domingo 15 de noviembre de 2009

"Alien Trespass" (2009) - R.W. Goodwin

Crítica Alien Trespass
La ciencia-ficción de la década de los 50 se caracterizó por dos temáticas cuyo nexo común era el inquieto periodo de la Guerra Fría posterior a la Segunda Guerra Mundial. El miedo a una invasión rusa y/o un ataque nuclear, fue en gran medida extrapolado al cine de la época a través de invasiones alienígenas que, de algún modo, representaban la amenaza rusa bajo una capa de látex, armas láser y platillos volantes; o el peligroso poder de la energía nuclear y sus terribles consecuencias, que se reflejaba a menudo en películas de monstruos mutantes (insectos, casi siempre, mutados y agrandados que causaban el pánico entre la población). En este último caso, muchas veces el causante era el propio gobierno americano (a modo de autocrítica), con sus experimentos y sus ya conocidas pruebas nucleares en los desiertos de Arizona.

Probablemente, muchos de los mayores clásicos de la ci-fi se encuentren en este periodo, y muchos de los temores de la humanidad (y de los estadounidenses en concreto), no sólo los ya mencionados, se encuentren reflejados en un buen puñado de estas películas. De ahí que sea una época referente para el género.

Alien Trespass, la cinta que nos ocupa, pretende rendir homenaje a un tipo de cine hecho con pocos medios y cierta ingenuidad: el cine de ci-fi de serie B de los 50, y particularmente, el de invasiones alienígenas. Y el modo de hacerlo no es a base de una parodia (aunque pueda parecerlo), sino realizando una película del mismo modo que se haría en aquella época, con lo bueno y lo malo que eso implica.

La historia se sitúa en 1957, en un pequeño pueblo de California. Allí, en las montañas del desierto, se estrella un platillo volante, de cuyo interior escapa una letal criatura alienígena, el Ghota, cuya intención es la de exterminar toda forma de vida del planeta. Pero el monstruo no viaja sólo, y de la nave aparece también Urp, una especie de agente federal de otro planeta cuya misión será capturar a la criatura antes que se reproduzca y se extienda por toda la Tierra. Para pasar inadvertido, Urp toma prestado el cuerpo del astrónomo local Ted Lewis, y con la ayuda de Tammy, una camarera, intentará salvar a la humanidad de la amenaza que se cierne sobre ellos (y que él mismo ha traído consigo, dicho sea de paso)


La película está dirigida por R.W. Goodwin, cuya experiencia profesional se centra básicamente en telefilmes y series de tv; entre ellas, la dirección de varios episodios de Expediente X, y la escritura de uno de ellos. El guión, por contra, corre a cargo de dos debutantes, James Swift y Steven P. Fisher, partiendo de una historia del segundo, y mediante la cual han procurado rendir un cariñoso homenaje a cierto tipo de películas, utilizando para el ello, los mismos esquemas argumentales y los mismos medios técnicos (aunque, al inicio, se permite el uso del ordenador para presentar al averiado platillo volante)


La cinta goza de una trama muy simplona, con personajes tan de cartón piedra como los propios decorados, algo que junto a la austeridad de los efectos especiales, está hecho de forma totalmente intencionada. Empezando por el aspecto ridículo y arcaico del alienígena Ghota, y terminando en el uso de pantallas para los fondos, tanto a la hora de abordar ciertos planos que precisan de una profundidad inexistente, como para simular movimiento cuando los personajes se encuentran en el interior de un vehículo. Todo ello recuerda irremediablemente a los rudimentarios medios tecnológicos de antaño, pero plasmado, eso sí, con todo el esplendor cromático que ofrece el color en contraposición del habitual blanco y negro de la época.

Los tonos pasteles y la deliciosa fotografía, junto a unos adecuados decorados y un fiel trabajo de vestuario, nos transporta sin problemas hasta esos irrepetibles años 50.

Los personajes, obviamente, son bastante esquemáticos, como el policía paleto, los jóvenes indiscretos, la atenta y servicial ama de a casa o la camarera desdichada. Todos ellos representan sus roles con adecuada formalidad debido al tono inusitadamente serio con el que Goodwin aborda la historia. Y es que en ningún momento tenemos la impresión de estar presenciando una comedia paródica, con situaciones exageradas o patosas, sino que el desarrollo es tal cual sería si la película fuese rodada en dicha época.


El reparto es mayormente televisivo, a excepción de Robert Patrick, el famoso T-1000 de Terminator 2, que aquí interpreta a Vernon, uno de los agentes de policía. Del resto destacaríamos a Eric McCormack, conocido sobre todo por la serie "Will y Grace", y que hace aquí un doble papel interpretando al alienígena Urp y al astrónomo Ted Lewis; luego tenemos al veterano Dan Lauria (de la emblemática Aquellos maravillosos años), como el jefe de policía; y en los roles femeninos encontramos a dos guapas muchachas, Jenni Baird y Jody Thompson, que ya coincidieron con anterioridad en la serie “Los 4400”.

Todos cumplen dentro de las limitaciones que ofrecen unos personajes tan poco trabajados (el que más, quizás, el de la camarera)

Alien Trespass es un curioso producto que funciona como homenaje y que se deja ver con facilidad dadas son honestas intenciones. Desgraciadamente, es demasiado simplón en su intento de plasmar una forma de rodar ya anticuada, y si tuviera una historia y unos personajes mucho más elaborados, de seguro estaríamos hablando de una mejor película (como lo fue en su momento la estupenda y olvidada Matinee de Joe Dante). Pero no es el caso y debemos conformarnos, los aficionados al género, con lo simpático y anacrónico que resulta ver una cinta de los 50 años hecha ahora, en color pero con los medios de antes.

Además, se permite incidir de nuevo en el miedo a la amenaza rusa en sus constantes referencias a la posible procedencia del ovni (que en un principio, los personajes insisten en atribuir a los rusos lo que, en vez de un ovni, podría ser directamente un cohete/misil) y cuenta con varios guiños a algunos de los clásicos cinematográficos de la época. El más evidente es el visionado en un cine de la película The Blob (La masa devoradora), que realmente no se estrenaría hasta un año después, en 1958; los pósters de “The Man from Planet X” (El ser del Planeta X ) y “Destination Moon” (Con destino a la Luna) que cuelgan de la pared de la habitación del hijo del médico local; o el cartel promocional de The Brain from Planet Arous (El cerebro del planeta Arous) que asoma en una de las paredes del citado cine.

Recomendada, por tanto, a los puristas como un servidor, más como simpática curiosidad que como un válido entretenimiento.



Valoración personal:

lunes 9 de noviembre de 2009

"Bienvenidos a Zombieland" (2009) - Ruben Fleischer

Crítica Bienvenidos a Zombieland
Si se hiciera una encuesta sobre cual es o podría ser la mejor comedia zombie que se ha rodado nunca, seguramente “Shaun of The Dead” (me niego a citar su “traducción” española) estaría entre las más nombradas (junto a El Regreso de los Muertos Vivientes y Braindead). Y es que aunque en su momento no fuera un éxito taquillero arrollador (si bien sí cosechó muy buenas críticas y cubrió de sobras su presupuesto), su posterior redescubrimiento en DVD y en Internet provocó una avalancha de admiradores que, sin comerlo ni beberlo, la convirtieron en toda una pieza de culto dentro del subgénero zombie.

Gente como Stephen King, Guillermo del Toro, Quentin Tarantino o Sam Raimi no tenían sino halagos para ella, lo que otorgó un reconocimiento aún mayor a la cinta de Edgar Wright, quién unos años más tarde “repetiría” la fórmula parodiando/homenajeando el género policiaco y sus buddy movies con “Hot Fuzz” (para mí, un peldaño por encima de su propuesta zombie), de nuevo con la genial pareja cómica formada por Simon Pegg y Nick Frost .

Desde entonces, muchos han intentado seguir sus pasos, procurando salir indemnes de la difícil tarea de mezclar comedia y terror con zombies sin que la cosa chirriase demasiado. Ha habido de todo, desde engendros como “Zombie Strippers” hasta simpáticas gamberradas como “Plane Dead” o “Dead Snow”, pasando por la curiosa y original “Fido”. Sin embargo, ninguna ha llegado –en mi opinión- al nivel de divertimento ofrecido por Wright. Ninguna hasta ahora…


Zombieland
, o Bienvenidos a Zombieland, tal como la conoceremos aquí en España, nos presenta un mundo plagado de zombis en el que un variopinto grupo de personajes tratará de sobrevivir al caos imperante. Ellos son Columbus (Jesse Eisenberg) un joven miedica a quien la situación le supera, de modo que para evitar ser comido por los muertos vivientes, establece un seguido de reglas inquebrantables con las que intentar mantenerse con vida el mayor tiempo posible. Luego está Tallahassse (Woody Harrelson) un vaquero caza zombies cuya mayor placer, además de matar no-muertos, es lograr comerse el último Twinkie en la tierra (que es un popular dulce americano; algo así como un sobao Martínez pero relleno de crema). A estos dos se unen Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), dos hermanas que atraviesan el país en busca del último refugio libre de amenaza zombie.

Muy diferentes entre sí, pero unidos por una misma causa, la supervivencia, los cuatro se embarcarán en un peligroso viaje a través de un mundo infestado de zombies (Zombieland), algo que tiene por qué ser óbice para poder divertirse un rato.


Procedentes del mundo de la televisión, los guionistas Paul Wernick y Rhett Reese han elaborado una divertida comedia zombie con unos ingredientes muy básicos pero a la vez muy certeros. Dejando la silla de director a un debutante, Ruben Fleischer, quién demuestra un buen manejo de la cámara y un perfecto dominio del ritmo, sabiendo compensar los momentos más cómicos con la acción e incluso su poquito de drama, sin perder fuerza ni desorientar al espectador.

Ya desde los primeros minutos nos damos cuenta que asistimos a una película muy particular, diferente a otras de su condición y que aún siguiendo la estela de “Shaun of The Dead”, demuestra tener personalidad propia, lejos de querer imitar el humor tan inglés de aquella.

Sus aciertos son varios, y por ello conviene enumerarlos uno por uno.

Para empezar, la historia se relata a través de la experiencia de Columbus, con la consiguiente voz en off de acompañamiento, que en su discurso intenta ir más allá de lo que vemos/oímos y de lo que sienten los protagonistas, además de ponernos en situación y, mediante flashbacks, contarnos también un poco del pasado de los personajes. El acoplamiento es perfecto, de principio de fin, sacándole buen partido al recurso pero sin abusar de él.

Las agudas normas de supervivencia de Columbus es otro de los aciertos del guión. Con ellas empieza la película, y a medida que avanza la misma, se nos van recordando lo importantes que son éstas (cartelitos sobreimpresos y/o voz en off mediante), y lo difícil que puede llegar a ser cumplirlas según la situación que se presente.

Luego está la cámara lenta, cuyo uso es tan vistoso como tremendamente efectivo, demostrando ya desde los fantásticos créditos iniciales que es también un buen recurso siempre y cuando sepa emplearse en su justa medida, cosa que Fleischer sabe hacer.

Y por último, está el competente reparto.


Jesse Eisenberg representa sin problemas al típico pardillo antisocial que no se come una rosca, y cuya mayor oportunidad en la vida para pillar cacho se presenta en el peor panorama posible: el apocalipsis zombie. Eisenberg consigue no caer en la sosería de otros jóvenes actores en roles similares (esto lo digo por Michael Cera, al que personalmente no termino de verle la gracia)

Woody Harrelson se desenvuelve como pez en el agua en un personaje hecho a su medida. Tallahassse es un tipo duro debido a las circunstancias, pero a la vez es un guasón y un trozo de pan, y Harrelson lo clava a la perfección, sin resultar cargante ni demasiado histriónico. Debo admitir que es un actor que siempre me ha caído simpático, y que es más versátil de lo que aparenta, si bien entendería que a aquellos que no le soportan, el visionado de la película se les hiciese algo más indigesto. Es Harrelson en estado puro, para bien o para mal, según cada cual.

La jovencísima Abigail Breslin, que ya destacó hace unos años en Pequeña Miss Sunshine, es aquí el contrapunto perfecto para un tipo como Tallahassse. La pequeña es más lista y pícara de lo que se podría esperar para una niña de su edad, y Breslin demuestra mucha soltura en el papel, evitando convertirse en la típica niña repelente y odiosa de la película, como suele ocurrir en estos casos.

Y por su parte, Emma Stone es la chica guapa del grupo, pero para nada la joven damisela en apuros, ni mucho menos. De hecho, las dos hermanas se muestran mucho más astutas que sus compañeros de viaje masculinos, lo cual sirve para cargarse ciertos tópicos del género.

Todos ellos están al servicio de una especie de road-movie zombie que nos deja un claro mensaje sobre la confianza y el buen entendimiento, además de que nunca se debe perder la esperanza. Hay que afrontar las dificultades, saber salir al paso y aprender a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, aunque el mundo se convierta en un lugar donde el ser humano esté en peligro de extinción.

Por tanto, Bienvenidos a Zombieland termina siendo un ligera y muy amena comedia, en la que los personajes importan y los zombies pueden dar tanto miedo como en cualquier otra película del género (que no es que lo den, pero al menos no son cutres ni resultan patéticos, sino que se comportan como todo muerto viviente hambriento de carne humana)

Cuenta además con unos cuantos alicientes extras, como la inclusión de algún gag intermedio (el premio al mata-zombies de la semana); la impagable aparición (y desaparición) -otro que es amado y odiado- de Bill Murray haciendo de Bill Murray (nunca mejor dicho) y ese nostálgico homenaje a cierta película ochentera en concreto (no diré más para no chafar la sorpresa). Aunque en conjunto, diría que el homenaje lo es tanto a la película como al actor que la interpreta.



Valoración personal:

domingo 1 de noviembre de 2009

"Truco o trato" (2008) Michael Dougherty

Crítica Truco o trato Trick 'r Treat
Llevaba mucho tiempo esperando ver esta película, y una vez que pudo hacerme con ella, decidí que el mejor día para visionarla sería un 31 octubre.

Trick 'r Treat
es una de esas producciones malditas que, gracias sobre todo a la blogosfera, han adquirido cierto renombre entre el aficionado al género de terror, e incluso diría que también un prematuro estatus de película de culto.

Su estreno en cines debió producirse en 2007, por estas mismas fechas, para intentar competir con la anual entrega de Saw, una habitual ya de Halloween. Desgraciadamente, sus productores no confiaban demasiado en el éxito del film, y para evitar perder dinero, decidieron estrenarla directamente en dvd.

Algunos pocos tuvieron la suerte de ver la cinta en el Festival de Sitges de aquel mismo año (¿o fue en el 2008?), mientras que el resto esperábamos impacientes que la película, aunque no viera la luz en cines estadounidenses, sí tuviera alguna posibilidad de hacerlo cruzando el charco. Pero pasaron los días, las semanas, los meses y los años, y la esperanza se fue desvaneciendo.

La llegada al dvd en España se produjo este ya pasado mes de Octubre, de modo que muchos de los que no pudieran verla en su momento, tendrán ahora la oportunidad de hacerlo. Un servidor, impaciente, logró hacerse con una copia subtitulada, temiendo visionar la misma con un doblaje deficiente (algo que suele ocurrir en los productos de videoclub, telefilmes, etc.), y esperó con paciencia la fecha idónea para echarle un vistazo a tan aclamada –a posterior- producción.


La película se sitúa en la noche de Halloween, entrelazando varias historias de terror en las que sus personajes sufrirán las consecuencias de no respetar las tradiciones de tan significativa celebración. En una de estas historias, tenemos a un director de instituto con no muy intenciones de cara a los niños que vienen a pedirle dulces. En otra, una virgen en edad universitaria se reserva para una ocasión especial que, al parecer, podría surgir esa misma noche. En otra, una mujer pagará las consecuencias de su odio a Halloween. De mientras, unos adolescentes gastarán una broma cruel a una jovencita asustadiza… y pagarán muy caro por ello. Y para terminar, un viejo gruñón recibirá la visita de un ser con muy malas pulgas.

La crítica norteamericana definió Trick 'r Treat como una versión en carne y hueso de "Pesadilla Antes de Navidad", si bien considero que su parentesco está mucho más cerca de producciones como Creepshow o En los límites del a realidad que del film de Selick y Burton, con el que sólo comparte parte de su temática; siendo así una película formada a partir de varios cuentos o historias que, en este caso, tienen la particularidad de relacionarse entre sí de una forma más o menos directa.


Como suele ocurrir en estos casos, algunas de las historias cortas gustan más que otras, resultan más interesantes, más aterradores o simplemente están más logradas. Aquí podría decirse que hay un cierto equilibrio en todo el conjunto, y no porque los distintos fragmentos mantengan un nivel simila, sino porque éstos están entremezclados, con algunos nexos de unión muy finos, y con la particularidad de no seguir un desarrollo lineal, sino que se van ofreciendo eventuales saltos en el tiempo para situar cada historia en un momento determinado de la noche. Todo esto ayuda a conectar de una forma mucho más global con la película, sin necesidad de cambiar el chip con cada relato ni las consecuentes pérdidas de ritmo, sino manteniendo un principio, un nudo y un desenlace que los engloba a todos, haciendo su visionado mucho más ligero y dinámico.

De hecho, de fragmentar la película por capítulos, probablemente el resultado hubiera sido mucho más desigual, a tenor de que las historias tienen un desarrollo muy simple y directo, y no todas gozan del mismo impacto.

Bajo el amparo del director y productor Brian Singer, Michael Doughterty, que escribió para el primero el guión de X-Men 2 y del fallido regreso de Superman a la gran pantalla, debuta en la dirección con una historia escrita por el mismo e inspirada en el tipo de películas antes citadas, compartiendo con Creepshow, además, ese homenaje al mundo de las viñetas que por aquél entonces concibieron George A. Romero y Stephen King en base a legendarios comics de terror como "Tales From the Crypt", "Haunt of Fear" o "Vault of Horror". Así pues, los créditos iniciales y los letreros (que nos indican los saltos en el tiempo) que aparecen sobreimpresos en pantalla, mantienen esa estética comiquera que tan bien le queda a la cinta.


Las historias en sí, son una mezcla de leyendas y clichés varios, discurriendo algunas por caminos sobradamente conocidos, como la del autobús, y otras sorprendiendo por su vuelta de tuerca a los conceptos de siempre o por sus inesperados giros finales (la parte de Caperucita, sin ir más lejos)

En general, es de destacar su cuidada puesta en escena, que ya da a entender que no es un barato producto de videoclub; pero sobre todo merece especial mención ese humor negro que envuelve a algunos de los fragmentos, y que nunca llega a extremos ridículos o disparatados como sí le ocurría a Rami con su “Arrástrame al infierno”. Aquí, dicho humor, está mucho más medido, y aunque no estemos hablando de una comedia de terror propiamente dicha, sí consigue aligerar un poco la tensión con momentos de mayor desfachatez.


No hay tampoco un abuso de sangre y vísceras, optando Dougherty por la insinuación o la omisión, más que por lo puramente explícito (y cuando recurre a esto último, lo hace sin caer en el mal gusto o lo meramente gratuito - a excepción de la escena del vomito-).

El reparto cumple sin más, aunque de todos ellos sobresalen muy especialmente Dylan Baker y Brian Cox.


Trick 'r Treat es un producto ideal para estas fechas. Ameno y diferente, pero sobre todo, superior a la media (que tampoco es muy alta que digamos), algo que sin duda ha hecho que se la sobrevalore en exceso. Y es que estamos tan acostumbrados a la mediocridad imperante, que la aparición de un film de estas características se recibe con excesivo entusiasmo. No es ninguna maravilla ni tampoco es una obra maestra, como ya he leído en varias ocasiones, pero sí es una película que cumple con el trámite de para pasar un buen rato.

Honesta y entretenida, pero con un guión que no es nada del otro mundo (terror a veces pueril; tensión, la justa; y un tratamiento más cercano a las novelas juveniles de R.L. Stine que al horror de King, por decir algo) y una escasa duración adecuada dado su formato, pero que a la vez me deja algo insatisfecho. Así que si las intenciones de realizar una secuela dan sus frutos, sería una buena noticia tener otra ración de Trick or Treat para futuros Halloweens. Y es que cualquier alternativa a la estirada e interminable Saw (me quedo únicamente con la primera), será bienvenida.



Valoración personal:


domingo 18 de octubre de 2009

"Tron" (1982) - Steven Lisberger

Crítica Tron Steven Lisberger
En una década plagada de remakes innecesarios y secuelas tardías (e igualmente innecesarias, aunque a veces, también disfrutables), no es de extrañar que estén en desarrollo proyectos como el de Tron Legacy, secuela del clásico de culto “Tron”, y que se estrenará el año que viene -28 años después que su predecesora-, con Jeff Bridges retomando el papel del programador Kevin Flynn. Si bien el prematuro teaser trailer aparecido en el Comic Con de este año apunta a que esta vez su personaje podría ser el villano de la función.
Dicho esto, se presenta una ocasión ideal para repasar el film original e intentar así descifrar los motivos por los cuales fue, en su momento, un fracaso de crítica y público, y el por qué, años más tarde, terminó convirtiéndose en el film de culto que es hoy día.

Uno de los mayores alicientes de Tron parte directamente de su curiosa y original premisa, en la que un joven programador, Kevin Flynn, tratando de desenmascarar a un alto ejecutivo de una gran corporación, termina “teletransportado” o, mejor dicho, digitalizado, al interior de un mundo digital controlado por un tiránico programa, el PCM.

En este mundo computarizado, en el que los programas adquieren el aspecto de sus creadores, Flynn deberá encontrar a Tron, un programa de seguridad creado por su amigo Alan Bradley (y con su mismo aspecto, of course), y con su ayuda derrotar al PCM y liberar así la computador central de la compañía. Por supuesto, el déspota programa no se lo pondrá nada fácil, y Flynn y sus nuevos amigos virtuales deberán sortear todos los obstáculos que éste les tenga preparado.


Tron” fue, sin duda, una película adelantada a su tiempo. En aquella época, en la que aún no existían ni Pc’s ni Mac’s, pero en la que la tecnología ya empezaba a dar pasos importantes y cautivadores para el público, la propuesta de Steven Lisberger supuso toda una revolución visual y conceptual. Ni tan siquiera existían aún términos que pudieran definir la animación digital que la cinta simulaba.

Aunque hoy día sus efectos puedan parecernos algo anticuados u obsoletos, lo cierto es que en lo visual, Tron sigue siendo fascinante, sobre todo teniendo en cuanto el año de su realización. A mi gusto, quizás sea la integración y aspecto de los personajes reales lo que más evidencia la vejez de la película, pero por lo demás, considero que el paso del tiempo no la ha tratado tan mal y que ese mundo digital aún conserva su atractivo.

Lo más irónico y curioso de ese mundo electrónico que presentaba Tron es que no estaba realizado por completo con efectos digitales (la tecnología de la época aún no lo permitía), sino que todo era fruto de un cuidado y laborioso trabajo de retroiluminación, fotomontajes y rotoscopia. Un proceso artesanal encomiable, en que el que también se pintaban a mano los fotogramas o se utilizaban diversos filtros ópticos para realzar la luz. Además de estas técnicas y la infografía que aportaron empresas como Triple-I o MAGI, hay que destacar también la imprescindible participación de artistas de la talla de Syd Mead, al que le debemos el diseño de los vehículos de este film o los de Blade Runner y Aliens, además del aspecto de Cortocircuito, entre otros trabajos; o Moebius, quién se encargó de diseñar los trajes –como ya hizo en Alien de Ridley Scott- que luce el reparto en el mundo digital.


Todo esto, sin embargo, no sirvió para que la película triunfara en taquilla, sino más bien lo contrario. La recepción del público no fue muy entusiasta, y aunque logró recuperar los 17 millones que costó hacerla, su taquilla doméstica (33 millones), repartida en más de mil cines, no fue lo suficiente como para estar hablando de un éxito (como mínimo, suele exigirse duplicar el presupuesto invertido)

La crítica tampoco fue muy benévola que digamos, por lo que terminó convirtiéndose en un estreno maldito, pese al esfuerzo que hubo detrás de él.
Así que los planes para una futurible secuela se descartaron de inmediato. La productora, Walt Disney Pictures, que por aquél entonces estaba apostando por películas no muy de su ámbito, como la propia Tron o El Abismo Negro, decidió intentar rentabilizar el producto sacando al mercado un videjuego de la misma, el cual propició más beneficios que la propia película. Por lo que resulta algo irónico que lo que pretendía ser un homenaje al efervescente mundillo de los videojuegos fracasara, y que su versión jugable, fuera todo un éxito.

Lo cierto es que más allá de lo meramente visual, la película de Lisberger tiene ciertas e ineludibles carencias narrativas que le impiden ser una buena película, u en todo caso, un entretenimiento más disfrutable. Quizás, el hecho de que esté concebida como un juego de plataformas en el que su protagonista deba sortear varias pruebas, haga de ella más un videojuego cinematográfico que en una consistente película en sí misma. Lo más destacable pues, sería la secuencia de la carrera de Light Cycle, es decir, la de motos de luz, conocidas en España como Cíclos de Luz debido a una mala traducción, y que es la que ha pasado a posteridad.


El resto de la acción es algo torpe, apoyándose mucho el poderío estético, pero olvidando otras cosas muy importantes en el cine como es la implicación con los personajes, que aquí es bastante nula pese a la carismática labor del siempre eficiente Jeff Bridges. Además, las secuencias más trepidantes no gozan de mucha intensidad ni emoción que digamos, por lo que finalmente en la retina del espectador queda grabado únicamente ese fascinante mundo de luces, colores y formas geométricas.

Es quizás la inexperiencia o torpeza de Lisberger tras la cámara (evidenciada aún más en sus posteriores trabajos) lo que mengua considerablemente las posibilidades de Tron de ser un gran entretenimiento y no sólo espectáculo visual.

Aún con sus defectos, Tron es una película que marcó un punto y parte en la forma de concebir el cine, y por ello su visionado resulta imprescindible para comprender la evolución que ha sufrido el campo de los efectos especiales en el séptimo arte. Además fue la precursora de un nuevo subgénero ci-fi como es el de la realidad virtual, y del cual podemos hallar otros títulos como “El cortador de césped” o “Johnny Mnemonic” (anclada ésta, a su vez, en términos cyberpunk), que en comparación, habrían envejecido peor; o también la más reciente Matrix, otra pieza de culto para los amantes del género (no así sus ruidosas y olvidables secuelas).

Quizás sea recomendable abandonar el concepto idealizado que se tiene del film y mantener a buen recaudo el “efecto nostalgia”, para ver un poco más allá de lo que es, igualmente, un título apreciable y significativo. De esta manera es más fácil comprender los motivos de su fracaso inicial y las razones por las cuales es de culto para gran parte de una generación.




Valoración personal:

sábado 10 de octubre de 2009

"Número 9" (2009) – Shane Acker


Con “9”, probablemente estemos ante una de las propuestas de animación más imaginativas y sugerentes del año, además de una de las más esperadas. Aunque eso no implica que sea la película de animación del año (ese puesto, para mí, ya se lo tiene ganado “Up”)

Su estreno en EE.UU. se produjo el 9 de septiembre (9/9/2009), pero no será hasta el 1 de Enero de 2010, casi 5 meses después, cuando por fin llegue a nuestras salas. Uno de esos injustos retrasos que, por desgracia, cada vez nos sorprenden menos.

La historia de “9” se sitúa en un mundo post-apocalíptico en el que la humanidad ha sido borrada de la faz de la Tierra. En su lugar, parecen haber sobrevivido, entre las ruinas, unos pequeños muñecos de trapo provistos de alma, y que constantemente huyen de una máquina gigante que les persigue con el fin de arrebatarles la vida. Estos muñecos suelen esconderse como pueden del enemigo, pero la llegada de 9, otro superviviente de trapo, cambiará las cosas. La valentía del recién llegado inducirá al resto a superar sus propios miedos y a hacer frente a la máquina de una vez por todas. Juntos intentarán vencer al malvado ser que les atormenta y les quiere robar el alma. En su camino, además, descubrirán el origen de estas máquinas y también el de ellos mismos.


“9” es algo así como la versión extendida del cortometraje de mismo título que creó Shane Acker en 2005 (pinchad aquí, por si no lo habéis visto aún), y con el que fue nominado –aunque no vencedor- a los Oscars de aquél año en la categoría de Mejor Corto Animado (compitiendo con Pixar, quienes tampoco se llevaron la estatuilla). El trabajo de este animador dejó impresionado al mismísimo Tim Burton, y de ahí que éste sea uno de los productores de este largometraje (el otro es el inefable Timur Beckmambetov…)

Que el nombre de Burton figure en los carteles es un arma de doble filo. Por un lado, para el público de a pie es de sobras conocido, por lo que la película ya está medio vendida; pero por el otro, puede llegar a eclipsar la figura de su director y creador, como ya ocurriera con “Pesadilla antes de Navidad” (méritos compartidos entre Burton y Henry Selick) De hecho, con el primer tráiler, muchos ya certificaban la presencia del toque Burton en ella, cuando resulta que la idea y toda la inventiva conceptual y visual del film se debe exclusivamente a Acker. Así que habrá que esperar si con el tiempo, y con futuros proyectos, Acker consigue hacerse un nombre propio en la competitiva industria de la animación (talento no parece faltarle)

El mayor atractivo de “9” reside, obviamente, en su peculiar “puesta en escena”, por así decirlo, bastante alejada de las propuestas habituales; y en sus protagonistas, nada menos que un puñado de muñecos de trapo con alma. Las aventuras de estos personajes se desarrollan, además, en un escenario poco corriente en el género de animación para toda la familia (exceptuando a Wall-E, claro); un mundo post-apocalíptico sombrío y devastado por una guerra entre hombres y máquinas (¿alguien ha dicho Terminator?). A ese tono oscuro y semi-adulto se le añade luego toda una maquinaria/tecnología de carácter bastante retro o “stitchpunk”, como alguno ya la ha definido (da la impresión que ese futuro es más bien un pasado alternativo, a juzgar por algunos vehículos que se observan durante el metraje), por lo que la propuesta no podría ser más atrayente para el espectador habido de ideas nuevas que refresquen el panorama cinematográfico actual.

Así que en ese sentido, la película de Acker es una delicia, y ya sólo por su estética merece un visionado. Ahora bien, una vez inmersos en la historia, ésta ya no goza de la misma genialidad que su atractivo envoltorio.


La acción está por encima de casi todo lo demás, y en su espectacularidad reside gran parte del sustento de la trama, que todo hay que decirlo, es algo monótona. La verdad es que se echa en falta algo más de profundidad en unos personajes que son puro estereotipo (aunque se agradece que el muñeco de trapo más habilidoso sea hembra y no macho).

La acción está bien llevada, con un ritmo intenso y unas secuencias bien orquestadas, pero algo faltas de épica (algo más cercano a lo que es un videojuego, pero sin partícipes en él). En parte, eso es debido a que nuestra implicación con los personajes es algo vaga, de modo que los momentos más emotivos también se resienten un poco. Por ejemplo, la parte final concentra un importante carga dramática que, digamos, funciona gracias a la fuerza de sus imágenes y no tanto el cariño que uno le haya podido coger a los personajes. Por tanto, se apela poco a nuestra empatía, dejando que la creatividad visual sea la que nos deje prendados (algo que, de seguro, conseguirá en más de un espectador)

Ese tono adulto que se intuía en el tráiler no lo es tanto, si bien tampoco se puede decir que sea una cinta infantil, pues algunas imágenes podrían ser algo aterradoras para los críos (básicamente cuanto hacen acto de presencia las temibles y espeluznantes máquinas)

A mi juicio, las carencias que muestra la película son quizás herencia de un cortometraje que, para funcionar, no necesitaba tanto fundamento. Pero para extender 11 minutos a casi ochenta (muy poquitos, por cierto), hacen falta muchos más ingredientes. Acker lo sabe y aprovecha la extensión de metraje para situarnos en un contexto mejor definido, presentarnos a todos los personajes y desarrollar una explicación del por qué de su existencia. Todo lo que no necesita el corto, resulta imprescindible para el largometraje, quedando el concepto original como una idea aislada que funciona perfectamente en su campo de limitada duración. Aún así, a Acker -que ha contado con la ayuda de otros dos guionistas- le falta trabajar mucho más los personajes y las emociones que necesita transmitir la historia. No es que se quede en un producto superficial, ni mucho menos, pero es un claro ejemplo de que el continente es muchísimo mejor que el contenido, o digamos que está más conseguido. Sin embargo, y en última instancia, como producto de entretenimiento que es, funciona sin problemas.


Creo que una mención aparte es la que merece la banda sonora de Deborah Lurie, que me parece estupenda. Enérgica percusión acompañada de poderosos coros, y que a veces pasa a ser algo más sosegada, pero manteniendo siempre un tono muy característico. Por tanto, siento que contiene esa épica que tanto se echa de menos en algunas imágenes, pero que a la vez tan bien las acompaña. Se nota también un poco la mano de Danny Elfman, que ha participado en la composición de algunos temas. Así que si sois entusiastas de las bandas sonoras, ésta no debería faltar en vuestra colección.


En resumidas cuentas, “Número 9” entretiene pero no deja huella más allá de lo puramente estético. Muchos se quedarán prendados por esa creatividad visual de Acker (digna de elogio, por supuesto), mientras que otros, como un servidor, no podremos desprendernos de esa sensación a ligera decepción. El diseño de producción es fantástico, con un aura oscura más que acertada y con una acción trepidante y muy efectiva, pero la historia no es tan atrapante, ni tan original ni tan entrañable (aunque el canto a la vida y a la amistad que transmite siempre es bienvenido)




Valoración personal:

miércoles 7 de octubre de 2009

"Night Train" (2009) – Brian King


Cada vez tengo más claro que, cuanto menos sepa uno sobre la película que se dispone a ver, mejor. Con haber leído la sinopsis, tener claro el género que trata y, como mucho, haber visto un tráiler para saber si puede resultar interesante o no (siempre que no sea de esos destripantes), hay más que suficiente, o al menos es una ventaja para no crearse expectativas de ningún tipo.
Obviamente, eso no implica que, bajo este modus operandi, todo cuanto veamos sea de nuestro agrado, pero puede que sí estemos más predispuestos a dejarnos llevar por la historia que se nos quiera contar.

Night Train es una de esas películas hechas para salir editadas directamente a DVD. Con este tipo de producciones suele haber cierta desconfianza, si bien de vez en cuando uno descubre cintas bastante interesantes que acaban dejando un mejor sabor de boca que las superproducciones hollywodienses que abarrotan nuestras carteleras.

La historia de aquí se nos relata acontece en Nochebuena, en un tren nocturno con muy pocos pasajeros. En una de sus paradas, un misterioso personaje sube a bordo del tren sin apenas mediar palabra, y toma asiento en el último vagón de todos, ocupado tan sólo por otras dos personas; Peter Dobbs (Steve Zahn), un hombre de negocios, y Chloe White (Leelee Sobieski), una joven estudiante de medicina.

Al cabo de un rato, cuando el revisor (Danny Glover) se decide a cobrar el billete al extraño viajero, éste resulta que ha muerto debido a la ingesta de unas potentes pastillas. El procedimiento habitual en estos casos, es hacer una llamada informando del suceso, para que en la próxima estación se encarguen del cadáver. Sin embargo, la curiosidad puede con los pasajeros, y éstos deciden abrir un paquete que el hombre agarraba con fuerza momentos antes de su muerte. Para su sorpresa, el paquete contiene una caja con valiosísimas piedras preciosas, de modo que los tres, pasajeros y revisor, toman la decisión de deshacerse del cuerpo sin que nadie los vea, y repartirse así la fortuna del desconocido.

Pero pronto esta codiciosa decisión desencadenará una serie de fatales consecuencias, no sólo para los implicados, sino también para el resto de pasajeros del tren. El preciado tesoro será motivo de engaños, traiciones y obsesiones, que harán tambalear los cimientos de la moral humana.



Como ya sabréis, las películas que se desarrollan en un único espacio, ya sea cerrado o no, suelen tener para mí, un especial atractivo. En este caso, toda la trama se desarrolla a bordo de un tren nocturno, el cual va casi vacío, y son unos pocos personajes los que centran nuestra atención.

Al principio, conocemos un poco a estos personajes, lo suficiente como para intuir más o menos que papel desempeñará cada uno en esta historia. Luego de la inesperada muerte del extraño pasajero, es cuando el viaje empieza a ponerse interesante, observando el plan que trazan los tres para poder deshacerse el cadáver sin ser vistos, y así poder quedarse con la valiosa caja.

Pero como suele ocurrir en estos casos, el plan falla y los imprevistos no tardan en sucederse. A medida que el tren avanza, la situación se va complicando cada vez más, hasta terminar descontrolándose de mala manera. Y con la aparición de otro desconocido pasajero, se revelan unos datos que hacen el viaje mucho más espeluznante.

A partir de ese momento, la película coge un tono más tenebroso, pasando del simple thriller, al thriller sobrenatural. No es que estemos hablando de un brusco giro de guión a mitad de metraje, ya que la película va dejando entrever sus intenciones a medida que va avanzando, pero sí es cierto que cuando tenemos un poco más de información acerca de la caja, la historia adquiere otro matiz muy distinto.


Brian King, que anteriormente había sido guionista de esa joyita de la ci-fi reciente titulada Cypher, debuta en la dirección con esta historia escrita también por él mismo y que bien podría haber surgido de la mente de un Richard Matheson, por ejemplo. De hecho, Night Train podría pasar por un capítulo largo de Dimensión Desconocida (The Twilight Zone) o Historias de la cripta (Tales from the Crypt), ya que su planteamiento fantástico evoca directamente a los relatos de esas series. Puede también que funcionase mejor como episodio corto que como largometraje, pero la ajustada duración del film evita que tengamos esa sensación de estiramiento que a veces se da con algunas películas que adaptan relatos cortos. Y es que King guarda algún que otro as en la manga para que reforzar su cuento, aunque no se puede negar que quizás descarrile un poco hacia el tramo final; y no porque la historia pierda interés, ni mucho menos, pero si se torna algo más efectista, y entran en juego demasiados personajes… más de los que la historia necesita.

De todas formas, el punto fuerte de la película radica en las acciones y reacciones de los protagonistas entorno a la dichosa cajita. Eso, unido a unas competentes actuaciones y un ritmo in crescendo, hacen de Night Train un meritorio entretenimiento, quedando claro que un limitado presupuesto no es impedimento para que una buena idea llegue a buen puerto (¿o a debería decir estación? xD)

Tampoco la historia necesita de muchos medios. El propio entorno (un viejo tren, en una oscura, fría y nevada noche… qué mejor ambientación que ésta) y una acertada y poco ambiciosa dirección, hacen que sea un producto bastante digno.

De paso, nos reencontramos con un veterano como Danny Glover, al que siempre es un placer ver en pantalla, y redescubrimos a Steve Zahn, un actor que ya me demostró en Rescue Dawn que es más que un secundario graciosete. A ambos les acompaña Leelee Sobieski, aquella joven promesa que finalmente se quedó en eso, en promesa y poco más (la verdad es que a mí nunca me gustó demasiado, y aquí tampoco es que brille demasiado en su rol de femme fatale). Zahn y Sobieski, por cierto, ya habían compartido cartel en otro thriller de terror, “Nunca juegues con extraños”.

En definitiva, Night Train me ha supuesto una grata sorpresa. No es ninguna maravilla, pero hace honor a la expresión de “menos es más”, y King se las apaña bastante bien para entretenernos durante poco más de 80 minutos, gracias un guión muy curioso e inquietante.




Valoración personal:

sábado 3 de octubre de 2009

"Arrástrame al infierno" (2009) – Sam Raimi


Más vale tarde que nunca, o eso dice la dicha. Y es que aunque me hubiera gustado reseñar esta película en su momento de estreno, no ha podido ser hasta ahora cuando realmente puedo dejar constancia de mis impresiones acerca del esperado retorno de Sam Raimi al género del terror (del terror gamberro, para ser más exactos)

Y es que han sido muchos –demasiados- los años dedicados a la saga del trepamuros, y ya tocaba volver a los humildes orígenes.

La historia de “Drag Me To Hell” empieza con Christine Brown (Alison Lohman), una joven y buena chica de pueblo que trabaja en un banco y que tiene por novio a un comprensivo y afable profesor de Universidad. La vida de Christine es de lo más corriente, y lo más excitante que le podría ocurrir es que la ascendieran en el trabajo, algo por lo que ella está trabajando duramente. Pero ese puesto se lo disputa también uno de sus nuevos compañeros, así que deberá empezar a tomar ciertas decisiones que le convengan más a ella que a sus clientes.

Desgraciadamente, el momento en el que decide dejar a un lado su bondad para pensar un poco más en sí misma y en su futuro, resulta ser el más inoportuno y con la persona más equivocada. Y es que tras negarle, aún con súplicas, un retraso en el pago de la mensualidad de la hipoteca a la anciana Sylvia Ganush, ésta, ofendida y desdichada, le lanzará una maldición que cambiará por completo la apacible vida de la simple empleada. A partir de ese instante, un malvado espíritu la perseguirá con el único objetivo de arrastrarla al infierno. ¿Podrá Christine, de algún modo, deshacerse de dicha maldición?


Para muchos, Sam Raimi es un director conocido y respetado por la costosa y taquillera saga de Spider-man, pero para otros lo es por ser el responsable de otra saga muy diferente: Evil Dead, compuesta ésta por tres películas antológicas en las que destacó el personaje de Ash (interpretado por un inimitable Bruce Campbell) y que por méritos propios se han convertido en clásicos indiscutibles del cine de terror (especialmente la primera, la más terrorífica de todas; siendo la segunda un pseudo remake cómico de su antecesora, y la tercera un delirante y entretenidísimo mejengue de géneros con el que se reafirmó la grandiosidad del antihéroe Ash)
Somos precisamente los que estamos en este segundo grupo los que más deseábamos que el director volviera a deleitarnos con alguna de sus aterradoras gamberradas.

Así es como Raimi, escaldado por las nefastas opiniones vertidas sobre la última entrega del superhéroe arácnido (no reflejadas en una triunfante taquilla, todo sea dicho), decidió retomar un proyecto que escribió casi una década atrás, y que versaba, de nuevo, sobre el tema de las maldiciones y los espíritus malignos. Esta vez sería una chica la que se vería acosada por las fuerzas del mal.


“Arrástrame al infierno” nos devuelve, concretamente, al Raimi más cercano a “Terroríficamente muertos (Evil Dead II)"; un tipo gamberro, disparatado, desagradable y sin tapujos. Adjetivos más que reconocibles en su última película. Ahora bien, hay muchísimo menos gore debido a la calificación PG-13 que la cinta ostenta por imposición del estudio (y es que sólo piensan en el dinero…)

Alison Lohamn, que ya demostró aptitudes en “Los impostores (Matchstick Men)” de Ridley Scott, es Christine Brown, la víctima de la maldición de la lamia, el ser infernal que querrá llevársela a lo más profundo del infierno. En ese sentido, la película transcurre en base a los acechos del monstruo a la chica, que son de lo más variopintos y también nauseabundos, y con especial predilección por “las cosas que entran y salen de la boca”, recurso que Raimi utiliza de forma excesivamente reiterada (la primer a vez tiene su gracia, la segunda se acepta, pero ya las venideras terminan por cansar y demostrar una alarmante falta de originalidad)

Quizás el mejor momento de la película sea el tour de force entre Christine y la vieja Ganush en el aparcamiento. Una secuencia tan violenta como descabellada, y que supone el inicio de los terribles acontecimientos que le sucederán a la protagonista. Aunque más allá de eso,
encuentro muy interesante también el dilema moral que se le plantea a ésta hacia al tramo final.

Tampoco es que el planteamiento que Raimi nos propone sea muy original. El tema de las maldiciones, con la ayuda de los médiums y demás tópicos, está ya algo gastado, pero el director sabe salir a flote gracias a su mala leche, a ese tono irreverente y paródico que envuelve la cinta. De hecho, si no fuera por eso, no pasaría de ser otra película de terror más, plagada de golpes de efecto sonoros que difícilmente nos provoquen algún susto (a lo sumo, reventarnos los tímpanos si disponemos de un ensordecedor Dolby Surround)


Por supuesto, además del aspecto cómico, la película fluye con solvencia gracias una conseguida atmósfera (pese a lo cutre de algunos efectos digitales; cosa perdonable siendo una serie B) y un ágil ritmo narrativo, además de apoyar todo el peso de la película en una actriz entregada a su personaje (nada que objetar a la excelente labor de Lohman, pese a que eso deje a su novio en la ficción–Justin Long- en un segundísimo plano)

Pero como ya digo, los caminos por los que discurre esta cinta están muy vistos, y los recursos que emplea el director no son lo sorprendentes que cabría esperar de un cineasta de tan experimentada trayectoria, más cuando termina cayendo muchas veces en el recurso fácil (los ruidos, los momentos oníricos…) o en lo innecesariamente grotesco y/o exagerado (algo de lo que no me quejaría si estuviera algo más medido y repartido a lo largo del metraje)

Con lo bueno y lo malo, “Arrástrame al infierno” se convierte en una divertida, entretenida y algo asquerosa cinta de terror, que gustará más o menos dependiendo de si uno sabe dejarse llevar por el tono burlesco y autohomenajeador que Raimi nos propone. Y es que ese desmedido humor negro puede no convencer a todos por igual.

Para un servidor, ha resultado ser una ligera aunque no completa satisfacción, si bien supone una muestra más que evidente de que aún queda algo del director que fue antaño. Lamentablemente, parece que ser que en un futuro próximo se prestará de nuevo a seguir ridiculizando al trepamuros y a ser otro rico mercenario con el que Hollywood pueda llenar sus arcas (algo, por otro lado, comprensible, teniendo en cuenta que el film que nos ocupa tampoco ha sido un gran éxito, pese a cubrir sobradamente su modesto presupuesto)


P.D.: Mención especial a Lorna Raver como la vieja Sylvia Ganush, una villana que merece, desde ya, un puesto de honor en la historia del género.




Valoración personal: