Indy (el malogrado River Phoenix) metido a Boy Scout y viviendo su primera aventurilla para salvaguardar un reliquía que, según él, debe permanecer en un museo (ahí podemos comprobar las honestas convicicones que distingue a este hombre de otros “asaltatumbas”)

Perseguido por unos cazatesoros, el inexperto Indy se ve inmerso en una endiablada carrera en la que deberá sortear obstáculo tras obstáculo. Todo esto nos revelerá algunas de las claves que conforman la personalidad e indumentaria de nuestro héroe. Desde esa cicatriz en la barbilla, autolesión producida al manejar por primera vez un látigo -objeto imprescindible en sus posterioes misiones- hasta su pánico por las serpientes al caerse en un habitáculo infestado de estos escurridizos reptiles, pasando por cómo el sombrero se convierte en un complemento característico de su indumentaria.

Pero ésta no es la única forma en la que sabremos más de la vida de Indy, sino que la inclusión de la figura materna nos mostrará como es en lo familiar y que es lo que ha heredado de papaíto.
Ahí juega un papel vital el personaje que interpreta magníficamente Sean Connery.
La química entre los dos actores es palpable en cada fotograma en el que coinciden. La misma galantería, el mismo espíritu de aventura, la sinigual socarronería y el inquebrantable orgullo son rasgos comunes en padre e hijo. Si bien sus métodos son distintos y su forma de resolver las situaciones revela las diferencias entre una generación y otra, además de que Indy es un hombre de acción y Henry Jones es una rata de biblioteca.

Estas frescas aportaciones unidas a las constantes de sus predecesoras, es decir, acción, humor y fantasía, son la clave del éxito de esta tercera parte.

Indiana Jones vuelve a enfrentarse a un grupo de ambiciosos nazis que pretenden hacerse con el legendario poder del objeto a buscar, por lo que sortear peligros a bordo del más inusual transporte, bien sea un lancha o un tanque, será la tónica habitual de los peligros que deberá afrontar el prota.
La inestimable ayuda de sus compañeros de viaje será crucial para salvar el pellejo en más de una ocasión, y las traiciones de los supuestos aliados, pese a ser algo común en sus hazañas, seguirán siendo toda una sorpresa para el confiado héroe.


De nuevo, una película de Indy trae consigo dos horas de simple pero efectivo entretenimiento, cargado de humor, de escenas de acción trepidantes y de efectos especiales de alucine (aunque hoy en día hayan quedado anticuados)

Una fantástica aventura concluye con una bonita puesta de sol hacia la que se alejan nuestros protagonistas y en la que nuestro aventurero favorito se despedía para dejar su futuro en manos de nuestra ya nutrida imaginación.

Casi 30 millones de dólares en su primer fin de semana de recaudación son una muestra más que evidente de que el público jamás se ha cansado de ver a Indy en pantalla grande. Por ello, no es extraño que al día que escribo esto, esté al caer el estreno de “Indiana Jones y el reino de la calavera”, última y ¿definitiva? entrega de las peripecias de este particular profesor de historia.


Valoración personal:


domingo 18 de mayo de 2008

Los Carteles - Drew Struzan

Si en el post dedicado a John Williams decía de éste que era “uno de los creadores de bandas sonoras de mi infancia”, algo similar puedo decir del gran Drew Struzan y sus carteles, puesto que él ha sido quien ha ilustrado las carátulas de muchas de mis películas preferidas de los 80 (y también 90), época en la que un servidor empezaba a iniciarse en esto del cine como temprano y devoto espectador/aficionado.

El cartel de un film era a menudo lo primero que a uno le entraba por los ojos y su función era atraer al espectador. Struzan se ha convertido con el paso del tiempo en su máximo exponente, pasando del anónimato a el mayor de los reconocimientos con exposiciones, libros de sus ilustraciones (en el 2004 Norma Editorial editó un libro recopilatorio que está entre mis posesiones cinéfilas más preciadas), merchandising, etc.

Empezó de forma muy humilde intentando ganarse la vida con su arte, algo que para él era más que un hobby o un mero trabajo de encargo. Era y es su gran pasión, su vida (un servidor también ilustra, así que entiendo perfectamente lo que se siente)

Primero empezó realizando portadas para discos de artistas como Alice Cooper, Black Sabbath o los Bee Gees, para después dar el gran salto al mundo del cine de la mano de George Lucas (quien no conoció al autor hasta un tiempo después) colaborando en un cartel junto a Charles White III para La Guerra de las Galaxias.

Por lo general, los ilustradores no podían firmar sus obras, ya que el reconocimiento podría ocasionar ciertas disputas entre las productoras por tal de hacerse con sus servicios. Es por ello que Struzan firmaba a menudo con un símbolo o marca distintiba. Esta “firma” identificativa era una “S” enmarcada dentro de un rectángulo que solía incluir de forma encubierta en sus dibujos.

Sus incios en la industria cinematografica se enmarcaban principalmente dentro de la serie B, donde aportaba su particular visión de los films con elaboradas composiciones cargadas de energía y realismo. Poco a poco, su nombre fue adquiriendo una más que merecida reputación, lo que le llevó a recibir encargos más importantes de las grandes majors.

Precisamente en ese sentido, el director Steven Spieberg contactó con el autor para que éste le mostrara sus trabajos y así conjuntamente tomaran la dirección adecuada para materializar, en forma de cartel, la esencia de su próximo proyecto, E.T. El Extraterrestre.
Tan contento quedó Spielberg del trabajo realizado por Struzan, que le autorizó como único artista con permiso para ilustrar al tierno extraterrestre.

Pronto llegarían más y más encargos, no solamente de carteles de películas, de los que realizó más de 150 y de todo tipo de géneros, sino también tapas de libros, coleccionables, etc.

Su estilo, tan impecable y evocador, donde los personajes miran directamente a los ojos del espectador, resulta inconfundible. Eso lo ha convertido a lo largo de tres décadas, en el ilustrador de pósters más reconocido y popular del séptimo arte. Y no es para menos, puesto que cada nueva creación es un deleite visual y una muestra fidedigna que en el arte cartelístico las técnicas tradicionales aún tiene cabida frente al fotomontaje, y no sólo eso, si no que aún son capaces de maravillarnos igual que como lo hacían 50 años atrás.

Como es lógico, y siguiendo la tradición, Struzan a concebido de nuevo los carteles promocionales de la última entrega de Indiana Jones, y es que en palabras del propio director: no puedo pensar en hacer “Indiana Jones” sin la música de John Williams, Michael Kahn como editor, ni Struzan creando los posters.
Durante un proceso que se ha prolongado a lo largo de siete meses, el autor ha dado de nuevo en el clavo con la imagen de las nuevas aventuras de nuestro arqueólogo predilecto. Y para muestra de ello, aquí os dejo una pequeña recopilación de su trabajo, desde la primera a la última entrega, pasando por los que son algunos de mis carteles favoritos.



jueves 15 de mayo de 2008

"Indiana Jones y el templo maldito" (1984) - Steven Spielberg

Tras el enorme éxito de público y crítica que cosechó “En busca del arca perdida”, no es de extrañar que unos años más tarde surgiera su pertinente secuela. Para tales menesteres, Lucas y Spielberg volvieron a reunirse para trabajar en otra historia que llevara a nuestro simpático arqueólogo a asumir nuevos riesgos y vivir emocionantes aventuras en busca de otra preciada reliquia.
Por supuesto, Harrison Ford volvería a encarnar al Dr. Jones, aunque esta vez le secundarían en el viaje dos nuevos acompañantes.

Así, en 1984 se estrenaría la que sería la segunda parte de la saga y, a juicio de una inmensa mayoría (incluyendo a sus propios artífices), la más floja de todas las entregas, o dicho de otra manera, la menos buena. Claro que esto va a gustos y tengo constancia que para unos cuantos ésta es su preferida.
Lo que no se puede negar es que sí es la más oscura de todas, tanto por su temática como por su inusitado gore, más si la comparamos con la benevolencia de su predecesora, mucho más amable y familiar que ésta. Es más, tras esta película se creó la hoy habitual calificación PG-13 de la MPAA (no recomentada para menores de 13 años) para dar un mayor margen de edad entre los films para mayores de edad y para menores, dependiendo de su contenido violento y/o sexual.


Indiana Jones and the Temple of Doom” empieza en un local de Shangai llamado Obi Wan Club (una de las muchas referencias de Lucas hacia su saga galáctica), donde Indiana Jones se ve envuelto en una trifulca con unos clientes que no sólo no quieren pagarle sus servicios sino que además pretenden borrarlo del mapa.
Tras el inmenso alboroto montado, en el que los puñetazos se suceden uno tras otro y las balas sobrevuelan la cabeza de nuestro protagonista, Indy finalmente logra escapar con vida del lugar, arrastrando consigo a una hermosa cantante del local, Willie (Kate Capshaw), y dirigiéndose hacia el aeropuerto en un coche conducido por su pequeño amigo de 12 años, Tapón (Jonathan Ke Quan) -o Short Round en su versión original-.

Los tres emprenden su huída de Shangai con un avión del que acaban saltando al vacío debido a un “problema de pilotaje”, por así decirlo.
Con un bote salvavidas como improvisado paracaídas, los tres viajeros acaban en un pequeño poblado de la India donde son acogidos por los lugareños por un motivo en concreto. Dicho motivo es, como cabría esperar, recuperar una vieja reliquia. En este caso se trata de una piedra sagrada que protege a sus habitantes y que ha sido robada por una secta conocida como los Thuggies, los mismos que han raptado a todos los niños del poblado. Dos razones más que suficientes para que nuestro Indy se embarque en una nueva aventura.

Los Thuggies se ocultan tras las paredes del palacio de Sankat, lugar al que nuestros protagonistas se dirigirán en busca de la misteriora piedra y de los niños capturados. Allí deberán hacer frente a los numerosos peligros que les acarreará entrometerse en los asuntos de una secta un tanto particular.


Tal como he citado al inicio de la reseña, esta película es la más oscura de la trilogía original, lo cual no implica que esté exenta de humor, sino más bien todo lo contrario. Y es que para contrarestar es toque tenebroso que posee, se opta por explotar con -mayor o menor- acierto la vertiente cómica entre sus protagonistas.

Por un lado tenemos el personaje femenino de la historia, que ahora en vez de ser una mujer de armas tomar como lo fue Marion en la primera entrega, pasa a ser una ingenua y patosa estrella de la música que provocará más de un quebradero de cabeza a Indy. De esta forma, aprovechando sus meteduras de pata y sobretodo su más que evidente química con Indy, se resuelve la papeleta de otorgar al film un rol que funcione como contrapunto a la personalidad del héroe protagonista. Al fin y al cabo, la indefensa chica en apuros que de vez en cuando es de gran ayuda pero que en la mayoría de las ocasiones se convierte un estorbo, suele funcionar en toda película de aventuras que se precie. Si bien es preferible que no sea así siempre, ya que hay que reconocer que su personaje a veces puede resultar un poco irritante.

La otra vertiente cómica -sin contar la habitual desfachatez de Indy- la tenemos en Tapón, el joven compañero de aventuras que “adopta” Indy en esta entrega que, recordemos, acontece un año antes de lo sucedido en la primera, es decir, en 1935 (por aquello de no repetir con los nazis por villanos)
Aunque a menudo discutan (especialmente cuando juegan a cartas y los dos hacen trampas) este personaje se nos presenta como un fiel amigo de Indy, al que el joven tiene como un ejemplo a seguir. Son sus discusiones con el Dr. Jones -como así prefiere llamarlo él- y también sus momentos torpes donde radica la comicidad entre ambos y ese apreciable toque de humor que impregna toda la historia.

Estos dos personajes, que como ya digo, aportan la parte más humorísitca del film, pueden ser tanto un punto a favor como un punto en contra, todo dependiendo de cómo calen éstos en el espectador. En lo personal, Tapón siempre me resultó bastante cargante y lo ví más como un aspecto negativo dentro de la trama que no como algo positivo (elección innovadora pero quizás poco convincente, a mi gusto)

De todas formas, si hay algo de lo que peca esta nueva entrega es de su simpleza y vacuidad en lo referente al guión, considerándolo bastante menos trabajado que su precesora y sometido a los designios de un público deseoso de más acción y menos complejidad en la historia.
Tampoco es algo demasiado grave ya que al fin y al cabo, como película de aventuras, cumple a la perfección. De hecho, contiene una de las secuencias más trepidantes de toda la trilogía: la persecución en la mina a bordo de las carretillas. Espectacular, emocionante y memorable secuencia cuyo filmación se prolongó a lo largo de cuatro meses.

Destacar también la escena del puente, otra de las más destacables del film y de la saga. Es por ello que no se puede decir que ésta sea la menos disfrutable, sino más bien la menos redonda de las tres.

Aceptando su concepción como un punto de inflexión no ya del propio personaje sino de las carreras y vidas personales de ambos directores (Lucas afrontaba un divorcio y E.T. El Extraterrestre de Spielberg fue un tanto ninguneada en los Oscars), tenemos por delante un trepidante film de aventuras que acontece en un espacio reducido cargado de misticismo y tenebrosidad (para nada aspectos negativos), con unos malos muy malos y sanguinarios, con un Indy más socarrón que de costumbre y con unos acompañantes torpes y graciosos. Y no nos olvidemos tampoco de otros protagonistas de la cinta: los bichos, a cuál más repugnante y escurridizo.

Por tanto, pese a considerarla la más floja de las tres, el público siguió disfrutando con las aventuras y desventuras de Indiana Jones, y sus 23 millones de presupuesto se convirtieron en 180 millones de recaudación sólo en EE.UU., siendo el tercer film más taquillero de aquel 1984, por detrás de otros éxitos como Cazafantasmas y Superdetective en Hollywood.

Con semejantes resultados, ¿por qué no realizar un tercer capítulo?
Cinco años más tarde llegó la respuesta, volviendo el efectivo trío a deleitarnos con otra fantástica entrega titulada “Indiana Jones y la última cruzada” (con papá Jones incluido)


Valoración Personal:

lunes 12 de mayo de 2008

La Música - John Williams

No cabe duda alguna que John Williams es una de los mejores compositores del cine moderno y que muchas de sus partituras permanecen imborrables en la memoria del espectador.
Creador de fantásticos temas que ensalzan las imágenes a las que acompaña, Williams era sin duda un gran baza para realizar la banda sonora de Indiana Jones y para hacer de ella algo memorable.

Tanto Steven Spielberg como George Lucas habían trabajado con él con anteriodad, con lo cual la elección del compositor para “En busca del Arca Perdida” (y posteriormente, para todas sus secuelas) estaba clarísima.

Williams llevaba ya más de una década vinculado a la industria del cine antes de colaborar con Spielberg por primera vez. Realizó scores para films de distinta índole, destancado por encima de todos la adaptación del musical de Broadway “El violinista en el tejado“, que le valió su primer Oscar a mejor banda sonora; y también los scores de dos populares películas catastrofistas -género muy de moda allá por los 70- como eran “La aventura del Poseidón” y “El Coloso en llamas”, que en el aquel caso le volvieron a valer una nominación de la academia (Irwin Allen, productor de los tres films citados, tuvo buen ojo con el compositor)

Su primer trabajo para Spieberg fue la composición del score de “Tiburón”, con el que se llevó su segundo Oscar a Mejor Banda Sonora de aquel 1975. No es de extrañar pues, que el Rey Midas de Hollywood deseara seguir colaborando con él en sus próximos proyectos. Siendo así, las bso de “Encuentros en la tercera fase” y “1941” también corrieron a su cargo.

Su primer contacto con George Lucas fue para ni más ni menos que la banda sonora de “La Guerra de las Galaxias”, en la cual Williams dirigió la Orquestra Sinfónica de Londres y con la que se llevó también un Oscar (el tercero de su carrera). Pero no sólo eso, sino que el álbum de la misma tuvo una gran éxito entre el público, llegándose a vender más de 4 millones de copias.

Habiendo hecho tan buenas migas con ambos directores, su participación en la saga del famoso aventurero no fue ninguna sorpresa para nadie.
El tema principal, que se usa (o abusa, según sus detractores) a modo de leitmotiv a lo largo de las tres películas, es de los más reconocibles de la historia del cine y también de su autor. El resultado del mismo fue la fusión de dos breves composiciones que Williams le mostró a Spielberg y que éste, incapaz de decidirse por una de ellas, pidió unirlas.
El resto de la bso, con ese toque clásico tan particular de Williams y tan evocadora de la década de los 40 y 50 para la ocasión, otorgó intensidad y frescura a las películas de Indy.

Consiguió con temas suavemente líricos transmitir emoción y magia en los momentos más románticos, mientras que con las secuencias más espectaculares de la saga ofrecía partituras contundentes y épicas. Sin olvidar tampoco los instantes amenazadores y oscuros (cuando abren el arca en la primera película o gran parte de lo que acontece en el templo maldito), que con la música de Williams se tornan realmente inquitantes y misteriosos.

Pese a un más que notable trabajo, probablemente infravalorado frente a anteriores obras suyas, la banda sonora de “En busca del Arca perdida” no logró hacerse con la preciada estatuilla de aquel año, arrebátandosela finalmente Vangelis por “Carros de fuego” (aquí el álbum funciona como disco de estudio, no guardando una relación estricta con las piezas utilizadas para la película)

Después de eso, John Williams siguió colaborando en más de una decena de ocasiones con Spielberg, sin contar el resto de películas sobre Indy. Y con Lucas, permaneció al frente de toda su saga gálactica (los 3 últimos episodios incluídos)

Más allá de estos dos directores, Williams ha cosechado un gran éxito a lo largo de toda su carrera (dentro y fuera del cine), manteniéndose, a día de hoy, aún en activo (pese a anunciar su retirada a principios de los noventa) y acumulando innumerables premios; incluyendo 5 Oscars, 4 Globos de Oro y 20 Grammys (ahí es nada). Por no hablar de que ostenta precisamente el récord de ser la persona viva con más nominaciones a los premios Oscars (un total de 45).

Con más de 100 películas a las que ha puesto música y variando más bien poco su personal estilo (deudor de los grandes clásicos de antaño) John Williams es, en lo personal, uno de los creadores de bandas sonoras de mi infancia. Imposibles de olvidar son, además de las ya citadas en este artículo, las themes de Superman, E.T. El Extraterrestre o Jurassic Park. Inmortales todas ellas en mi memoria musical.

viernes 9 de mayo de 2008

"Iron Man" (2008) - Jon Favreau

Con un breve currículum como director en el figuran películas familiares e infantiles (excepto su ópera prima titulada “Made”) Jon Favreau logró hacerse cargo de la dirección de Iron Man, película que adapta uno de los personajes más populares de la factoría Marvel.
Por lo general, tanto esta elección como la del actor protagonista (el estupendo Robert Downey Jr.) causaron bastante desagrado entre el colectivo fan. Pese a ello, ambos han demostrado ser los idóneos para sus respectivos roles a juzgar no sólo ya por la buena acogida del público sino también por las más que favorables opiniones de la crítica especializada.


La película se centra en la figura de Tony Stark, un multimillonario consejero delegado de Industrias Stark, compañía dedicada básicamente a la fabricación y distribución de armamento militar. Stark es un tipo despreocupado, vividor, fanfarrón y playboy. Sus objetivos principales son acumular dinero y ligoteos, demostrando ser bueno en ambos sentidos. Sin embargo, todo esto cambia cuando es capturado por un grupo de insurgentes afganos que le obligan a contruir para ellos uno de los potentes misiles que él mismo vende.

Preso y gravemente herido, Stark utiliza sus conocimientos armamentísticos para crear un dispositivo que le permita seguir vivo, y una resistente y poderosa armadura que le permita escapar de sus captores.
Una vez conseguidos estos dos propósitos, y a su regreso a EE.UU., Stark adopta una nueva aptitud frente a las armas, decidiendo terminar con la fabricación de éstas y dirigir su empresa hacia otros ideales más honrados. Esta decisión causará ciertos problemas a Stark y en el centro de todos ellos estará Obadiah Stane -ejecutivo de Industrias Stark-, antes su mano derecha y ahora su principal enemigo.

Stark se pondrá manos a la obra en la creación de una nueva y perfeccionada armadura. Más potente, ligera y resistente que la anterior y con la cual iniciará su personal cruzada contra los insurgentes y contra cualquier persona u organismo que suponga un peligro para la humanidad.
Nuestro engreído protagonista, reconvertido en casual y oportuno héroe (inter)nacional, contará con la ayuda de su secretaría Pepper Potts (nombre feo donde los haya) y de su mejor amigo, el militar James Rhodes.


La mayor baza del film, además de los ya imprescindibles efectos especiales en este tipo de producciones, es sin lugar a dudas Robert Downey Jr. encarnando al principal protagonista, Tony Stark. El papel le viene como anillo al dedo y Downey cumple de sobras.
Siempre ha sido un notable actor pero los altibajos en su carrera, propiciados por una vida personal cargada de excesos, han hecho ganarse la antipatía del público y el habitual desprecio de la crítica, que por lo general tienden a menospreciarlo.
Con esta película, y pese a tratarse simplemente de un producto comercial destinado a hacer taquilla, Downey ha conseguido callar unas cuantas bocas, rebosando carisma y saber estar. A mi juicio es, junto a Hugh Jackman y su Lobezno, una de los mejores encarnaciones de un personaje de cómic.


El humor es otro de los puntos fuertes del film, sacándole partido a la personalidad de Stark sin caer en ningún momento en la parodia o el rídiculo como sí han hecho otras adaptaciones (Spiderman o Los 4 Fantásticos), y provocando siempre una cómplice sonrisa al espectador.

La historia es bastante simple y similar a la de otros superhéroes. Sin embargo, Favreau utiliza esa simpleza para fabricar una película de sencilla estructura y con un ritmo exento de altibajos.
Nos presenta al personaje y los motivos que le hacen cambiar de actitud. Seguimos paso a paso el proceso de fabricación de la famosa armadura y como intenta adaptarse a ella, mientras que nos cuenta a pinceladas las relaciones que mantiene tanto con su secretaria como con su amigo Rhodes.

Estos factores hacen que la trama se desarrolle con rapidez, dando al público lo que espera de este tipo de películas: un buen entretenimiento. Y se puede afirmar con seguridad que lo consigue. Sus dos horas se pasan volando e incluso diría que se hacen cortas.

Favreau evita la tendencia de algunos films en profundizar en exceso en la psique del héroe, lo que quizás hubiese convertido su visionado en algo tedioso o simplemente aburrido (véase Hulk).
Sin abandonar esa posibilidad, se puede decir que la hace más ligera y la sabe combinar bien con las escenas de transición y de acción. Quizás el cambio de actitud de Stark se nos puede antojar precipitado o forzado, pero al fin y al cabo el director sabe que extenderse más en eso podría acabar siendo perjudicial para el ritmo de la película.

La historia contiene un poco de moralina pero sin caer en discursitos filosófico-éticos ni en los aires de grandeza de, por ejemplo, Batman Begins. De esta forma el lenguaje y el comportamiento del personaje se nos hacen más cercanos.

A todo ello ayuda también tener a un actor como Jeff Bridges encarnando al villano de turno, demostrando que se puede ser un buen villano sin caer en la sobreactuación ni el histrionismo.

Y por supuesto, los ya citados efectos especiales, que se convierten en el plato fuerte de Iron Man y sin los cuales hubiese sido muy dificil llevar a cabo dicha adaptación. Además del siempre impecable trabajo de Stan Winston en cuestiones de diseño y arte conceptual, siendo él el encargado de elaborar la fascinante armadura que luce Robert Downey Jr., y que está inspirada básicamente en los dibujos de Adi Granov.

Los puntos flojos del film vendrían a ser la poca relevancia que tiene en la historia el personaje de Terrence Howard, es decir, James Rhodes, el amiguete de Stark (seguramente se le está resevando para la secuela), y el quizás demasiado breve enfrentamiento final entre Stark y Obadiah, que a mí personalmente me sabió a poco (por no hablar de la poco creíble destreza con la Obadiah maneja su armadura sin antes haber practicado!)

Sobre Gwyneth Paltrow nada que objetar, ya que está correcta y menos sosa de lo habitual, lo cual ya es mucho.

Por lo demás, un más que decente entretenimiento que pone fin -de momento- a la mediocridad a la que nos estaban acostumbrando las producciones Marvel.
Divertida, con buenas y dosificadas escenas de acción, con un reparto solvente y unos excelentes efectos especiales.
Que más se le puede pedir? Quizás que no fuera tan simplona y profundizara, pero sin pasarse, en los personajes. Pero tampoco vamos a pedirle peras al olmo, ya que así deberían ser todas las películas de superhéroes: puro entretenimiento y dejarse de tonterías, que aquí lo que cuenta es que el público se divierta de lo lindo, indistintemente de que conozcan o no al personaje. Si bien otra virtud de Iron Man es que llega a todos los públicos y no sólo al fan, al que igualmente se le reserva algunos guiños.

Por cierto, si aún no habeis ido a verla, os sugiero que cuando lo hagais os quedeis hasta el final de los créditos, que hay escena de regalo.


Valoración personal:

martes 6 de mayo de 2008

"En busca del Arca Perdida" (1981) - Steven Spielberg

Atención: Esta reseña contiene detalles relevantes de la trama.


Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark” fue la película que abrió la saga del aventurero Indiana Jones, la que marcó un antes y un después dentro del cine de aventuras y la que es consideraba por muchos la mejor entrega de todas.

Una historia ideada por George Lucas en colaboración con Phillip Kauffman (propuesto en un principio para dirigirla), escrita finalmente por Lawrence Kasdan (ya se había hecho cargo del guión de “El Imperio Contraataca”) y dirigida por el Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg (tras el fracaso de su comedia ”1941”), dió como resultado una de las películas más taquilleras de la historia y una magnífica cinta de aventuras, imitada y parodiada hasta la saciedad.


El primer tramo del film nos muestra al personaje metido de lleno en una de sus aventuras, concretamente en Sudámerica, para encontrar el ídolo Hovito, un valioso objeto de un antiguo templo. A través de la espesa jungla y procurando no ser descubierto por los nativos de la región, el arqueólogo Indiana Jones, en compañía de otros dos viajeros, da con el Templo Hovito. Una vez allí, debe sortear todas las trampas mortales que los antiguos pusieron para que nadie robara la preciada reliquia.
Justo cuando tiene en su poder el objeto, el templo empieza a desmoronarse y la huída debe ser más apresurada de lo esperado. En ese momento, Indy debe hacer frente de nuevo a las trampas, a la traición de uno de sus compañeros (Alfred Molina en un brevísimo papel) y una vez fuera del templo, a Rene Bellog (Paul Freeman), otro arqueólogo y su principal rival, quién finalmente le arrebata la reliquia.

En esta primera parte, a modo de presentación del personaje y de uno de los antagonistas, se sucede una de las secuencias más recordadas de la saga y que tiene lugar dentro del templo, justo cuando Indy inicia su huída de él. Se trata de la escena en que una bola gigante persigue a nuestro héroe y de la que éste se libra por los pelos.
La gran bola, fabricada en fibra de vidrio, media unos 6,5 metros de diámetro y se desplazaba a través de unos raíles ligeramente elevados. Harrison Ford ensayó la escena durante dos días, más de treintena de veces. Para su seguridad, había varios hombres encargados de detener la bola por si éste tropezaba. De todas formas, al estar los raíles elevados, Ford tenía la posibilidad de tirarse al suelo y dejar que la bola le pasara por encima sin causarle el más mínimo rasguño.


Tras este agitado inicio, nuestro Indy regresa a casa, en Connecticut, donde imparte clases en una universidad. Allí el gobierno estadounidense le encarga un nuevo cometido relacionado con la legendaria Arca de la Alianza (caja que contiene en su interior las tablas de piedra de los Diez Mandamientos). Su misión consiste en encontrar el arca antes que lo hagan los nazis, que bajo ordenes del Führer, han emprendido su búsqueda a raíz de la leyenda que afirma que a aquellos que la posean se volverán invencibles.


Indy iniciará el viaje hacia Nepal, donde vive Marion (Karen Allen), una ex amante e hija de su antiguo mentor, la cuál posee una pieza clave para encontrar la localización exacta del arca. Es allí donde Indy tendrá su primer encontronazo con los nazis.

Después de librase de ellos y sumándose Marion a su viaje, su próximo destino será la ciudad de Tanis (Egipto), lugar donde se oculta la famosa arca. Un viejo amigo, Sallah (John Rhys-Davies), será quien les ayude a localizarla y recuperarla.
De nuevo, Indy tendrá que hacer frente a los nazis y a su viejo rival Bellog. A partir de ese momento, las aventuras se irán sucediendo una tras otra, sorteando a peligrosos asesinos, trampas mortales, serpientes venenosas, etc.

La película ofrece 115 minutos de acción y diversión. No hay tiempo para dedicarse a desarrollar los personajes ni sus relaciones, pues lo que prima es la aventura pura y dura. Unas simples pautas y caracterísitcas básicas sirven para definir a nuestros protagonistas, mientras que el resto está orquestrado para que el público disfrute sin parar, minuto a minuto, escena tras escena.


Lucas y Spielberg supieron imprimir en ella todos los elementos necesarios para hacer de la misma una gran cinta de aventuras. Una unión perfecta entre humor, acción y romanticismo son prueba de ello. El rigor histórico era casi lo de menos, por lo que no es extraño encontrar varios fallos en ese aspecto.

El rodaje no estuvo exento de problemas, desde parones por días de lluvia hasta una disentería contraída en Túnez (lugar donde se simuló la ciudad de Tunis) que afectó a casi todo el equipo implicado en el proyecto. Spielberg fue de los pocos que se libró ya que tenía por costumbre llevarse de casa comida enlatada.

Harrison Ford asumió también bastantes riesgos a la hora de afrontar su papel de Indiana Jones. Él creía que cuanto más se implicara en las escenas de acción y menos usara un doble, más creíble resultaría su personaje. Por ello, llevo a cabo algunas de las secuencias más arriesgadas del film.

Estuvo a pocos metros de la bola que pretendía aplastarlo en el Templo Hovito; sufrió dos accidentes con los dos aviones que aparecen en la película y de los cuales, por suerte, salió indemne; fue uno de los numerosos afectados por la disentería; sufrió, como el resto del equipo, la furia de los mosquitos en Kaui (donde el templo); y participó integramente en la secuencia dónde es arrastrado por debajo de un camión.

Pese a cualquier contratiempo que se sucediera, el rodaje logró terminarse incluso varios días antes de lo previsto y su estreno en cines fue un éxito rotundo.
Sus 20 millones de presupuesto dieron sus frutos, consiguiendo en EE.UU más de 200 millones de dólares de recaudación y casi 400 millones en todo el mundo.
A la respuesta favorable tanto de crítica y público, se le sumaron 8 nominaciones a los Oscars de aquel año, consiguiendo finalmente cuatro estatuillas correspondientes a mejor dirección artística, mejor sonido, mejor montaje y mejores efectos visuales.


Las escenas más recordadas son la de la bola de piedra, la de Indy y Marion frente a las miles de serpientes (se calcula que más de 6000 entre reales y de goma) y la trepidante secuencia del camión (un claro homenaje a La Diligencia de John Ford)

Aún así, otras escenas fueron descartadas o bien recortadas (la pelea contra el tipo de la espada, que finalmente se resolvió con un disparo de revolver por sugerencia de un cansado y aquejado Ford, o un primer beso entre Indy y Marion en la taverna del Nepal, entre otras), y algunas de ellas se reutilizaron para la secuela, que llegaría tres años después con el título de “Indiana Jones y el templo maldito”.

En busca del Arca Perdida” fue el principio de una gran saga y el inicio de la leyenda.


Valoración personal: